En medio de la tiniebla ideológica que lo caracteriza y de la voracidad por ganancias rápidas de los hombres de negocios que son su entorno natural, en el gobierno van tomando nota de que algunas cosas en la economía no están bien, que están impactando en la vida de demasiada gente, y que cierto malestar social podría perjudicarlo políticamente con vistas a las elecciones presidenciales de 2027.
Una rápida enumeración de problemas que van en aumento, y que el gobierno niega sistemáticamente, porque desbaratan su discurso alucinado.
- Según datos del Banco Central, el uso de la Tarjeta SUBE cayó en el mes de julio un 12% en relación al mismo mes del año anterior, se acumulan ya 12 meses de caída continua de este indicador que refleja el transporte masivo de la población: menos actividades, menos empleo, minimizar gastos, hasta los más elementales.
- El gobierno nacional tuvo que reducir el gasto público 10,3% en agosto, en comparación con igual mes del año pasado. No es un recorte menor, sino muy grande, de emergencia, para tratar de sostener el más que precario “equilibrio fiscal”. Intentan compensar la caída de la recaudación debido a la continua contracción de la actividad industrial y comercial. Los sectores que recibieron los mayores hachazos de partidas de la nación fueron las provincias, los programas sociales, las pensiones no contributivas y las compras estatales de bienes y servicios. Numerosos municipios están sufriendo el recorte de los ingresos provinciales, sumados a las crecientes dificultades de sectores de la población para pagar tasas y contribuciones. Hay una crisis fiscal en ciernes, de la cual se habla poco y para la cual no hay respuesta pública.
- Está emergiendo un creciente malestar industrial por una política económica que promueve importaciones masivas, favorecidas por el tipo de cambio atrasado y la despreocupación total del gobierno en relación a la suerte de la industria nacional. El gobierno y diversos ideólogos neoliberales tienen la fantasía irresponsable de que las provincias mineras y petroleras reemplazarán al gigantesco tejido productivo constituido por la industria, el comercio y la construcción.
- Aumenta el pedido por una devaluación del tipo de cambio oficial, considerado como “muy atrasado” por parte del campo, pero también por sectores muy afectados por importaciones masivas. Una devaluación significativa haría rebotar la inflación y destruiría definitivamente el cuento mileísta de la inflación cero.
- Se están observando muy preocupantes síntomas de colapso en el PAMI. Se estima que el PAMI requiere un aumento urgente del 40% de su actual presupuesto para sostener mínimamente sus funciones. Diversas delegaciones en el interior están suspendiendo prestaciones, ante la imposibilidad de pagar en tiempo y forma a los prestadores privados, cada vez más enojados tanto con los bajos precios como con las demoras del organismo para cubrir sus deudas. Crece la desprotección a la salud de los adultos mayores, y el ministro de Economía se niega a realizar el incremento correspondiente, porque es prácticamente equivalente al “superávit fiscal”, otra bandera del Presidente.
- El economista Ernesto Mattos recordaba recientemente una verdad económica: “Cuando el sueldo no alcanza, primero se usa lo guardado. Las personas con un plazo fijo pasaron de 4,8 millones a 2,6 millones: casi la mitad de los ahorristas se quedó sin colchón. Recién cuando se termina el ahorro empieza el endeudamiento”.
- Los endeudados comienzan a pesar políticamente. Según la Asociación Bancaria son 5,7 millones de personas que se encuentran en avanzado estado de mora (calificación “alto riesgo” o “irrecuperable”), y que equivalen a un 24,7% del total de las deudas personales, por imposibilidad de afrontar el cumplimiento de sus compromisos con diversos organismos crediticios. Un dato llamativo es que una de las provincias “en rojo” es San Juan, con el 37% de los deudores en mora, donde se supone que se está desarrollando un boom minero que nos llevará a la prosperidad definitiva.
- Sigue enorme la demanda de dólares: en el mes de julio 1,7 millones de personas adquirieron 3.300 millones de dólares, y cerca de 700.000 personas vendieron 400 millones. Es decir que el atesoramiento neto fue de 2.900 millones. El Banco Central estima que unos mil millones quedaron en los bancos, otros mil fueron atesorados en forma privada, y unos 900 millones se usaron para compras con tarjetas en el exterior. La salida de dólares del Banco Central por compra de particulares, remisión de utilidades de firmas multinacionales y turismo en el exterior hace que el importante saldo comercial positivo que se viene registrando deje muy pocos dólares en las reservas del Banco Central, a pesar de las exportaciones crecientes de combustibles y la muy buena cosecha de este año, combinados con precios en ascenso.

Milei no afloja
A pesar de la negación oficial, y de los argumentos disparatados del Presidente, se acumulan pequeños signos de que están tratando, con cuenta gotas, de mitigar la debacle de la economía real (y de algunos sectores financieros, muy afectados por los impagos).
Entre las medidas tomadas por el gobierno figura, por ejemplo, permitir que en los convenios salariales homologados por el gobierno, el piso en algunos sindicatos llegue al millón de pesos, retirando trabas que hasta ahora ponían las autoridades. Caputo dispuso usar también fondos jubilatorios para habilitar 17.000 créditos hipotecarios, con un mal diseño que no estimula la construcción de nuevas viviendas. A las provincias las van presionando con la escasez de recursos y cada tanto les otorgan fondos como premio para alguna obra pública. La Ley de “Inocencia Fiscal” apunta a una suerte de blanqueo permanente de fondos que trata de tentar a tenedores de fondos no declarados al fisco para ponerlos en circulación. También se empezó a permitir a las entidades bancarias el otorgamiento de préstamos en dólares a agentes económicos aunque no cuenten con ingresos en dólares, lo que es sumamente peligroso, como ocurrió en el momento de derrumbe de la convertibilidad. También, en silencio, el gobierno está permitiendo un muy gradual deslizamiento del dólar por arriba de los sagrados 1.500 pesos.
Son medidas completamente insuficientes para frenar la contracción económica, pero muestran que se prendió una luz de alarma en algún despacho oficial.
Sin embargo, el mileísmo está completamente incapacitado, por su propia esencia, para actuar en forma sensata.
Los límites a una política expansiva, que aleje el riesgo de una crisis productiva y fiscal, están dados por la ideología del Presidente, por la prédica que le dio identidad política a La Libertad Avanza, y por el propio escenario económico que han construido.
Milei es un compendio de falsedades económicas e ignorancia. Dos ejemplos: en Chile reivindicó la política económica del dictador Pinochet, pero seguramente ignora que a Pinochet “se le olvidó” privatizar el cobre que había estatizado Salvador Allende, producto que era el principal ingreso de Chile. Fue el cobre lo que le dio al Estado chileno autonomía y capacidad fiscal para sostenerse, y sostener el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Otro delirio: en la Escuela ORT, invitado por influencia del presidente de la DAIA, parado ante alumnos de cuarto y quinto, incitó y adoctrinó contra el marxismo satánico y los periodistas, y afirmó la estupidez de que en el Antiguo Testamento ya estaban las bases conceptuales del capitalismo.
Inspirado en su admirada Margaret Thatcher, Milei hace de la intransigencia un principio fundamental de su gestión, aunque su política económica sea un fracaso y tenga que fraguar cifras económicas y sociales para engañar al público. Está destruyendo al Estado, y dañando la vida de millones de personas, para lograr un paupérrimo resultado en materia de lucha inflacionaria, y pretende seguir así por catorce meses más.
Quizás alguien le haya dicho que el tejido económico y social no aguanta este rumbo, pero el ejemplo de la Dama de Hierro lo es todo para él.
Finalmente, el drama está en la realidad. Todo el edificio social está basado en los ingresos de las mayorías. Si eso se dinamita, como hacen todos los días, sólo subsistirán los sectores orientados al comercio exterior, que podrán tener exportaciones en ascenso, pero que carecen de los eslabonamientos sectoriales necesarios para dinamizar al conjunto del país. Nuevamente el criterio bizarro de que no hay que hacer nada, ni por la salud de los mayores, ni por las provincias y municipios, ni por los endeudados, ni por los desempleados, ni por los jóvenes, es el dogma que va a primar hasta el final del mandato.

Por eso apareció Malvinas
El tema Malvinas proponemos analizarlo dentro de la pregunta que formulamos previamente: ¿en la cúpula mileísta tomaron nota o no de lo que está aconteciendo en el país?
Evidentemente si, saben que hay que dar algunas respuestas. No pueden o no quieren cambiar nada en lo económico, en la redistribución regresiva de la riqueza, en la destrucción de la industria y el mercado interno, por estar muy confiados en que el ajuste interminable les va a rendir electoralmente.
Pero apareció en la opinión pública esta veta nacional, patriótica en algunos casos, soberanista, que mostró tener fuerza desde el Mundial de fútbol, y que les bloqueó políticamente la venta indiscriminada de tierras a extranjeros y la quema de bosques para mayor gloria de las empresas de cualquier pelaje.
Eso llevó a idear una maniobra cuyo desarrollo se irá viendo.
Desde ya que si hay algo políticamente inverosímil es que el gobierno valore la soberanía, cuando es una muestra mundial de cipayismo explícito. Descartada esa posibilidad, hay que entender lo de Malvinas como parte de otra lógica central de este gobierno: la subordinación completa a los intereses de Estados Unidos.
En el fondo, todo depende de las jugadas que se disponga a hacer Trump en los próximos tiempos, en su reconquista plena del “hemisferio occidental” y de aseguramiento total de los recursos naturales de todo tipo existentes al sur del Río Bravo.
Desde ahí hay que leer la política exterior mileísta. El discurso que leyó Milei el jueves no representa un viraje hacia el patriotismo o la tradición diplomática nacional, sino que habla de un equipo de comunicación que redactó un texto más o menos astuto para vender el tema. No existe en absoluto un desplazamiento en la lógica política básica del gobierno.
“América para los americanos”, no se refiere sólo a los chinos, sino a todos. El trumpismo no respeta a casi nadie, y menos a los occidentales que se fueron transformando de países más o menos orgullosos en vasallos sin personalidad. Es el caso del Reino Unido. ¿Por qué no arrebatarle negocios en Malvinas a los ingleses? ¿Por qué no sacarle Groenlandia a los dinamarqueses?
¿A quién se le puede ocurrir que después de bloquear la construcción de una interesante planta de fertilizantes china en Tierra del Fuego, los norteamericanos van a apoyar la construcción de una base naval argentina en ese mismo territorio para custodiar nuestra soberanía? No hay tal cosa: usan un gobierno teledirigido para hacerse de nuevos enclaves estratégicos desde donde defender su propia proyección al Atlántico Sur y a la Antártida.
El científico argentino Ernesto Resnik, de muy destacada actuación en la defensa de la salud pública argentina en el período de la pandemia, ironizó sobre la supuesta “patriada” mileísta: “Esta farsa bien podría seguir así: Navitas teme por la financiación del negocio; su CEO llama a Jared Kushner, yerno de Trump, y le ofrece 3% de control accionario; Trump se desentiende de lo que pida la Argentina y Quirno aclara que la soberanía no entorpecerá negocios en la región”.
Sorprenden algunas fantasías circulantes, en sectores no oficialistas, sobre la presunta enmienda de un gobierno que se ha cansado de demostrar lo que es, con toda transparencia, en todos los terrenos.

El palo al cual se ató Milei
Trump está tratando de llegar lo mejor posible a las elecciones para reafirmar su vigencia política. Las encuestas por ahora no lo acompañan, aunque no es seguro que pierda el Senado, lo que sí constituiría un golpe político significativo para su presidencia y su capacidad de liderazgo.
El arrebato reciente de la quinta parte de las reservas de petróleo venezolano parece haberle salido bien, y eso podría tendencialmente bajar los precios del galón de nafta para los norteamericanos. Pero no hoy, no ya, porque tiene que convencer a las grandes petroleras norteamericanas de que empiecen a poner plata en serio en Venezuela, y hasta ahora ha habido reticencia inversora, a pesar de las declaraciones trumpistas.
En contra de sus perspectivas electorales sigue pesando la evolución de los hechos en el Estrecho de Ormuz.
El martes de esta semana el jefe negociador iraní, Mohamad Qalibaf, declaró que si Estados Unidos intensifica el bloqueo marítimo a sus buques y puertos Irán responderá militarmente. Agregó que “si la intención del enemigo es que no exportemos petróleo desde el golfo Pérsico, nadie podrá exportar petróleo”. Están jugando con fuego.
Los norteamericanos han declarado el bloqueo de los puertos y buques iraníes, y además lanzaron la operación “Paria Económico” para asfixiar comercial y financieramente a la República Islámica y obligarla a capitular.
En la última semana ha habido una escalada militar, en la cual Estados Unidos bombardeó objetivos dentro del territorio iraní, e Irán respondió lanzando misiles contra bases norteamericanas en Jordania y Emiratos Árabes, y atacando además buques petroleros que intentaron salir del Estrecho sin autorización iraní. Desde el punto de vista estrictamente militar no cabe duda quién tiene toda la capacidad para ganar el conflicto, pero Irán ha dado con el talón de Aquiles de los Estados Unidos: el mercado financiero.
Irán está en condiciones de amenazar a toda la infraestructura petrolera de la región, la de todos los aliados norteamericanos, y también a las instalaciones de provisión de agua para la población civil de los Estados del golfo. Un escenario así produciría un derrumbe de las acciones en Wall Street en el contexto –ya lo hemos señalado en otras oportunidades– de la existencia de una burbuja muy importante en la valuación de los activos bursátiles, que podrían caer en serio, generando un verdadero crash financiero.
Desde que empezó la guerra, en febrero, el galón de combustible en Estados Unidos subió un 35% y el gas en Europa 126%, lo que daña fuertemente la competitividad de la industria alemana. De ahí, probablemente, el vuelco europeo hacia una “keynesianismo” basado en incremento del gasto militar.
Según el índice de precios de los alimentos (trigo, maíz, soja, arroz, carnes, leche y derivados, azúcar, aceites entre los principales) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), desde comienzos de este año todas las commodities que se negocian en el ámbito internacional sufrieron un aumento promedio del 15%, lo que es muy grave para los países pobres importadores de alimentos, y base para presiones inflacionarias en todo el planeta. En las dos últimas semanas se han registrado subas muy fuertes que pueden provocar ulteriores desestabilizaciones políticas.
Los exportadores argentinos podrán festejar estas mejoras en los precios internacionales de sus productos, pero la contrapartida se siente en el bolsillo del resto de los argentinos que, debido a la política oficial, verán su propia canasta alimenticia subir sin ninguna protección para sus estancados o declinantes ingresos.
El otro “problemita” que le surgió a Trump en estas últimas semanas es que la deuda norteamericana atravesó la barrera de los 40 billones de dólares, que equivalen al 124% del PBI norteamericano (mucho mayor, proporcionalmente, que la deuda externa argentina). Scott Bessent, el secretario del Tesoro, ensayó una finta discursiva y alguna operación de recompra ínfima de deuda, para disimular el sombrío dato, pero no lo logró. Hubo una oleada de venta de los bonos de deuda norteamericanos –y también de varios países europeos– y subió la tasa de interés que tiene que pagar Estados Unidos, que llegó al 4,8% anual a 10 años.
El escenario no es chiste: es una deuda enorme, cuyos intereses anuales ya superan a todo el gasto militar norteamericano. Mientras en el colosal aparato militar gastan por ahora 800.000 millones de dólares anuales, los servicios de la deuda ya sobrepasan los 900.000 millones.
Si bien Estados Unidos tiene privilegios especiales en un sistema internacional diseñado a su imagen y semejanza, su evolución reciente emula a la de los denostados “irresponsables derrochones del Tercer Mundo”.
La combinación de una muy alta deuda, un déficit fiscal del 5,8% del PBI y tasas en alza, puede llevar a una espiralización de la deuda norteamericana y crear un clima de desconfianza en relación a los bonos norteamericanos –que ya perdieron las máximas calificaciones por parte de las propias evaluadoras de riesgo norteamericanas–, y aún mayor desconfianza en relación al dólar, lo que reforzaría una tendencia que se viene observando hacia el reemplazo de la moneda norteamericana por diversos tipos de activos más confiables.
Fue el propio Trump, con sus nuevos regalos impositivos a individuos y a las corporaciones, el que ayudó a incrementar el boquete fiscal y el endeudamiento norteamericano. La guerra en Irán ya le costó a Estados Unidos 35.000 millones de dólares, y lo ha llevado a debilitar su red internacional de tropas, bases, portaviones y misiles interceptores en Asia y Ucrania, para sostener el ataque contra Irán.
Entre tanto, se ha conocido esta semana la noticia de que los Países Bajos acaban de retirar parte de sus reservas de oro depositadas en Estados Unidos y Canadá, hacia Europa. Todo un signo del nivel de confianza que hay en Trump y en su economía. Los Países Bajos realizaron una operación para retirar lingotes de oro (86 toneladas) por valor de 12.300 de millones de dólares desde América del Norte “como medida de preparación ante una posible “situación de crisis que podría afectar al comercio mundial”. Esa cifra equivale al 27% del oro que tenían depositado en el continente americano.
Los analistas coinciden en que los focos de crisis podrían ser la Guerra en Ucrania y/o en la región del Golfo de Ormuz, una continuada suba de los tipos de interés internacionales, una crisis cambiaria en Japón –gran fuente crediticia del carry trade internacional– o las disputas comerciales provocadas por Estados Unidos con otros países del mundo.
Canadá, a su vez, se ha plantado frente al reiterado maltrato económico y discursivo trumpista, y ha contestado a los aranceles del 50% que los norteamericanos les han impuesto con una tanda similar de trabas arancelarias, especialmente orientadas hacia los estados donde Trump cosecha sus mejores resultados electorales. Quién lo hubiera esperado… los canadienses están cada día más nacionalistas frente a las ofensas de su infumable vecino.
Conclusiones
La evolución de la economía argentina no permite hacerse muchas ilusiones de alivio, así como las actitudes que surgen de este gobierno, de su ideología y de sus apoyos sociales y políticos no permiten esperar medidas de protección humana y recuperación de la actividad.
Es difícil entender qué espera que pase la cúpula libertaria con la gente.
¿Que siga fantaseando un año más con que vamos a ser una potencia y es cuestión de esperar?
¿Que se olvide de las fantasías, pero que se dedique a sobrevivir como pueda, encerrada en sí misma?
¿Que apenas se empiece a enojar un poquito vaya a alcanzar con decirles “pero antes era peor” o “no queremos volver al pasado”?
¿Qué crea que con una base norteamericana en Tierra del Fuego se nos abrirán las puertas del primer mundo y tendremos trabajo?
Falta demasiado tiempo hasta el año que viene, y existe un deterioro económico-social-personal acumulado que en algunas cuestiones elementales se vuelve insostenible.
Hay una gran tarea política pendiente, que es explicar a los argentinos por qué pasa lo que pasa, y aclararles que si ocurre una crisis no va a ser porque todo iba bien y de pronto cayó un rayo del cielo, o un “zurdo o zurda” espantó las inversiones que ya estaban llegando.
Es muy importante hablar, discutir, intercambiar y tratar de incrementar la comprensión colectiva. En 2003 tuvimos suerte, y de toda la hecatombe neoliberal salió por carambola un gobierno con instinto nacional, y que dignificó claramente a las mayorías.
Pero esa suerte no está asegurada. El mileísmo es producto de la despolitización, de la ignorancia y de la credulidad masiva frente a pececitos de colores, y a su vez alienta y refuerza esos procesos de deterioro cultural.
No hay garantías de que de una nueva crisis surja un gobierno mejor. Y si se quiere incidir en algo en la suerte que nos va a tocar, mejor que nos pongamos a hacer política en serio, hablando con los compatriotas.
Para llegar algún día a gobernar, a tener un gobierno popular al que habrá que sostener todos los días, tenemos que aprender a deliberar colectivamente, y de eso estamos un poco olvidados.
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