Al otro lado del infierno

Jornadas de Historias Desobedientes

 

Gabriela Sosti retomó palabras de las desobedientes: Como dijo Analía, yo soy una de las que se encarga de poner presos a los padres de ustedes. Sosti coordinaba una mesa en el marco de la Primera Jornada Internacional de Historias Desobedientes, que convocó a cuarenta personas que llegaron de distintos lugares del país, Chile y Alemania. También se sumaron académicos de Londres, abogados de lesa humanidad, familiares de desaparecidos e integrantes de organismos de derechos humanos. El encuentro se hizo en aula 300 de la sede de Sociales de la UBA. Un lugar, insistió Sosti, que en otro contexto sus padres estarían allanando en este momento.

Sosti es una de las fiscales mujeres de las causas más grandes de lesa humanidad. Fiscal del circuito Atlético, Banco y Olimpo, ahora desembarcó en San Martín para sumarse a la investigación de los crímenes de Mercedes Benz, cuyo juicio oral y público se hará el próximo año. Ella misma detuvo efectivamente a parte de los padres de los que integran Historias Desobedientes, “ese colectivo de generosidad, valentía y amor” al que definió como “uno de los actores gestados e inscriptos en el marco del proceso de memoria, verdad y justicia nacido de este país”.

“Desobedientes —explicó, evocando a Walter Benjamin— aparece como un relámpago en un instante de peligro en este nuevo contexto que puja para cargarse nuestros derechos. Yo creo que esto es parte y resultado del largo, complejísimo y persistente proceso de memoria, verdad y justicia”. Y agregó que Desobedientes presenta “una voz diferente, muy diferente”. Disonante, fundamental, que provoca curiosidad e interpela a reclamar otras gestualidades, “a hacernos preguntas que nunca nos hicimos, que nunca nos animamos a hacer, preguntas perturbadoras, fundamentalmente porqué no teníamos a quién”.

 

 

Asistieron a la jornada Horacio Verbitsky, su compañera, la médica y escritora Mónica Müller y Daniel Feierstein. Más tarde llegó Nora Cortiñas, generando un aplauso desbordado. Flanqueando a Sosti se sentaron Mariana Dopazo, la ex hija de Etchecolatz, y Analía Kalinec, hija del policía Eduardo Emilio Kalinec, motorizadora del encuentro. Mariana es la persona que impulsó un juicio para suprimir y sustituir, des-afiliarse del apellido paterno. Y como parte de ese proceso todavía con vueltas inesperadas, Analía atraviesa un juicio en el que es su padre quien busca des-afiliarse de su hija por indignidad. Con ellas estuvieron sentadas en primera fila, otras dos hijas de genocidas, Liliana Furió y Lorna Milena. Y también llegaron el abogado Pablo Llonto y la perito, psicóloga y familiar de desaparecidos, Adriana Taboada.

Sosti preguntó a lxs Desobedientes por el silencio de esas casas donde comían, dormían, anidaban “esas horribles personas que hicieron lo que hicieron”, dijo. “¿Qué les permitió romper con esos mandatos? ¿De qué están hechos esos mandatos y esos silencios?”

Lorna Milena, que convirtió una camiseta paterna en pañuelo blanco para acudir a la Plaza del 2×1, dijo que “la voz del padre es la voz de mando, de eso están hechos los silencios”. Continuó Lili Furió, integrante del múltiples espacios de feminismos, que reunió los documentos de la ex DIPBA para datar la persecución a las disidencias sexuales. (“Demasiado artificial —quedaba asentado—, amanerado, temperamento afeminado, nunca se lo ve acompañado del sexo opuesto”.) “La elección sexual fue una causa de persecución, así se castigaban a las sexualidades no heteronormativas”, dijo. Esa persecución con mujeres también castigadas por militantes y por desobedecer el orden machista establecido, “es el mismo que opera hoy con un sustrato de esa violencia que se repite en cada femicidio”.

Sosti le preguntó a Mariana Dopazo: “¿Cómo enfrentar a la sociedad con esta verdad, qué tipo de respuestas se esperan de esa sociedad?”

“Voy a empezar con el silencio”, dijo Dopazo. “No hay entre los hijos de genocidas pactos de silencio. Pactos hacen ellos entre subalternos. El pacto se hace entre dos personas que consienten o no, pero que tienen en común la consigna. Para los hijos y ex hijos no se trató de un pacto, se trató de un mandato potente hacia un niño, y un niño carece de recursos para correrse de ese mandato. Eso está en el orden de la imposibilidad, sobre todo de quienes habitan este infierno desde muy pequeños. Ellos no habitan esa función paterna, y es ahí donde opera el sujeto genocida”.

 

Mariana Dopazo.

 

La historia pública de Mariana es el comienzo de este colectivo. Después de su participación en la marcha del 2×1, una entrevista disparó los nuevos agrupamientos. Ahora ya no están en ese punto. Llevan año y medio recorrido. Cuarenta asistieron a estas jornadas, otros diez se contactaron después; también lograron articular acciones con descendientes de dictadores de otros lugares. El encuentro comenzó con una visita al Museo Sitio de Memoria ESMA, ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio. Pero Mariana volvió al 2×1 para situar la emergencia:

“Todos nosotros, hijos y ex hijos de genocidas, hemos trabajado para ir mas allá del padre. Primero desde una vertiente individual, hoy desde una colectiva que no consiente ser nunca más el soporte de un legado cruel, habitar la deshonra y el deshonor por los aberrantes hechos llevados a cabo por los genocidas, enmarcados dentro del terror de Estado”.

Después se preguntó cuál fue el signo de época que produjo la irrupción de estas voces. “Fundamentalmente —dijo— un gobierno de signo negativo, produciendo provocaciones profanatorias sobre la verdad, la memoria y la justicia”. Y mencionó el momento en el cual se dijo que los derechos humanos eran un curro, la irrupción del negacionismo referido a los 30.000 mil, la duda sobre la continuidad de los juicios y el retorno de lo que llamó “la patria eclesial”, recibiendo a familiares de los represores y a sus víctimas, en un intento cínico de reunión de víctimas con el significante de la reconciliación y de la fraternidad. “Pero no fue eso lo que hizo que aparecieran nuestras voces —aclaró—. Recién surgieron cuando fue tocada lo que los hijos de los genocidas consideramos la ultima valla, el fallido intento del 2 x1. No fue por lo que nos podía pasar a nosotros, porque sabíamos que no nos iba a pasar nada. Fue el horror de pensar que los genocidas podían estar nuevamente en la sociedad rozando sus cuerpos con las víctimas. Y eso ya era parte del horror”.

Pablo Llonto dijo que formaba parte de una generación que años atrás no podía escuchar esas voces ni tampoco las de los militares que se acercaron al comienzo de la transición democrática y hoy integran el Centro Militar para la Democracia Argentina (CEMIDA). Dijo también que así como en su momento pidieron al CEMIDA que presentasen pruebas para demostrar que no estaban del lado del mal, hoy a los jóvenes no les están pidiendo nada. “El colectivo de abogadas y de abogados ya no tiene esa exigencia, entendimos que lo más fuerte que hoy tienen ustedes es esa palabra desobedientes en el nombre. Las palabras de ellos, de Videla al ultimo de los cabos, son obediencia debida. Lo que ustedes proclaman es su necesidad de desobedecer”.

Durante 2017 el colectivo presentó un proyecto en el Congreso para que la justicia acepte sus voces como prueba, en las causas contra sus padres. El proyecto tomó entre sus argumentos la relación de estos descendientes con los crímenes de lesa humanidad, es decir ellos y ellas como parte de la propia humanidad que surge como víctima. El autor del proyecto es Pablo Verna, hijo de un médico que aplicaba inyecciones en Campo de Mayo para adormecer a quienes iban a ser ejecutados. La hija de una de esas víctimas es la diputada Fernanda Raverta. Ella presentó el proyecto en el Congreso y luego en las jornadas de abogados de lesa. “Esto era impensable”, dijo Llonto. “Verlos a ellos juntos, a un hijo de un genocida y a un hija de una víctima, es una demostración de cómo somos como humanidad, o por lo menos cómo queremos ser”.

 

Analía Kalinec, Pablo Verna y Lorna Milena, el año pasado, durante la presentación del proyecto de ley.

 

En la sala estaba la esposa de Mario Bigatti, arquitecto, secuestrado en la ESMA, a cargo las reformas del centro clandestino durante 1979. María Lucía Willi visitó el Museo de la ESMA con Gregorio, su hijo, que recorría por primera vez al espacio donde había estado su padre. Durante ese recorrido, mientras buscaba rastros de los recuerdos de los que le habían hablado, se fue encontrando con esas presencias desobedientes de las que sabía pero no le había resultado sencillo ponerse a escuchar. Los jóvenes desobedientes dedicaron la última parte de la visita a las números y datos de los juicios. Alejandra Naftal, directora del espacio, enmarcó la emergencia del colectivo en el proceso de justicia, con una cita a la historia que en 1996 dio pie a la emergencia de la agrupación H.I.J.O.S.

 

Durante la visita a la ESMA

 

“Soy desobediente desde muy chica, debido a la percepción de que se estaba cometiendo un horror. En mi familia se decía que estaba bien matar subversivos. Yo increpaba a mi padre, que un día explotó: ¿Querés que te diga que mato? Sí, mato. ¿Querés que te diga que torturo? Sí, torturo. Me cagó a bofetadas y me mandó al hospital”. Bibiana Reibaldi, hija de un ex integrante del Batallón de Inteligencia 601, tomó la palabra. Y mencionó una de las consignas: No nos callamos y hablamos para defender la justicia; repudiamos para no ser cómplices y desobedecemos para romper mandatos.

—¡Sobre todo, los mandatos de silencio!— gritó.

Varios días después, Analía hace el balance. “Fueron jornadas intensas, tres días con la presentación del libro de Alexandra Snefft, nieta de un criminal nazi conocido en los libros de historia. Y donde pudimos escuchar experiencias de otros países y ver recorridos muy parecidos al nuestro, pero también entendimos algo nuevo. Alexandra explicó que todo esto está muy trabajado a nivel social en su país, pero no al interior de las familias, donde el tema sigue siendo tabú. Creo que acá estamos un paso adelante, porque empezamos a romper esos tabues de manera colectiva”.

El encuentro de tres días fue un espacio abierto. Y eso fue una decisión política. “‘Historias’ nació en el espacio público”, dice Analía. “Las redes sociales fueron uno de los modos de conexión. Tenemos que ver con esa cosa pública que se fue metiendo intensamente en nuestros mundos privados, completamente cerrados”.

A los cuales no volverán más.

 

 

 

 

5 Comentarios
  1. Marcela Torga dice

    Mi respeto a tan enorme y generosa tarea que hará, algún día, que seamos mejores tods

  2. julio González Esteves dice

    Una vez mas, argentinos abriendo huellas. A todxs, nuestra admiracion y respeto. Gracias!

  3. Juan Miguel Oro dice

    Me parece todo un ejemplo de humanismo el paso dado a partir de sentirse parte de esa humanidad torturada y asesinada, desde quizá un lugar de testigo familiar del autor y genocida. Todo un simbolo de sanidad de nuestra esencia humana.

  4. Norma dice

    Me enorgullecen estos seres humanos que pudieron recuperar su ser como tales con su “desobediencia”.

  5. mario margaritini dice

    Gracias…. solo eso. Tengo la impresión de que los argentinos debemos estar orgullosos de lograr tal vez la primera, la única reconciliacion popular entre los represores y sus reprimidos. Lleva una generación, claro… pero eso es poco tiempo para la historia de un país. De nuevo GRACIAS.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.