A otra cosa, mariposa

Las primeras opiniones sobre la chicas al piano

 

La semana pasada publicamos varios videos de excelentes pianistas, de distintas épocas y climas culturales, e invitamos a opinar en referencia a la furia con aparente libreto feminista que levantó otra nota del Cohete: artistas como Lola Astanova, Khatia Buniatişvili y Yuja Jang, ¿han ganado grados de libertad en el uso de su cuerpo con autonomía o son víctimas de las imposiciones del mercado que las cosifica para el regodeo masculino?

Hoy publicamos las primeras respuestas que recibimos, sin el menor retoque. Seguimos la misma línea de conducta desde que recibimos los primeros cuestionamientos por parte de la bandoneonista belga Eva Wolf, y un texto idéntico que decía ser suscripto por  "más de 600 bandoneonistas de diferentes identidades de género, de todo el mundo".  Pese a que se trataba de una campaña organizada lo publicamos textual, si bien las afirmaciones que contenían no solo me parecieron injustas sino que desconocían la nota originaria, en El Cohete y en la Radio de las Madres de Plaza de Mayo. Aquí opiniones de lectores y lectoras.

 

 

Humildemente considero que estas pianistas son virtuosas fuera de serie, y se permiten reir del pacatismo absurdo lo cual me parece muy bien.

Se imaginan si  nuestra Martha Argerich (la Ñatita) se hubiera sentado al piano con algún escote o taco aguja, que hubiera dicho el gorilaje intelectual
y tambien los medio pelo..
Muy buena  la nota, como siempre.
Domingo Javier Garitaonandia

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Interesante el desafío!
Perfección es una especialidad de lxs intérpretes de Bach del siglo XIX, cuando ejecutar Bach era considerado replicar un mensaje divino en su más pura expresión, con precisión, sin las pasiones impuras, los tiempos de espera en la ejecución y el tormento asignado por los compositorxs en sus obras. "Bach es Dios", decían pianistas, nacionales e internacionales, cuando hablaban del álgebra bachiano ejecutado en piano. Si la perfección en el tiempo musical, casi sin dinámica, es la clave de la interpretación, encuentro que Landa Landowska y Tatiana Nikolaeva, con sus enormes talentos, fácilmente pueden ser reemplazadas por IA en sus ejecuciones de Bach. Esto no les quita méritos sino que los agranda aún cuando, hoy en día, ese mérito es rápidamente logrado por métodos artificiales.
Noto que Yuja Wang, en cambio, replica un mensaje que imprimió el compositor en su obra: música en contexto, sin apremios efectistas y una dinámica ajustada al propósito de la obra. Que voltea siempre para el disfrute del espectador en la platea (hoy en día hay que decir masculino y femenino) es una dádiva de ella que debemos agradecer, pero no es un motivo en el recital, podría decirse que ella no toca para los ojos sino que endulza la ejecución con un toque femenino comprensible, casi usual y no agrega tensiones innecesarias ni hay notas que no suenan en el teclado.
En el caso de Lola Astanova, en cambio, creo ver la intención de crear un nuevo contexto para la obra en tiempo de ejecución, ajustado a los mandatos de la moda y los métodos publicitarios actuales. Por elección o por dictado asumido. Existe una tensión claramente concordante con métodos de comunicación inexistentes en siglos anteriores, tratando de atrapar al espectador no solamente por la música sino, además, por la imagen y el boca a boca relacionado con su cuerpo, modelado por los cánones hegemónicos de la estética modal. Para esto, se puede apreciar, no ejecuta partituras de Brahms o de Haydn, sino que aborda obras de alto impacto y virtuosismo. Podría decirse que es una ejecutante imponente, atractiva y "actualizada a su antojo" de autores del siglo XIX aunque, a mi percepción, no toca todas las notas escritas por el compositor ni respeta estilos.
Gracias por la convocatoria y deseo que les llegue a todo el Cohete a la Luna mi deseo de un 2026 mejor y más amable que el 2025 que dejamos!!
Saludos, Raúl
desde Rosario

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 Con respecto a la nota referida a la controversia suscitada sobre el uso del cuerpo en las presentaciones de estas formidables artistas , solo dire que ,  pobre de aquel o aquella persona que no tenga la capacidad de disfrutar tanto del talento musicai , como de la vision de hermosos cuerpos , sintetizados en la misma persona . Bravo por " las chicas " !
Alfredo Barbagallo

 

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Respondo: Lo primero... y el mercado aprovecha la 'volada'...
Me re-pregunto: ¿Qué porcentaje de "grados de libertad..." fueron/son fabricados/estimulados por el mercado?
Edgardo Forgioni

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Las pianistas a las que se alude, son mujeres independientes. No hay posibilidad de que se les imponga condiciones. Otra valoración es altamente machista. Son minas que han luchado lo suficiente (y ganado) como para ser  parte de las sometidas. Me dolió la pregunta. Me enfureció, también. Dejen de joder con machiruleadas.
MArancibia
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S
omos víctimas de las imposiciones del mercado capitalista, que hasta el día de hoy y fiel a su característica hegemónica, predomina, haciéndonos creer que la mujer tiene poder de elección, no es para el regodeo masculino, es para hacernos creer que tomamos decisiones, cuando el propio sistema dominante impone sus condiciones en el mercado imperialista y cultural en el que vivimos. El capitalismo en todas sus expresiones.
 Cuando Gramsci habla de hegemonía: mezcla de coerción y consenso, justamente habla de esto, como la sociedad civil se mantiene a través del aspecto ético moral que es el consenso, impone sus ideologías fieles a la dominación. La hegemonía: actividad cultural como tradicion y practica, debe ser constantemente renovada y se ejerceel poder y la desigualdad naturalizado en la vida cotidiana. Para eso hay aparatos de hegemonía instituciones que componen esta naturalización de estas estructuras ideológicas: la iglesia, la escuela y la prensa.
Lo que quiero decir, es que atendiendo a Gramsci es hegemonía cultural y se refleja en esta práctica, una vez más, poniendo el lugar de la mujer en desigualdad de condiciones, el capitalismo ha hecho que se naturalice la barbaridad, como ponernos siempre en el lugar de disputa, en el lugar de desigualdad.
Otra autora que ha reflejado bien esto es Michelle Matterlart, en su libro: "La cultura de la opresión femenina". Espero no haberme desvíado del foco.
El imperialismo cultural explica bien estos complejos sistemas que nos atraviesan. Lo más importante es que prevalezca el pensamiento crítico.
Fiel oyente del Indio Solari y del Cohete ♥
Abrazo
Flor Schiavello

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Solo para decir que me parece super incomodo, pero bueno es parte del espectáculo, la imagen pregna

Lic. Lilia Susana Reif

Psicóloga UBA

 

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Si una mujer, profesional de la música elige un vestuario, que intencionalmente o no, llame la atención es un asunto complementario, es meta data.
Sólo tiene uso para alguna discusión casi intrascendente, a pesar de la pasión que ponga cada crítica/o/x.
Lo mismo pasa con un hombre o con cualquier ser humano que se defina como no binario, y se dedica a la música.
Como es arte, y en estos días el éxito se mide con mas o menos ingresos generados ($), es válido y es importante para el músico elegir el envoltorio (la ropa) porque este afectará sus posibilidades de éxito (monetario). Esto último es una elección, conocí a músicos talentosísimos que se dedicaban a la música y a pasarla bien. No a hacer plata o a ser famosos.
Con respecto a la ropa del intérprete, todas nuestras discusiones y debates antagónicos y ruidosos son metadata, esta vez casi sin valor medible o apreciable.
Tuve la suerte de presenciar el magnífico espectáculo que brindó Juja Wang.
Me impactó su virtuosismo, disfruté, aplaudí, y me pareció (y me sigue pareciendo) lamentable toda discusión acerca del largo de su vestido o si se cosifica o no. Toca como los dioses.
Si una pianista carece de talento, o teniéndolo no haya trabajado durísimo por años, y además alguien (usualmente la familia) haya hecho un sacrificio comparable por su carrera, entonces no importa con que se viste, o si no se viste, para hacer su música.
En definitiva la ropa es un asunto secundario, es importante para algunas partes del proceso, pero nuestras discusiones son sólo ruido.
Me pareció ruido y equivocada la reacción de la talentosa bandeononista que se molestó con el aún mas talentoso periodista (el mejor y mas trascendente de la contemporaneidad) director del Cohete a la Luna. Usar ciertas palabras o frases, sin intención de ofender no debiera detonar descalificaciones ni enojos. Che, bajemos el tono que no es para tanto!
Y si mediara un poco mas de raciocinio entre nosotros, estaríamos discutiendo de donde vamos a sacar agua, o en que van a trabajar las generaciones futuras, o como sanear el poder judicial (mal llamado Justicia), o temas bastante mas concretos y relevantes. La desinformación tambien pasa por este tipo de distracción.
Bajemos el tono, elijamos mejor asunto y ocupémonos de lo que nuestros hijos o nietos (o cónyuges) están viendo en esas cajitas infernales, que son mas peligrosas que la selva y sus fieras.

Hugo Vargas

 

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Las chicas viven inmersas en una sociedad de mercado que, como tal, mercantiliza la imagen con independencia del grado de libertad en el uso del cuerpo con autonomía. Las pianistas de antaño no tenían esa libertad, aunque el regodeo masculino quizás pasaba por imaginar grandes pechos amamantadores bajo las recatadas blusas. Es innegable que estas talentosas mujeres gozan de una autonomía muchísimo mayor que la de sus ancestras de ese oficio y de todo el universo mujeril de Occidente. La relación es dialéctica entre las chicas y el mercado y la cosificación es una variable que nos afecta a todos y todas -donde y cuando sea que nos toque actuar- si se nos trata como objetos y no como sujetos. Saludos y gracias por la maravillosa nota y los videos.
Adriana Gugliotta

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Hola, Horacio
Te agradezco que nos invites a opinar en temas tan difíciles de sintetizar.
Me presento, soy Corina, mujer, 50 años, sin conocimiento de música clásica, y con poco conocimiento de música en general, pero entusiasta escucha.
Miré los videos que compartiste en orden. Te voy comentando.
El primer video de Lola, en la primera vista me pareció que estaba bien, que puede vestirse y sentarse como mejor le parezca... pero es evidente que hay planos que intentan resaltar las piernas y el rostro muy maquillado. Contrasta mucho con su segundo video, que sinceramente me parece otra mujer. El rostro se ve distinto, se sienta más adelante, se mueve más espontánea. En síntesis, viendo el segundo video, el primero me suena forzado para destacar su belleza física. Forzado en el modo que se sienta, en la cámara que le toma las piernas (que se lucen más porque están a 90 grados), en la gestualidad de placer del rostro. Suponiendo que ese video fue hecho efectivamente para que los videovidentes "se ratoneen", esa decisión ¿la desmerece como pianista o la enaltece como difusora de su arte? El límite es muy delgado y principalmente depende de lo que ella sintió al hacer ese video. ¿Se divirtió? ¿Se sintió cosificada? ¿Fue una decisión auténtica de ella en complacer al público "ratonero" o la indujeron? Respuestas que no vamos a tener...
Kathia y su hermana y Yuja me parece que se visten modernas, las tres se mueven espontáneas y al verlas no percibo que estén buscando sexualizarse o atraer a un público baboso. Creo que quien se distrae mucho en sus físicos es porque es excesivamente pacato. Al igual que en el segundo video de Lola, percibo que están disfrutando la música, y que el foco está puesto en tocar el piano. La ropa es intrascendente.... Me parece genial que se vistan como les guste, y creo que eso sí es un logro de los feminismos.
En definitiva, me parece que Kathia y Yuja han ganado grados de libertad en el uso de su cuerpo con autonomía, y en el caso del primer video de Lola, nos falta información para saber si ese video fue producto de la cosificación de las mujeres, si ella siente placer al mostrarse sensual o si se ríe de les pajeres.

Corina

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Lo primero: la furia con libreto feminista no es un dato menor. Muchas veces opera más como gesto de control simbólico que como defensa efectiva de la autonomía. Se indigna en nombre de las artistas, pero sin escucharlas del todo, y sin interrogar con la misma intensidad las condiciones materiales de producción, circulación y consumo de sus obras. Dicho esto, la pregunta de fondo no es si hay autonomía o cosificación, sino cómo conviven y en qué proporciones ambas cosas en un campo atravesado por relaciones de poder desiguales. Como siempre para liberar tensiones el camino es acortar asimetrías, si nos corremos de la red conceptual binaria y capitalizamos la posibilidad de encastrar, entenderemos que de esa fusión heterogénea nos reproducimos, no es más que la mera reproducción, la nueva capacidad simbólica para interpretar y volver a representar desde una concepción más amplia. Autonomía no es soberanía absoluta. Que una artista decida usar su cuerpo de cierto modo no la coloca automáticamente fuera del mercado. La autonomía existe, pero es situada, se ejerce dentro de un sistema que recompensa ciertas formas de exposición y castiga otras. Elegir no es lo mismo que elegir en condiciones libres de coerción económica, simbólica y algorítmica. El mercado no solo impone desde afuera también seduce desde adentro. La cosificación hoy no suele presentarse como prohibición, sino como oportunidad, visibilidad, likes, contratos, giras. El deseo de mostrarse puede ser genuino y, al mismo tiempo, estar perfectamente alineado con lo que el mercado espera de los cuerpos femeninos jóvenes, bellos y disponibles para la goce de miradas masculina y femeninas, de acuerdo a gusto y piaccere, el feminismo no puede reducirse a una policía de gestos. Cuando la crítica se concentra solo en cómo se muestra un cuerpo y no en quién captura el valor generado por ese cuerpo, corre el riesgo de volverse moralizante. La pregunta no es si bailan, se visten o se exhiben, sino quién define el marco, quién gana y quién pierde con esa exhibición porque el regodeo masculino no es un efecto colateral, es un dato estructural. Es la posesión del deseo y su linealidad lo que abarata lo expuesto, y convierte en accesorio lo esencial. Que haya autonomía no elimina el hecho de que esas imágenes circulan en un ecosistema cultural históricamente organizado para el consumo masculino. El problema no es la artista, sino una industria que sigue monetizando la desigualdad de miradas.La incomodidad revela el núcleo del conflicto.Si molesta tanto esta ambigüedad es porque rompe una ilusión cómoda, ni víctimas puras ni sujetas plenamente emancipadas. Son trabajadoras culturales que negocian margen de acción en un sistema voraz, y esa negociación es contradictoria, tensa y, muchas veces, costosa. Asimetría en la correlación de fuerzas y en el poder real y decisor. Entonces, reformulada con mayor precisión, la pregunta extraordinaria a la que nos invitas a pensar, podría ser: ¿Cuánta autonomía real es posible en un mercado que convierte la “libre elección” en su principal coartada, y cuánta crítica feminista está dispuesta a ir más allá del cuerpo para interrogar las estructuras que lo explotan?

No hay respuesta cerrada, al menos en mi caso, jamás tengo respuestas, pues soy un cúmulo de preguntas y curiosidad constante, sin indulgencia ni compasión, con infinitas variables. Pero hay algo claro, cuando el debate se queda solo en el cuerpo de ellas y no en el poder de ellos, el mercado, la industria, el capital simbólico, los candidatos precoces, los maridos, los empresarios, los gorilas, los círculo rojo, el feminismo corre el riesgo de discutir efectos mientras deja intactas las causas.

Buen domingo, buen programa. Era un deleite dominical el Cohete y ahora es indispensable y familiar. Hasta el año que viene. Gracias.

Marina Glezer

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Aseguraba el gran escritor cubano Alejo Carpentier: " Hay dos palancas que mueven al mundo, el sexo y la plusvalía ".

En algunos casos la música también ayuda...

Buen fin de año y suerte para todos, la necesitaremos.

Piru Gabetta

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No puedo tildarme de músico porque no compongo ni toco ningún instrumento, pese a haber estudiado hace mil años.
Pero una dedicación activa y obsesiva desde muy joven y una vocación por escuchar e investigar sobre el arte de la
interpretación me permite tener algunas ideas, discutibles como cualquier otra, que creo bastante sólidas.
 
No hay manera de superar la humana subjetividad en estos temas, digamos que por suerte. Pero hay un recurso casi
infalible para que cada uno decida qué le parece una interpretación. Es escuchar la música solamente. Tener el sonido
como único punto de contacto entre el intérprete y uno mismo. Sin imágenes que causen agrado o rechazo y, en lo
posible, reduciendo al máximo la influencia de información condicionante que tenemos de cada artista. 
Algo así como un punto cero, como recrear una especie de virginidad en el momento de escuchar. Suena inalcanzable,
pero se puede intentar.
 
De hecho, un gran desafío de los intérpretes (actores, ejecutantes), es hacer lo mil veces hecho como si fuera la primera
vez, desmecanizando, procurando un evento nuevo en cada momento. Que algunos lo logren luego de haberle dedicado
miles de horas al estudio de cada obra es un milagro. A veces sucede. Y a veces sucede el doble milagro: que el artista
lo consiga y que nosotros como público estemos en la mejor disposición para percibirlo.
 
Voy a “las chicas”, el tema en cuestión. Como hombre hetero debo reconocer el enorme esfuerzo de abstracción que 
me implica. Hablo de esa explosión y explotación de sensualidad que es Khatia. En su época de escotes profundos
en su espalda me preguntaba cómo hacían los violinistas de la primera fila para concentrarse. Hablo de Khatia porque
Yuja & las otras me resultan totalmente indiferentes y hasta penosas en sus posturas extremas y tacos altísimos.
Dedicado solo a escuchar, y tratando de despojarme todo lo posible de su atractivo, creo que Khatia es la única “música”,
la única artista que tiene algo que decir con el piano. Algo que “expresar”.
 
Yuja y sus imitadoras me producen el mismo efecto que Lang Lang y sus imitadores. Un deslumbrante virtuosismo gimnástico,
una precisa e irreprochable exposición de las obras, un acting de sentimientos, y un vacío sin límites.
Entonces, solo queda la música y su materia: el sonido.
Todo lo que uno sabe de los intérpretes, su vida, sus posiciones políticas, sus romances y sus miseras nos predisponen mejor
o peor. Nos los hacen más o menos simpáticos. Pero lo que producen es lo que nos afecta.
 
Hijo de una familia de artistas, dedicado lo más que pude a entender los fenómenos de la creación artística y sobre todo de
la interpretación, ya he batallado moralmente con los aspectos más incómodos de muchos: Fürtwangler y Celibidache, por 
ejemplo. He superado rápido el tan poco glamoroso aspecto de aristócrata decadente de Claudio Arrau, reconociéndolo
como un artista descomunal, un filósofo o un metafísico en cierto sentido, un salvaje, capaz de una profundidad en sus
interpretaciones (de Beethoven y Schubert, sobre todo), que lo hacen para mí uno de los más grandes artistas del siglo XX.
Cosas a partir de las cuales conocí su profundísimo pensamiento musical, su enorme cultura, y la razón de su técnica.
En definitiva, son contradicciones y conflictos que no se resuelven nunca plenamente, que no tienen un fallo judicial granítico
que nos tranquilice.
 
Segunda y última vuelta a “las chicas”:
 
Mezclemos subjetividad, con sexualidad, con marketing, con piernas al aire, con técnicas impecables y con zapatos 
brillantes de altísimos tacos. No tiene nada de malo, en definitiva. Creo que no es más que un signo de época. Y lamento
mucho decirlo porque me hace quedar como un viejo choto, un signo de la “superficialización”, si es que existe la palabra,
de esta época en la que lo visual es el énfasis prioritario.
Martha siempre fue increíblemente bella y atractiva, seductora y sensual, y lo sigue siendo. Pero no atesoro ninguna imagen
de ella con un escote que valga la pena. Y sí con unos lentes oscuros y culo de botella horribles. Y es tan grosa, tan gran
artista, tan expresiva que en las diez mil veces que grabó más o menos los mismos conciertos siempre parece que te los
revelara por primera vez.
Siempre hubo marketing, los empresarios y las grabadoras lo necesitan, no tengo un punto con eso. Y se apalancan en 
lo que tienen: las piernas de Yuja, las tetas de Khatia, los gestos desorbitados de Lang. Solo se aseguran que toquen lo 
rápido sin pifiarle a una nota.
 
Las últimas décadas, hasta donde pude escuchar, solo han producido intérpretes confortables, cómodos, entretenidos,
bien pagos desde chiquitos y sin mayores esfuerzos que hacer por su arte: ya lo hicieron siendo prodigios y aguantando
instructores hasta la adolescencia. Hace poco YouTube me cruzó con Víkingur Ölafsson, ¡a quien quieren posicionar como
el Glenn Gould islandés!, que en impecables filmaciones es capaz de convertir una de las últimas sonatas de Beethoven
en un paisaje chinesco comprado en un bazar. Digo, porque no solo me la agarro con prodigios asiáticos.
 
Creo excepciones a Dudamel, Giovanni Antonini, tal vez Khatia y algunas otras que no me acuerdo.
 
Con mis disculpas por el sopor que esta parrafada te haya provocado,
te saludo cordialmente.
 
Alejandro Onofrio

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El “mundo musical” ha evolucionado a ese exposición.

No solo con las pianistas mujeres, sino con las concertistas

con otros instrumentos y cantantes:

Tatyana Ryzhkova, guitarrista,

Alexandra Whittingham, guitarrista,

Ana Vidovic, guitarrista,

Karolina Protsenko, violinista y cantante,

Hilary Hahn, violinista,

Dua Lipa, cantante,

Shakira, cantante,

Rosalía, cantante,

Aída Garifullina, soprano

Etcétera.

 

A los que nos gusta la música (no solo clásica) qué nos importa cómo se viste o cuán linda son las artistas.

Si son bellas, mejor.

 

Lo importante es que sean buenas intérpretes, buenas músicas. Los que ven solamente el físico de las chicas y cómo se visten o cómo casi se visten (casi seguro sugerido o impuesto por las empresas discográficas o las firmas de internet) que no vean los videos y listo.

 

Un abrazo desde Misiones, y felicitaciones por la revista.

Alberto Szretter

 

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Y cierro yo.  Hace muchos años fui a comer a casa de unos amigos. Cuando llegué sonaba un bellísimo concierto de Mozart para piano. Después de escuchar un buen rato les dije:

-Es una mujer.

Ni ellos ni yo sabían, porque era una radio y nadie había escuchado el principio. De modo que recién cuando terminó el locutor dijo que era Mitsuko Ushida. Un nombre japonés que no conocía y que para nuestra ignorancia occidental no revelaba el género. Hoy es mi intérprete favorita de Mozart, así como Rosalyn Tureck lo es de Bach. No puedo explicar cómo supe que era una mujer. No sabría explicarlo hoy. ¿Hay una esencia femenina que mis antenas detectaron, o fue simple azar? Tampoco me interesa saberlo, pero sí quiero compartir esa interpretación hermosa.

 

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