Antes del 23 hay que pasar el 22

 

Durante una reunión cumbre del FdT, una de las principales voces hizo una referencia a las elecciones de 2023. Otra le respondió:

No me hablen del 2023. Por ahora hay que pensar cómo vamos a pasar el 2022.

Nunca antes había quedado tan clara la duda acerca de la conclusión del mandato iniciado el 10 de diciembre de 2019. Ya ocurrió dos veces, en las cuatro décadas transcurridas desde la finalización de la última dictadura. En ambos casos, los eyectados antes de tiempo fueron dirigentes uceerreístas, y sus renuncias anticipadas precedidas por un fuerte endeudamiento con bancos y/u organismos internacionales de crédito, contraído por ellos o por sus predecesores, que no financiaron inversiones productivas en el país sino formación de activos en el exterior. La principal diferencia es que el actual gobierno tiene como eje al peronismo que, con administraciones tan distintas como las de Menem y Cristina, resistió con éxito presiones similares.  El almuerzo de ayer en RPO se realizó en ese clima de preocupación.

Desde el Poder Ejecutivo se reitera que se cumplirán las metas pactadas con el FMI y hasta se dijo que quien quiera probar su fuerza, la probará. Pero los primeros en saber que no es posible son quienes lo afirman. Todas sus esperanzas estaban puestas en el encuentro que dentro de 48 horas tenía programado el Presidente Alberto Fernández con su colega de Estados Unidos, Joe Biden. Pero debido al contagio con la Covid-19, Biden pospuso esa cita, sin fecha aun.

La ilusión oficial era que Biden intercediera para que el FMI relajara sus exigencias. No es fácil, porque desde el gobierno argentino permanece invariable el discurso de que se trata de un buen acuerdo y que el Fondo no está exigiendo un ajuste, lo cual torna más problemático incumplirlo. Esto a su vez fortalece el reclamo de calificadoras de riesgo, bancos, fondos de inversión y  publicaciones especializadas, de que el organismo internacional endurezca su posición hacia la Argentina, cosa que comparte el responsable del Fondo para Subamérica, Ilan Goldfajn.  En cambio fue relevada su segunda, que estaba a cargo de la Argentina, a quien Mr. MaGoo llamaba afectuosamente «la compañera Julie». Pero tampoco es imposible que desde Washington se arroje esa soga, dado el riesgo de que la caída de un país mediano como la Argentina pueda detonar un encadenamiento global imparable. Quien viajará de todos modos es Batakis, quien mañana tendrá su primer encuentro cara a cara con Georgieva, cuyo discurso es cada vez más parecido al de Jacques de Larosière, Michel Camdessus, Horst Köhler,  Rodrigo Ratto,  Dominique Strauss-Kahn y Christine Lagarde, sus predecesores desde que la Argentina fue gobernada por una Junta Militar. Con quien difícilmente se vea es con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Mauricio Claver-Carone, quien decidió agravar la penuria del gobierno argentino, reteniendo los 500 millones de dólares en préstamos ya aprobados, con los que Fernández contaba. En septiembre debería autorizar otros 300 millones, pero ya anticipó que no lo hará, con el insolente calificativo de insolvente para la Argentina.

 

 

 

Los cuatro jinetes

Cuatro cuestiones asoman amenazantes en el horizonte inmediato:

  • La corrida cambiaria, que procura forzar la devaluación del peso frente al dólar, cuando la brecha con la cotización ilegal pasa del 150% y el riesgo país llegó a los 3.000 puntos, más alto que el de la Ucrania en guerra. Allegados al presidente de la Copal y la UIA, Daniel Funes de Rioja, reclaman que el peso se deprecie 100% de un saque, nada menos.
  • El índice de precios al consumidor, que podría aproximarse en un mes a la medición que en Estados Unidos y los principales países europeos se da en un año, difícilmente por debajo del 7%.
  • El aumento de las tarifas de gas y electricidad, que comenzaría a regir en septiembre, cuando haya concluido el proceso de segmentación para suprimir los subsidios al decil más próspero de la sociedad. Aun cuando el aumento para los segmentos más desfavorecidos estuviera por debajo de la inflación, su impacto martillaría sobre una piel ya muy golpeada.
  • La masificación de la protesta social, al estilo de las que han tenido directas consecuencias sobre la estabilidad de los gobiernos en otros países de la región, como Chile, Colombia y Perú. Un profesor universitario de Teoría del Estado, que fantasea con ser el Boric argentino, coquetea en público con esa idea y ha hablado de saqueos y de sangre. Un minúsculo grupo de alucinados, que cuenta con la protección de la policía porteña, amenaza con la horca y el fusilamiento a la Vicepresidenta CFK, su hijo y los gobernantes.

 

 

En Chile y Colombia la rebelión masiva (no este foquismo de élite) puso patas para arriba sistemas de partidos y de coaliciones muy consolidados, en las economías de la región más apegadas a la ortodoxia monetarista. Es difícil predecir si Pedro Castillo se sumará pronto a los cinco Presidentes previos del Perú que o no terminaron sus mandatos o fueron procesados por corrupción: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y Alan García (quien se suicidó cuando fueron a detenerlo). Y no ocurre sólo en el vecindario americano; también en Europa, con la rebelión de los chalecos amarillos, o en Asia, donde una multitud tomó por asalto la residencia del Presidente de Sri Lanka.  Pero aquí las políticas y la retórica del neoliberalismo fueron desbancadas hace dos años y medio en las urnas, por más que ahora crezca la decepción.

 

 

 

La realimentación

La coincidencia temporal de la corrida contra el peso, el crecimiento enloquecido de los precios y el aumento de las tarifas no es casual, y se realimentan recíprocamente:

  • La brecha cambiaria presiona por una devaluación, que no es necesaria según el tipo de cambio multilateral. Sólo acrecentaría las ganancias de los exportadores y se transmitiría de inmediato a los precios, reproduciendo el mismo esquema en un escalón más alto.
  • Aunque el comercio internacional se cursa por el Mercado Único y Libre de Cambios (sic), muchos precios al consumidor tienden a ajustarse por alguno de los varios paralelos, el CCL, el MEP o el PLD (Por las dudas).
  • El avance de la inflación refuerza el clima de vísperas devaluatorias, la idea sin anclaje en datos duros, de que esto así no aguanta mucho más. Las medidas anunciadas a cuentagotas por el gobierno y no siempre implementadas, no pasan de tímidos intentos, de resultado incierto.
  • El aumento tarifario también incrementará costos de producción y por lo tanto precios al consumidor.
  • Esto a su vez provoca movilizaciones de protesta, originadas en necesidades reales de quienes no logran sacar la cabeza de abajo del agua, pero también en la lógica de las organizaciones sociales que temen la reducción de los subsidios y la auditoría estatal de su ejecutoria.

 

 

 

La cuenta del gas

La reducción de los subsidios exigida por el Fondo Monetario Internacional es, en verdad, un reclamo de aumento de tarifas en beneficio de las empresas prestadoras. Tiene como contraparte la necesidad de divisas para importar el gas de uso industrial, consumo domiciliario o producción de electricidad.

  • En 2021 ascendió a 3.253 millones de dólares.
  • Con el incremento de los precios, a enero de 2022, la cuenta anual más que se duplicaría, hasta los 6.747 millones de dólares.
  • En marzo, una vez iniciada la guerra en Eurasia la proyección anual llegaba a la suma exorbitante de 15.128 millones de dólares.
  • Debido a la caída posterior del precio, en el escenario actual se prevé una factura por importación de energía de 8.707 millones de dólares en todo el año. El gobierno no los tiene, lo cual lo pondría ante opciones tremendas: reducir el abastecimiento domiciliario o el suministro a las industrias.

 

La nueva situación derivada de la guerra entre dos de los grandes productores ha ocasionado cambios políticos, económicos y sociales en otras latitudes, pero aún no aquí. Emmanuel Macron cumplió su promesa de renacionalizar Électricité de France y anunció reducción nocturna del alumbrado público. Alemania, que discontinuó su sector nuclear, prevé una caída de la producción por falta de energía, y el FMI redujo su pronóstico de crecimiento para la economía del país, de 2,1% a 1,2% este año, y de 2,7% a 0,8% el próximo, mientras la Comisión Europea propuso una reducción voluntaria de 15% en el consumo de gas, desde el 1° de agosto hasta el 31 de marzo, es decir lo que resta del verano, todo el otoño y el invierno. En la Argentina, en cambio, el gobierno señala que a partir de septiembre disminuirá la necesidad de importaciones de gas, por el aumento de la temperatura e insiste en que la economía sigue creciendo a velocidad de crucero, cosa que Alberto explicó ante gobernadores en primera persona del singular. «Le puse el pecho a una deuda de 100.000 millones de dólares; a ninguno de los problemas escapé; superé esa deuda, tuve que discutir con el Fondo Monetario Internacional y superé los problemas que el Fondo Monetario Internacional  me generó. Todo eso lo tuve que hacer en medio de una pandemia», dijo.

 

 

 

Subsidios y planes

Los subsidios a la energía están ligados en forma inextricable a los planes sociales. Así lo reveló en junio de 2003 quien entonces se encargaba de la Argentina en el Fondo Monetario Internacional, el economista indio Anoop Singh. Durante una reunión del entonces director gerente del FMI, Horst Köhler, con diez representantes de la sociedad civil, entre quienes estaba el autor de esta nota, Singh reveló que la implementación del Plan Jefes y Jefas de Hogares, con crédito de organismos internacionales, había sido una sugerencia suya al senador Eduardo Duhalde, quien durante unos meses estuvo en forma provisoria a cargo del Poder Ejecutivo. Singh asoció en forma explícita ese plan con las tarifas de la energía.

Dijo que “se trata de un sector crucial para el crecimiento, no podemos congelarlo y tratar a las empresas como el chico que se portó mal y lo dejamos encerrado en una pieza. Los pobres están protegidos por el plan Jefes y Jefas, con un ingreso que les permite pagar los servicios y no frenar el desenvolvimiento de las empresas. Yo personalmente le propuse ese programa al matrimonio Duhalde. Había espacio para aumentar las tarifas y al mismo tiempo proteger a los pobres. Queremos pensar en el futuro, en un marco regulatorio que dé seguridad a las empresas y les permita reestructurar sus deudas (…) Quiero que miren al futuro. Se puede proteger a los pobres y al mismo tiempo permitir que las empresas inviertan. No hay que politizar este tema”.

 

Peter Sellers y Tachuela: esta comedia ya la vimos.

 

Köhler agregó que uno de los prestadores del servicio de gas les dijo que “no pueden invertir para dar más energía. Si la economía crece los servicios van a colapsar porque no están invirtiendo. Si permitimos que una empresa no tenga ingresos, cortamos su propia expansión. Si las tarifas se congelan las empresas no invierten y estaríamos subsidiando a los ricos”. En la misma nota, el ministro de Economía Roberto Lavagna anunció que la Argentina no pediría fondos frescos al Fondo Monetario. “Sólo queremos reestructurar los vencimientos”. Reestructurar, no refinanciar, como haría dos décadas después Mr.MaGoo. El jefe de gabinete era Alberto Fernández.

Esta transcripción sirve para evaluar cuánto ha cambiado realmente el FMI, desde Köhler hasta Kristalina Georgieva.

 

Néstor Kirchner y el entonces director del FMI, Horst Köhler.

 

 

 

 

 

Cómo frenar la corrida

A tres semanas de asumir como Ministra de Economía, la gestión de Silvina Batakis parece prematuramente desgastada. Debutar en la pantalla del Grupo Clarín, donde le arrancaron compromisos inconvenientes, fue un error. Lo mismo vale para la formulación de anuncios aislados, de medidas que tardan en implementarse, al modo de apurados parches discursivos, de efectividad improbable para frenar la corrida. “Lo fundamental es que te crean que no vas a devaluar”, dice un ex ministro curtido en esas lides. El dólar turista y las versiones sobre una rebaja temporal de las retenciones, para propiciar la liquidación de los 14.000 a 20.000 millones de dólares pendientes van en el sentido exactamente contrario. Son las primicias de una devaluación.

La paradoja es que el grano almacenado en silobolsas se desvalorizó, por la caída de su precio internacional, pero esto refuerza la presión devaluatoria, que compensaría esa merma. Lo que podría modificar el cuadro es que esto que ya ocurrió con la soja se extendiera al trigo, cosa posible a partir del acuerdo negociado por las Naciones Unidas y Turquía entre Rusia y Ucrania, para que Putin permita la salida por el Mar Negro de los 22 millones de toneladas de trigo y otros granos ucranianos. Larry Fink, el todopoderoso CEO de BlackRock, alertó que era más peligrosa la falta de trigo que la de petróleo. El acuerdo es una buena noticia para el gobierno, porque presionará a la baja el precio de los cereales. Un economista que simpatiza con la Jefa Material de la Nación (es su chascarrillo) opina que “si aguantamos un poco, los simpáticos y queribles chacareros argentinos van a hacer fila para vender”.

 

 

Del dicho al hecho

Los trascendidos sobre el encuentro con intendentes en Pila, donde el Presidente fue acompañado por la infaltable sonriente aspirante a la utopía vicepresidencial Victoria Tolosa Paz, indican que Alberto Fernández se quejó de quienes “voltearon” a Mr. MaGoo y ahora apoyan a Batakis, «que plantea prácticamente lo mismo» (lo cual parece una conclusión apresurada). También dijo que él no se proponía liderar el FdT porque eso implicaría romper con Cristina, a lo que no está dispuesto. Esta nueva vuelta de rosca sobre un tema que lo obsesiona, sugiere que no termina de comprender la diferencia entre el liderazgo, que no es un atributo que se transmita como el bastón y la banda, y ejecutar una política. El fuerte tono de su mensaje del viernes ante los científicos en el Museo del Bicentenario, donde alzó la voz para decir que “no me van a torcer el brazo», sugiere que conserva una alta valoración por el efecto de la palabra, en especial la propia.

El 11 de julio, en su primera conferencia de prensa, Batakis dijo que se modificaría la ley de Administración Financiera para establecer un sistema de «cuenta única» que le permitiría al Estado nacional un ahorro anual de 600.000 millones de pesos. Diez días después, El Cohete consultó a la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia si ya estaba listo el proyecto. La respuesta fue que el expediente nunca había llegado al despacho de Vilma Ibarra y que la consulta debía formularse a Economía. Un pedido de contacto aún aguarda contestación de Batakis.

El problema principal no es ella, sino el contexto. Forzado por la renuncia de Mr. MaGoo (entre paréntesis, esos son los primeros fonemas de su nombre y apellido), el Presidente se limitó al reemplazo del desertor. Un reclamo que sale de la Casa Rosada y se repite en cada nota de la trifecta mediática, es que la Vicepresidenta manifieste un apoyo explícito a Batakis, porque con su silencio no basta. Este menosprecio de la contribución de Cristina a una mayor tranquilidad es otra forma de no asumir la responsabilidad por las decisiones que el Poder Ejecutivo adoptó, sin atender a las sugerencias de CFK. Ella, pero no sólo ella, prefería una reestructuración más amplia del gabinete para darle mayor envergadura política. La concepción del Presidente sobre la autoridad no lo permitió, del mismo modo que esmeriló las aristas más filosas del actual jefe de gabinete Juan Manzur, cuya hiperactividad temprana no tardó en empantanarse.

Sergio Tomás Massa aspiraba a reemplazarlo y a concentrar bajo su mando todo el equipo económico, sin excluir Banco Central y AFIP. Pero Alberto prefirió entregarle el Ministerio de Producción a Daniel Scioli, lo cual para Massa implica no sólo un problema político, sino también doméstico.  Cristina tampoco se entusiasmó con la excesiva concentración de poder en torno del hombre que en la campaña electoral de 2015 prometió que la metería presa.

No obstante, la incorporación al gabinete del presidente de la Cámara de Diputados sigue siendo una posibilidad abierta, pero no en reemplazo de Manzur, sino como superministro de Economía. Esto incluiría la fusión de ese Ministerio con los de Producción, Transporte y Turismo, lo cual de paso daría una señal desburocratizadora. Desde allí su tarea principal sería renegociar el acuerdo con el FMI, cosa que nadie más de este gobierno podría cumplir. “Porque él es de ellos”, según sentencia alguien que aún impulsa esa alternativa.

 

Pronóstico reservado. por Azul Blaseotto.

 

 

La movida incluiría el redimensionamiento de Batakis a Secretaria de Hacienda, la promoción de Jorge Capitanich a la jefatura de gabinete, el regreso de Manzur a Tucumán y el de Scioli a la embajada en Brasil. Basta enumerar las piezas que deberían cambiar de sitio para recordar que posible no es sinónimo de probable.

 

 

 

Alberto y Cristina en el país de las fake news

La trifecta mediática instaló que ante la escalada de la crisis el gobierno proponía una tregua o un acuerdo con la oposición. Sin perder un minuto, la coalición Cambiante dijo que no habría ningún acuerdo con el gobierno y que para dialogar está el Congreso, donde se han juramentado en no aprobar ningún proyecto oficial. Esto se pondrá a prueba en una o dos semanas, cuando Juliana Di Tullio termine de elaborar el proyecto de ley de Eliminación de la Indigencia, para el cual está sosteniendo una serie de reuniones en el Senado. En forma persistente, la tergiversación mediática identifica esta iniciativa con la propuesta del ex presidente de la FUA, el economista argentino-israelí Itai Hagman, del pequeño frente Patria Grande, respaldado por el docente universitario y precandidato presidencial Juan Grabois, de salario básico universal. No solo no tienen nada que ver, sino que son antagónicas.

Grabois buscó reunirse con la Vicepresidenta, que lo derivó a Di Tullio. “No se trata de un plan sino del diseño de una política”, explica Di Tullio, quien también se reunió con el ministro de Desarrollo Social, Juan Horacio Zabaleta, quien acordó con las universidades nacionales la auditoría de los planes Potenciar Trabajo. Los que no estén encuadrados en cooperativas serían dados de baja. La indigencia alcanza en la actualidad a 1,8 millones de pibes y pibas y a 2,8 millones de adultos y adultas, con fuerte incidencia del grupo etario de 18 a 23 años. Esto incluye a una cantidad aún no cuantificada de recipientes de la Asignación Universal por Hijo, que de todos modos son indigentes y necesitan un refuerzo de ingreso para salir de esa situación. Buena parte de ellos están en hogares monomaternales. Una novedad en la que está trabajando Di Tullio es que la coordinación de esta política estará a cargo de la ANSES. “No hay que reproducir pobreza, como ocurría con los planes noventosos” (del tipo del Jefes y Jefas diseñado por el FMI). La idea es que esta política tenga inicio y fin, que incluya prestaciones supervisadas por el Estado que tiendan a la inserción laboral y estudiantil de aquellos comprendidos, lo que requerirá convenios con colegios, universidades y fábricas. En cuanto al costo, el millón trescientos mil planes Potenciar Trabajo insumen el 0,4% del PIB, y los 4,5 millones de AUH, 0,35%, sumas manejables que retornan al Estado por medio del consumo.

El mayor barullo se armó en torno de una frase de Axel Kicillof en una reunión con intendentes de la oposición. Fue presentada en diarios, portales y señales de noticias como un pedido de ayuda a la oposición ante las dificultades que enfrenta el gobierno. El gobernador difundió el tramo así distorsionado, en el que pidió humildad a quienes «sin pandemia ni guerra rompieron todo, (…) respeto a un pueblo que sufrió sus políticas, conciencia y responsabilidad cuando se ponen a hablar desde la tele, y coherencia cuando vienen a decir que van a hacer exactamente lo contrario de lo que hicieron cuando tuvieron la oportunidad».

 

 

Esa fue la única ayuda que les reclamó.

 

 

 

 

 

 

La música que escuché mientras escribía.

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