Aquel humor rebelde

A 33 años de un programa que cambió la televisión y la democracia

 

En el verano de 1986 se inició un programa de humor que permanece en la memoria colectiva a pesar de haber estado al aire no más de tres temporadas televisivas. El martes pasado, en la Biblioteca Nacional, se presentó el libro La noticia rebelde, una biografía, investigado y escrito por el periodista Diego Igal. En su curriculum consta que ejerce el oficio desde 1992, que trabajó en muchos medios, que fue docente de sus especialidades, investigador de libros y ghostwriter además de haber publicado en 2013 otra historia sobre la revista Humor. Hace 33 años, cuando el radicalismo con Raúl Alfonsín en la Presidencia, iniciaba su tercer año de gobierno, Igal era un adolescente, algo menos que quinceañero.

En los medios –radios y canales, la mayoría administrados por el Estado— se asistía al fenómeno de la recuperación de la democracia, del que casi ninguna empresa o comunicador emergió haciendo autocrítica. La censura, y especialmente la autocensura, primaba por sobre los márgenes posibles de libertad de expresión. Todavía cercanos al clima tipo ‘paz de los cementerios’ impuesto por la dictadura, era frecuente escuchar frases como esta: “Ojo, no forcemos porque todavía la democracia es demasiado joven, no sea que por hacer un chiste inoportuno fracase y la perdamos de vuelta”. Así se curaban en salud muchos radicales. Aún en el poder les temían a las consecuencias de un destape mediático descontrolado.

En esas circunstancias, apoyada en antecedentes valiosos como las revistas Satiricón, Chaupinela, El ratón de Occidente, Perdón y Humor; los programas de televisión Semanario Insólito y Misteriodismo, los espacios radiales Claves para levantarse de la cama y En ayunas y el grupo grafitero Los Vergara, nace en la entonces Argentina Televisora Color (ATC) La noticia rebelde. En principio iba a ocupar el espacio que por vacaciones dejaba libre el exitoso ciclo Mesa de noticias, pero una respuesta de audiencia cada vez mejor, coincidente con el afianzamiento del despertar democrático, decidieron su continuidad. Se podría decir que habían ingresado a la grilla por la ventana, pero este muy buen trabajo periodístico lo invita ahora a atravesar la puerta grande de los medios. “Pocos programas de televisión argentina justifican un libro, y este es uno de ellos”, dijo el autor.

La edición no solo representa un acto de justicia para un ciclo que desde su minuto inicial hizo del humor una herramienta transgresora e inteligente, sino también significa un rescate indispensable porque el formato libro viene a suplir la dramática carencia de material audiovisual. Cuenta Igal que en la TV pública se localizan no más de dos programas completos y fragmentos de varios. En YouTube también están subidos un par. Y muy poco más.

 

 

Los rebeldes

Sobre el quinteto de protagonistas principales, que de lunes a viernes llevaban adelante esta parodia de los informativos de televisión y se anticipaban a su tiempo detectando con gracia el lado B de los clichés periodísticos, es muy abarcadora esta reflexión de Jorge Guinzburg: “(Carlos) Abrevaya representó lo más puro de la recuperación de la democracia; (Adolfo) Castelo era el peronista romántico; (Nico) Repetto era el descreído, casi un nihilista; (Raúl) Becerra era liberal en lo político y desarrollista en lo económico y yo era el independiente, un anárquico”. Programa huérfano de archivos, pero que resiste la prueba de cualquier archivo, sus realizadores (productores, libretistas, conductores) configuraban una realidad particular desde el humor y le buscaban una vuelta provocadora, inesperada, distinta.

En el muestrario de travesuras afortunadamente conservado, Castelo hace Pasando revista. Cuando la nota o cobertura de algún semanario de actualidad le parecía imbancable la sancionaba arrojándole un huevazo. Y a otra cosa mariposa. Teresa Ferrari salía a la calle a tirar de la lengua a cualquier transeúnte desprevenido, a partir de algo presuntamente serio: ¿Qué opina de las recientes medidas del ministro de Economía? En medio del diálogo se aparecía el supuesto marido, interpretado por Daniel Aráoz, para reprocharle una diferencia doméstica nimia: «¿Por qué hoy te fuiste tan temprano?», o “¿Qué pasó que no había yogurt en la heladera?”

Por su bajo rating del principio el programa estuvo a punto de ser desahuciado, pero según narra la historia, el interés público empezó a cambiar, especialmente a partir de las entrevistas que compartían Guinzburg y Abrevaya. En tiempos como los que corren, las preguntas que hacían pueden parecer muy cándidas, pero para esa época las cuestiones que estos muchachos ponían sobre la mesa no eran para nada comunes. Bajo el concepto “La pregunta para romper el cubito”, le preguntaron al modisto Paco Jamandreu si era homosexual y este contestó que sí. Luego de revelar que en su juventud había sido torero, el cantaor Pedrito Rico tuvo que responder si en la lidia algún toro lo había cogido. Fue sí, también su contestación: «¿Querés que te muestre la cicatriz?”, agregó, desafiante. Quien esto escribe recuerda otro sketch al que seguí con devoción: Los congresales. Junto con las urnas, felizmente reaparecidas, los políticos partidarios emergían del freezer electoral. La escenografía replicaba las bancas del Congreso y como obedientes profesionales de la interpretación, conocidos políticos hacían de sí mismos, pero sobre un libreto armado por Peni y Palomares. Casi nadie se negó a ocupar esos escaños burlones: radicales, peronistas, ucedeístas rodeaban a los dueños de casa, integrantes del Bloque Rebelde. Rememora Becerra: “Una vez Marcelo Stubrin jugó a las figuritas con José Luis Manzano. Las figuritas eran carpetas con proyectos. En otra ocasión, antes de una grabación, se me acercó Stubrin para decirme que en el libreto Manzano tenía más letra que él. Increíble. Para dejarlo tranquilo le dije: ‘Acordate que, cuando hicimos lo de las figuritas, el que tenía más letra eras vos’”.

Gags logradísimos como este preocupaban a cuadros importantes del gobierno, gente con indudable poder pero escaso roce humorístico. Varios de los rebeldes reconocen al cineasta Mario Sábato, por entonces alto directivo del canal, como uno de los pocos funcionarios que los instó a multiplicar la audacia y a tirarse a la pileta de la libertad más seguido y sin necesidad de salvavidas.

 

 

La presentación

En la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional se vuelven a ver casi todos, después de muchos años, con quien fuera el productor del programa, Raúl Naya. Está en la sala, pero no sube al escenario, María Laura Vallejos, que en el programa era quien, en bikini, alcanzaba las revistas que Castelo impugnaría inmediatamente. Seguramente en este tiempo de reivindicaciones feministas y deconstrucciones masculinas esas imágenes deberían evitarse. En la sala varios anónimos, fanáticos del programa, volvieron a vivir con los relatos de quienes acompañaron a Igal y reconocieron a un muy emocionado Becerra.

Teresita Ferrari apunta: «La Noticia Rebelde fue el primer ensayo de cambiar el punto de vista a cualquier noticia. Eso me enseñó a ver de un modo nuevo y distinto mis propias ideas. Todavía valoro esa enseñanza». Daniel Aráoz estaba recién llegado de Córdoba y por una recomendación se vinculó con Becerra para proponerle la idea de un personaje surrealista: un esquivador profesional de personas por la calle Florida. Con un casco y a mucha velocidad, superó la prueba y lo contrataron. Fue el comienzo de una carrera en la que permanece vigente. Daniel Dátola explica: “Aquél fue un programa hecho a pulmón, analógico total, a años luz de las facilidades tecnológicas de ahora”. Concluye Becerra: “Lo que tuvo de distinto es que lo hicimos sin especulaciones, sin pensar en la guita ni en el rating y especialmente sin medir las consecuencias de las cosas más jugadas que hicimos”. En distintas etapas del programa también tuvieron un lugar Juana Molina, Adrián Stoppelman, Lalo Mir, Gachi Ferrari, Los Vergara, Carlos Barulich, Ángeles Fernández Espadero, Fernando Salas. Igal invitó a Sebastián Abrevaya, hijo de Carlos, periodista, especializado en política nacional, ahora en El Destape Web, a leer un editorial de su padre (fallecido en 1994) sobre los medios de comunicación que parecía escrito mañana. “Si los medios de difusión de la Argentina no trabajan mayoritariamente en favor del proyecto de la mayoría de los argentinos, nuestro futuro será como nuestro pasado, una interminable y sangrienta pelea por espacios de poder, una constante lucha por dominar a los otros, por vencer a los enemigos de la corporación de enfrente”, decía en un tramo. El encuentro tuvo su encanto, aunque más de uno lamentó la ausencia física de productores como Hugo Molfesa, Alfredo Pocino y Gabriela Buscató y de conductores como Carlos Abrevaya, Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo y Fernando Salas. Al inicio y al final Daira Robin (voz) y Pablo Delan (guitarra) interpretaron el tema tirolés de la película La novicia rebelde, cuyo título parodió el programa y que fue, mientras estuvo en el aire, la cortina musical de La Noticia Rebelde.

 

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Andrea Fusero, Loli Fernandez Espadero, Castelo, Guinzburg, Abrevaya, Becerra y Gachi Ferrari

 

 

 

* La Noticia Rebelde. Una biografía, de Diego Igal, Grupo Editorial Sur.

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

3 Comentarios
  1. Luis B. dice

    Tenía 11 años cuando veía La noticia rebelde. En mi memoria emotiva, recuerdo cada momento del programa con mucha alegría.

  2. Maria dice

    No creo que hubo ni habrá otro programa como ese!!!!
    Hasta siempre muchachos!!!!
    Cuánto hace que no deseamos y esperamos sentarnos frente a un televisor para ver y escuchar cosas inteligentes!!!!!

  3. marcelo daniel cosin dice

    No me acuerdo en que día de ese enero de 1986, yo estaba a cargo del canal ATC. El presidente Meyer Goodbar y la mayoría de los funcionarios políticos estaban de vacaciones. Yo era el director a cargo. Alberto Iaccarino era el gerente comercial. Esa mañana me avisó que un amigo quería verme. Era Jorge Guinsburg. Tenía debajo del brazo una carpeta amarilla y adentro de esa carpeta un proyecto de programa: La Noticia Rebelde.
    Lo llamé a Mario Sábato, el director de programación y él le preguntó a Jorge si Castello y Becerra no eran «fachos». Guinzburg sonrío en su estilo clásico y argumentó: «Si estamos Abrevaya y yo no puede haber fachos en el programa»…y después de la pausa agregó: «y si lo fueron, ya no lo serán más». El programa salió al aire en vivo y casi sin ensayo. eso fue lo bueno.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.