A medio siglo de una proclama fundacional

La declaración de la CGT de los Argentinos de 1968 conserva una vigencia estremecedora

 

Se cumplieron 50 años de la declaración del 1 de Mayo de la CGT de los Argentinos. En la práctica fue una suerte de proclama fundacional que definió y marcó las luchas que se daban en un mundo en el que el Mayo Francés, la guerra de liberación en Vietnam, las luchas nacionales y los movimientos de liberación marcaban el contexto en el que generaciones de trabajadores de los distintos países del mundo iban avanzando y construyendo horizontes de demandas, no solamente sociales sino también políticas, vinculadas a la liberación, a la emancipación, al socialismo.

Releer hoy aquella declaración fundacional —Programa del 1 de Mayo— en este contexto en el que la derecha vuelve a ocupar las posiciones de poder de la que fue desalojada con la emergencia de los gobiernos democráticos y populares que resultaron de las luchas sociales de fines de siglo, es comprobar la actualidad de muchas de sus definiciones, en evidente paralelismo con lo que actualmente estamos viviendo.

No se puede dejar de pensar que eso que fue escrito hace cinco décadas nos interpela hoy, en particular desde una frase que podríamos suscribir textualmente: Agraviados en nuestra dignidad, heridos de nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron viejas banderas de la lucha. Poco después el terrorismo de Estado produjo 30.000 desaparecidos, que en su mayoría fueron miembros y activistas de las organizaciones de la clase trabajadora y del campo popular. Tras haber conquistado la democracia, volvimos a enfrentar la política de la entrega y de la explotación corporizada en el gobierno que marcó la alianza de Menem y Cavallo en la década de los '90 con las privatizaciones, los despidos y el intento de avanzar en la flexibilización, mediante un discurso que vendía una modernidad hecha a la medidas de los intereses de las patronales, de los grupos empresarios y de la derecha. Este mismo sector volvió a hundir a la clase trabajadora en la desesperanza, a través de las políticas de alianza de De la Rúa y Cavallo. Con los dientes apretados se ofreció resistencia al ajuste brutal, hasta que nuestro pueblo protagonizó las jornadas del 19 y 20 de diciembre.

Fueron cinco décadas de marchas y contramarchas. Décadas signadas por la resistencia, la lucha y —también— la contradicción que a nivel de las centrales sindicales supuso la existencia de una dirigencia que, como lo describía la cita de Amado Olmos, estaba dispuesta a ponerse de espaldas a los trabajadores.

Hay dirigentes que citan a Amado Olmos que han adoptado las formas de vida —los automóviles, las casas, las inversiones y los gustos— de la oligarquía a la que dicen combatir. Con una actitud de ese tipo no pueden encabezar a la clase obrera. Esta descripción de un sector de la dirigencia plantea con la mirada descarnada de aquellos años pero con una lucidez que le otorga vigencia hasta el día de hoy, el drama que significo en términos de contradicción, de retraso, para nuestras luchas, la convivencia dentro de la CGT y dentro del movimiento obrero organizado de dos vertientes diferenciadas. La que era capaz de escribir esta proclama, la que era capaz de decir que el obrero no quiere la solución por arriba porque hace 12 años la sufre y no sirve, y la de aquellos otros dirigentes que con su silencio y con sus actitudes entreguistas pretendían poner al movimiento obrero en un plano en el que solo debía ocuparse de las cuestiones que —como dice el documento— el sindicalismo amarillo imperialista quiere que nos ocupemos. Solamente de los convenios, solamente de las colonias de vacaciones. Esos dirigentes son los que hoy ocupan un edificio vacío y usurpan unas islas. Han asumido al fin su papel de agentes del gobierno de una oligarquía y de un imperialismo.

La descripción que hace el documento de las conducciones obreras que decidieron dar la espalda a sus representados se refiere a la coyuntura de aquel 1968 pero, a la vez, tiene muchos puntos en común, muchas coordenadas idénticas a lo que estamos sufriendo en la actualidad.

Aquel documento señala con el dedo del pueblo a quienes en ese momento constituían la base de su explotación. Claramente se identifica a los monopolios que aniquilan empresas nacionales, se señala al Fondo Monetario Internacional que fija el presupuesto y decide si nuestra moneda cotiza o no en los mercados internacionales. Habla del Banco Mundial que planifica nuestras industrias. Habla de las compañías petroleras que cuadriculan el territorio nacional y de sus mares aledaños con el mapa de sus concesiones para llevarse nuestra riqueza. Traza la realidad de una Argentina sometida al poder de las grandes transnacionales que tiene absoluta vigencia en la actualidad.

Cinco décadas de marchas y contramarchas, Cinco décadas en las que después de la implosión del neoliberalismo a finales del siglo XX, pudimos ser parte de la construcción social de tres gobiernos, el que se inició con Néstor y los dos mandatos de Cristina, que pusieron las políticas públicas, la agenda social, la recuperación de la igualdad como paradigma a ser tomado como eje de las políticas de gobierno en la agenda de los argentinos. Ese periodo en que el movimiento obrero recuperó conquistas, vigencia de paritarias libres, respeto a comisiones internas y cuerpos de delegados. Avances que significaron ponerlo otra vez como protagonista de la dinámica social, contraviniendo los intereses de los grupos concentrados del poder económico, de los monopolios, de aquellos que necesitan un movimiento obrero destruido, sin conquistas sociales, sin leyes laborales, sin organización, sin afiliación, sin comisiones internas, sin cuerpos de delegados, con dirigentes dóciles, dispuestos a agachar la cabeza y ser parte pasiva de la política de multiplicación de mano de obra barata vía despido y liquidación de leyes laborales. Las mismas que hoy el gobierno pretende llevar adelante, para que la Argentina sea un país con un modelo social parecido al de México, donde el sindicalismo prácticamente no existe; parecido al de Colombia, donde el movimiento gremial esta desarticulado. De ahí la enorme vigencia de este documento, que lejos de ser una pieza de museo conserva plena actualidad. No es casualidad que el discurso de tantos dirigentes sindicales combativos, de delegados de fábrica, de aquellos y aquellas que luchan, reproduzca los giros, la mirada del documento de la CGT de los Argentinos.

Esto ha impregnado la construcción de un lenguaje del activismo, de un lenguaje y una estética de las luchas sociales que tiene mucho que ver con lo que en aquellos años fueron las expresiones más lúcidas y la palabra más autorizada de la clase trabajadora. El documento del 1 de Mayo del 68 le pone letra a muchas de las cosas que vinieron después. Cinco décadas que nos permiten comprobar que la línea divisoria dentro del movimiento obrero sigue estando presente. Cinco décadas que nos permiten comprobar que las clases dominantes, los monopolios, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las grandes transnacionales siguen siendo parte de los que tienen como objetivo destruir las conquistas de la clase trabajadora y reprimir sus luchas, ponerle freno a la posibilidad de desarrollo de un país con un proyecto social que también de alguna manera es planteado hacia futuro en ese documento de la CGT de los Argentinos.

Creo que sería muy importante, muy necesario en estos días que corren a pesar de los requerimientos y de las urgencias de lo cotidiano —a pesar de la necesidad que tenemos de estar en todos los conflictos—, dar respuesta a esta brutal ofensiva del gobierno que encabeza Mauricio Macri. Pero también sería necesario encontrar el tiempo para realizar colectivamente (invitando a dirigentes sindicales, a dirigentes políticos, a intelectuales) a una reflexión que nos permita poner en valor este documento fundacional no solamente de la CGT de los Argentinos. Un texto que le puso palabras a muchas de las luchas anteriores pero también a muchas de las luchas que vinieron después. Resulta imposible olvidar a quien de manera tan lucida eligió las palabras y construyó ese fraseo que contenía el latido de las luchas sociales, que le puso color y textura a la descripción de la traición pero también a la descripción de los sueños: la pluma inocultable de Rodolfo Walsh.

 

 

 

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