Ayer esclavitud, hoy racismo

No es cosa del pasado, sus efectos siguen presentes

 

El reciente Mundial de Fútbol no hizo más que poner en evidencia en la gran vidriera internacional el peso cotidiano que tienen el racismo y la discriminación.

Lo que pasó en muchos estadios circuló en las redes y animó debates que develaron un mal social que, lejos de extinguirse, se refuerza. Y en algunos casos, estrechamente integrado a políticas negacionistas de los mismos Estados.

No sorprende, entonces, que el 31 de agosto el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial recordara, una vez más, que “la esclavitud no es solo cosa del pasado [y que] sus efectos siguen presentes en forma de desigualdad sistémica y racismo”. Este Comité de 18 miembros examina los informes que los países miembros presentan periódicamente sobre las medidas que han adoptado para combatir el racismo y la segregación. 

Los daños vinculados con la trata y la esclavitud de pueblos africanos durante siglos, subrayó el Comité, persisten en forma de “discriminación racial sistémica y desigualdades estructurales”. Y “la violencia racializada, los estereotipos y las barreras estructurales alimentan las desigualdades en esferas como la educación, la salud y la movilidad económica, entre otras”. Se trata de una nefasta herencia de la esclavitud, reforzada en el presente por “políticas que perpetúan el racismo contra las personas negras”. De allí la necesidad imperiosa de “aplicar una justicia reparadora integral que combine indemnizaciones, restitución, rehabilitación y reformas estructurales”. Y de recordar y advertir que el paso del tiempo no puede servir de pretexto para que los Estados se nieguen a reconocer estas injusticias históricas y adoptar “medidas adecuadas de justicia reparadora y rendición de cuentas por estos crímenes”.

 

Grilletes que se utilizaban para encadenar a los esclavos. Foto archivo Mark Garten, ONU.

 

 

 

El racismo en el deporte y la contra mirada

Para el reciente Campeonato Mundial, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) estableció un servicio dedicado al seguimiento y el control de los contenidos que pudieran circular en las redes sociales. Su análisis de 6 millones de publicaciones y comentarios en la fase de grupos le permitió detectar 89.000 ofensas, 11% de las cuales fue de corte netamente racista. Porcentaje que representa no solo un incremento del 3% con respecto a la misma fase del Mundial de Catar en 2022, sino también un aumento notable de contenidos mucho más ofensivos que los de cuatro años antes. 

Durante el último Mundial no faltaron las polémicas mediáticas y sociales a raíz de expresiones descalificativas por personalidades políticas, como las de la senadora paraguaya Celeste Amarilla contra el jugador francés Kylian Mbappé. Por su parte, Mariano Rajoy, ex Presidente del gobierno español y antiguo dirigente del Partido Popular, profirió comentarios sobre la selección francesa que buena parte de la prensa internacional consideró xenófobos y degradantes y ante los cuales las autoridades galas reaccionaron en forma oficial.

En algunos estadios no faltaron cánticos racistas, como ocurrió en varias ocasiones con la hinchada de la selección argentina, una de las más numerosas y eufóricas a lo largo del campeonato. Por sus eslóganes discriminatorios, la Comisión de Disciplina de la FIFA castigó con particular rigor a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Además del componente financiero de la sanción, los dos próximos partidos que la selección argentina juegue como local deberá hacerlo solamente con la mitad del estadio habilitado. Adicionalmente, una parte del monto impuesto por la sanción deberá destinarse a promover un plan de lucha contra la discriminación en los estadios argentinos.

El problema no se limita al Mundial. Las agresiones retóricas racistas contra los jugadores, al igual que los cánticos y las consignas discriminatorias, son frecuentes, por no decir generalizadas, en las competiciones futbolísticas en muchas partes del mundo, especialmente en Europa y América Latina. Por esta razón, desde hace unos cuantos años numerosas asociaciones nacionales y continentales han estado promoviendo campañas contra el racismo en el deporte. En Europa, por ejemplo, Fútbol contra el Racismo (FARE), plataforma que reúne a individuos, asociaciones y organizaciones no gubernamentales que promueven iniciativas contra este flagelo.

 

Camiseta especial de Young Boys de Berna, Suiza, con la inscripción Unidos contra el Racismo.

 

Un buen número de clubes han puesto en marcha iniciativas en esa misma dirección. Entre otros el Celtic, en Escocia, cuya “Green Brigade” propaga sus contenidos antifascistas y contra la exclusión, y el Barcelona, en España, en colaboración con la “Fundación contra el Racismo” y la iniciativa “La Liga VS Racismo”. El club St. Pauli, en Alemania, una de las instituciones más progresistas en el ambiente deportivo a nivel continental, en sus estatutos oficiales sostiene valores antirracistas, antihomofóbicos, antifascistas y feministas. Así mismo, todos los años desde 1996 al presente, el club Young Boys, de la ciudad de Berna, la capital suiza, activa la campaña “Unidos contra el Racismo”. Asociada con organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, este programa ha confrontado todo tipo de expresión discriminatoria en el deporte. Prácticamente en cada partido de local en su Estadio Wankdorf, Young Boys proyecta mensajes que apuntan a fomentar una conciencia colectiva antirracista y de respeto a las diversidades.

 

 

Estados temerosos, ejemplos ilustrativos

La relación entre el esclavismo histórico y el racismo actual, como acaba de afirmar el Comité de expertos de las Naciones Unidas hace unos pocos días, es tan estrecha como desencadenante, dos expresiones de una misma violencia segregacionista y de dominación. Sin embargo, muchos Estados no parecen reconocer esta lectura y por lo tanto se niegan a pronunciarse contra la brutalidad del sistema esclavista.

En una decisión histórica hace menos de seis meses, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como “el crimen de lesa humanidad más grave” de la historia. Promovida por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, la resolución reconoce que dicho sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en el mundo. Aunque aprobada con una cómoda mayoría de 123 votos a favor, 52 países del bloque occidental (prácticamente todos los europeos y Japón) se abstuvieron. Estados Unidos, Argentina e Israel fueron los únicos que se opusieron.

 

Votación histórica sobre la esclavitud del 25 de marzo de 2026 en la Asamblea de la ONU. Los verdes, votos a favor, amarillas las abstenciones y en rojo los 3 votos en contra.

 

 

La trata y la esclavitud racionalizadas de personas africanas, alega la resolución, representan “la injusticia más inhumana” contra la humanidad debido a “su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y consecuencias perdurables que siguen estructurando la vida de todas las personas a través de regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital”. La instauración de este sistema, alega la resolución, no tiene precedentes históricos: es el “el primer régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua”, lo cual convirtió “la reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital” e institucionalizó “la jerarquía racial como principio rector del orden político y económico internacional”.

 

 

Racismo enraizado

En Suiza, en 2025 se registraron 1245 casos de discriminación racial, lo que representa un aumento del 3% con respecto al año precedente. Según un estudio elaborado por la Comisión Federal contra el Racismo publicado en abril de este año las personas negras siguen siendo las más afectadas, mientras que el incremento más pronunciado se observó en el racismo antimusulmán. Sostiene el documento helvético que tras el fuerte aumento de casi el 40% registrado en 2024, las cifras se han "estabilizado en un nivel alto. Los motivos de discriminación más frecuentes siguen siendo el racismo contra las personas negras (33 %) y la xenofobia (30 %). También un aumento significativo en los casos de racismo antimusulmán (23 % en 2025 en comparación con el 17 % en 2024). Le siguen el racismo antiárabe (9 %), el racismo contra las personas de origen asiático (8 %) y el antisemitismo (5 %).

En Alemania, un detallado estudio los últimos cuatro años (2022-2025) constató que la discriminación en ese país es masiva. Fenómeno que se expresa en la cotidianeidad, por ejemplo, en la búsqueda de vivienda, el trabajo e incluso el supermercado. ¿Por qué creen las víctimas de estas diferentes formas de prejuicio que son discriminadas?, pregunta la encuesta alemana. El grupo más numeroso de encuestados, aproximadamente un 42%, se siente discriminado por su origen, el color de su piel y los prejuicios raciales. Otro 24%, en su mayoría mujeres, atribuye su discriminación a su identidad de género. La edad, la orientación religiosa y condiciones adversas de salud también son motivos de discriminación.

 

Juntos contra el racismo, una consigna ya histórica del club de fútbol Young Boys de Berna, Suiza.

 

En España, estadísticas oficiales informan que solo en el mes de junio se detectaron más de 40.000 contenidos de odio en las redes sociales y que el lenguaje agresivo explícito se constató en el 89% de los mensajes monitorizados. Según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, los mensajes que aluden a la inseguridad ciudadana, en muchos casos descontextualizados o falsos, aglutinan el 69% de los contenidos agraviantes detectados. Llamativamente, los contenidos agresivos en el ámbito deportivo comprenden el 16% del total.

En España, durante el reciente Mundial de Fútbol, se detectó una circulación significativa de mensajes racistas e islamófobos, con un volumen llamativo de contenidos hostiles y discriminatorios sobre origen e identidad, como ocurrió con el jugador de la selección española Lamine Yamal. Reiteradas agresiones verbales contra Yamal, casi siempre por parte de sus rivales deportivos directos en la misma España, se registran a partir de octubre de 2024. Es de imaginar que buena parte de los ataques a Yamal también tienen que ver con su decisión de enarbolar una bandera palestina el año pasado cuando su club ganó el campeonato español.

Por su parte, la Federación española SOS Racismo recoge en su reciente informe anual 528 denuncias verificadas de actos racistas y discriminatorios, en su mayoría dentro y desde el propio ámbito institucional, y casi siempre de la mano de la negación de acceso a distintos servicios públicos. Este dato resulta especialmente significativo en el marco de la nueva Estrategia de la Unión Europea contra el Racismo para los años 2026-2030, cuyo objetivo prioritario es “la lucha contra el racismo estructural”, es decir, las políticas institucionales y las concepciones culturales.

Esclavismo-racismo-discriminación: un explosivo componente antisocial del cual no puede desprenderse la sociedad planetaria en general y cuya defensa se convierte en política oficial de los Estados negacionistas. Estados que, por otra parte, subestiman sistemáticamente la esclavitud histórica y edulcoran la segregación contra todo lo que es diverso y diferente.

 

 

 

 

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