A TRANSAR QUE CHOCAN LOS PLANETAS

De armadores, rosqueros y negociadores profesionales en los intestinos de la política

 

Operar, armar, trenzar, armar, transar, juntar, rosquear. Verbos que en la práctica política otorgan clima y textura al arcano arte de la negociación con pares o impares, propios o ajenos, tirios o troyanos. Raramente enunciados en infinitivo, tiempo que se reserva a la – más rara aún— teorización o a la especulación desiderativa, definen una o varias acciones en tiempo presente, pasado o futuro. La última y acaso más difundida acepción es la preferida en los mentideros del poder como en los pasillos que llevan a los despachos oficiales, extraoficiales, paraoficiales y demás recovecos por donde deambula la corporación política.

Forma del toma-y-daca que alude a distintos grados de sutileza, la rosca es la voz popular elegida por la socióloga Mariana Gené (Buenos Aires, 1981) como objeto de una extensa investigación destinada a “comprender la política tal como funciona, de intentar una sociología política realista que devuelva una imagen menos encantada, más informada y menos ingenua de la democracia y sus rutinas”. Más en concreto, la pesquisa avanzó en pos de traer a la luz “un conocimiento necesario y valorado por todos, que elude ciertas preocupaciones omnipresentes en la escena pública (sobre la moralidad, la imagen o la honestidad de los políticos) y alude desafíos concretos y situados que tienen que enfrentar” los profesionales de la rosca, precisamente. A tal fin, la autora toma como universo “el Ministerio del Interior como locus privilegiado para interrogar la profesión política en la Argentina y la tarea de los armadores políticos desde la vuelta a la democracia en 1983”, y hasta 2007. Extendiéndose apenas a los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y rozando sin adentrarse el de Mauricio Macri, ya que el cuerpo principal de La Rosca Política – el oficio de los armadores delante y detrás de la escena (o el discreto encanto del toma y daca), se cierra en las postrimerías de 2018.

 

 

La autora, Mariana Gené.

 

 

Ecosistema representativo del profesionalismo, el ministerial sin embargo de manera alguna monopoliza las mancias rosqueadoras. Ello sucede en el conjunto de las carteras del Poder Ejecutivo, se extiende al Legislativo, envenena el Judicial y cambia en forma taxativa en la militancia territorial, sindical o social. Diferencia remanente de un sistema político dispuesto verticalmente cuyo paradigma es el Estado, el régimen presidencialista y un pueblo que jamás gobierna si no es a través de sus representantes. En las escasas instancias en que se procura una participación directa dentro de una democracia horizontal, la búsqueda de consensos se desarrolla en marcos organizativos y éticos bien diferentes; tal vez más deseables.

Con tamaña distinción, el trabajo de Gené se zambulle en una experiencia de campo que la lleva a entrevistas en profundidad con las primeras líneas de quienes ocuparon el ministerio político por antonomasia, en sus no tan distintas modalidades, más allá de la gestión y la tintura política que se tratare. La coincidencia requirió ser abordada desde la sociología de las elites, en razón a la “estrategia de clausura y exclusión” que los sucesivos funcionariatos desarrollaban en su permanente “apuesta por la supervivencia y la conservación del status puesto en riesgo”. En una pre-dialéctica de “nosotros” y “ellos”; “políticos” y “aficionados”, cunden obvios aunque silenciados códigos compartidos que funcionan “como punto de referencia, como marco interpretativo y repertorio común de sentido”. El primero de tales preceptos, no tan curiosamente opuesto a la máxima feminista que sostiene que lo personal es político, dicta que en toda rosca es siempre preciso separar “lo personal” de “lo político”, para “no decepcionarse”. Los restantes lineamientos que atraviesan la privacidad de ese mundillo naturaliza la disposición a tragar sapos, relativizar lo indeseable, desempeñarse de manera que la palabra resulte confiable, cumplir con lo acordado, ser leal e incondicional al jefe, y sobre todo hacer de la discreción un culto.

Al abordar las distintas gestiones a cargo de la cartera de Interior –y a partir de la reforma constitucional de 1994, la Jefatura de Gabinete— Mariana Gené disecciona las diversas modalidades, estilos y hasta caprichos de la relación de cada gobierno con el propio y los restantes partidos, gobernadores, policía y fuerzas de seguridad, crisis, procesos electorales, en fin, las vicisitudes de un país como la Argentina, siempre proclive a las emociones intensas. En ese devenir, la investigadora se pliega a la dicotomía entre los estilos de Carlos Corach y Gustavo Béliz, valorados en forma opuesta por los profesionales del ramo, en sendas caracterizaciones que tal vez merecieran un libro aparte que profundice mayores concomitancias. Del mismo modo, el tan académico mecanismo de legitimarse en la erudición de las citas, impide a la inteligencia de la autora desplegarse tanto como apropiarse de una suma de ideas y conceptos, disimuladas entre los anaqueles de una prodigiosa biblioteca y los bastidores de una valiente timidez. Investigación rigurosa que traslada al lenguaje profano una tesis de doctorado, incorpora en ese tránsito una pasión contagiosa que el ritual académico evita. Aliciente indispensable para que el lector más o menos politizado logre adentrarse en los vericuetos, no sólo en los registros simbólicos de un ministerio crucial, sino en los dispositivos intestinos —propiamente dichos— de una forma de la política.

 

 

FICHA TÉCNICA

La Rosca Política

Mariana Gené

 

 

 

 

Buenos Aires, 2019

270 págs.

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Marcelo Marmer dice

    Interesante el punto de vista desde donde arranca la investigación. A mi entender «la rosca» siempre es objeto de murmullo, barullo, o chismoseo, de modo que no se la toma en serio o termina haciendo de tope a cualquier pensamiento que se pretende serio, creo que incorporarlo en una serie con otros elementos que hacen a lo político, puede favorecer su comprensión
    Gracias por la nota.

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