Abrazo al Nieto 140

Alegría, angustia, rabia y alivio por la misión cumplida

Raúl Metz y Graciela Romero, padres del último nieto recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo.

 

Después de la tormenta brilla con más fuerza el sol.

Abuelo Oscar Metz

 

Tiene nombre y apellido. En realidad, tiene dos nombres y apellidos distintos: los que le dieron sus padres y los que lleva desde que se apropiaron de él, hace casi cuarenta y nueve años. Nació en Bahía Blanca, en un lugar de muerte que los militares genocidas llamaban La Escuelita. ¡Ay cómo lo buscamos con sus abuelos, su hermana Adriana, sus sobrinos, las Abuelas de Plaza de Mayo y la solidaria comunidad de derechos humanos en la Argentina y el mundo!

Lo llamo mi ahijado del alma desde el momento en que tomé conciencia del robo de su identidad y de mi compromiso para que la recobrara. Con mucha ternura, casi con miedo a re traumatizarlo si me lee, escribo este corto testimonio. Me es imposible abarcar el impacto emocional de su reciente reunión con su familia de sangre y comprendo perfectamente su decisión de permanecer en el anonimato.

Cuando la querida Adriana Metz me mandó el mensaje esperado durante décadas: “encontramos a mi hermano”, lloré largamente. Lloré de alegría por Adriana, de angustia por Graciela y Raúl Eugenio, asesinados después de robarles el hijo; lloré de rabia por la crueldad con que se había lastimado desde su nacimiento a esta víctima inocente; lloré de alivio por haber cumplido con mi misión. Junto a mí, Antonio, mi compañero de vida, lloraba en silencio. Después sentí algo muy extraño: la certeza de que ya podía morirme tranquila porque la tarea más importante de mi vida de sobreviviente y testiga había sido cumplida. Pero a eso siguieron múltiples entrevistas de prensa donde me oía repetir hasta el cansancio que, con el apoyo de la gente, todavía era posible encontrar al resto de mujeres y hombres robados a sus familias por la dictadura.

 

La autora, al presentar la última edición de su libro La Escuelita, en 2024, junto a Adriana Metz.

 

En la carta que transcribo a continuación relato todos los detalles del nacimiento de este nieto tan buscado, tan querido. Leerán que pude confirmar con su madre su llegada a este mundo. Pero antes que ella, había dado a luz otra prisionera de La Escuelita de Bahía Blanca: mi amiga y compañera de lucha Graciela Izurieta. Estuve desaparecida con su hermana, la entrañable revolucionaria Zulma “Vasquita” Izurieta. Con ella recabábamos información sobre todo lo que pasaba en ese centro clandestino, aún con la certeza de que no saldríamos vivas de allí. Las palabras de su madre Lidia Confeggi en mi última visita a su casa y su rostro angustiado mientras me apretaba la mano, vuelven cada día a mí: “Alicia, ¿por qué Dios me habrá dejado sola y viva durante tanto tiempo? ¿Será porque voy a encontrar a mi nieto, a mi nieta?” Por ella y la memoria de mis hermanas del alma, mi búsqueda continúa. Este testimonio es una de mis herramientas para encontrar esa Verdad que nos asegurará que nunca más se roben a las criaturas de quienes luchan por la justicia social.

Corría el año 1981 cuando conocí a Chicha Mariani y Estela de Carlotto. Cargando una carpeta inmensa subieron las interminables escaleras hasta nuestro departamento en un altillo solidario de la ciudad de Washington. Con papel de tamaño legal y dos centímetros de grosor, el documento pesaba cerca de un quilogramo. Desde sus páginas, las caritas de las nenas y los nenes que se buscaban y los rostros de las madres que habían dado a luz en cautiverio nos perforaban el corazón. Un año después las Abuelas de Plaza de Mayo me entregaron una fotocopia de esa misma carpeta, la cual todavía conservo y acabo de pesar y medir. En aquel momento se habían documentado solamente 96 casos. El cartapacio incluye fotocopias de avisos en la prensa, escritos de hábeas corpus, cartas a jueces y presidentes. Incompleta y todo, abruma con su peso histórico y material. Allí vi por primera vez la denuncia del abuelo Metz y las fotos de Graciela Romero de Metz y Raúl Eugenio.

 

Graciela, Raúl y los abuelos Metz.

 

Escribí entonces la carta que adjunto y que en aquel momento llevaría Chicha Mariani, para entregar a la familia. Esa larga misiva y la conmovedora respuesta del abuelo fueron difundidas cuando encontramos al nieto 140. En el sitio de Instagram de Memoria Abierta se incluyeron diez minutos de mi largo testimonio en los Juicios de la Verdad realizados en Bahía Blanca en 1999. Unas 445.000 visualizaciones y multitud de mensajes solidarios son evidencia de que hay conciencia de la vigencia hoy de esa lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

 

 

 

                                                           Washington, 4 de diciembre de 1981

Querido señor Metz:

Es muy difícil para mí escribir estas líneas, es difícil, pero es algo que he buscado durante años este contacto directo con la familia de mis compañeros de cautiverio en el campo de concentración “La Escuelita” de Bahía Blanca. Quisiera que leyeran mi carta con la mayor tranquilidad posible, y sobre todo que me sientan muy cerca de ustedes en este dolor que es también el mío y en la fuerza para seguir peleando por la aparición de Graciela y Raúl, y por la recuperación de su nieto, un varón, que nació bien el 17 de abril de 1977 en una casilla rodante instalada en el patio de la vieja casa que servía de campo de concentración.

 

 

Empezaré por el principio: el 12 de enero de 1977 me secuestran los militares y me llevan al campo de concentración “La Escuelita” en Bahía Blanca, cerca del comando del V Cuerpo (encontrará más detalles en la copia del testimonio que le adjunto). Allí me colocan en la misma pieza con Graciela, su hijo, y unas 6 personas más (en el dibujo de la casa verá la ubicación de Raúl y Graciela en la habitación). Ellos habían sido trasladados a “La Escuelita” desde Neuquén alrededor de principios de enero. Estábamos todos vendados y muy vigilados y casi no podíamos hablar. Cada tanto Raúl y Graciela intercambiaban 2 o 3 palabras para avisarse que estaban bien y así me di cuenta después de varios días que eran una pareja. Raúl estaba acostado en el piso, con las manos atadas en la espalda, estaba con buen espíritu y le daba ánimos a ella. Unos dos o tres días antes de trasladarlo lo sacan de la habitación y lo ponen en otra, pero sabíamos que estaba allí porque varias veces al día llamaba al guardia pidiendo agua (esa era muchas veces nuestra forma de avisar a los otros que todavía estábamos allí, ya que todos nos conocíamos ya las voces). Hacia fines de enero (no recuerdo el día con exactitud) lo trasladan, a Graciela alguien le dijo que lo llevaban al sur, a Neuquén. Nunca más supimos de él.

 

Raúl Eugenio Metz.

 

Graciela siguió en “La Escuelita” hasta el 23 de abril de 1977. Estuve en la misma habitación que ella hasta principios de febrero (alrededor del 5). Pudimos hablar un poco ya que luego me pusieron en una cama más cerca de la de ella. Estaba preocupada por Raúl y se acordaba mucho de ustedes y de la nenita. Me contó que la habían detenido en Cutral-Co y que de allí la habían trasladado a un lugar cerca o en la ciudad de Neuquén, que durante el camino la habían torturado. Al día siguiente de que me cambiaran de pieza traen a “La Escuelita” a María Elena, la hermanita de Graciela. Sé que pudieron hablar una o dos veces antes de que a María Elena la sacaran de allí el 12 de abril de 1977. Dos meses antes del parto vino un médico o enfermero a ver a Graciela y recomendó que la dejaran caminar un poco para que el parto no fuera difícil por la falta total de ejercicio. Desde entonces pude ver por debajo de la venda como todas las tardes la dejaban caminar alrededor de una mesa que había en el hall (en el plano de la casa está marcada la mesa). Solo le veía las piernas, ya que para ese entonces mi cama estaba enfrente de la puerta que daba al hall.

Aproximadamente un mes antes de que naciera el nene la trasladaron a una casilla rodante en el patio. Un médico o enfermero venía a verla casi diariamente, pero hasta que fue trasladada a la casilla no creo que nunca le hubieran hecho una revisación seria. El 17 de abril (tal vez el 16) a la noche —entre las 10 y las 12— a mí me habían llevado a la cocina para lavar los platos (algunas veces lo hacían) y de pronto se armó mucho revuelo, pusieron agua a calentar y me dijeron que lavara urgente una gran fuente plástica cuadrada (después me enteré que era para bañar el nene).

Pregunté qué pasaba (aunque lo imaginaba) y me dijeron que Graciela tenía contracciones. Pedí insistentemente que me dejaran estar con ella, ayudarla en el parto, ya que yo había sido madre, etcétera; pero no me dejaron. No tuvo atención médica, dijeron que fueron a buscar al médico y no lo encontraron, no sé lo que pasó. El parto fue atendido por los guardias. Heriberto Labayén, a quien menciono en el testimonio, me dijo haber ayudado en el parto, le pregunté qué sabía de eso y me dijo que como era del campo había atendido varios partos. Varios guardias me dijeron que el chico era varón y que estaba bien. Desde el nacimiento del nene Graciela no llevó los ojos vendados, es así que un día pude verle la cara por unos segundos, cuando la dejaron entrar al baño por error en el momento en que yo me estaba bañando. Con toda la sorpresa le pregunté cómo estaba y cómo estaba el nene y me dijo que bien. Seguía en la casilla rodante, con el bebé. El 22 o 23 de abril, Graciela es sacada de allí y nunca me dijeron adónde la llevaban. Pregunté mucho por el niño y me dijeron que uno de los interrogadores se lo había llevado. Ya habíamos oído comentarios de que eso sucedería e incluso Zulma Izurieta (ver mi testimonio) tenía sospechas acerca de quién podría ser el que se lo iba a llevar. Zulma me hizo esos comentarios días antes de que la sacaran a ella y debido a la enorme vigilancia que teníamos no pudo especificarme más. Los guardias hacían comentarios de que el que llevaría al niño ya le estaba comprando ropita. Esto no lo decían delante de Graciela. Sé que todo esto que le cuento es muy doloroso para usted, también es doloroso para mí recordarlo, pero creo que la única forma de seguir avanzando en la búsqueda es contarle todo lo que recuerde. Los padres de Zulma estaban en 1977 viviendo en Jacinto Arauz (pienso que estarían muy atemorizados y angustiados por la desaparición de sus dos hijas, ya que nunca vi denuncias del caso, aunque una de ellas también estaba embarazada). Desde que salí de la cárcel en diciembre de 1979 he estado denunciando el caso de la desaparición de Raúl, Graciela y el nene. Recién en febrero de este año encontré en una lista de Amnistía que se había hecho denuncia y habeas corpus por los casos. De allí saqué las fechas exactas de desaparición, el nombre de Raúl y edad. Además de hablar del caso en toda entrevista que me hicieran por radio o diario, envié mi testimonio a la central de Amnistía en Londres y a la subcomisión sobre desaparecidos de la ONU en Ginebra. Hace unos 2 o 3 meses recibí una llamada de Tom Mc Karty –presidente de la subcomisión de la ONU sobre desaparecidos– quien me dijo que estaban trabajando mucho en el caso de los niños desaparecidos y me pidió autorización para presentar mi testimonio y sobre todo el caso de su nieto al gobierno argentino para exigir una respuesta. Por supuesto lo autoricé a darle el uso y la difusión que le pareciera. Luego avisé a Amnesty International porque supuse que tendrían más información sobre el caso ya que los nombres estaban en la lista, aunque me extrañó que allí no se consignara que Graciela estaba embarazada. Les pedí que se pusieran en contacto con el grupo de Naciones Unidas. Recién ayer a la noche, momento en que empecé a escribirle, vi en una carpeta de las Abuelas de Plaza de Mayo el caso denunciado, las fotos y su nombre y dirección, es así que decidí escribirle inmediatamente.

Le quiero reiterar a usted que puede publicar esta carta o difundirla si le sirve en la búsqueda y que para lo que necesite me constituiré en testigo presencial. Quiero también que sepa que seguiré denunciando el caso y exigiendo la aparición de los 3 y que haré todo lo que sea posible por estos hermanos míos y por esclarecer el caso de María Elena.

Mucha, mucha fuerza y valor, sepa que estoy para lo que necesite. Ahora no puedo volver al país porque salí de la cárcel con el “derecho de opción”, pero sepa que tiene en mí a una hija más.

Con cariño,

Alicia

 

La edición en inglés de La Escuelita, el primer testimonio sobre el principal centro de exterminio de Bahía Blanca.

 

 

B. Bca- 17/3/82

Sra. Alicia Partnoy

Mi querida hija.

He recibido dos cartas tuyas. Ignoro, si enviaste más. Estamos muy agradecidos por las noticias, y te admiramos por tu entereza. Por tu lucha, demuestras que sos mujer y madre, de lo cual nos enorgullecemos como argentinos y patriotas. Vivo con mi compañera, y la hija de Raúl y Graciela que espera pronto, con tu ayuda, recuperar su hermanito.

 

Los abuelos Metz con Adriana.

 

El secuestro de Raúl y Graciela fue el 16/12/76 en Cutral-Co, Provincia de Neuquén. El mismo día me comunicaron. Y a la noche, ya fuimos con mi compañera a Cutral-Co. Del asalto hay testigos, que fueron golpeados y sus heridas curadas en el hospital de la localidad. Y luego hicieron la denuncia a la policía y al juez. El primero en ser golpeado se llama Raúl Navarrete. Y hace la denuncia ante el juez. Y yo leí, en el juzgado, la denuncia. Aseguran los testigos, que en el asalto participaron dos vigilantes de la localidad. En la comisaría, me entregaron la libreta de enrolamiento de Raúl y Graciela y la libreta de casamiento. Lo cual corrobora la veracidad de los testigos. Si te digo las denuncias que hemos hecho: Hemos denunciado, por cartas certificadas, de las cuales guardamos copia. Entre otros, a 77 obispos del país. A todos los dirigentes políticos, de todos, todos los partidos. A todos los presidentes de los clubes de fútbol. A todos los diarios y revistas. Todas las organizaciones conocidas. Personalidades. Bibliotecas. En B. Bca hay 43 desaparecidos. Y los familiares organizados. Las más luchadoras, las madres. Hemos visitado cuarteles y comisarías. Juzgados, hemos presentado hábeas corpus. Si precisás algún otro dato, pedilo. Seguí fuerte y firme. Ya sabemos que después de la tormenta, brilla con más fuerza el sol. Y el sol, saldrá para todos.

Saludos a todos los luchadores que te acompañan. Te espero conocer, personalmente, y pronto. La hora se acerca. Muchos besos de mi compañera y la nena de Graciela. Se llama Adriana Elisa Metz. Cumplió 6 años y todos los días habla de sus padres. Y de su hermanito que no conoce. Hasta pronto. Con muchos besos y abrazos. Metz

Tía Alicia. Muchos besos. Adriana.

 

 

Sí, querido señor Metz, gracias a su trabajo visionario junto a su compañera, el sol salió finalmente para Adriana y su hermano. Se abrazaron por primera vez el 7 de julio de 2025. Adriana recuperó a su tan buscado hermanito, su nieto, el nieto 140, mi ahijado del alma.

 

Adriana, en el anuncio público. Foto: Luis Robayo.

 

 

 

 

* Alicia Partnoy es autora de La Escuelita: relatos testimoniales, libro presentado como evidencia en los juicios contra los genocidas en Bahía Blanca. Es autora, traductora y compiladora de doce libros y un cuaderno de poesía. Sus artículos académicos y literarios han sido publicados en revistas especializadas y traducidos al francés, inglés, bengalí, turco y hebreo. Radicada en Los Ángeles, California, es profesora emérita de la Universidad Loyola Marymount.
** Esta historia forma parte del libro Bahía Gris: voces a 50 años del Golpe, coordinado por el colectivo Elijo Leer de Bahía Blanca, que publica Hemisferio Derecho Ediciones y que puede adquirirse aquí.

 

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