A no tener miedo de soñar

El ingreso de Les Nietes a la Plaza del 24, la primera después del macrismo y la pandemia.

Paula Salas Triana habla con la voz gastada, tiene una ligera disfonía. Este 24 de marzo salió temprano desde La Plata para la ex ESMA, donde se encontró con compañeros y compañeras de La Cámpora. Cuando salieron desde allí hacia Plaza de Mayo, atravesando el túnel de Avenida Libertador, sintió una súbita alegría que trepaba por la panza. Recordó aquellas primeras movilizaciones de H.I.J.O.S de las que fue parte, donde todo parecía estar por hacerse. Ahora no puede frenar la emoción: sigue reuniéndose con amigos, dando charlas y entrevistas, le cuesta bajar a su rutina. “Fue un día histórico, la primera plaza después del macrismo y de dos años de pandemia. Borramos el recuerdo del último 24 de marzo, que había sido triste y desesperanzador”, dice horas después de la marcha más multitudinaria de los últimos tiempos en Buenos Aires.

Integrante de H.I.J.O.S, Paula tiene 45 años y es hija de Diego Salas y Elisa Triana, ambos desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. En la larga caminata desde la ex ESMA, lo primero que pensó fue en la marcha del día anterior, en La Plata, cuando su hija de 15 decidió marchar junto a Les Nietes, la organización de los nietos de desaparecidos, que fue una de las grandes revelaciones de la jornada. Luego estalló en aplausos apenas vio a Lita Boitano, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, bailar entre el gentío. Después de la lectura del documento de los organismos de Derechos Humanos, Paula escuchó “Ji Ji Ji”, de Los Redondos, y se zambulló en el pogo espontáneo alrededor del escenario montado cerca de la Casa Rosada. La adrenalina a mil para ahuyentar la fría correntada de viento.

 

 

Foto: Luis Angeletti

 

 

“Se formó el pogo más grande en un espacio pequeño, un pogo de energía, glorioso. Lo que nos quedó en el cuerpo fue la sensación de haber ganado. Volver a nuestra plaza y llenarla de abrazos y risas”, reflexiona el día después, sin dejar de pensar en su origen, como suele pasarle cada Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Su madre y su padre habían comenzado juntos la carrera de medicina y se integraron a la Juventud Universitaria Peronista. Ambos fueron secuestrados en un operativo ilegal en La Plata el 26 de octubre de 1976. Elisa Triana tenía 21 años. En la casa se hallaban también sus hijos Facundo, de dos años, y Paula, de un mes, a quienes rescató una vecina. Según testimonios de sobrevivientes, Elisa y Diego Salas fueron llevados al Batallón de Infantería de la Marina 3 (BIM3) y fueron vistos en el centro clandestino de la Comisaría 5ª. Por su caso se investigaron, probaron y condenaron delitos de lesa humanidad en las causas denominadas “Circuito Camps” y “Fuerza de Tareas 5”. Continúan desaparecidos. Aquella bebé pudo haber tenido un final trágico como sus padres. Con el paso del tiempo, Paula se agrupó en H.I.J.O.S, luchó por los juicios de lesa humanidad y hoy es parte de la Secretaría de Derechos Humanos provincial. “Mi destino es continuar la lucha, no bajar los brazos en recuperar los sueños de mis padres y darles siempre un nuevo sentido en el presente”.

Foto: Luis Angeletti

 

Fue un 24 de marzo tan masivo y popular que en la memoria de quienes coparon Plaza de Mayo resurgió aquella gesta épica del pañuelazo del 2×1, cuando una multitud frenó en 2017 la avanzada macrista en beneficio de los represores. Un hormigueo de personas que a la hora pico, cerca de las cuatro de la tarde, inundó las calles al punto que tornó imposible el paso desde la avenida 9 de Julio, principal punto de convocatoria, hacia el escenario frente a la Casa Rosada. Colapsaron las comunicaciones y el viento agitó banderas de este año, como la consigna del documento de los organismos, “Memoria para defender la soberanía. Verdad por las y los 30 mil, Justicia para el pueblo”, este año direccionado contra la permanencia de los discursos negacionistas –Milei y Espert, preferidos en los cánticos– y la responsabilidad de los grupos económicos y judiciales en el genocidio. El acuerdo con el FMI sobrevoló con fuerza en el ambiente, con menciones críticas de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, y La Cámpora. “Es una plaza unida, con un consenso enorme sobre la condena de la dictadura y su plan económico sangriento. Hoy marchó toda la izquierda, todo el peronismo, todas las organizaciones sociales y de Derechos Humanos. Por algo aquí no hay ninguna columna de Cambiemos ni incluso del radicalismo. Pero las diferencias por lo que significa el rumbo de la economía en el presente se sienten en los trapos y en las charlas de pasillo, porque no puede haber repudio a la dictadura si hoy no se rechazan los términos del acuerdo con el FMI. Se siente dolor por la división del Frente de Todos, esperemos que este fervor militante vuelva a recomponer las fuerzas de la unidad”, precisó quirúrgicamente Carlos Suárez, dirigente del peronismo de base en Lanús.

 

 

Foto: Luis Angeletti

 

 

Los 40 años de la guerra de Malvinas, los 50 de la Masacre de Trelew. “El aniquilamiento del llamado enemigo interno y el disciplinamiento de la sociedad tienen responsables económicos, grupos empresariales y militares, que contaron con el apoyo eclesiástico y de la corporación judicial que, hoy como ayer, representan los intereses de las clases poderosas”, se terminó de enfatizar en el documento redactado por las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. Capital, APDH, Asociación Buena Memoria, CELS, Liga Argentina, Comisión Memoria, Verdad y Justicia, Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz, Fundación Memoria Histórica y Social Argentina y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. No fue sino cuando Taty Almeyda habló de la miseria planificada con posterior alusión al macrismo que la plaza estalló en silbidos. Los organismos pidieron juicio y castigo por sus políticas de ajuste, por acrecentar la deuda externa, “por conducir la soberanía política y económica al tacho”. Celebrar el 24 de marzo, no festejarlo, porque no hay nada que festejar por el genocidio, aclaró Taty. “Celebrarlo en democracia, con gobiernos nacionales y populares. Basta de gobiernos neoliberales. A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, ‘las locas’ seguimos acá”, cerró una de las más mimadas en la Plaza.

“¡30 mil detenidos desaparecidos… presentes!” ¡Ahora… y siempre!”, “Demostremos una vez más que el pueblo unido…”, “Jamás será vencido”, se gritó como un coro griego en la plaza.

 

 

Foto: Luis Angeletti

 

 

La lluvia aguantó hasta el final; hubo sol, nubes grises. El calor humano, las risas y las nuevas voces de la memoria mezcladas con las viejas consignas: banderas de “Juicio y Castigo” y “Condenar la complicidad civil”, barbijos con “Son 30 mil” y “¿Dónde están”. Los jóvenes y familias que iban –en el caso más extremo– de bisabuelos a bisnietos coparon la parada. Les Nietes como un paradigma de los nuevos tiempos: no casualmente fue su primera marcha en Plaza de Mayo. Una agrupación reciente, con más de 70 chicos y chicas de todas las regiones del país. Hablaron de “tomar la posta” y de compartir una “responsabilidad histórica”.

“Fue una semana hermosa, llena de sensibilidades. Mi abuelo pasó por la universidad y lo desaparecieron joven, casi a mi edad. Ahora que entré a la facultad me pongo en su piel. Llorisqueamos, y eso es raro, porque nosotras venimos de familias militantes y ya de chiquitos estamos a acostumbradas a esto”, expresa Morena Bellingeri, estudiante de Sociología, de 19 años. Morena es nieta de Héctor “Bochi” Bellingeri. Su abuelo formaba parte de la Resistencia peronista surgida después de 1955. Cayó preso por su participación en la Guerrilla del Ejército Libertador y tiempo después fue expulsado del país. Pasó por Perú, de allí a Chile, donde fue parte de la guardia presidencial de Salvador Allende y obrero metalúrgico. Con la llegada de Héctor Cámpora al poder, volvió y creó el grupo Partido Revolucionario de los Obreros Argentinos (PROA). Fue secuestrado en 1977 junto a otros compañeros. El hijo de Héctor, Felipe Bellingeri, el papá de Morena, empezó a militar en H.I.J.O.S en 1996 y continúa hasta el presente. Por una actividad de Les Nietes, Morena recuperó un panfleto con los nombres de todas las personas que militaban en el PROA junto con su abuelo.

 

 

Foto: Luis Angeletti

 

Este 24 de marzo Les Nietes e H.I.J.O.S. compartieron actividades y hasta jugaron un picadito de fútbol. “Fue la primera vez que nos mezclamos, nos divertimos juntos”, cuenta Morena, que se pasó por esos días haciendo guirnaldas y preparando las fotos para colgar en la marcha. En un acto en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata, Morena tomó las manos de la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, quien poco después le entregó el Pañuelo de las Madres a la interventora de la AFI, Cristina Caamaño. A Hebe la sintió como una abuela, en sus manos percibió un calor hogareño. “Nos daba besos, nos invitó a su casa. Ellas nos enseñaron a no tener miedo de soñar, a que transformar la realidad puede ser difícil pero no imposible”, enfatiza Morena Bellingeri.

Y entre los cientos de miles que pasaron por Plaza de Mayo otra de las nuevas voces de la memoria dejó su estela: la de los hijos e hijas de represores que repudian los crímenes de sus padres. “Cada 24 que pasa, estoy más segura de qué lado estoy”, dice Analía Kalinec, del colectivo Historias Desobedientes y autora del libro “Llevaré su nombre”, la biografía de una mujer criada por un genocida. El mismo genocida que hace unos meses tuvo el beneficio de salidas transitorias de la cárcel: Eduardo Kalinec, alias Doctor K, alguien que fue condenado a perpetua por actuar temerariamente en el circuito Atlético-Banco-Olimpo (ABO). Es el quinto 24 de marzo que el colectivo Historias Desobedientes dice presente en la plaza, desde aquel punto de inflexión de la marcha del 2 por 1 donde se conoció públicamente la historia de Mariana Dopazo, ex hija de Miguel Osvaldo Etchecolatz. Ahora Analía Kalinec remarca una excepcionalidad: por primera vez participaron de forma presencial grupos de Historias Desobedientes de Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil. El colectivo, en los últimos años, se convirtió en una expresión de la memoria latinoamericana. “Hicimos una campaña de recolección de fondos para costear sus pasajes. Fue emocionante vernos las caras, abrazarnos, armar los cánticos y los carteles desde temprano, unirnos en una causa común en repudio a los genocidas del continente”. Dice que Historias Desobedientes es un colectivo joven, pero que ha consolidado un rumbo. Banderas como “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro” recibieron el apoyo de la gente. El colectivo sigue articulando en asambleas permanentes, encuentros académicos y marchas en las calles. Y el vínculo con las nuevas generaciones. “Este 24 de marzo fue conmovedor, marcó un hito porque se acercaron nietos y nietas de genocidas a marchar con nosotros. Uno de los nietos vino con su mamá. Eso profundiza la incidencia del colectivo al interior de las familias de los genocidas”, sintetiza.

Lo importante es la memoria, el ejercicio de la memoria en el pueblo, dice Analía Kalinec, y el eco de su voz se extiende a Jorge Julio López, a otros muertos y desaparecidos de la democracia como Santiago Maldonado y Tehuel de la Torre. “La deuda es con el pueblo”, “Basta de perseguir a los que luchan”, fueron otros trapos que se agitaron en la Plaza pidiendo la liberación, entre otras, de Milagro Sala. Un mar de emociones revueltas, de humores contrariados, de alegrías y tristezas en el cuerpo de la política recuperada en carne viva. “Veo que tienen ese sentimiento también de justicia, de dignidad para el pueblo, de igualdad y compañerismo y me emociona enormemente y pienso en nuestros 30 mil detenidos y desaparecidos”, expresó la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora Nora Cortiñas ante las miles de personas. En su pueblo Ignacio Montoya Carlotto contó que su hija compartió su historia familiar con sus compañeros de escuela y lloró. “Ahora claramente se puede hija mía, se puede llorar y que pase, se puede elegir y se puede seguir”, escribió Ignacio en sus redes sociales.

 

 

Foto: Luis Angeletti

 

 

Con H.I.J.O.S, Nietes, Abuelas, Madres, desobedientes en el seno de familias de represores, bastones, sillas de ruedas y fervor militante y anónimo en las calles, el 24 en la Plaza demostró, una vez más, que es una de las pocas sociedades en el mundo que “pudo resolver los crímenes de lesa humanidad con Memoria, Verdad y Justicia”, como aseveró el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro. Una Plaza del pasado, del presente, del futuro, con sus luchas inconclusas, sus legados y sus deudas pendientes.

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