AGUANTE LA FIN DEL MUNDO

Para la cartera del caballero y el bolsillo de la dama, un manual para el momento en que se pudra todo

 

A pesar del boludeo negacionista que flamea en cualquier catastrófica anomalía histórica, el cambio de ritos y costumbres que desata una pandemia aproximan esa chirle sensación a fin del mundo, tan caro al espíritu paranoide. Pulula la sensación tópica proclive al apocalipsis climático, achicharramiento nuclear, malvadas intenciones de los ovnis que perseveran en reproducirse en la programación televisiva, sismos que anuncian tsunamis cada vez que pasa el subte y los perennes zombies con toda su eternidad dispuesta al postrer mordiscón en el flan encefálico. De un modo u otro, el fin de la vida animada sobre la corteza de este planeta se aproxima. Clima inquietante que, de paso, solapa acciones destituyentes, sabotajes ideológicos y friendly fire que busca generar vacantes para las que se promociona. Como sea, es la hora de adoptar precauciones. ¿Ante qué?

Pululan las amenazas: “Las armas letales autónomas –robot asesino— son organismos cibernéticos creados para cazar y exterminar humanos. Pueden tener la forma de un drone, de un mini-tanque o de un cyborg cuadrúpedo, similar a un perro de metal sin cabeza. Si usted ha sido configurado como blanco de una de estas máquinas, sus chances de sobrevivir a un enfrentamiento son inferiores al 3%”. Pues la peligrosidad de tamaños artefactos excede la apariencia de la más sofisticada de las máquinas. Son capaces de reconocer a sus presas a través de pasivas computadoras privadas o públicas “con teclados pringosos y pantallas salpicadas por miles de exhalaciones anónimas durante la efervescencia de un videojuego o acto sexual pixelado”. Infalibles máquinas asesinas capaces de adquirir la forma de un inocente electrodoméstico, a tal punto que en “la simple preparación de un licuado usted podrá terminar con los dedos rebanados; un reconfortante bidet propinarle una quemadura de tercer grado o la melancólica contemplación del atardecer interrumpirse cuando una persiana intente desnucarlo”.

Moiseeff, Iglesias, Castromán, los autores.

Oportunamente ha llegado a las librerías el primer Manual de Supervivencia par el Fin del Mundo, que en poco más de cien páginas no sólo advierte acerca de estos y muchos otros inminentes peligros, sino que propone distintas estratagemas para evitarlos y, cuando no, minimizar sus efectos. Producto de plena argentinitud, ha sido desarrollado por los sesudos investigadores Iván Moiseeff, Lorena Iglesias y Esteban Castromán en base, principalmente, de su “atenta y microscópica observación de la naturaleza humana”. Complemento indicado a reputadas fuentes que abarcan pedestres manuales de primeros auxilios, instructivos para boy scouts, técnicas del Viet Cong; archivos fílmicos de los géneros catástrofe, terror y fantástico; pasajes de Marco Aurelio, Séneca, Montaigne, Primo Levy y poemas de Kavafis, folletos de la Policía Federal, trabajos de la Federal Vampire and Zombie Agency, además —se sospecha, aunque los autores no lo confiesan— noticiarios de la televisión hegemónica.

En formato de bolsillo, el libro está maquetado para que su traslado resulte cero incordioso y el acceso a la información preciso, concreto y accesible, pese a lo aleatorio de su ordenamiento. De todas formas, durante la huida despavorida, inútil resistencia, ineficaz busca de escondite o feroz combate, cualesquiera de las medidas adoptadas conllevan una eficacia azarosa. Un anexo de conocimientos prácticos, complementan la información específica: un código morse, disposición de mochila de emergencia, lámina identificatoria de huellas plantares (rana, hipopótamo, yeti, mapache, avestruz, minotauro, arpía, hombre lobo, vaca, etc.), instrucciones de qué hacer con el cadáver para quien lo halle, coordenadas de deudos, páginas en blanco para última voluntad y testamento.

 

 

 

 

Práctico instructivo con fines específicos, no obstante sus premisas pueden hacerse extensivas hacia otras acechanzas. Si bien les autores Manual de Supervivencia… no lo especifican, se percibe en su espíritu la posibilidad de, también, evitar o combatir hordas o individuos aislados de gorilas desatados, negacionistas variopintos, terraplanistas exasperados, pirinchos magnétticos, veganos con avitaminosis, curas en opción por los curas, antibarbijos anticuarentéricos, pequebús asustados, amigues de Mauri, burgueses aburridos, chocobáricos amateurs, fans de Pato B., machirulos en abstinencia de sildenafil, boinasblancas cambiemizados, contadores jujeños carcelarios, economistas con carmela, leucocitos agrandados, economistas despeinados, libertarios en llamas, cordobeses en retiro efectivo y/o editorialistas magnettizados, en todas sus variedades fenotípicas, su ruta.

Instrucciones para armar un cóctel molotov, derribar un drone, construir túneles, evitar el reconocimiento facial, enfrentar zombies, engañar a los algoritmos, deshacerse de un mutante, enfrentar una plaga, comunicarse con extraterrestres, construir un refugio, sobrevivir a una explosión nuclear, prepararse para el colapso atmosférico, son apenas algunos de los rubros escuetamente desarrollados por Moiseeff, Iglesias y Castromán. Consejos que se complementan con gráciles ilustraciones, superadoras de la información vertida en los textos. Con sencillez y delicadeza, este Manual de Supervivencia para el Fin del Mundo porta el ameno, atento detalle de orientar en qué creer en tan trágicas circunstancias: “Ahora mismo, que pasado/ presente/ futuro son categorías que ya no existen, relájese y disfrute, sienta esta libertad donde puede dejar de creer en todo”.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Manual de Supervivencia para el Fin del Mundo

Iván Moiseeff, Lorena Iglesias y Esteban Castromán

 

 

 

 

Buenos Aires, 2020

128 págs.

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1 comentario
  1. Alfredo Bonaventura dice

    … como siempre su critica a cierta Obra, Don Pinedo, incita a querer devorar dicha Obra.Desde ya Agradecido por despertar la curiosidad en este no tiempo.

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