Algo cruje

La crisis sanitaria mundial expone la descomposición de una arquitectura global caduca

 

La crisis sanitaria producida por la pandemia muestra la debilidad de un sistema mundial regulado para beneficiar a sectores minúsculos de la población y desamparar a las grandes mayorías. Las evidencias más tangibles de esta barbarie contabilizada sobre la base de miles de personas que tienen el virus o fallecidas tras contraerlo, se hace más explícita con la carencia de infraestructuras científicas y médicas y la consecuente desprotección de los más vulnerados. Los grupos monopólicos de poder globalizado poseen agendas ajenas a los grandes problemas de la humanidad: la salud, los derechos humanos básicos, el trabajo, el medio ambiente, la violencia institucionalizada, la disparidad de género o las guerras no aparecen como problemas acuciantes que deben ocupar el centro de las preocupaciones políticas y/o económicas.

Para el neoliberalismo financiarizado, estas temáticas son oportunidades de negocios. Las demoras de Estados Unidos y el Reino Unido en asumir la gravedad de la enfermedad aparecen como consecuencia de esta distorsión de prioridades. Dos meses después de declarada la epidemia en China, el 23 de febrero, el Presidente de los Estados Unidos declaraba en una conferencia de prensa que “tenemos prácticamente bajo control al SARS-Cov-2”. El 27 de Febrero, en una actividad convocada junto a líderes afronorteamericanos, manifestó que el virus “va a desaparecer en poco tiempo como un milagro”. Luego de que el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la emergencia global, Trump intentó enmascarar los tres meses que había desaprovechado en asumir los efectos de la transmisión generalizada, asegurando que “siempre supe que esto era real (…) He percibido que esto era una pandemia mucho antes de que lo llamaran de esa manera”.

Cuando una semana atrás Estados Unidos pasó a ser el epicentro y alcanzó el 30 % de los contaminados a nivel mundial, Trump intentó responsabilizar a China y a la OMS de la catástrofe: “La Organización mundial se equivocó, no avisó a tiempo, podrían haber avisado meses antes, lo sabían; deberían haberlo sabido, probablemente lo sabían”. En esa misma rueda de prensa diaria, consideró que la OMS reverenciaba a Beijing, motivo por el cual congelaría los aportes de Washington a ese organismo multilateral. El titular de la OMS, Tedros Ghebreyesus, rechazó las acusaciones y advirtió que “politizar la pandemia podría empeorarlo todo y llevar a multiplicar las bolsas para cadáveres”. En la misma lógica que el magnate neoyorquino, el gobernador republicano de Mississippi, Tate Reeves, se negó inicialmente a que el distanciamiento social se convirtiera en norma dentro de su Estado. En una conferencia de prensa realizada la última semana de marzo, negó que Mississippi fuera a imitar el confinamiento estricto que permitió a Beijing disminuir la tasa de contagio. “Mississippi nunca será China. Mississippi nunca será Corea del Norte”, afirmó y le pidió a la población confiar en el “poder de la oración”. El último martes, cuando su Estado se había convertido en uno de los focos de contagio más graves de Estados Unidos (en el duodécimo lugar per cápita), decidió cerrar las escuelas. En forma paralela clasificó como negocios esenciales a las tiendas de armas y municiones, las instalaciones religiosas, los restaurantes, los cines y  las cafeterías. El 1 de abril, Mississippi tenía mil setenta y tres personas enfermas confirmadas, veintidós fallecidas y la tasa de hospitalización más alta del país.

Con la misma negación para aceptar las recomendaciones de los virólogos encargados de monitorear la pandemia, Trump decidió el último lunes impedir el desembarco de los efectivos del portaviones USS Theodore Roosevelt, solicitado por su comandante, el Capitán Brett Crozier. En su carta al presidente, Crozier afirmó: “No estamos en guerra. No es necesario que los marineros mueran. (…) Considero que se deben evacuar a la mayoría de los aproximadamente 5.000 marinos de la tripulación, entre los cuales hay más de 200 casos confirmados, imposibilitados del distanciamiento social exigido para no contaminar al resto”. Trump despidió a Crozier por hacer pública la carta que le enviara a su despacho.

 

 

 

El desprecio

La misma lógica asumida por Trump fue verbalizada por el ministro de Educación Abraham Weintraub, perteneciente al gabinete de Jair Bolsonaro, quien denunció que China provocó la pandemia global de coronavirus en el marco de “un plan para dominar el mundo”. Al otro día de la afirmación, el Centro de Investigaciones Genéticas de la Escuela de Medicina de Mount Sinai, en conjunto con la Universidad de Nueva York, informó que el brote activo detectado en Nueva York, el primero dentro de Estados Unidos, tenía origen en cepas europeas, motivo por el cual era desafortunado asociar el itinerario del virus con extravagantes disputas políticas internacionales. Bolsonaro comparte con Trump los mismos criterios economicistas que lo llevaron a soslayar inicialmente el distanciamiento social recomendado por los infectólogos. Su negativa a validar las recomendaciones fomentadas por la inmensa mayoría de los gobernadores estaduales generó una denuncia del Ministerio Público Federal contra el Presidente por bastardear las medidas de cuarentena sugeridas. La demanda exige que Bolsonaro “se abstenga de emitir discursos e información falsa que debilite las medidas adoptadas para evitar la propagación de Covid-19”.

Dos semanas atrás el Congreso de Estados Unidos aprobó un salvataje de 2 billones de dólares (trillons en su versión anglosajona). Una cuarta parte de esa suma fue preasignada a la subvención de grandes corporaciones –como empresas de aviación, casinos, cadenas hoteleras y franquicias de comida rápida–, cuyo monto se pretendía fuera orientado por el Poder Ejecutivo. Tras la fuerte oposición de los demócratas, se consensuó su supervisión por parte de funcionarios independientes de la Casa Blanca. Uno de ellos fue Glenn Fine, quien resultó destituido de su cargo por Trump el último martes, al ser acusado de interferir en las decisiones del Presidente respecto al uso de dichos recursos. Una de las disputas planteadas por Fine se orientaba a cuestionar el rol del sistema bancario. Ese mismo día, el último 7 de abril, el Coordinador del Sistema de Pequeñas y Medianas Empresas Joseph Amato denunciaba que “las mismas instituciones financieras que accedieron a miles de millones de dólares de dinero proveniente de los impuestos de los ciudadanos —como rescate de la crisis de 2008— ahora se niegan a auxiliar a las pequeñas empresas”.

La crisis estructural del sistema, exhibida por los efectos de la pandemia, se observa en la debilidad de los cimientos sobre los que se funda. Su arquitectura tiene como objetivo central resguardar a los grupos concentrados y a las corporaciones monopólicas. En ese marco, sus representantes políticos –tanto Trump como Bolsonaro o Boris Johnson– son los garantes de esa lógica predatoria. Andreas Geisel, el ministro del Interior socialdemócrata de Berlín, denunció la última semana que enviados de Estados Unidos interceptaron un cargamento de insumos sanitarios proveniente de Tailandia, originalmente vendidos a los organismos de seguridad de Alemania. Geisel catalogó dicho despojo como “un verdadero acto de piratería moderna”. Además añadió que “incluso en tiempos de crisis global no deberían evidenciarse métodos de cowboys del Salvaje Oeste”. El alcalde de Berlín, Michael Müller, se solidarizó con el ministro y agregó: “Las acciones del Presidente de Estados Unidos no solo traslucen falta de solidaridad. Son además inhumanas e irresponsables”. Según funcionarios de la OMS, esta es la causa de los faltantes inmediatos de insumos necesarios tanto para la detección como para el tratamiento de la pandemia. Varios países de América Latina y de África no logran acceder a los insumos básicos debido a que Estados Unidos y Europa ofertan el triple para garantizarse su obtención.

En las últimas tres semanas, el 10 % de los trabajadores estadounidenses perdieron su trabajo sin acceder a ninguna indemnización. La afamada consultora Goldman Sachs prevé una caída del 34 % del PBI en el segundo semestre del presente año. Uno de los integrantes de la Reserva Federal, el presidente del sistema bancario de St. Louis, consideró que el desempleo alcanzará en los próximos meses a un 30 % de la población, el máximo incremento desde el crack de 1929, al que superaría. A la precarización y la desocupación se le suma la vulnerabilidad sanitaria. Las corporaciones tienen la potestad para despedir trabajadores sin indemnización (en el marco de la flexibilidad históricamente demandada por los empresarios en la Argentina), y los sectores más vulnerados son los que enfrentan los mayores peligros con relación a la enfermedad. El New York Times informó el último martes que  la comunidad afrodescendiente de los Estados Unidos presenta tasas alarmantes de infección por coronavirus. Pese a representar el 25 %  de la población de ese país, en Luisiana, alrededor del 70 %  de las personas que han muerto son afroamericanas. En Chicago alrededor del 75 %. Los relevamientos epidemiológicos explican la dispar letalidad debida a las arraigadas desigualdades socioeconómicas, el incremento de las enfermedades conocidas como diseases of despair (enfermedades o escenarios intersubjetivos generados por la desesperación), como el caso del alcoholismo, el consumo problemático de drogas, la violencia en las relaciones interpersonales, la depresión o el suicidio.

 

 

 

La sombra sobre América Latina

Estados Unidos ha tenido un rol central en la configuración institucional de América Latina. Ha influido sobre sus élites empresariales, mediáticas y jurídicas. Cuando dichas corporaciones no lograron alzarse con el control político, impulsaron golpes militares genocidas. También presionaron para privatizar los servicios públicos y desmantelar la infraestructura sanitaria avalando su fragmentación y privatización. La OMS recomienda dedicar por lo menos el 6 % del PBI a inversiones ligadas con la salud pública. Sin embargo el promedio, dentro de la región, apenas alcanza el 2,2 %. Según la titular de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), María Teresa Bárcenas, “tenemos que buscar una integración más profunda desde México hasta Tierra del Fuego. No podemos contar con Estados Unidos, eso está clarísimo, hoy por hoy nos lo demuestra una vez más. Incluso está requisando material médico para cubrir sus propias necesidades. No hay ese sentido de comunidad con Estados Unidos (…) El mundo que viene va a ser un mundo mucho más regionalizado que global. Creo que lo que está en crisis es esa globalización de las cadenas de valor, cada región se va a proteger a sí misma. Europa para los europeos, Asia para los asiáticos”.

El modelo impulsado por Estados Unidos en la región, funcional a las cadenas de valor de sus corporaciones monopólicas globales, promovió el recorte del gasto público, la privatización de la salud y la flexibilidad del mercado laboral. Esa impronta restringió la inversión científico-tecnológica que hubiera acolchado los padecimientos de la pandemia. En la Argentina ese programa fue confrontado por las centrales sindicales al mismo tiempo que los movimientos sociales limitaron la desprotección de amplios sectores precarizados. Ambos colectivos agrupados por una tradición nacional y popular vigente lograron superar el neoliberalismo macrista y afrontar la peste con mayores ventajas comparativas respecto al resto del continente.

Es altamente probable que la pandemia se prolongue durante los meses otoñales en América Latina sin que la región cuente con las redes de contención sociosanitarias adecuadas, destruidas (o mutiladas) por la coerción hegemónica neoliberal. A esa situación riesgosa deberá sumarse una previsible disminución de la actividad económica, tanto a nivel doméstico como del comercio exterior. Sin embargo, paradójicamente, quedará expuesta la posibilidad de asumir la integración regional como necesidad imprescindible. La arquitectura normativa orientada por el capitalismo salvaje se ha mostrado incapaz para tramitar las catástrofes, del mismo modo que ha puesto en evidencia su incompetencia para regir la cooperación y las relaciones internacionales. Según Oxfam International, una red de organizaciones orientadas a evaluar la gobernanza global, 500 millones de personas en todo el mundo podrían caer en la pobreza si no se adoptan planes de ayuda para los países más desfavorecidos ante la pandemia. En su informe “El precio de la dignidad” advierte que dos mil millones de personas trabajan en el sector informal y corren serios riesgos de ver afectada su fuente laboral. Gran parte de estos sectores se encuentran empleados en trabajos mal remunerados, de baja calificación, donde una merma imprevista de ingreso supone consecuencias catastróficas.

La crisis reclama alternativas creativas para repensar el orden global. Si al 1 % de la humanidad –que en la actualidad controla el 50 % de la renta– se le exige que tribute lo mismo que el 99 % restante, se conformaría un soporte financiero apto para enfrentar la crisis sin arrojar a la pobreza y la indigencia a 1.500 millones de personas en los próximos meses. Dado que esta proposición supone una ilusión, se deberá asumir que la única posibilidad de enfrentar la catástrofe en América Latina reside en empoderar aún más al Estado, estimulando su imprescindible integración regional con el resto del continente al sur del Río Bravo. De no asumir con celeridad este desafío epocal, los gobiernos deberán dedicarse —como hace en la actualidad el proyecto neoliberal de Lenin Moreno— a recoger cadáveres de las casas.

 

 

 

 

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2 Comentarios
  1. HERNÁN DE ROSARIO dice

    Leí el artículo de Jorge Elbaum con suma atención. Es imposible no coincidir con su contenido. La pandemia del coronavirus ha puesto dramáticamente en evidencia la verdadera naturaleza del sistema de dominación imperante a nivel planetario luego de la implosión del coloso soviético. Es la victoria del pensamiento del gran pensador inglés Thomas Hobbes. En su libro “El Leviatán” Hobbes expone su filosofía del hombre y su filosofía social y política. Considera que es condición natural del hombre competir con sus semejantes para garantizar su supervivencia y la de su familia. Es una competencia a muerte en la que sobrevive el más fuerte. Conscientes de la imposibilidad de vivir en semejante estado de naturaleza los hombres decidieron ceder gran parte de sus derechos a una autoridad política, el Leviatán. El miedo al caos, a la anarquía y a la disolución social legitimó a un Estado autocrático situado al margen de la ley.

    Hoy no se vislumbra que esté cercana la posibilidad de la constitución de un gobierno a escala global de índole totalitaria. Pero lo que sí está plenamente vigente es el estado de naturaleza hobbesiano, agudizado a raíz de la propagación a nivel mundial del Covid-19. Según los expertos la humanidad deberá aguardar por lo menos un año hasta que aparezca la vacuna salvadora. ¿Qué pasará mientras tanto? Por lo que se puede observar hasta ahora, nada bueno. Ojalá me equivoque. Es probable que el número de víctimas fatales se incremente geométricamente. Con sólo pensar en una fuerte expansión del virus en Latinoamérica, La India y el continente africano provoca escalofríos. Dijo Hobbes que el hombre es el lobo del hombre. Hoy, a raíz de la pandemia, podemos decir que El Estado es el lobo del Estado. En el estado de naturaleza hobbesiano cada hombre es un enemigo para todos los demás y hará, en consecuencia, todo lo que sea necesario para beneficiarse. En el estado de naturaleza no hay reglas ni normas de convivencia. Los más fuertes y astutos ganan y el resto pierde. Es un juego de suma cero. Lo que narra Elbaum en su artículo demuestra que está vigente el estado de naturaleza hobbesiano a nivel planetario. Los otros días el Ministro del Interior de Alemania, Andreas Geisel, denunció que enviados de la república imperial interceptaron un cargamento de insumos sanitarios provenientes de Tailandia con destino al país teutón. Indignado, exclamó que se trataba de un verdadero acto de piratería moderno. Ello significa que Estados Unidos le robó a Alemania insumos sanitarios para utilizarlos en su provecho, consciente de que Alemania nada podría hacer al respecto. Una actitud propia del estado de naturaleza hobbesiano. A partir de ahora y mientras dure la pandemia la república imperial actuará como un lobo para el resto de los países.

    Elbaum dedica buena parte de su artículo a analizar el comportamiento de Donald Trump y Jair Bolsonaro en esta pandemia. El presidente norteamericano es un megalómano. Cada vez que lo veo me hace acordar al déspota y rey romano Cómodo, magistralmente interpretado por un joven Joaquin Phoenix en la película Gladiador de Ridley Scott. Creo que Trump al principio creyó realmente que podía controlar al Covid-19. Los muertos que comenzaron a apilarse en Nueva York lo convencieron de lo contrario. Respecto a Jair Bolsonaro cabe preguntarse seriamente si está en sus cabales. Sus apariciones en público, siempre rodeado de personas a las que saluda y abraza, son una cabal y patética demostración de desprecio por la salud. La de todos y también la de él. Elbaum considera que ambos mandatarios se comportan de esa forma porque son neoliberales, porque sitúan en lo más alto de su orden de prioridades a las ganancias de los grupos económicos concentrados. Mientras esta élite depredadora y corrupta esté contenta no hay de qué preocuparse, piensan el emperador y su cachorro. Este paradigma se mofa de los derechos humanos, siendo uno de los más relevantes el derecho a la salud. Toda persona, por el hecho de serlo, merece ser tratado con la máxima eficiencia cuando su salud está en riesgo. Trump y Bolsonaro se mofan de estas cuestiones por una simple y contundente razón: para ellos el ciudadano común no es una persona.

    Confieso que me duele sobremanera que estos energúmenos sean considerados “neoliberales”. Considero que sólo existe el liberalismo a secas. Se trata de una filosofía que considera fundamental el respeto a los derechos humanos. Es el aspecto jurídico del liberalismo. En este sentido cabe afirmar con vehemencia que La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 es un emblema del liberalismo jurídico. Del liberalismo, en realidad. Es el liberalismo en su máxima pureza. Paso a continuación a transcribir su articulado.

    Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
    Artículo 2. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
    Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
    Artículo 4. Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
    Artículo 5. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
    Artículo 6. Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
    Artículo 7. Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
    Artículo 8. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.
    Artículo 9. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
    Artículo 10. Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.
    Artículo 11. 1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa 2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
    Artículo 12. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
    Artículo 13. 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
    Artículo 14. 1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país 2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
    Artículo 15. 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
    Artículo 16. 1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. 2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio 3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
    Artículo 17. 1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
    Artículo 18. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
    Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
    Artículo 20.1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
    Artículo 21. 1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos 2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.
    Artículo 22. Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
    Artículo 23. 1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo 2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual 3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social 4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
    Artículo 24. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
    Artículo 25. 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
    Artículo 26. 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz 3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
    Artículo 27. 1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten 2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.
    Artículo 28. Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
    Artículo 29.
    1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad 2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática 3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
    Artículo 30. Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

  2. Wladi dice

    Eso mauricio lo paso a secretaria de salud ,el 4% que falta en salud donde lo invierten ?en el ministerio de fuga .

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