Abortar en cuarentena

Entrevista con Ruth Zurbriggen sobre las limitaciones de un servicio esencial

 

Nadie preguntaría qué Ruth si ocasionalmente alguien sugiere “si necesitás un aborto llamala a Ruth”. Es una de las fundadoras de Socorristas en Red (SenRed), organización compuesta por 54 colectivas de todo el país que acompañan abortos autogestionados y con medicamentos. Ruth Zurbriggen es también fundadora de La Revuelta, colectiva feminista patagónica que logró desplazar a Buenos Aires del centro y enlazar el ejercicio socorrista con profesionales de la salud. Durante la pandemia, el trabajo del socorrismo toma una nueva dimensión, aunque la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Salud nacional declararon el aborto como un servicio esencial, los obstáculos que encuentran las personas que requieren un aborto en el sistema de salud siguen ahí, más firmes que nunca. Si antes de la pandemia no estaba generalizado el servicio de Interrupción Legal del Embarazo (ILE), ahora hay que sortear además a oportunistas antiderechos y un sistema de prioridades de atención antojadizo. En este contexto, las socorristas siguen acompañando abortos en cualquier lugar (como dice el cántico que identifica la posición por la autogestión: «aborto legal, en cualquier lugar») a un ritmo tan intenso como siempre: entre 2014 y 2019 acompañaron los abortos de 31.936 mujeres y personas gestantes

—Lanzaron en estos días la sistematización de acompañamientos de 2019. Según los datos, SenRed cada año acompañan más abortos y el año pasado acompañaron a 12.575 mujeres y personas gestantes. En este período especial de aislamiento, ¿están recibiendo más llamados?

—Diría como mínimo que no han disminuido en relación a cómo veníamos en las colectivas de la Red. Diría también sentimos que hubo más. Eso de sentir que hubo más está relacionado a que como toda la cotidianeidad está profundamente trastocada nos implica otro tiempo todo el sostenimiento del dispositivo de acompañamiento. Las llamadas a los teléfonos o los mensajes a las redes sociales denotan angustias extras: ¿cuántas semanas van a pasar hasta que yo pueda resolver este problema? ¿Cómo van a ayudarme con esto si no puedo salir de mi casa?  

El “siento que no tengo salida” se acrecentó con el aislamiento. Esto hace que les y las compañeras telefonistas, que hacen un trabajo inmenso, también sientan otras exigencias en ese primer contacto. Nos propusimos mantener y hasta aumentar en algunas colectivas las horas de atención de los teléfonos públicos ya que el tiempo dedicado a cada llamada se intensificó. Vuelvo a leer en el Face mensajes como “llamé y no me atienden” y sé que estamos atendiendo, sólo que quien llama necesita respuestas en ese instante preciso, y a la vez quien conectó quizás requiere de 15 a 20 minutos de conversación. Ni hablar cuando quien llama lo hace a escondidas de su familia o de las parejas violentas con quien convive…

 

 

Una de las piezas de la campaña #EstamosCerca de Socorristas en Red para el tiempo de cuarentena.

 

 

—¿Cómo es la logística cuando reciben un llamado hoy? ¿Qué cambió?

—Está clarísimo que en tiempos de pandemia, el arte de acompañar abortos tal como lo diseñamos y producimos tiene que ser y viene siendo reconfigurado. Y en ese proceso, las articulaciones con quienes estén dispuestxs a garantizar el derecho son más claves que nunca. Más que nunca hace falta el armando de comunidad y lazo. Y que esas articulaciones sirvan también para seguir exigiendo al Estado y a los gobiernos nacional y provinciales que se arbitren las políticas concretas para hacer vivir cotidianamente las recomendaciones de OMS y guías emitidas por el propio Ministerio de Salud. Aventuro que hay que prepararse para un período largo, muy largo, además. 

Digamos que se nos acrecentaron las preocupaciones, tanto por quienes necesitan acompañamiento para realizarse un aborto como por el cuidado a les y las activistas de la Red, porque también estamos viviendo el abismo de este tiempo y hay que hacerle lugar. Vengo muy preocupada en este sentido. Cómo sostener y sostenernos.

—Antes de la cuarentena el caminito incluía el vínculo telefónico pero también la participación en un taller. Imagino que habrán tenido que reinventar la forma de acompañar.

—Lo que hubo y hay en SenRed desde el inicio de la cuarentena es una necesidad de reconfigurar los modos en que cuidamos y nos cuidamos. ¿Cuáles son las políticas que cuidado que desplegamos también para con nosotras mismas, para seguir cuidando?

Este tiempo nos quitó —entre muchas otras cosas— lo más atesorado que tiene esta Red: los encuentros cara a cara con quienes necesitan abortar. Porque allí está la presencia ineludible de los cuerpos, las cuerpas. Muchas veces hablamos de las pedagogías corpo-aborteras de SenRed, en ellas está la centralidad del encuentro presencial que nos permite poner el cuerpo, mirarnos, sentirnos, ver nuestros rostros, tonos de voz, olores, desnudarnos un poco entre desconocidas, ¿no? Supongo que, ante esa ausencia, hacemos lugar a otros artificios para que se abra mucho más nuestra capacidad de escucha.

 

 

Marcha Ni Una Menos de 2018.

 

 

Apenas semanas antes de que se declarara la pandemia, el Presidente Alberto Fernández anunció en la apertura de sesiones del Congreso el envío de un proyecto de ley sobre Interrupción Voluntaria del Embarazo. La crisis sanitaria y el sentido de la oportunidad configuraron un escenario donde la contienda por la legalización del aborto perdió protagonismo. Una vez formalizado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, organismos nacionales y provinciales lanzaron recomendaciones y guías para que el derecho al aborto sea garantizado. Incluso el aborto fue declarado un servicio esencial, sin embargo las trabas al acceso proliferaron, rebajando a los derechos sexuales y reproductivos a derechos de segunda categoría.

—El aborto fue declarado como servicio esencial por la OMS. ¿Tienen conocimiento de que en este contexto particular haya un aumento en la obstaculización de ILEs? 

—Sí, tenemos conocimiento de obstaculizaciones para garantizar ILEs pese a lo declarado por la OMS y sostenido desde el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (SSyR) y desde programas provinciales de SSyR. Como siempre la heterogeneidad es lo que abunda en este aspecto. Problemas: antes de la pandemia no estaba garantizado y aceitado de manera generalizada el acceso a ILEs en la Argentina. Los obstáculos: innumerables, pese a lo mucho que sí avanzamos en estos años con profesionales de la salud muy comprometidxs con garantizar el derecho y aun con mucha mucha mucha ausencia de recursos para ello. Tenemos servicios provinciales que se jactan de comprar 50 dosis de tratamientos para abortar; que se niegan a incorporar las prácticas de AMEU (aspiración manual endouterina, una técnica médica para aspirar el contenido del útero) y además que no destierran la práctica de legrado (desaconsejada por la propia OMS); hay hospitales que tienen servicios de ginecología plagados de objetores de la práctica, lo cual va claramente en contra de las leyes vigentes; servicios de ecografías que cuando leen que la indicación ecográfica dice ILE despiden a las mujeres con un folleto de grupos antiderechos para que llamen a un número que busca desalentarlas en su decisión.

Si antes de la pandemia ya teníamos ese panorama, ¿por qué en plena cuarentena cambiaría todo eso? Sabemos, por ejemplo, por un mapeo que estamos haciendo, de consultorios que estaban al servicio de garantizar ILEs y que debido a las re-estructuraciones por atención de Covid-19 han dejado de atender. 

No es una cosa o la otra, es cómo tener una política sanitaria que considere que los que se define como “esencial” realmente lo es y sea consecuente con lo que de escribe y anuncia. Se siguen muy bien las indicaciones de la OMS en términos de qué hacer ante el Covid-19, sin embargo, las indicaciones para garantizar el acceso a la salud reproductiva y (no)reproductiva pueden quedar en un segundo plano. ¿Será porque es un tema que atañe centralmente a los cuerpos feminizados?

 

 

 

 

 

—¿Qué impacto puede tener que el Estado garantice menos ILEs? ¿Qué papel ocupa el socorrismo en ese contexto, cuando el sistema de salud no absorbe y satisface la demanda?

—Tiene enormes consecuencias sobre la vida de quienes necesitan abortar y va a tener altos impactos sobre el sistema de salud, porque si aumentan nuevamente las consecuencias por abortos clandestinos inseguros, es a los hospitales donde van a llegar esas mujeres. No se puede tener una política timorata en esto. Se está invirtiendo muchísimo dinero para que el sistema de salud pueda asistir las consecuencias del virus, no pasa lo mismo con salud sexual y (no) reproductiva ni con medidas vinculadas a las violencias machistas. Esperaba (vale decirlo y hacerme cargo) mucho más de parte de la gestión de gobierno actual en relación a estos dos temas.

Por nuestra parte, hemos tomado la decisión de acompañar mucho más el reclamo para que los servicios de salud den las respuestas adecuadas. Nos implica un hacer más artesanal y por momentos altamente desgastante. Yo le llamo la política de una a una, una a una, con cada una, hasta lograr que acceda al derecho. Somos 500 activistas en todo el país con la disposición a hacer cumplir leyes vigentes y recomendaciones de la OMS. Esa es nuestra fortaleza, el hacer sostenido de una Red que en el año 2019 acompañó a 12.575 mujeres en sus procesos de aborto.

 

Para más información sobre Socorristas en Red entrá a su web: socorristasenred.org

 

 

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