Bolsonaro y la inseguridad

Los generadores del problema se presentan como si pudieran ser la solución

 

La segunda vuelta electoral a desarrollarse en Brasil implica el regreso al escenario político continental de la derecha más dura y brutal, característica de los años ’70 del siglo pasado. El neoliberalismo produjo una crisis estructural caracterizada por una permanente inestabilidad económica y financiera, generadora de desocupación y precarización laboral, cuyo efecto ha sido aprovechado por sus mismos inventores.

La marginalidad y la violencia urbana han sido uno de los efectos del clima de desigualdad, ahondados por la disolución de los programas de inclusión social que el PT había implementado durante una década y media. A medida que el Estado autolimita sus capacidades regulatorias, la anomia y el miedo recrudecen como una amenaza que dispara prioritariamente sobre los más pobres. Paradójicamente, quienes desmontaron durante los tres últimos años las diferentes políticas sociales orientadas a saldar las brechas sociales y amortiguar los costos de la volatilidad neoliberal, se presentan ante la sociedad como quienes serán capaces de darle solución a la crisis, la recesión y el deterioro de las condiciones de vida, que han elevado la desocupación y la subocupación a 27 millones de personas en Brasil.

El experimento de Jair Messias Bolsonaro, al igual que el resto de las derechas neofascistas que abundan en Europa, íntimamente ligadas al carácter supremacista de Trump, irrumpen como solución a un desorden producido por el mismo esquema corporativo y trasnacional que lo incentivó: han generado el clima y se ofrecen como meteorólogos aptos para superar las tormentas. En Argentina, Mauricio Macri endeudó el país, destruyó su mercado interno, limitó la capacidad adquisitiva del salario de los trabajadores y suprimió las retenciones a los sectores más concentrados generando una profunda crisis cuyas responsabilidades son atribuidas al gobierno anterior y a causas fantasmagóricas externas. De la misma forma que en Brasil, el macrismo exige el espíritu sacrificial a los más vulnerables, como solución a las consecuencias de privilegiar a los sectores más concentrados, básicamente los financieros y los extractivistas.

El discurso de mano dura y de reivindicación de la tortura no redujo el voto hacia Bolsonaro. Por el contrario, los déficits del PT en relación a incorporar en la agenda la acuciante situación de la seguridad pública, permitieron a la derecha del Partido Social Liberal —la agrupación de Bolsonaro—, presentarse como el único garante eficaz de la lucha contra el delito. En América Latina continúan primando niveles de desigualdad superiores a los existentes en otros continentes. Los gobiernos opuestos al neoliberalismo han buscado (y logrado) reducir una parte de esa brecha social, pero en relación a la temática de la inseguridad se han instalado en un lugar que ha sido recibido como endeble y poco categórico por quienes más sufren su impacto, sobre todo, los sectores más vulnerables de las sociedades latinoamericanas. Los pobres son las víctimas prioritarias y cotidianas del delito. Los sectores acaudalados se rodean de ejércitos de seguridad privada, cámaras de seguimiento y barrios artillados que les proveen garantías de cobertura de la cual los pobres carecen.

Las víctimas prioritarias y más frágiles de la violencia cotidiana son los más humildes. Y son quienes esperan alguna respuesta convincente que no deslegitime su padecimiento cotidiano de ser asaltados y robados con la habitual connivencia de los organismos de seguridad. Bolsonaro ha sido votado por millones de jóvenes y habitantes de urbanizaciones faveladas que ven cómo crece el delito amparado por las mafias policiales y la indiferencia de un sistema judicial que sólo tiene capacidad para encarcelar a los eslabones más débiles de las cadenas delictuales. El progresismo, el nacionalismo popular y las izquierdas latinoamericanas se presentan como ineficaces (sobre todo comunicacionalmente) frente a una de las demandas más perentorias demandadas por sus víctimas masivas. Los humildes sienten y verbalizan que los discursos garantistas protegen más al delincuente que al trabajador sacrificado y honesto: en la medida que esa percepción continúe, las proclamas fascistas lograrán asentarse en el espacio vacío que deja la ingenuidad y la impericia política progresista. Mientras estos últimos no logren imponer una agenda de defensa civil al sufrimiento cotidiano que implica el delito que padecen los más pobres, las opciones electorales de estos podrán ser canalizadas hacia quienes les ofrecen garantías para salvar la vida de sus hijos, frente a sus potenciales asesinos. A los oídos de quien ha sido vapuleado por un acto vandálico, de potencial homicidio delictual o de bombardeo mediático de noticias policiales, no hay discurso político estratégico que pueda convencerlo. En Cuba, China o Vietnam la seguridad pública es parte indisoluble del esquema de equidad social, hecho que es agradecido y valorado por sus diferentes grupos sociales, incluso aquellos que son críticos con la ausencia de opciones electorales. No debiera aparecer como obligado el automático abandono de la seguridad pública como elemento central de responsabilidad pública de cualquier programa político de un Estado progresista.

Otra de las externalidades del triunfo de Bolsonaro, también relacionada con la temática de la seguridad, remite a repensar el esquema que se forjó desde el PT a la hora de asociar indisolublemente el Estado con la acción social colectiva. Mientras Lula y Dilma fueron gobierno, la totalidad de los cuadros políticos trabalhistas se concentraron en la actividad gubernamental, abandonando los espacios forjados al interior de los movimientos sociales. Esto generó una distancia creciente y un concomitante vacío que fue ocupado en forma escalonada por los grupos evangélicos pentecostales, creados originalmente en los años ’60 para oponerse a los grupos de base de la teología de la liberación. Estas comunidades evangelistas forjadas inicialmente con financiamiento estadounidense, utilizaron un discurso salvacionista basado en el individualismo y en la fortaleza de la institución familiar. La apelación al individualismo extremo como soporte único del vínculo con la comunidad y el refugio en la familia han sido dos de los pocos reaseguros tangibles de contención subjetiva frente a la violencia, el desempleo y la marginalidad que el propio neoliberalismo ha producido. Abandonar y/o conceder la esperanza que ambas redes palpables implican, ha supuesto un desarme estratégico. Gran parte de la cotidianidad de los sectores más vapuleados por la anomia neoliberal requieren, para no caer en la desesperación, algún tipo de tabla de salvación más o menos espiritual y humanizada. Y una parte esencial de este salvoconducto ha sido vehiculizado por los grupos tele-evangelistas que apoyan a Bolsonaro.

Los bloques de legisladores que darán sustento al capitán fascista pertenecen a los grupos extractivistas (el denominado Frente Parlamentario Agropecuario, transversal a diversos partidos), los pentecostales (articulados en el Frente Parlamentario Evangélico, con casi 200 legisladores entre la cámara de senadores y al de diputados) y el Frente de la Bala, que defiende a torturadores y reivindica a los históricos escuadrones de la muerte de la década del ’60 y el ’70. El neoliberalismo produce marginalidad y violencia. No debiera permitírsele que sea quien brinde una solución aparente, ficticia pero creíble, para enfrentar sus consecuencias.

 

15 Comentarios
  1. Pablo usabiaga dice

    Tenés más notas escritas sobre bolsonaro, sobre el PT, sobre Brasil? Me gustaría leerlas

  2. S.A.V. dice

    Pentecostales bajan linea de U.S.A. manejan los medios. peligro!!!!

  3. Raul dice

    Muy buen artículo! Hace años que los gobiernos populares flaquean en el tema seguridad, con un discurso “garantista” que solo sirve de excusa para justificar la propia impericia

  4. carlos eduardo coviella dice

    A esto habría que agregarle la violencia económica, no solo la fisica de robos asesinatos y violaciones. El empobrecimiento intencional de la gente, vía inflación desenfrenada y baja del poder adquisitivo, también es violencia y también mata. La escandalosa apropiación de todo lo transformable en dinero por parte del gobierno y sus socios es también violencia. Las corridas del dolar cuidadosamente planificadas también son violencia. Como lo es el tremando endeudamiento del país, no solamente para esquilmarlo de sus riquezas, sino y creo que principalmente, para esterilizar toda posible reacción. Los intolerables aumentos de las tarifas, tienen por principal objeto el traspasar todos los posibles ahorros que puedan quedarle a la gente (pesos, dolares o bienes) a quienes se están robandolo todo. Si una vez que apretaron con la inflación y los sueldos no queda nada mas que unos pocos ahorros, ESOS TAMBIÉN se los van a robar. Si son dolares a vender(SE)los, si son pesos a usarlos para pagar(LES) las tarifas, si son bienes, un auto, una casa, un departamento, venderlo para pagar la comida y los servicios. Y así terminaran de exprimir absolutamente todo. Nos están robando hasta lo poco que podamos tener todavía debajo del colchón. Y eso también es violencia.

  5. Graciela galarraga dice

    Excelente. Un panorama claro y objetivo que debiéramos viralizar antes que sea tarde….

  6. Muriel dice

    Perfecto! Al fin estamos llegando de a poco al meollo de la cuestión. Vivi muchos años en Brasil y es tal cual! Asi!!!. El tema seguridad es absolutamente prioritario alli. Y los progre nunca podemos verlo.? Muy cierto lo que se dice sobre Cuba por ej. Alli el tema seguridad siempre se trató como corresponde. Ahora esperemos que en Argentina alguien perciba esto de una vez, antes del 2019 y no se diga que “la inseguridad es sólo una percepción ” (sic).

  7. Iris Fridmann dice

    Excelente, Jorge, como todos los artículos que publicás.

  8. Elina dice

    Excelente, excelente. Inteligente análisis, ma, digo yo, ¿con qué le hacemos frente ahora?¿O ya es tarde?

  9. Gabriel Ghibaudo dice

    Estimado Jorge: si algo nos queda claro en estos tiempos alocados y desesperanzantes, es que no tenemos repuesta ni reacción ante el avance de las tecnologías puetstas al servicio de ensuciar, difamar, enlodar, mentir, direccionar opiniones, falsear noticias y toda la poruqería que nos rodea, y que, claramente, produjeron las derrotas de los gobiernos populares y de centroizquierda del continente.
    Es imprescindible encontrar soluciòn a esto ya que no hay trabajo social o militancia que lo pueda contrarrestar.-
    Perdimos la batalla contra los monopolios, no solo informativos o de multimedios, sino los económicos, culturales y de todos los ámbitos de la comunidad. Tus notas son un bálsamo que deberían tener más trasendencia. De todos modos hay una realidad que no puede esconderse ni maquillarse y es la asfixiante miseria y pobreza que nos cubre con su manto de desesperación y dolor.

  10. Viviana dice

    Y cabe aclarar que los Pentecostales crecieron sin que los Evangelistas “serios” se inmuten, porque de alguna manera, Pastor Jiménez mediante, les convenía en su disputa de fieles con el Vaticano.
    Gran nota .

  11. Mario dice

    Muy de acuerdo Jorge. O empezamos por ahí o lo vemos por TV…

  12. Eneida dice

    Mamá!!!! FUTURO negro nos espera!!!! Pobre mi Patria Grande!!!!!😔

  13. waldino frettes levy dice

    Gustavo Bertoche Guimarães publicó en sus redes sociales un texto autocrítico titulado “¿De dónde surgió el Bolsonaro?” que se viralizó, incluso, más allá de las fronteras de Brasil.

  14. graciela pozzi dice

    Sería bueno que este artículo se leyera en clave argentina antes de 2019 y no después cuando ya sea tarde. Muy buena síntesis

    1. Jorge Elbaum dice

      Así es Graciela. La escribí con ese objetivo. Buen domingo!

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