Agredidos, uníos

¿Dónde estamos, dónde queremos ir y cómo llegar?

 

Ante la invitación a participar de un seminario sobre planeamiento estratégico, repasé mis conocimientos y experiencias vividas en la materia y con ello surgió la posibilidad de aplicar sus metodologías al análisis de la situación económica, política y social que nuestro país y el peronismo en particular están transitando.

Para ensayar ese camino corresponde considerar los componentes del planeamiento estratégico: evaluar nuestras fortalezas y debilidades, y las oportunidades y amenazas que se nos presentan, así como la de nuestros adversarios; establecer nuestros objetivos; definir los medios y los recursos de los que disponemos y elegir los que utilizaremos.

Todo ello con la finalidad de establecer una estrategia que nos permita salir del atolladero en que nos encontramos y poder avanzar hacia dónde queremos llegar.

 

Punto de partida

Las fortalezas y debilidades son las nuestras propias, mientras que las oportunidades y amenazas resultan del entorno en que nos movemos; en especial, muchas de las oportunidades se originan en las debilidades de nuestros oponentes y lo que nos amenaza en sus fortalezas.

Ante la magnitud de la crisis que estamos viviendo, en la oportunidad voy a invertir el orden habitual en que se tratan estos diagnósticos y comenzaré por analizar en primer lugar nuestras debilidades y las amenazas que se nos presentan, para luego avanzar con nuestras fortalezas y las oportunidades que tendremos por delante.

Estos aspectos del diagnóstico, junto a otros que será necesario completar, constituyen el punto de partida de las estrategias que tenemos que establecer para recuperar el ejercicio del poder y la posibilidad de avanzar hacia la concreción de nuestros ideales.

 

Nuestros objetivos

La Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana no es un objetivo; se trata de un ideal inalcanzable al cual podremos aproximarnos pero que nunca podrá ser plenamente concretado.

Se trata entonces de consensuar una misión políticamente viable y operacionalmente factible que nos acerque a nuestro ideal y que evite los retrocesos que, en los casi 70 últimos años, nos impidieron avanzar hacia el mismo.

Tales fueron los casos de la revolución fusiladora del ‘55, los 18 años de golpes de Estado y gobiernos reformistas que nada reformaron, la dictadura asesina del ‘76 que siguió al frustrado retorno del peronismo en el ‘73, los nuevos intentos reformistas que se sucedieron en democracia, incluyendo al menemismo, el intento neoliberal del macrismo que siguió a los 12 años del kirchnerismo y el propio gobierno de Alberto Fernández, que con el incumplimiento de su contrato electoral nos condujo al actual gobierno anarco-libertario.

La misión de lograr un avance continuado hacia la Patria justa, libre y soberana que evite los retrocesos de los últimos 70 años tiene el carácter claramente revolucionario que el peronismo requiere para sostener su vigencia y su propia existencia.

Esa misión significa integrar a un proyecto nacional a una mayoría de los sectores concentrados de la economía que siempre estuvieron impulsando los retrocesos políticos, sociales y económicos que aquejaron a nuestro pueblo, a nuestro país, y que en su ceguera también los perjudicaron a ellos mismos.

La segura eclosión social y económica a la que a corto plazo nos conduce la propuesta anarco-libertaria nos brindará la enorme e infrecuente oportunidad de avanzar hacia ese proyecto de integración nacional. El núcleo mismo de ese proyecto radica en que los sectores concentrados de la economía o una proporción importante de los mismos comprendan de una vez y para siempre que nunca podrán realizarse en un país que no se realiza; y que para ello deberán aportar sus esfuerzos en modo proporcionado a los que desde siempre y para su exclusivo beneficio vienen realizando los sectores populares, incluyendo a los trabajadores, los jubilados, las pequeñas y medianas empresas, las cooperativas y demás actores formales e informales de la economía popular, así como las economías regionales y las provincias que integran a nuestra nación. Ninguno sobra, ni ellos mismos.

Logrado ese convencimiento, con toda seguridad será necesario consensuar metas viables de corto plazo que configuren el camino que nos conduzca a objetivos de largo plazo, que sean posibles de alcanzar.

 

Nuestros medios y recursos

Volviendo a los métodos del planeamiento estratégico, los medios para construir el futuro deseado consisten en actos emprendidos por única vez; cursos de acción, acciones que se emprenden de manera secuencial y se dirigen a resultados concretos; prácticas consistentes en cursos de acción repetidos; procesos que se aplican de principio a fin; proyectos dirigidos a obtener resultados acotados; programas, sistemas de proyectos destinados a obtener un conjunto de resultados de más larga duración que los proyectos; y políticas, reglas utilizadas para la selección o exclusión de medios.

Entre los medios que parecen imprescindibles para concretar la integración nacional se incluyen la convocatoria amplia a todos los sectores económicos, políticos y sociales; elaborar una propuesta destinada a lograr esa integración y políticas para establecer las reglas que regirán al proyecto de integración nacional. Los demás medios se podrán ir detallando en la medida que se vaya avanzando en la propuesta, así como las medidas destinadas a controlar y reducir las causas y efectos de la incertidumbre, definir los incentivos, inducir a la cooperación y a reducir los conflictos que se vayan presentando en el proceso.

Los cinco tipos de recursos propuestos por el sistema de planeamiento estratégico y que resultan necesarios para la implementación comprenden dinero, bienes de capital, personas, suministros e insumos y datos, información, conocimientos y sabiduría.

En el caso de nuestro proyecto de integración nacional, y dadas sus características, los recursos críticos resultan ser las personas, incluyendo dirigentes, militantes y los integrantes del conjunto de la sociedad, así como la disponibilidad de datos, información, conocimientos y especialmente de la sabiduría de las personas involucradas.

A medida que se vaya avanzando en la propuesta, para cada recurso se deberá estimar cuánto y dónde se necesitará; de cuánto se dispondrá en el tiempo y lugar requerido; así como el modo de resolver la escasez y/o el eventual el exceso de cada uno.

 

A modo de conclusiones

En primer lugar poner de relieve el carácter históricamente disruptivo y cuasi revolucionario que tendría poder eliminar los ciclos de avances y retrocesos que aquejan a nuestro país y la importancia de establecer una estrategia viable para avanzar en nuestras propuestas, incluyendo con esa finalidad la posibilidad de utilizar los métodos de los sistemas de planeamiento estratégico disponibles y ampliamente conocidos.

En segundo término, y coincidiendo en gran medida con las conclusiones de Ricardo Aronskind en su reciente publicación sobre los límites de la audacia reaccionaria, poner de relieve que lo necesario e inteligente en este momento es hacer lo que hace demasiado tiempo no hacemos, que es construir organización popular, unir a todos los agredidos, llegar a una comprensión profunda de los acontecimientos que nos trajeron hasta aquí, e ir prefigurando una potente propuesta de unidad nacional que –ante el derrumbe del proyecto mileista– convoque a una gran mayoría de la sociedad para revertir tanta destrucción y empobrecimiento innecesarios y nos permita avanzar sin retrocesos hacia un mejor futuro para todos y para todas.

Como siempre, mucho agradeceré cualquier comentario que hagan llegar a mi correo [email protected]

 

 

 

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