En 2025 escribimos seis notas y nos sentimos incomprendidos. A partir de la sucesión de homicidios, buscamos graficar las consecuencias del narcotráfico en San Martín, que es un modelo de control del territorio. Despedimos el año 2025 contabilizando 38 homicidios en el distrito: tres más que en 2024. En 2026 contamos tres en cinco días e innumerables tiroteos.
Nos encantaría poder hacer un epílogo de esta serie de notas, pero no es posible. Creíamos que el 21 de diciembre podríamos cerrar el año con la nota sobre las sillas vacías en nuestras mesas navideñas, pero no: todavía nos faltaba contar la historia de Ciro. Y el 31 de diciembre hubo tres heridos y un muerto con un mensaje mafioso sobre su cadáver. Ya con el año nuevo, el 5 de enero hubo otro hecho sangriento que tuvo como saldo dos muertos: un policía de 27 años y un soldadito de 23. Todo en El 18, el barrio del legendario Mameluco.
Las violencias no encuentran tope y siguen escalando.
20 de diciembre
Nada que ver con el clima de 2001. Esta vez fue Ciro, un pibe de 16 años, asesinado.
Ciro Guzmán vivía y crecía en Independencia, este barrio maldito para los jóvenes. Su maldición radica en el abandono por parte del Estado.
Ciro estaba tomando algo con unos amigos y su hermano en la puerta de una casa, ese sábado 20, de madrugada.
A las 3.30 h aproximadamente, una Duster negra sin patente y dos motos pasaron por allí, dieron la vuelta aumentando la velocidad y dispararon en varias oportunidades. Los disparos impactaron en Ciro, quien quedó tendido en la calle y fue trasladado por su familia al Hospital Bocalandro, donde falleció.
Estaban con él su hermana melliza, Zaira, y su mamá. Recién le pudieron dar sepultura el 22 de diciembre, y el 23 se organizó una marcha a la comisaría 4.ª de San Martín, donde pintaron sus pedidos de justicia y sus acusaciones. La misma que hace tres meses cambió sus autoridades y la totalidad de su personal.
El Estado es consciente del abandono que sufre Independencia: desde el 14 de septiembre estamos reclamando junto a sus vecinos. Desde el 14 de septiembre contamos cinco muertes en este mismo barrio, además de la de Seba Carrillo. Desde el 14 de septiembre estamos sobrevolando su trama, narrando sus historias, insistiendo al Estado para que pongan el ojo ahí. La maldición no lo permite. Es una confirmación de lo que plantea Pilar Calveiro en su nuevo libro: ya no nos matan los agentes del orden, nos dejan morir.
En la familia de Ciro hay más víctimas del narcotráfico: el Conejo, un histórico militante barrial de San Martín, su padre, falleció en el año 2022. Las circunstancias no vienen al caso. Estela, la mamá de Ciro nos dijo: “Ahora por lo menos están juntos”.

El chat
El domingo 21 de diciembre mandamos la nota “Las sillas vacías” a un grupo de WhatsApp que compartimos con referentes de distintos barrios de San Martín. La conversación se volvió estruendosa: la primera respuesta fue la foto de un auto todo agujereado. “Nueve tiros a un coche estacionado. Es de los vecinos que alquilan cerca de casa”, en barrio Lanzone. Acto seguido responden desde el barrio Independencia: “Acá hubo tiros toda la noche, con solo decir que no podíamos ir al comedor de casa porque tenemos una ventana que da a la calle”.
Atando cabos, pensamos que esos tiros podrían ser los que terminaron con la vida de Ciro, pero el parte policial sería claro: los hechos fueron en el barrio Libertador, al fondo, Las Hortensias y Petunias casi Costa del Lago.
Todavía no sabíamos lo de Ciro, pero los de Costa del Lago contaron que también habían sentido impactos: “En frente de casa dejaron un auto, también se cagaron a tiros a la 1.20 maso, siguió un rato más”.
Otro compañero de Independencia agrega hechos de la noche anterior: “Acá el viernes para amanecer sábado le pegaron un tiro a uno de los familiares del que mató a Maxi, y hace una semana a otro, creo que dos o tres tiros, pero él salió adelante”. Y los comentarios siguen: “Acá en Carcova ya no se puede estar ni sentados en la vereda. Se agarran a cada rato. El viernes hubo vecinos que salieron heridos por balas perdidas. Uno está grave. Ya no se puede estar en ningún lado🤦🏻♀️”. Le responden desde Villa Sarmiento Chica: “Sí, es verdad. Ni en la vereda de tu casa podés estar. Anoche como a la una de la madrugada, también acá a los tiros, contra la policía”. Y desde el Ombú de Loyola coinciden: “Ah, fue en todos lados ak se re cagaron a tiros también”. Nadie dijo nada sobre las rencillas del Senado bonaerense ni la reelección indefinida de los intendentes.

El silencio oficial sobre estos temas, el silencio que eligen las instituciones, habilita a la circulación de versiones en las que crece el temor, la sensación de desamparo, y se refuerzan los estereotipos: los culpables señalados son el último eslabón de la cadena de un mercado que tiene responsables mucho más poderosos. Así tenemos una sola certeza: vamos a tener más episodios de “linchamientos” o “asesinatos por ajustes de cuentas”.
Hace falta que las instituciones, que tienen acceso a la información, se comprometan con un tipo de intervención que integre cada caso en una narrativa, que ponga en circulación una lectura, un sentido compartido: ¿Qué nos está pasando? ¿Cuáles son las causas, los orígenes? ¿Cómo podemos cuidarnos para evitar nuevas tragedias? Cuando no hay Estado de derecho, o el Estado está calladito, rige la ley del más fuerte: sálvese quien pueda. Vale todo. El Estado tiene que legitimar su autoridad para conservar el monopolio del uso de la fuerza.
Del rumor a la noticia: 31 de diciembre
“Cagaron a tiros a otro pibe en Costa el 23”, me dicen, en un chat, con ganas de que averigüemos qué pasó, si sobrevive, si hay alguien detenido. En la tele sale un caso de un robo en un kiosco en San Martín: le pegan un tiro en la mano a la hija del dueño y se van. ¿Con qué parámetros un hecho es más noticiable que otro? “La huida fue una ráfaga de disparos”, dice el periodista desde la puerta del local. “Tiene 16 años y perdió dos dedos”, se lee en el zócalo.
Es la noche del 31 de diciembre, y nos despedimos confiando en que hay un final y un comienzo diferente.
Pero desde muy temprano los mensajes celebratorios se mezclaron con otros fúnebres: “Hubo dos muertos en barrio Sarmiento anoche”. No hay certezas, pero tampoco dudas. Un medio local asegura que hubo más de 60 disparos. “No es barrio Sarmiento, es la calle Sarmiento en Billinghurst”, se leía en los comentarios. Y el administrador de la página de Instagram agradeció la aclaración y corrigió el título de la descripción. Reinaba el misterio. Mensaje mafioso: La sábana que envolvía al muerto decía "Felices Fiestas, vamos a volver. Att: El Chapo para la Ara y Thiago Mir".
También llegó esa mañana un audio desde Carcova, con una balacera claramente registrada: no fueron fuegos artificiales, eran balas de verdad. El saldo fueron varios disparos en las piernas de una vecina que salió a cerrar el portón, según se pudo saber por el parte policial de los efectivos que cumplían funciones esa noche en el Hospital Thompson. Pero este “daño colateral” del modus operandi de “la banda del gordo Pei” quedó en segundo plano.
Con el correr de los días y con la sensación de que el futuro —el 2026— llegó hace rato, pudimos confirmar la primera noticia oficial del cuerpo encontrado en Billinghurst. A las 4.45 del 31 de diciembre, dos agentes femeninas que se encontraban en una recorrida de prevención y disuasión de delitos, en un vehículo del comando de patrullas, fueron comisionadas por el sistema de 911 a la intersección de las calles Sarmiento y 25 de mayo. Había un tumulto de personas en la calle Sarmiento entre Primera Junta y Presidente Mont. Se encontraron allí también con el jefe de turno de la comisaría de la zona. Al acercarse, un hombre les dijo que había una persona sin vida. Cuando se acercaron, encontraron a esta persona tendida en el piso, sobre un charco de sangre, al lado de un árbol. Vestía unas zapatillas blancas, una bermuda de jean y una bandera que tapaba su rostro, con una leyenda amenazante, escrita en aerosol negro sobre tela blanca: “FELIZ AÑO NUEVO GOR JON MASI Y THIAGO AHORA VAMO X USTEDE ATTE. EL CHAPO”. El mensaje ignoraba por completo los signos de puntuación, lo cual dificultaba bastante la lectura del mensaje. ¿A quién mataron? ¿Quiénes son los destinatarios de la amenaza? ¿Cuál es el conflicto que no encuentra otro modo de resolverse?
En el suelo se visualizaban “varias” vainas servidas, que iban desde la vereda hasta el asfalto. Posteriormente, los efectivos policiales que redactaron el parte tomaron conocimiento a través del Centro de Monitoreo del Municipio de San Martín, desde donde se visualizaron las cámaras de seguridad, que, en San Lorenzo y Triunvirato, a unas siete cuadras del lugar, había un hombre, de 26 años, se supo después, herido de arma de fuego. Se desplazaron hasta este lugar, y este muchacho les contó que había sido víctima de un intento de robo por parte de dos “masculinos” en moto, que se resistió y le efectuaron un disparo en el brazo derecho. Los policías lo trasladaron al hospital Thompson, ante la demora de la ambulancia. En este hospital, encontraron otro herido de arma de fuego, domiciliado, ¡oh, causalidad!, enfrente del lugar donde hallaron al otro chico muerto. Y este hombre, de 31 años, relató que se encontraba con su hija y otros amigos, fuera de su domicilio, cuando sintió que comenzaba una “ráfaga” de detonaciones de armas de fuego y lugo un fuerte dolor en sus piernas, y fue trasladado hasta el hospital por unos vecinos, en auto. Luego, otro equipo de policías encontró a otro herido de arma de fuego, víctima de la misma ráfaga: un chico de 17 años, que había ido a visitar a unos parientes en Sarmiento y 25 de mayo. Tenía una herida más grave, una bala le atravesaba el tórax que ingresaba por el hombro derecho y había salido por el omóplato del mismo lado. Fue trasladado al hospital de mayor complejidad de la zona: el interzonal de agudos Eva Perón, que depende de la provincia. Él contó que estaba en puerta cuando observó “un grupo de masculinos” y oyó “varias detonaciones”. Se tiró en el piso, para resguardarse detrás de un auto, y en esa posición lo alcanzó esa bala.
La identidad del chico fallecido recién se pudo conocer a las 5.16 de la mañana, cuando se presentó su hermana ante las autoridades, y les mostró la foto del DNI de Jonatan David Castro, de 37 años. A las 10 de la mañana, luego de las pericias pertinentes, se retiró el cuerpo hacia la morgue judicial.
La investigación está a cargo de la UFI 2 de San Martín, que inmediatamente solicitó a la Jefatura Departamental de la Policía que “se incrementen las medidas de prevención y protección” en la intersección de estas calles, arbitrando los medios necesarios “de forma inmediata”. Este tipo de solicitud no es frecuente. Y menos aún los argumentos que la fiscalía esgrime: “Lo solicitado obedece a los reclamos realizados por parte de vecinos del lugar en oportunidad de hacerme presente junto con personal de la Fiscalía en el lugar del hecho criminal que motivó el inicio de estas actuaciones, por cuanto han manifestado que son reiterados los episodios de extrema gravedad que se vienen sucediendo durante los últimos meses, los que involucrarían a distintas bandas —al momento no identificadas— que mantienen enfrentamientos mediante la utilización de armas de fuego. De acuerdo a la información recabada en el lugar, existiría serio riesgo de reiteración debido a que vecinos del lugar aseveraron que no se trata de un hecho aislado, sino de episodios violentos de agresión con armas de fuego y represalias sucesivas entre los involucrados”. Lo que sí parece frecuente es la ausencia del Estado. Este mismo barrio fue testigo de otro asunto el 22 de noviembre del 2025, apenas un mes y nueve días antes. Además, el 75% de las causas que se abrieron por denuncias de vecinos en los últimos años fueron archivadas; de hecho, esta situación dio nombre a nuestra nota del 7 de diciembre del 2025 aquí mismo, “Muertes anunciadas”.

5 de enero: De la recorrida preventiva al allanamiento de un búnker
Hay una villa conocida como “el 18”; en el chat anunciaron otro evento desgraciado: “Cuatro muertos: dos pibes y dos polis”, y dos policías más en grave estado, decían los medios locales. Todo habría sucedido durante un “operativo de saturación”. No se entiende. ¿La nota se contradice con su propio título? Porque después se afirma que todo comenzó durante una recorrida preventiva de un grupo de la UTOI, a quienes les llamó la atención un hombre que caminaba por la calle con chaleco antibalas, y que cuando intentaron identificarlo se resistió, y en lugar de frenar, se escurrió por uno de los pasillos del barrio, desde donde salió una ráfaga de disparos.
Las fuentes que cita SM Noticias son “no oficiales”, pero cuentan con muchos detalles que dan cuenta de la rigurosidad en el ejercicio del noble oficio del periodismo: “De los uniformados, el sargento Santiago Oleksiuk, de 27 años, falleció. Recibió impactos de bala en la cabeza y en el tórax. En tanto, el sargento Nicolás Muñoz, de 29 años, recibió impactos en el lado derecho del rostro, brazo derecho, hombro izquierdo y glúteo izquierdo, y tras ser intervenido quirúrgicamente, permanece internado en grave estado. Finalmente, Ariel Cardozo, también de 29 años, fue derivado al Hospital Diego Thompson, donde fue intervenido por una herida de arma de fuego en la axila derecha. Su estado de salud también es crítico”.
Luego se agrega que se produjeron tres aprehensiones y un “ajusticiado” cuya identidad se desconoce, aunque deja trascender un apodo: “Sanguchito”. Pudimos corroborar luego que era César Ezequiel Ibarra, que cumplió los 23 años el 26 de diciembre. La investigación quedó a cargo de la UFI 3 de San Martín.
Las fotos del secuestro de envoltorios amarillos y rosas se publicaron posteriormente, en medios mainstream. El allanamiento debe haber sido después de la balacera, cuando se acercaron refuerzos a las inmediaciones de la villa 18, la tierra desde donde "Mameluco" Villalba fundó su imperio narco. El orden de los eventos afecta a la lectura de la historia. ¿Por qué La Nación y Perfil en sus títulos nos hacen creer que el homicidio del policía se produjo durante un allanamiento a un búnker narco? ¿Cuál es la narrativa en disputa? ¿El Estado sabía desde antes las actividades ilegales que allí se desarrollaban? ¿Qué tipo de inteligencia nos falta para lograr una política de seguridad efectiva y a la vez respetuosa de las garantías? ¿Cómo se hace para llegar antes?
Epílogo
Estas notas parten de una necesidad del territorio. Hablamos todo el tiempo de las cosas fuertes que nos pasan todos los días: los miedos, las frustraciones, la impotencia. Los funcionarios (de los tres poderes) y empleados públicos (de todos los niveles) se mueven por inercia: cumplen los pasos burocráticos, procedimientos, reglamentos, en el mejor de los casos. Las instituciones están inundadas por una sensación de “no poder hacer más”, de “no poder hacer nada distinto” de lo que se hace, de no tener “herramientas”. Hay temor a las sanciones, a innovar y fracasar. Hay una lógica de la política que se habla a sí misma y se muerde la cola. Hay funcionarios que se enojan porque contamos estas historias, y en realidad se enojan porque piensan demasiado en ellos, interpretan que se cuestiona su trabajo. Otros entienden que nos expresamos con empatía y con honda preocupación.
Es muy grave lo que está pasando: ¿y no tenemos nada para decir, públicamente? ¿Ni en privado?
El problema de fondo no es una gestión local, ni un Ministerio, dos o tres. El problema ni siquiera son “los jóvenes”, ni el modelo de varón fuerte, que puede ser criminal también.
El problema del que estamos hablando es el narcotráfico en San Martín, y tiene muchas aristas: es un problema de salud pública, a nivel de los problemas de consumo, las adicciones y las sustancias adulteradas; que afecta la salud mental, por cómo se ven afectados los vínculos, las familias, las niñeces que crecen en este contexto; es un problema cultural, un atajo para “tener”, para “ser” visible; es un problema social gravísimo por la forma en que se moldean los vínculos entre los actores, en barrios muy castigados por las sucesivas crisis económicas; es un problema por las armas, que circulan cada vez más abundantes y cada vez más potentes; es un problema para el gobierno y la organización de los territorios, porque hay una disputa por el control de las zonas para la venta en pequeñas cantidades; y también es un problema que incide en el desarrollo de nuestras ciudades, en los modos de acumulación y de blanqueo de las ganancias obtenidas.
Pero sobre todas las cosas, es un problema de clase. Hay doble vara en la política pública. Las políticas de Estado están segregadas. ¿O en Recoleta algún vecino muere tiroteado por un auto sin patente escoltado por dos motos? ¿O en Ballester te asomas por la ventana y morís de un disparo en el ojo? La sociedad de descarte, el neoliberalismo de segregación, tiene sus consecuencias en todos los planos, pero sobre todo con los más pobres. Las instituciones todas necesitan un sacudón para recuperar la sensibilidad perdida. Necesitamos compartir las experiencias de fracaso también, con la seguridad de haberlo intentado y así hasta encontrar el agujero al mate.
La frontera
San Martín también está segregado: partido en dos. De un lado los barrios populares, la basura, el narcotráfico; del otro, la ciudad, los edificios, ¿una cara más “civilizada” del narcotráfico? Las entradas de Independencia, custodiadas por la policía.

El lunes 22 de diciembre, fuimos parte de una peregrinación por la frontera, que comenzó en el fondo de avenida Juan Manuel de Rosas (ruta 4) y Eva Perón, que luego se hace avenida Márquez, y fuimos bordeando los barrios. Había puntos de encuentro con las iglesias, las comunidades y los familiares de las víctimas de los barrios que íbamos atravesando y que se sumaban con las fotos de sus hijos e hijas en banderas, pancartas, remeras. Vimos el descarte: la basura acumulada, los fisuras en las grietas, la venta al menudeo a cielo abierto, sin límites.
El obispo de San Martín, el padre Martín, cuando habló bajo el puente de José León Suárez, antes de la presentación del pesebre viviente, dio una definición muy acertada: dijo que estamos ante una “violencia institucionalizada”. Luego nos abrazamos, compartimos un pan dulce, la fe y una esperanza: que en 2026 logremos institucionalizar algunos caminos hacia la paz, hermanados, luchando por justicia y prosperidad para nuestros barrios. En eso estaremos.
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