EL MANIFESTO DE TEÓFILO

A 100 años: La Forestal, Teófilo y la desobediencia

 

Hemos ganado terreno, sin duda: la masacre de obreros cometida por la empresa británica La Forestal en 1921 en el norte de Santa Fe está oportunamente documentada. Además, comprendemos mucho mejor los motivos que configuraron la masacre: la lucha obrera que había arrancado innumerables mejoras de vida y trabajo a la empresa; la osadía de los de abajo de desafiar el orden despótico del capital; enmarcado en un proceso histórico que superponía la irrupción de la primera república democrática con el yrigoyenismo, la larga crisis económica de 1913-1917, la intensificación de los conflictos laborales y políticos, el fin de la Primera Guerra mundial y los ecos de la Revolución Rusa.

Si ya no hay lugar para negar, olvidar, relativizar o justificar la masacre, ¿podemos pensar qué hacemos acá ahora? El próximo 29 de enero se cumplirá un siglo de la revuelta obrera del Chaco santafesino. “Los obreros de La Forestal inician un movimiento armado”, titularon los diarios un día como aquel pero de 1921. Aquel acto desesperado abrió el último capítulo de un conflicto abierto que llevaba dos años. El hecho terminó en masacre: “Un Crimen de Lesa Humanidad está Cometiendo La Forestal”. Así lo definió la prensa provincial. ¿Nos animamos entonces a reflexionar sobre la conmemoración que llevaremos adelante? Aquel era otro país y hoy podemos decir que hemos atravesado un siglo XX desbordado de violencias de todo tipo, que no tenemos un país más justo que hace un siglo, pero que nuestra sociedad ha podido instalar el respeto por los derechos humanos como valor fundamental de la conciencia pública.

 

 

Diario Santa Fe – 1921-01-30

 

 

Insisto con la pregunta entonces, porque la conmemoración a la que nos aventuramos junto a un grupo de compañeros y compañeras del norte santafesino, que viene ganando cada vez más amplia repercusión y simpatía, no pone el foco sobre la masacre. No queríamos pararnos allí para proyectar. Por eso elegimos el 29 de enero: el día de la revuelta obrera y popular. ¿Qué pretendían y en qué creían aquellos centenares de hombres que intentaron a caballo, a pie y en tren, asaltar los pueblos forestales, yendo al choque directo contra los mortíferos policías montados que había financiado la empresa?

La clase dominante, como fue usual en aquella época, los acusó de querer instalar un “soviet” en el Chaco santafesino. A los que se detuvo, se les avisó que les iniciarían cargos por sedición. Los directivos de la empresa, al lanzar un plan de reformas sociales dos años después de la masacre, hablaron de “opositores” que realizaban una “campaña de desprestigio” en contra de su “obra de progreso”. “Agitadores”, “propagandistas”, “vagos” y “bandoleros”, fueron otros de los términos utilizados. Uno de estos acusados fue Teófilo Lafuente, un viejo habitante de Villa Guillermina, lugar donde se situaba la fábrica de tanino más grande del mundo.

Lafuente había sido uno de los primeros organizadores de la resistencia y fue el primer secretario general del primer sindicato taninero. Buceó entre los conflictos que mantenían anarquistas y sindicalistas revolucionarios. Fue despedido por la empresa y fue uno de los más torturados por su policía montada, la Gendarmería Volante. Estando detenido y pronto a declarar frente a un juez, explicó que él no era huelguista y que había tratado de calmar los ánimos de sus compañeros, que andaban escondidos en los bosques sin trabajo ni nada que comer. “Son alrededor de 6.000 argentinos que desde Resistencia hasta Margarita viven como las fieras entre las selvas, porque La Forestal los ha dejado sin trabajo y sin hogar”, explicó. Lafuente se negó a incriminar a sus compañeros frente a la policía montada. Supo subrayar que los trabajadores enfrentaban el hambre con la solidaridad, el reparto del jornal y galletas. Tuvo claridad para explicar que había sido la empresa la que se había mostrado intransigente y no había cumplido con las promesas de mejoras que había firmado un año antes, entre las que se encontraba ofrecer mayor respeto a los trabajadores.

 

Teófilo Lafuente, el padre. Sentada, Eusebia Villarreal.

 

Un monumento a Teófilo Lafuente y a la lucha y dignidad obrera que representó se descubrirá el próximo viernes en Villa Guillermina. Será luego instalada en una parte del predio fabril de la vieja fábrica de tanino, convertida en Parque de la Memoria y la Identidad de los Pueblos Forestales. Vuelvo a insistir con la pregunta, ¿qué conmemoramos entonces?

La iniciativa ha surgido desde abajo, de un encuentro que recorre una larga trayectoria, que atravesó gestiones comunales y provinciales de distintos colores políticos y suma amplias voluntades. Ello ha logrado vencer y marginar las distintas resistencias personales que bebían todavía –incluso inconscientemente- de una deliberada política hegemónica impulsada por la empresa, que apostaba por el olvido. Una empresa que, por cierto, hace décadas que se fue, pero que dejó un barro seco reacio a la indagación.

Y acá estamos, entonces, descubriendo un monumento que tendrá, sin duda, distintas recepciones y que hará dudar a algunos sobre posibles oportunismos y apropiaciones. Las reflexiones que dispara no se agotan aquí, en este espacio. Pero sí podemos proponer lo que significa hoy para quienes estudiamos la historia de aquellas luchas y para quienes empujamos y vimos crecer esta conmemoración: Teófilo Lafuente representa el desafío frente a la opresión, el grito que incomoda a la cobardía, la dignidad que reclama respeto para los de abajo y la templanza que busca la unidad de las luchas populares.

Venciendo al negacionismo y al olvido, entonces, Teófilo se transforma hoy en quebracho, partisano que guarda las memorias de quienes reclaman el derecho a desobedecer frente a las injusticias.

 

 

 

 

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