Besos por escrito

Andrés Di Tella da lugar a reflexiones universales a partir de historias en apariencia pequeñas.

 

Un hijo que transita el duelo por la muerte de su padre a través de imágenes y palabras. Un hijo que descubre, a través de recuerdos personales que se van imbricando con diapositivas y cartas que le fueron legadas, fragmentos de su propia identidad. Un duelo articulado en torno a un discurso que hurga, de una manera tan culposa como intrusiva, en el pasado del hombre y la mujer que luego se convirtieron en su madre y en su padre pero antes fueron dos jóvenes idealistas, dos fugitivos que escaparon de sus respectivos destinos familiares. Y un hijo que hace todo ese recorrido plantado en un presente en el que es padre de una hija adolescente, que lo mira y escucha con atención. Ese es el planteo al que nos invita Ficción Privada, la película de Andrés Di Tella que se acaba de estrenar en CineAr y en la que comparte crédito con su hija adolescente, Lola.

 

 

 

 

 

Si en La Televisión y Yo (2002), Andrés Di Tella relataba la historia de la TV y de la industria argentina con su padre Torcuato como protagonista de fondo, y si en Fotografías (2007) viajaba hasta la India para conectarse con la historia de su mamá Kamala, en Ficción Privada viene a cerrar esta trilogía con el rito de pasaje a su hija. Kamala falleció en noviembre de 1994, Torcuato en junio de 2016 y su hijo, a la vez que procesa el duelo, los mantiene vivos en la pantalla. “Yo con mi papá todavía sigo hablando”, confiesa el director y autor de la película, con una timidez y una entonación que suenan muy parecidas a las de Torcuato. Tras mencionar los reparos que su esposa, Cecilia Szperling, tiene con la idea de tener a la muerte tan presente en sus vidas, Andrés comenta que con estos diálogos (y con estos films) tal vez no vuelvan a la vida pero sí a nuestra imaginación.

 

 

El dirctor, Andrés Di Tella.

 

 

En esta historia que transcurre en muchas ciudades pero sobre todo en Buenos Aires y en Londres, en Belgrano R y en Hampstead, el director apela a los diálogos con su hija y a lo que podríamos llamar “performances hermenéuticas” con actores y actrices que le suman una cuota de ficción, de ensoñación, a esta trama familiar . Denise Groesman y Julián Larquer, pareja en la vida real, leen y representan las cartas que se enviaban unos jóvenes enamorados Torcuato y Kamala. Y el escritor Edgardo Cozarinsky, amigo de ellos y maestro de Andrés, le pone la voz y el cuerpo, con un porte admirable, a las palabras que Torcuato le envió a su hijo en su etapa más madura. Estos actores invitados no se limitan a prestar su capacidad interpretativa sino que se vuelven parte del texto, del ejercicio de rememoración e imaginación que supone ese viaje en las profundidades de la memoria. Denise y Julián se ponen a analizar el contenido de las cartas, trazan teorías sobre cómo se estarían sintiendo sus “personajes” al momento de escribirlas, eligen bandos. Cozarinsky aporta recuerdos y semblanzas de sus amigos y Lola Di Tella plantea preguntas que ayudan a que Andrés pueda pensar mejor. La hermenéutica es un trabajo colectivo, intergeneracional y tal vez eterno: si Heráclito decía aquello de que ninguna persona se baña dos veces en el mismo río, podríamos decir que nadie lee dos veces la misma carta.

 

Torcuato y Kamala.

 

El recorrido por esos trazos del pasado, por esos archivos familiares, nos cuentan la historia de Torcuato Di Tella, el heredero del emporio industrial que decidió largarlo todo para convertirse en un intelectual, uno de los más lúcidos y provocadores del siglo XX argentino, y la de Kamala Apparao, una mujer nacida en Madrás, India, que también quería escapar de los mandatos familiares que le esperaban a las mujeres hindúes de su época y terminó por ser una reconocida psicoanalista formada en Londres y con base en Buenos Aires. Torcuato y Kamala se conocieron en la primera mitad de la década de 1950 en Estados Unidos, cuando ambos eran estudiantes de posgrado, y a partir de ahí comenzaron una historia de amor que los cambiaría para siempre. “Papá decía que su vida no habría sido la misma de no haber conocido a Kamala”, le dice Andrés a su hija Lola. “Y yo puedo decir lo mismo de tu mamá”.

 

 

 

 

Tras el flechazo en Estados Unidos, los jóvenes Torcuato y Kamala emprendieron una aventura que tal vez amerite otra película. En 1952, viajaron a Israel, donde pasaron seis meses en distintos kibuttzim para conocer de cerca la experiencia agraria y colectivista de ese Estado incipiente. Y de ahí fueron a la India, donde Kamala trabajó como asistente social y Torcuato como escritor, ambos con un pie en el Partido Socialista local, hasta que en un momento Torcuato fue expulsado del país por extranjero y la joven pareja siguió su periplo por el mundo. Primero fueron a Chile, donde a él le habían ofrecido un trabajo como profesor, y luego a Londres, donde ella terminó su formación. La pareja vivía en Hampstead, un barrio de Londres que hoy es considerado posh (cheto) pero que en ese entonces estaba más asociado a la bohemia y a ciertos aires de retiro. Es un barrio queda en el norte de la ciudad, lejos del centro, y el Heath, ese inmenso parque público que fue el lugar preferido de Keats, le ofrecía a Torcuato el espacio ideal para pensar y escribir, sus dos grandes pasiones.

En Hampstead también vivió Andrés a principios de los 90 y allí estaba cuando recibió el llamado de su padre, anunciándole que tenía malas noticias. Andrés vino a Buenos Aires para el entierro de su madre y el intercambio posterior que tuvo por fax con su padre mientras él estaba en Londres (las tecnologías cambian, la necesidad de comunicarnos permanece) es acaso cuando la película alcanza su clímax emocional.

“El sentido de las cosas sólo aparece con el paso del tiempo”, piensa Andrés en voz alta en una escena en la que trata de darle forma a todos los estímulos que está tratando de procesar. A lo largo del film, vemos personas caminando con fotografías en sus manos, vemos a la pareja de actores que leen-representan a los padres del director besarse y pasear de la mano por Buenos Aires, vemos a Andrés visitar la puerta de la casa familiar de Hampstead (en la que no se atreve a tocar el timbre), vemos algunos viajes en tren. Imágenes en movimiento, recuerdos en movimiento, un deambular por dos ciudades cargadas de emociones y recuerdos que nos conectan con lo más sensible de la experiencia humana.

 

 

 

 

En una de sus cartas de juventud, Kamala le hablaba a Torcuato de lo que significaba esa conversación epistolar para ella. Sentía que de alguna manera las cartas eran como tener conversaciones con fantasmas, porque el otro no estaba presente al momento de escribir ni de leer, y sentía al mismo tiempo que eso la habilitaba a expresar sentimientos que tal vez no sería tan sencillo compartir en persona. “Los besos por escrito no llegan a su destino”, decía Kamala. No sabemos cuál es el destino que Andrés espera que estos besos y estos abrazos a sus padres tengan, pero podemos aventurar que son gestos amorosos que van a llegar a más de un espectador.

 

Ficción Privada inició su recorrido por el circuito de festivales el año pasado en San Sebastián. Y se acaba de estrenar en la Argentina a través de Cine Ar: el jueves y el sábado se emitió por el canal de TV del INCAA y hasta el próximo jueves puede verse en su página web. Desde el 17, de julio estará disponible en Puentes de Cine.

 

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1 comentario
  1. Ari dice

    Muy buena nota.
    La película está bien, pero qué lástima los «actores» jóvenes que leen y tratan de representar las cartas. Son flojos. Cero modulación.

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