BANCO MALDITO

El lunes 7 de febrero el banco helvético Credit Suisse debió sentarse en el banquillo de los acusados


Solo tres semanas después de la dimisión obligada de su presidente, António Horta-Osório, por actitudes irresponsables, el banco helvético Credit Suisse debió sentarse en el banquillo de los acusados del Tribunal Penal Federal de Suiza, con sede en Bellinzona. 

Los escándalos sucesivos y a gran escala corroen la credibilidad del segundo banco helvético, el cual se autodefine como “líder mundial en la gestión de fortunas con sólidas capacidades de banca de inversión”.

Una investigación interna del banco que se filtró en medios de prensa en diciembre pasado indicaba que Horta-Osório había asistido en julio a la final del campeonato de tenis de Wimbledon en Londres sin haber cumplido las normas británicas de cuarentena impuestas por la situación pandémica.

Por otra parte, Horta-Osório se vio obligado a pedir disculpas por haber infringido las normas suizas de control del Covid-19. El Financial Times, que cubrió de cerca el caso, informó también que había utilizado el jet privado de la institución para hacer unas vacaciones personales en las Islas Maldivas.

 

 

 

 

Al comentar sobre su abrupta dimisión, swissinfo.ch subrayó en un artículo de enero que la misma significaba “un golpe para Credit Suisse”, institución que lo había contratado hacía menos de un año para reajustar su estrategia tras sus negociados escandalosos con la empresa británica de financiación de la cadena de suministros Greensill Capital y la sociedad de inversión Archegos, actualmente en quiebra. Esos hechos dañaron la reputación del banco en lo que hace a la gestión de riesgo y plantearon dudas sobre su liderazgo.

Según el sitio Web del Foro Económico Mundial de Davos (https://www.weforum.org/people/antonio-horta-osorio/), António Horta-Osório, banquero de origen portugués nombrado Sir por la corona británica, es también, en la actualidad, director no ejecutivo de la Fundação Champalimaud en Lisboa, de PartnerRe, miembro del Consejo de Administración de Exor (institución de inversiones de la Familia Agnelli) y directivo de Stichting/Enable INPAR en los Países Bajos. Se desempeña además como presidente del Patronato de la Wallace Collection de Londres y preside la empresa farmacéutica BIAL de Oporto, Portugal. Posee, entre otros títulos, los doctorados Honoris Causa de la Universidad de Edimburgo, de la Universidad de Bath, de la Universidad de Warwick y de la Universidad de Birmingham.

 

Sir António Horta-Osório, en Londres. (Y en problemas.)

 

 

La suma de los escándalos financieros del Credit Suisse provocó pérdidas multimillonarias y despidos. Para remediar la situación, Horta-Osório presentó una nueva estrategia moralizante con el objetivo de controlar mejor las inversiones y frenar una cultura interna anárquica. En ese momento el banco intentaba recuperarse de la salida intempestiva, en febrero de 2020, de Tidjane Thiam, su anterior consejero delegado (director general), debido a otro escándalo, en ese caso de espionaje.

Un año antes, en 2019, había dimitido el director de operaciones del grupo Credit Suisse, Pierre-Olivier Bouée, estrecho colaborador de Thiam, tras otro escándalo de espionaje, contra Iqbal Khan, ex ejecutivo del mismo banco. Este caso sacudió el mundo financiero helvético.

 

 

 

El juicio

El actual proceso en el principal tribunal suizo de la Confederación Helvética representa la conclusión de diversas investigaciones y procedimientos que durante los últimos quince años se realizaron en Bulgaria, Italia, Rumania, España y Portugal, entre otros países.

La acusación promovida por el Ministerio Público de la Confederación (MPC), que actúa como fiscalía federal, se centra en el Credit Suisse y específicamente en cuatro individuos. Los acusados habrían colaborado en diversas funciones con Evelin Banev, el jefe de una red que importaba decenas de toneladas de cocaína de América Latina a Europa. Gracias al apoyo del banco suizo y de los demás acusados, la organización criminal logró blanquear decenas de millones de francos suizos a partir del 2004.

 

 

Evelin Banev.

 

 

Banev fue detenido en septiembre del año pasado en Ucrania gracias a una orden internacional de búsqueda de Interpol, luego de mantenerse prófugo durante años. Además de su acusación en este proceso en Suiza, el ciudadano búlgaro había sido condenado en ausencia en Italia y en Rumania. De 56 años de edad, apodado «Brendo», a Evelin Banev, ex luchador conocido en su país, se lo considera el “rey búlgaro de la cocaína”.

A Banev ya se lo había condenado en Bulgaria a siete años y medio de prisión por participar en una red de blanqueo de dinero. En 2018, su pena fue finalmente reducida a seis años por el Tribunal Supremo de ese país. Su grupo criminal operaba en el Reino Unido, Estados Unidos, Suiza y Austria, según la acusación. En 2017, «Brendo» fue condenado a 20 años de prisión en Italia, por importar 40 toneladas de cocaína desde América Latina destinada a la ’Ndrangheta calabresa. En Rumania, su condena fue de 10 años y medio de cárcel. Sin embargo, nunca cumplió sus penas, ya que se fugó mientras esperaba la realización del juicio en Bulgaria.

 

 

 

Entramado delictivo

Credit Suisse está acusado de blanqueo de capitales agravado. La fiscalía presume que el banco no tomó todas las medidas organizativas necesarias para evitar el depósito de estos fondos de origen delictivo en cuentas abiertas por testaferros de confianza del clan Banev. Dos de los búlgaros acusados son agentes de Banev, responsables de la apertura de cuentas en Suiza y de la adquisición de bienes inmuebles. Se les acusa de blanqueo de capitales agravado y de participación en una organización delictiva.

En un comunicado que emitió la primera semana de febrero, Credit Suisse «rechaza sin reservas” todas las acusaciones formuladas en su contra en esta causa. Y anticipa que se defenderá «con determinación» ante los tribunales. El banco también está convencido de la inocencia de su antiguo asesor de clientes que figura entre los acusados por gestionar las cuentas del clan.

Según la fiscalía helvética, Evelin Banev y el banco ocultaron el origen delictivo de los fondos. Además, no informaron nada sobre dichos fondos a la Oficina de Información sobre el Blanqueo de Capitales y, adicionalmente, habrían obstaculizado la identificación, el descubrimiento y la confiscación del dinero.

 

 

Sede del Credit Suisse.

 

 

 

 

La sociedad civil exige transparencia

Este 7 de febrero se abrió un “juicio histórico en Bellinzona” ante el Tribunal Penal Federal, destaca un comunicado de Public Eye (Mirada Pública), Organización No Gubernamental (ONG) suiza que sigue de cerca el proceso jurídico.

Afirma que Credit Suisse está acusado de blanquear 55 millones de francos suizos (unos 60 millones de dólares) y sostiene que el juicio “revela las deficiencias de un sistema que aún no es eficaz en la lucha contra el blanqueo de capitales. Esta ONG concluye que dicho proceso “demuestra la necesidad de reforzar el sistema y endurecer las sanciones”.

Para la Fiscalía Federal, lo que fracasó en este caso fue el sistema de lucha contra el blanqueo de capitales de Credit Suisse: «Los fallos en el esclarecimiento de las transacciones de alto riesgo fueron generalizados entre los asesores de Credit Suisse», afirma el acta de acusación.

Desde que se produjeron esos hechos, la Autoridad Suiza Supervisora del Mercado Financiero​ (FINMA),​ que es el organismo gubernamental responsable de la regulación financiera, sancionó al menos tres veces al Credit Suisse por violar sus obligaciones en virtud de la Ley contra el Blanqueo de Capitales.

Public Eye sostiene que la presión política va en aumento por la falta de eficacia y severidad de la FINMA. La diputada socialista Prisca Birrer-Heimo presentó en diciembre pasado una iniciativa parlamentaria por la cual solicita al Consejo Federal (ejecutivo colegiado) que estudie cómo dotar a la FINMA de «herramientas sólidas para perseguir eficazmente los delitos».

Public Eye concluye que el proceso contra Credit Suisse, cuyo veredicto se espera hacia el 10 de marzo, “será también el juicio de una Suiza que mantiene su centro financiero como refugio de la delincuencia económica”. Entre otros bancos investigados penalmente en este país por diversos hechos delictivos se encuentran el PKB PrivatBank, Banque Cramer & Cia y J. Safra Sarasin (ligado al escándalo de Petrobras), Lombard Odier (en relación a los fondos de Gulnara Karimova, la hija mayor de Islam Karinov, ex presidente de Uzbekistán).

Se anticipa que la Fiscalía Federal impondrá a Credit Suisse una indemnización de aproximadamente 42,5 millones de francos suizos (uno 47 millones de dólares). La multa no superará los 5 millones de francos suizos, cantidad máxima prevista por la ley. Una bicoca para el segundo banco helvético, que en 2020 obtuvo un beneficio neto de 2.700 millones de francos (unos 3.000 millones de dólares). Incluso si las previsiones para 2021 no son tan positivas y algunos analistas anticipan pérdidas considerables que podrían llegar a los 2.000 millones de francos suizos para 2021.

¿Cómo Credit Suisse ha llegado a convertirse en el banco maldito de Europa? Así titulaba El Economista de España un artículo de noviembre pasado. Dicho artículo precisaba que “espionaje, sobornos, productos tóxicos… forman parte de la lista de pecados. Redactada antes de la dimisión de Sir Horta-Osório, esta nota sostuvo que el banquero portugués “intenta cambiar la cultura interna [de dicha institución] con más rendición de cuentas”.

Todas las previsiones de rectificación fracasaron. Credit Suisse sigue en la cima de las instituciones bancarias europeas más cuestionadas. Un banco maldito que sigue beneficiándose de lagunas institucionales del país que le da su nombre. Corrupción y lavado en medio de un engranaje institucional deficiente fuertemente criticado por la prensa y buena parte de la sociedad civil helvética.

 

 

 

 

 

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