Bendito eres

Una vandalización que obligó a levantar la guardia

 

Andrea Salmini, trabajadora del subte y ex delegada histórica del diario Crónica, inauguró el acto con una advertencia: “A los fachos, que ni se les ocurra. Esta estación es nuestra, las calles son nuestras. No pasarán”. Es 25 de marzo, es viernes y es un mediodía lluvioso. Descubrir un mural de Rodolfo Walsh en la estación de la línea E nombrada como él, justo debajo del cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos, la misma esquina donde hace 45 años caía alcanzado por los plomos de los tiradores de la Armada luego de arrojar al buzón cinco copias de la Carta Abierta a la Junta Militar, se volvió un hecho urgente. En la víspera, durante una jornada marcada por la movilización multitudinaria que conmemoró el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un grupo de jóvenes autodenominados «republicanos» habían pegado carteles en la estación acusándolo de asesino, convalidando con fervor la teoría de los dos demonios.

“Lo que intenta la derecha es robarnos la memoria como parte de la pelea cultural. Es una tarea nuestra recuperar los lugares, los símbolos y ponerles el nombre de nuestros héroes porque, como decía Walsh, ellos quieren que siempre empecemos de cero, que no reconozcamos nuestra historia, que no reconozcamos que antes de nosotros hubo miles que empezaron la pelea que hoy nosotros continuamos”, reflexionó Roberto Pianelli, secretario general de la Asociación Gremial de los Trabajadores del Subte y Premetro (Metrodelegados) y uno de los oradores del acto. En el mismo sentido sumó Agustín Lecchi, secretario general del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA): “Es muy importante la presencia de todos y todas en este lugar, no solamente para homenajear la vida y la trayectoria militante de Rodolfo, sino también para tratar de seguir con los sueños que él tenía, para seguir diciéndole a los fachos, como hacemos todos los días, que no pasarán, que nunca más, que fueron 30.000 y que estamos para reivindicar la memoria de nuestros compañeros detenidos desaparecidos”.

 

 

 

 

 

 

La vandalización de la memoria de Walsh transformó el tono del homenaje. Si la inauguración del mural respondía a un estricto apego a las efemérides –45 años de su secuestro y desaparición y 78 años de la entrada en vigencia del Estatuto del Periodista Profesional–, la “clara conducta provocadora y negacionista” obligó a levantar la guardia. “Este es un acto de dignidad que nos devuelve a los trabajadores y trabajadoras el nombre de uno de nuestros grandes luchadores. Lo que están haciendo los compañeros del gremio de prensa y del subte es de alguna manera liberar un territorio que la clase dominante trata de mantener en la oscuridad, en la ignorancia, en la desmemoria. Ellos quieren para los trabajadores que la historia empiece desde cero, que no tengamos pasado, que no tengamos punto de referencia. Reivindicar en este acto la memoria de Walsh es ir en contra de ese mandato que nos quieren imponer los que se creen dueños, no solamente de la riqueza material, sino también de la riqueza simbólica, por eso nos imponen el olvido”, expresó Hugo Yasky, secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y diputado nacional por el Frente de Todos. En otro tramo de su participación, el dirigente recordó los años en que como maestro leía Operación Masacre junto a los alumnos para reivindicarlo como un acto de resistencia, tan necesario en estos días. “Tenemos que construir una patria con trabajadores y trabajadoras, un pueblo con los ojos abiertos, con pensamiento crítico, con intolerancia a la injusticia, con odio a los fachos y decidido a pelear donde sea por la justicia social, por los derechos humanos y por la Argentina que nos merecemos”.

Debieron llamarla una, dos, tres veces por micrófono. A Fiorella Metetieri, nieta de Rodolfo, se le nota de lejos el gusto por el anonimato. Igual hizo el esfuerzo. No por nada lleva en la sangre aquello de dar testimonio en momentos difíciles. “Nací en 1993 en democracia –empezó–, no llegué a conocer a mi abuelo personalmente, pero sí a través de mi familia y sobre todo de personas como ustedes que mantienen viva la memoria de nuestros compañeros y compañeras. Mi lugar como nieta es simplemente agradecer por honrar 45 años después la memoria de las personas que lucharon por un país más justo, que denunciaron las violaciones a los derechos humanos”. La interrumpieron los aplausos. La pausa sirvió para que el auditorio subterráneo –al que llegaron adhesiones de más de un centenar de organizaciones sociales, sindicales y colectivos– pudiera reconocer la emoción. También le permitió a la oradora tomar el coraje suficiente para dejar un mensaje antes de la despedida. “Sabemos que hay crímenes económicos que siguen vigentes hasta el día de hoy. Es nuestro trabajo seguir luchando para que esto deje de ocurrir y vivamos en una Argentina más justa para nuestros hijos”.

 

 

 

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