¿Alguien quiere pensar en los niños?

El ex obispo platense Héctor Aguer y la educación católica 

 

La semana pasada hubo sonadas repercusiones sobre los comentarios del ex obispo platense Héctor Aguer, en los cuales, como viene haciendo hace muchos años, criticó a los colectivos de diversidad sexual, a los colectivos feministas, a Tinelli y a la llamada ideología de género.

Este obispo tuvo a su cargo la Pastoral de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina, es decir, que fue durante años la voz rectora de la iglesia católica para establecer parámetros para la educación de niñas y niños. Pero no nos referimos solo a la educación de las personas que asisten a la iglesia, ya que como es sabido, el Estado le delegó a esa institución religiosa la educación de millones de niños, niñas y adolescentes de todo el país, desde hace décadas. Esa instrucción formal fue delegada a través de la posibilidad de desplegar en todo el territorio miles de escuelas confesionales, y además, la mayoría de ellas cuentan con subsidio estatal. Es decir, el Estado le encomienda la función fundamental de educar a quienes habitan este país, y además le da el dinero para hacerlo. Y esos fondos constituyen para la iglesia el más importante de los ingresos con los que cuenta. Por lo tanto no es poco importante para la sociedad argentina saber cómo piensan los responsables de la educación de amplios sectores de nuestra población.

Para adentrarnos en ese conocimiento sobre qué tienen en su cabeza esas personas, quiero destacar la particular exposición de libros católicos que se realizaba en La Plata, durante el tiempo que Aguer fue Obispo de esa ciudad. Fue una exposición que se realizó durante muchos años. Ocupaba el edificio municipal Pasaje Dardo Rocha, que visitaban miles de niños y niñas, en su mayoría provenientes de escuelas religiosas, que eran llevados durante el horario escolar. En los actos de apertura y cierre tenía gran relevancia la presencia del por entonces obispo platense.

En esta muestra, llamada “Exposición del Libro Católico”, se exhibían una gran cantidad de libros ligados a la temática religiosa, así como novelas o libros de historia argentina y política. Pero fueron algunas novelas las que generaron las primeras alarmas. Allí se promocionaban los libros de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, un escritor católico que firmaba sus escritos con el seudónimo de Hugo Wast. Famoso por sus escritos y acciones antisemitas, la premiación de Wast con la exposición preferencial de sus libros en un escaparate especial en la feria del libro católico generó rápidos repudios. En otros ámbitos estatales también se repudió la reivindicación de este escritor y político, y se sacó su nombre de algunos lugares, como la hemeroteca de la Biblioteca Nacional

En el caso de esta exposición platense, el Centro Simón Wiesenthal  impulsó el debate público sobre el tema y un solitario concejal pidió en el concejo deliberante que no se reivindicara a este autor antisemita en un edificio municipal. Ningún argumento democrático hizo cejar a Monseñor Aguer en su defensa de ideas autoritarias y discriminatorias, y el homenaje a Martínez Zubiría se siguió realizando. Pero tal reivindicación no es solo patrimonio de este obispo. Varias calles llevan el nombre de este promotor del odio, en Salta, Catamarca, Córdoba, y la provincia de Buenos Aires .

A pesar de estas denuncias, los libros cuestionados se siguieron exhibiendo y el autor fue específicamente reivindicado, como se ve en esta foto, en la que la feria de Aguer redobló la apuesta y le puso el nombre del autor cuestionado a la nave central de la feria.

 

Esta foto es de la última edición de la feria, en 2016.

 

 

Recorriendo los anaqueles

Estos homenajes a un autor antisemita y la persistente actitud de Aguer me hizo adentrar a ver si otros libros de la feria católica incitaban al odio. Y sí, adivinaron. Los había y eran muchos. El siguiente es un repaso muy breve de apenas algunas obras que pude mirar y fotografiar con cierto disimulo.

 

Escaparate en el que se exhiben la obras antisemitas de “Hugo Wast”.

 

Lesa Humanidad, de Enrique Díaz Araujo.

 

 

En Lesa Humanidad, editado por la Universidad Católica Argentina, Enrique Díaz Araujo cuestiona los juicios por los delitos de lesa humanidad cometidos por la última dictadura. Para el autor este proceso de juzgamiento es “una aberración”, que generó una “jurisprudencia insólita”.

 

Roger Mucchielli reivindica el terrorismo de Estado, los escuadrones de la muerte en Brasil o las atrocidades de la OAS Francesa en Argelia.

 

Jordan Bruno Genta. Dedicado “A los que combatieron al terrorismo subversivo y hoy padecen persecución por la Justicia”.
El condenado reivindica su crimen

 

 

Libro Margarita Belén, 1976. Víctimas del Terrorismo Judicial de Estado 2003 de Jorge Carnero Sabol, militar condenado por delitos de lesa humanidad. Según relata el autor, el libro fue escrito mientras se encontraba detenido por su responsabilidad en la masacre que le da nombre al libro.

 

Ni Nuremberg se salva.

 

Como se imaginarán por el titulo, es una obra dedicada a cuestionar el juzgamiento de los crímenes nazis.

Libro Operación “Rosa Negra”, en cuya tapa puede verse el símbolo de una cruz con una letra V por debajo, que expresó el “Cristo vence” con el que se decoró a los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo en 1955 para derrocar a Perón.

 

 

La reivindicación de los bombardeos del 55.

 

Exhibido para estar al alcance de todes les ñiñes católiques, estaba este libro que reivindica los bombardeos, el golpe de Estado y todo lo malo que acuñó este país. Ni Pablo Avelluto, declarado admirador de la llamada Revolución Libertadora, se animó a recomendar estas lecturas. Aguer sí se animó, en la feria del libro hecha a su imagen y semejanza.

 

En defensa del genocidio indígena.

 

Libro 1492, Fin de la barbarie, Comienzo de la civilización en América. Esta obra es una defensa del genocidio indígena. Yo que ustedes no me pierdo la disparatada presentación del libro, a cargo de Mario Caponetto, video que espero que no se haya emitido en las clases de historia de los colegios católicos.

Por lo que pudimos ver en esta breve selección, la exposición de Monseñor Aguer era un compendio de reivindicaciones al terrorismo de Estado, al genocidio indígena y toda dictadura que haya azotado a nuestro país. Y no faltó la sección internacional, al cuestionar el juzgamiento de los crímenes del nazismo. Y esto es apenas una muestra superficial de las lecturas que promovía un obispo católico que por entonces diseñaba aspectos de la educación de grandes porcentajes de nuestra población. Y ese es el debate al que quisiera acercarme desde esta nota.

Como presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, Aguer fue el responsable de establecer criterios para la educación de los católicos y no católicos que reciben instrucción en las escuelas bajo su órbita. Y vimos en las polémicas de esta semana (y en las anteriores) lo que piensa este obispo sobre cómo hay que educar a los niños y niñas que el estado le delega para que pueda adoctrinar. Y no es que nos hayamos alertado de esto por la polémica con Tinelli, pero no está mal aprovechar la repercusión pública que tuvo esto para retomar algunos debates.

Si bien ya no ejerce ese cargo, no ha habido señal alguna por parte de la Iglesia Católica de cambiar el paradigma de la educación tal cual lo fijó Aguer, así como tampoco hubo un repudio sobre ninguna de sus declaraciones actuales.

Quiero señalar en esta nota algunos de los problemas que se generan darle a personas como Aguer la formación de “los adultos del futuro”. Me refiero, por ejemplo, a educación en temas de género. No aludo solo al momento específico en el que en una escuela católica se hable del tema. Si no a todas las marcas que deja que una parte de los niños y niñas de este país estén siendo educados en una institución que si bien no es solo de varones, solo ellos tienen voz, deciden y votan, y en la cual las mujeres son pocas y subordinadas a las decisiones masculinas en absolutamente todo. Tengamos en cuenta que es una institución en la que las pocas mujeres que la integran no pueden ejercer funciones importantes para su liturgia (dar misa, confesar, dar la comunión, etc.) y no pueden ocupar roles con poder: ser curas, obispas, papas. ¿Estar años o lustros bajo ese modelo institucional, no deja una marca en las concepciones sobre género en las niñas y niños educados bajo ese esquema? Presumo que es imposible que ese modelo de formación no deje enseñanzas sobre la existencia de una superioridad masculina.

 

 

Un debate constitucional

Me animo a aventurar un debate más, ligado al derecho. ¿Sería posible inscribir una asociación civil o fundación que tenga explicitados los caracteres organizativos ligados al género como funcionan en la iglesia católica? Me adelanto a decir que considero que no. Es decir, si se presentara un grupo de personas a requerir al Estado el otorgamiento de una personería jurídica para constituirse, y dijera en su estatuto que su funcionamiento, en razones de género es como el de la Iglesia católica, el Estado rechazaría la inscripción y funcionamiento de esa asociación. Siguiendo en el plano de la hipótesis, opino que el Estado rechazaría un estatuto que dijera más o menos así: La conducción de esta organización solo será ejercida por varones. Los que votarán a los directivos solo serán varones. Las tareas más importantes solo podrán ser realizadas por varones. Las mujeres podrán integrar esta asociación, pero en un número menor, sin poder ejercer tareas de dirección, ni podrán realizar acciones importantes, ni votar a los directivos. Y todas esas limitaciones serán exclusivamente en razón de su género. No dudo de que nuestro Estado mandaría a los creadores de esta particular y machista forma de organizarse a redactar de nuevo el estatuto. Sin embargo, se le delega “llenar las cabecitas” de millones de argentinos y argentinas a un grupo organizado de una manera tan irregular. Aclaro que este ejercicio es hipotético, ya que la Iglesia Católica no necesita pasar por este control estatal, ya que su personería está reconocida por nuestra Constitución Nacional desde 1853.

Es de destacar que este debate no es menor, ya que el Estado hace un minucioso control sobre los objetivos y las formas de organizarse de las asociaciones no gubernamentales que desean obtener un reconocimiento estatal para funcionar. Esta tarea la realizan oficinas administrativas de las provincias (por ejemplo la Dirección de Personas Jurídicas en la provincia de Buenos Aires) y de la Nación en el caso de las que funcionan en CABA (allí lo hace un organismo nacional, la Inspección General de Justicia). Son numerosos y trascendentes en nuestra historia los fallos judiciales en los que se discutieron, por vía de apelación, lo que resolvieron los Estados al respecto de otorgar o no una personería. Uno de los más importantes fue el caso “Comunidad Homosexual Argentina c/ Resolución Inspección General de Justicia s/ personas jurídicas”. Allí la Corte Suprema de la Nación autorizó el otorgamiento de la personería jurídica a la CHA, que le había sido negada por el Poder Ejecutivo Nacional e incluso la Cámara de Apelaciones, sosteniendo argumentos homofóbicos que sería impensable que hoy puedan estar incluidos en un fallo. La CSJN corrigió ese desaguisado permitiendo, en 1991, la inscripción de la CHA.

 

 

Pensando hacia adelante

Solo pensando en el aspecto institucional organizativo que señalábamos deberíamos revisar muchas cosas. Pero si además los contenidos de esa educación dictaminada solo por varones son fijados por ideologías discriminadoras, machistas y autoritarias como la de Aguer, el resultado no puede ser más que peligroso. Es normal que ante hechos de violencia o discriminación por razones de género haya gente que se pregunte cómo pudo suceder, qué hay en la cabeza de esas personas, o de qué manera fueron educadas esas personas que violentan y discriminan. No tenemos las respuestas exactas a esas preguntas, pero nos aproximamos a algunas posibles: los hombres violentos son educados en la idea que de que las mujeres son inferiores, incapaces, y tienen menos derechos que los hombres. Puede ser una coincidencia, pero al menos empecemos a pensarlo: ¿respeta la Constitución Nacional y el derecho a una educación sin discriminación que la educación la imparta una organización que en su interior discrimina a las mujeres? La respuesta la intuyo. Pero las ideas sobre cómo arreglar eso habría que dejárselas a esas generaciones de pibas que están enseñando cómo hacer para cambiar lo que necesita ser cambiado.

 

 

 

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