BREVE HISTORIA DE LA ESTUPIDEZ

Hemos dejado el timón del mundo en manos de un montón de magníficos estúpidos

 

Puede parecer un tema menor, y hasta frívolo, en días que Trump dedica a entrar antorcha en mano en el polvorín de Medio Oriente, Australia deviene sucursal del Infierno y los canales de Venecia —imagen insólita— se secan, pero créanme: la estupidez está en la raíz de casi todos nuestros dramas.

Es un rasgo propio de nuestra especie. Jules Renard sostenía que no hay que decir estupidez humana, porque sería una redundancia: los únicos animales estúpidos somos nosotros. Y nos acompaña desde comienzos de la civilización, como se desprende de su etimología. En latín, stupidus significa aturdido. Lo cual prueba que, como mínimo, la gente estúpida ya viene molestando desde el Imperio Romano. (Una certeza que, por cierto, comparto con Asterix.)

Pocos rasgos humanos son más democráticos. Ningune de nosotres se libró ni se librará nunca de incurrir en la necedad. Es ley de la vida: hasta el espécimen más brillante y mejor formado conserva zonas de su personalidad expuestas a la pelotudez.

Esta conciencia es en sí misma un signo de inteligencia. Por algo uno de los cerebros más legendarios de la Historia, científico él, se apresuró a aclararlo. «Existen dos cosas en cantidad infinita: el universo y la estupidez», dijo Albert Einstein. «Y respecto del universo, no estoy seguro».

(Nota al pie: el consenso sobre la abundancia de estupidez en todo tiempo y lugar revela que el título de este texto es irónico. Lamentablemente, ninguna historia de la estupidez puede ser breve.)

 

 

El lugar común asocia la estupidez con falta de educación o formación académica. Todos conocemos a gente con diplomas o de nivel excelso en ciertas áreas del conocimiento que es ostensiblemente pava, o banal, o de convicciones sobre el mundo y la vida que no resistirían el menor careo con la lógica. De forma complementaria, también nos hemos cruzado con personas que no tuvieron la fortuna de escolarizarse o recibir entrenamiento en gracias sociales, que sin embargo es dueña de gran inteligencia y se comporta con la sensatez y ubicación de quien conoce a fondo el mundo que le tocó en suerte.

¿Sugiere esto que existe una estupidez natural, que está blindada contra la formación académica? En esa dirección apuntaba Alejandro Dumas (fils), al preguntarse: «¿Cómo es que siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser el fruto de la educación». Pero el razonamiento es falaz. Quien recibe educación formal intensiva tiene más oportunidades de despabilarse, no hay dudas al respecto; pero eso, ay, no garantiza que las aproveche.

 

 

¿A quién se le ocurriría negar cuán culto era Borges? Pero eso no lo eximía de decir tonterías. En cierta oportunidad, declaró: «El fútbol es popular porque la estupidez es popular». En términos generales, despreciar una disciplina porque no estamos en condiciones de apreciarla es, en esencia, la actitud propia de un tonto. Se presume que Borges no estaba intentando descalificar a todos los deportes por igual. Lo que le molestaba era el fútbol, por la razón que esgrimía: su popularidad. Es cierto que, a mayor cantidad de gente reunida, mayor es la posibilidad de que alguien incurra en comportamientos pánfilos y estalle el contagio. («Nunca hay que subestimar el poder de la gente estúpida que se reúne en grandes grupos», dijo el humorista George Carlin.) Pero la popularidad de algo o alguien no lo descalifica per se. Así como no todo lo malo es popular, no todo lo popular es malo. Populares fueron Lizst, Fellini, Chandler, Edith Piaf, Dalí y Favio, y nadie en su sano juicio les negaría grandeza en la ejecución de su arte.

¿Ignoraba Borges esto último? Claro que no. Pero como era un viejito turro, usó el fútbol como garrote para pegarle a algo que le molestaba todavía más que el deporte dominguero: lo popular, y por elevación toda forma de manifestación social —lo cual por supuesto incluye la política— que no pudiese colar por su cedazo aristocrático.

 

 

Yo quiero esta remera: «Dejen de hacer famosa a gente estúpida».

 

 

Lo cual nos lleva a una definición operativa de la estupidez, que es la que hoy me interesa. No hablo del «aturdimiento» insalvable del que fue traicionado por la genética, su circunstancia social y su experiencia de vida. Por lo general, las limitaciones de aquel a quien consideramos «corto» sólo lo perjudican a él. La estupidez real es aquella que resulta peligrosa para terceros. La clase de ofuscación que sufre gente que no padece de cortocircuito neuronal, no sufrió necesidades extremas y recibió educación formal. Estúpido posta es aquel que, habiendo sido premiado por la vida al punto de llegar a posición de poder o influencia, la usa para beneficiarse de modo inescrupuloso y sin importar a cuántos perjudica en el camino — situación que, inevitablemente, termina volviéndose en su contra.

La escritora Margaret Atwood lo definió bien en su segunda novela, Surfacing (1972): «Si uno la juzga por sus resultados, la estupidez es lo mismo que el mal».

A ese concepto de estupidez me refiero. De eso quiero hablar. De los estúpidos que hoy le abren las puertas a pestes que creímos haber desterrado. De los estúpidos que incendian el bosque social, produciendo un genocidio entre sus criaturas más desvalidas. De los estúpidos que ignoran las luces rojas, ponen primera y atropellan al futuro mediante la catástrofe ecológica y el apocalipsis nuclear.

 

 

 

La cuestión del mal

En estos días, por culpa de una novela que estoy terminando, no paro de darle vueltas a una vieja polémica. A mediados del siglo pasado, el psicoanalista y psiquiatra Carl Jung desarrolló la más improbable de las amistades con un cura dominico, el padre Victor Francis White. Más allá de sus inevitables diferencias —Jung era un librepensador—, la propensión de ambos a disfrutar de los desafíos intelectuales y a discutir francamente labró un territorio de encuentro. Pero el tema en el cual nunca lograron ponerse de acuerdo fue la cuestión del mal. La discutieron en su correspondencia y Jung la abordó en Respuesta a Job (Antwort auf Hiob, 1952) — por el Job bíblico, aquel personaje virtuoso de un libro del Antiguo Testamento a quien Yahvé tortura tan sólo para ganarle una apuesta a Satán. White le respondió con una crítica salvaje y entonces se distanciaron, aunque no definitivamente.

 

El padre White.

 

Para White, de formación tomista, el mal es lo que ocurre cuando el bien deja de operar. Por eso lo define como privatio boni, algo que no tiene entidad propia — una omisión que se vuelve dañina. Así como el negro no es un color, sino la negación de la luz, para White el mal es tan sólo la ausencia del bien. («Dios es luz», dice una de las cartas del apóstol Juan, «en Él no hay oscuridad».) Jung, en cambio, decía que el mal tiene entidad, que es algo en sí mismo, material, carnal — una energía que sólo podemos negar al precio de nuestra ingenuidad.

Ambos argumentos son persuasivos. Cuando alguien deja de pretender lo mejor, de esforzarse en esa dirección, algo ocurre; otra cosa —que al principio parece idéntica a lo que antes había, pero no puede ser más diferente— ocupa su lugar. Como si en el mismísimo instante en que aprieta la tecla de pausa, el bien comenzase a degradarse, a desintegrarse. Me tienta echar mano al ejemplo de la experiencia democrática. Cuando se da por sentada la democracia; cuando se deja de trabajarla a diario para que permée cada vez más profundamente la experiencia; cuando se suspende su enseñanza y el aprendizaje de sus infinitas implicancias; cuando se la recita o actúa de memoria —y de taquito—; es decir, cuando se la imposta en vez de vivirla, algo se desvirtúa. A simple vista, la realidad puede parecer la misma, pero sólo en el sentido en que se parecen una cosa y su versión virtual: igual aspecto, esencia diversa.

 

Carl Jung, a la sombra de la sabiduría.

 

Por el otro lado, todo aquel que haya atravesado ciertas experiencias históricas (Jung era suizo pero vio de cerca el experimento nazi, muches de nosotres malvivimos durante la dictadura) conoce la sensación física del mal. El mal concreto, actuante, nos ha rozado, nos susurró al oído, nos derribó, nos dejó cicatrices, nos torturó hasta hacernos desconfiar de nuestra salud mental. Por eso le damos la razón a Jung. Porque nos consta la existencia de seres que eran el mal encarnado, con nombre y apellido. Porque somos coetáneos de hombres de ojos muertos y sonrisas blanqueadas que ponen en marcha la maquinaria de acciones que —ellos lo saben, y aun así no dudan— dañarán las vidas de mujeres, viejes y niñes de manera irreversible.

Llevo más de cuatro años lidiando con esta novela y preguntándome quién tenía razón, si Jung o el cura White. Y recién ahora, durante una de estas madrugadas en la que el sueño se demoraba, comprendí que había perdido tiempo por culpa de la tendencia a pensar en términos binarios. Hoy creo que los dos están en lo cierto, y que el mal —o si prefieren, la estupidez que es la especialidad de la gente dañina— funciona como sistema, precisamente por la coordinación entre ambas formas de perpetrarlo.

Existen personas cuya identidad se ensambla a partir de las piezas esenciales de lo que consideramos maligno: el egoísmo supremo, la incapacidad de sentir empatía, la crueldad, agresividad y violencia. Cuando además son carismáticos y / o saben construir poder, adquieren en su medio una relevancia lindante con la fascinación. En su ensayo Odín (1936), Jung decía que la influencia de Hitler sobre Alemania era la de «un hombre que obviamente está poseído e infectó a una nación entera a tal punto, que la ha puesto en marcha y lanzado a rodar hacia su perdición». Todos hemos vivido, y muchos viven aún, bajo el influjo de gente así.

 

 

Pero, por sí solos, difícilmente llegarían lejos u obtendrían poder. Si la mayoría de la especie tratase de vivir bien sin abusar de otros, esos personajes que para Jung personifican un Mal con mayúsculas serían rechazados, porque se los vería como lo que son: fuerzas disgregadoras, antisociales, a las que se aislaría y contendría para que no hiciesen daño a terceros. Así como un fuego no puede propagarse en la ausencia de oxígeno, esas fuerzas entrópicas no podrían expandirse si no contasen con un público que le fuese propicio. El problema es que ese público existe, acá, allá y en todas partes. Y así se completa el circuito del mal. La prédica de los personajes nefastos es amplificada y legitimada por ciertos medios y sus comunicadores. Y un público que lidia mal con sus inseguridades la toma como propia, se pone la camiseta de un discurso que más allá de sus mínimas variantes puede reducirse a esta sola idea: Reivindicamos nuestro derecho a ser hijos de puta y cagarnos en el resto. Lo trágico —lo stupidus— es que ese público acepta, y gratis, ser colocada en la primera fila de un ejército virtual que se inmola en defensa de los verdaderos hijos de puta; pero, en vez de ser recompensados por su sacrificio, terminan sufriendo las mismas bofetadas e indignidades que ligamos aquellos que, al menos, tenemos claro quién nos va a cagar — y encima, terminan siendo parias que desnudan su impotencia escribiendo barbaridades por Twitter.

 

«La vida es demasiado corta para discutir con gente estúpida».

 

La cuestión del mal se complejiza, entonces, porque su inserción en el mundo real, en nuestra vida cotidiana, no es responsabilidad exclusiva de las personas que practican actos genuinamente malvados, sino también de aquelles que habilitan ese accionar, que lo justifican o al menos lo consienten desde su apatía. Entonces la pregunta se impone: si quisiésemos aggiornar al Dante e imaginar quién se rostizaría hoy en el Hades hipotético, ¿a quién nos encontraríamos? ¿Sólo a aquelles que supieron encarnar el Mal con mayúsculas que Jung pregonaba, o también a las Doñas Rosas y Don Bernardos que fueron instrumentales para su ascenso y ulterior apogeo?

Esa era la idea con la cual me entusiasmó jugar literariamente. Pensar que, si el Infierno existiese, desde la Segunda Guerra en adelante debería haberse superpoblado más que la Bristol de los eneros clásicos.

 

 

 

La conjura de los necios

Tal vez porque, desde la sensatez, tenemos por principio el de no menospreciar nunca al adversario; o tal vez porque la literatura y el cine nos condicionaron a creer que aquellos que se enriquecen como Creso y obtienen gran poder deben ser ultrainteligentes —la ficción creó la noción de los supervillanos, desde el Moriarty que es tanto o más listo que Sherlock al Thanos del universo Marvel—; lo cierto es que esas formas de pensar nos impiden tomar bien la curva por la que se mandó el bólido de la Historia. (En mi caso, yo soy de los que piensa que aquel que dedica su existencia a acumular dinero y poder porque sí es un stupidus de manual: ¡con la infinidad de cosas bellas a que une puede dedicarse, en esta vida!)

Nos resistimos a creer que el mundo no está manejado por mentes brillantes, sino por lo peorcito que hay disponible en el mercado. Pero es hora de despertar, porque la evidencia está a punto de estallar ante nuestras narices. Si no actuamos rápido, este mundo y esta especie llegarán a su fin porque permitimos que un hatajo de imbéciles llegase a operar los resortes que determinan la diferencia entre la vida y la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante los últimos años, una de las dudas existenciales que más circuló por nuestras mentes es la que se resume así: Pero, este tipo, ¿es hijo de puta o es boludo, nomás? Otra muestra de cómo pensar en términos binarios puede jugarnos malas pasadas. En este caso se comprende, porque la opción superadora —la tercera casilla— resulta humillante para la humanidad toda, pero si no reaccionamos a tiempo, eludiremos la humillación al precio del Apocalipsis. Lo más sano sería aceptarlo ya, de una. Sí, es una vergüenza. No se puede explicar cómo dejamos que las cosas llegasen a este punto. Pero así está el asunto: nuestra especie avanza a velocidad creciente por una espiral descendente de autodestrucción, porque permitimos que un montón de estúpidos acumulasen demasiado poder.

No voy a repetir el error borgiano de generalizar al punto de sugerir que todos los rich & powerful son tontos. En las últimas semanas leí varias declaraciones de ultramillonarios que aseguran que hay que dejar de acumular así y repartir de otra forma, porque de otro modo todo desbarrancará de modo incontrolable. Pero los que sí son estúpidos, y redomados, son aquellos que menosprecian al 99,9% de la humanidad y piensan que pueden seguir embolsando guita infinitamente sin pagar precio alguno. Ricos y poderosos que en líneas generales nacieron en la abundancia, fueron a los mejores colegios y vivieron entre algodones, y se convencieron de que podían actuar con impunidad per secula seculorum tan pronto entendieron que pocas cosas se compran con más facilidad que el favor de ciertos medios y ciertos jueces. Si tuviesen al menos dos dedos de frente, habrían mantenido las apariencias y tomado resguardos. Pero la vida los (mal)acostumbró a salirse con la suya, y por eso van por ahí con la delicadeza del rinoceronte metido en laberinto de cristal.

 

…Y los ingleses tampoco se la llevan de arriba.

 

Son ricos, sí, y poderosos, sí, pero también estúpidos de modo escandaloso, porque no terminan de ver que lo que hacen jode a medio mundo pero también los condena, y más temprano que tarde. No sé qué fantasía alimenta hoy el buñuelo frito en Bardahl que Macri tiene por seso, pero la Historia le tiene reservado el lugar de un Calígula. (Por perversión y capacidad autodestructiva, aunque no por su imaginación.) Y el caso de Trump, por venir del país que viene, es peor a la enésima. Aunque el impeachment no llegue a nada, aunque triunfe en las próximas elecciones, la ciencia histórica ya tiene elementos de sobra para juzgar su monumental incompetencia para servir a la nación cuyos intereses representa. Trump está acelerando la decadencia moral de su país a velocidad desbocada; el resto de las decadencias procede siempre detrás.

Son malévolos junguianos en la categoría que Atwood definió con precisión, porque los resultados de su accionar son todos dañinos — incluso para ellos mismos aunque tarden en advertirlo, y para sus familias ni les cuento. Pero, si no les ponemos coto ya mismo —si no proseguimos el aprendizaje democrático de acotar la acumulación de poder, no sólo legalmente, sino también en términos de valores compartidos: el rico sin responsabilidad social debe transformarse en una figura vilificada en términos culturales, nuestro nuevo Hombre de la Bolsa—, el resto de nosotros terminará siendo funcional al mal en el sentido que explicaba el cura White: porque dejamos vacante el espacio que debería ocupar el bien y entonces lo llenó otra cosa.

 

 

 

Está claro que todes nosotres nos consideramos dueñes de una inteligencia más que razonable; y que estamos convencidos de representar los intereses de las mayorías. (Incluyendo los de aquelles que nos agreden a diario y arrollarían con un tractor si pudiesen, sin percibir que somos nosotres los que velamos en serio por sus derechos — a diferencia de aquellos cuyos nombres vitorean.) Pero por eso mismo, no podemos aceptar ser definidos por nuestra hora menos lúcida. Necesitamos arrancar el timón del mundo de manos de los magníficos estúpidos.

No sé ustedes, pero yo no quiero que esta breve historia de la estupidez termine superponiéndose —y confundiéndose— con la entera historia de la humanidad.

 

 

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59 Comentarios
  1. Edgardo Massarotti dice

    Disfruté este muy buen texto que va desde el ingenio a la genialidad, adentrándose en reflexiones filosóficas como la esencia del mal, con buena pluma. No encontré estupidez alguna entre sus líneas (aunque sí, el lenguaje inclusive me es poco asequible, o quizás la estupidez sea mía, que no escapo a esa condición tan humana de stupidus)Gracias por enriquecer mis pensamientos.

  2. Lujan dice

    Carl Jung estaba en lo cierto…sin duda alguna. Excelente lo tuyo Marcelo! Abrazooo

  3. Gaston dice

    Cierto, no hay que pensar en términos binarios. La banalidad es una particular combinación de imbecilidad e hijaputez en el mismo sujeto. En estos años, hubo una epidemia.

  4. hipermedia dice

    » Porque somos coetáneos de hombres de ojos muertos y sonrisas blanqueadas que ponen en marcha la maquinaria de acciones que —ellos lo saben, y aun así no dudan— dañarán las vidas de mujeres, viejes y niñes de manera irreversible.» Lilita. Pato, Jeidi, Suzanita, etc. ¿no tienen nada que ver con la estupidez humana?
    Cualquier dia tendremos que leer «Ye sole quiere cariñe» por aquello de la aberracion ‘inclusiva’

  5. apico dice

    Hermoso artículo. Marcelo,lo que uno descubre,es siempre lo verdadero, lo demás, son palabras.Un saludo peronista.

  6. emilia dice

    Teoria de la Estupidez,carlo Maria Cipolla…me encanto…hace mucho que no volvia al tema..gracias

  7. juan carlos gomez dice

    ¡OPORTUNO Y GENIAL!

  8. Saul Guber dice

    Se necesita tiempo. Que es la materia prima que nos hace madurar, ver que es lo que pasa en nosotros y alrededor nuestro, y apreciar cuales son las necesidades profundas y vitales. Ejemplo: En 1789 estallo la Revolucion Francesa. Hasta ese momento, la casi totalidad de los estados tenian monarquia absoluta. La excepciones eran poquisimas: Inglaterra, San Marino y algùn territorio chico. En nuestra gesta de la independencia, muchos proceres buscaron conseguir monarca. Belgrano queria un descendiente de la dinastia de los incas, Otros preferian una casa real europea. Y eso que habian leido a Montesquieu y a Rousseau. A 231 años de ese acontecimiento, Que impresion nos produciria un primate que nos propusiera Hoy una monarquia absoluta
    Aqui? Hicieron falta mas de dos siglos para entender el disparate. En definitiva va a pasar lo mismo con la acumulacion como motivo esencial de la existencia. En conclusion: tiempo y paciencia. El imaginario social tiene que madurar.

  9. Raul Lemos dice

    Loable esfuerzo Marcelo el tuyo para poder sentir y transmitir qué hay buenos y malos… personalmente creo que es nuestra especie: el combo de desarrollo científico y tecnológico para satisfacer los mandatos del insustituible ego y la pulsión de poder del ser humano (Nietzsche) nos hacen incompatibles con la vida sobre la tierra de manera armónica y pacífica. Los Incas, pueblo invasor y conquistador, conservaban aún esa familiaridad con la tierra mediante ese misticismo vinculado a la tierra (Pachamama) y no poseían las armas de destrucción actuales. Su crueldad se reducía al traslado de los pueblos luego de vencidos para su dominación. Eso ya no es posible. Gradualmente, al ritmo del desarrollo protestante del capitalismo y la aquiescencia pánfila (como decis) monacal de la ortodoxia cristiana (no menos cruel), nos convertimos en esto. Muchísimos que podrían ser descriptos como “buenos” o inofensivos o estúpidos, se benefician o disfrutan de los efectos de los trofeos de los “malos” ostensibles. O al menos eso creen… Y los “buenos” o conscientes, por cierto muchos menos, no alcanzamos para contrarrestar o neutralizar tanta estulticia. Y si no podemos comprender que así somos porqué así lo determinó nuestra inteligencia, no nuestra sabiduría, podemos volvernos locos. Inteligencia tienen todos a pesar que no todos la pueden aprovechar. Sabiduría muchos menos. Cierro con una estrofa de King Crimson en Epitafio de 1969.

    Entre las férreas puertas del destino,
    las semillas del tiempo fueron sembradas,
    y regadas con las hazañas de aquellos
    quienes conocen y son célebres;
    MORTAL ALIADO ES EL CONOCIMIENTO,
    cuando nadie limita las reglas.
    Veo cómo la suerte de toda la humanidad
    está en manos de locos.

    Es cierto que fue en el contexto de la Guerra Fría y el temor nuclear pero también de la Guerra de Vietnam. Decime qué no se cumplió de semejante premonición ?

    1. susana estevez dice

      Algunas cosas que me disparó el artículo: 1- Mirada elitista. Salvo Favio y por sus canciones… los demas mencionados son o fueron populares???? No dejamos de dirigirnos, con nuestras mejores intenciones, a un círculo cerrado.
      2 No creo que sea estupidez y tampoco que los que ejercen el poder escupan al cielo…. desde que el primer humano acumuló excedente ( y es mucho antes de los romanos Marcelo), los «poderosos estúpidos» vienen disfrutando de la vida a costa del resto.
      3 Que hacen «nuestros dirigentes» en cuanto llegan al poder? Se apoltronan, se alejan de las masas que los llevaron a ese lugar ( a las que en una alta proporción «arrearon» ) y ni se les ocurre darles las herramientas para que puedan pensar por si mismas…. lógico porque despues no las podrían «arrear».
      4 Y quienes llegan al poder? En una alta proporción los peores ( incluídos los nuestros ). Los que tienen más desarrollado el instinto del poder del cual no logramos elevarnos del «reino animal» porque siempre fue funcional al sistema que la «civilización» encontró para desarrollarse.
      5 Todo militante debería leer y debería ser distribuido en las unidades básicas y en todos los locales de los que pretenden cambiar la sociedad » Los Partidos Políticos » de Robert Michels donde formula textual » la ley de hierro de la oligarquía, con la que afirmaba que «tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría», la idea básica es que toda organización se vuelve oligárquica.
      Los líderes, aunque en principio se guíen por la voluntad de la masa y se digan revolucionarios, pronto se emancipan de ésta y se vuelven conservadores. Siempre el líder buscará incrementar o mantener su poder, a cualquier precio, incluso olvidando sus viejos ideales.
      Por eso, las organizaciones políticas pronto dejan de ser un medio para alcanzar determinados objetivos socio-económicos, y se transforman en un fin en sí mismo (desplazamiento de objetivos)».
      Si no estamos dispuestos a combatir esta tendencia-instinto de poder, seguiremos boyando intelectualmente mordiéndonos la cola y repitiendo la historia.

  10. Martín dice

    Lindo para leer. Acoto, sin el miedo de muchos poco podría hacer el mal, porque el miedo es fuente de estupidez.

  11. Emiliano Gonzalez de Urreta dice

    Interesante artículo.
    No tengo estudios profundos en la relación entre inteligencia y maldad/bondad (incluso, creo que éstos son términos demasiado “bíblicos”, y también saliendo del pensamiento binario, creo que hay grados en que éstos estados de las personas se manifiestan, incluso momentos, y que la calificación se la gana una persona con la suma “total” de sus acciones)
    Creo que puede haber personas inteligentes, y “malas”, como dice más arriba una lectora, pero también adhiero a la teoría de que la inteligencia no es una sola cosa, si no que las personas tienen distintos tipos de inteligencia. No sé si es el término correcto, pero tiendo a creer que la “maldad/bondad” estaría relacionada con una especie de inteligencia colectiva, y de colaboración con otros miembros de la especie.
    Aquí entra mi comentario que intento hacer. Me parece que un gran aporte a la discusión se puede encontrar en los libros de Carla Sagan (autor estadounidense de libros de divulgación científica, ya difunto. Entre sus obras se encuentra la famosa sería “Cosmos»).
    Para dar un ejemplo, que me parece muy pertinente, recomiendo la lectura de su obra póstuma, “El mundo y sus demonios, la ciencia como una luz en la oscuridad”, aunque casi toda su obra de divulgación me parece fuertemente recomendable (El cerebro de Broca, Los dragones del Edén, Cosmos (Libro en el cual se basó la serie televisiva), y algunos otros más).
    Espero haber aportado mi grano de arena al debate, y ojalá sirva la bibliografía recomendada.
    ¡Muy buen artículo!

    1. Emiliano Gonzalez de Urreta dice

      Carl Sagan. Funcionó el corrector y no encuentro la forma de editar el comentario.
      Mil perdones por la redacción. Lo mío, por desgracia, no es tanto la escritura.
      ¡Saludos!

  12. Andrea dice

    Que lindo levantarse y ver que alguien tuvo la delicadeza de poner en texto lo que pienso.
    Gracias
    Andrea de dominico

  13. M dice

    Llegué hasta donde dice «el humorista» George Carlin. Adjetivarlo así?

  14. Hernan dice

    Calurosos aplausos!

  15. Carlos dice

    Excelente artículo. Marcelo, a veces pienso que estamos dominados por una dimensión negativa que rodea a nuestro planeta, cuya característica, es hacer el mal. Dimensión que esta representada en esta tierra, por personajes a los que nada les importa el prójimo y además, tienen un promedio de vida entre 80 y 90 años, a diferencia de otros y otras, que no alcanzan a vivir tantos años, debido a que no toleran las injusticias y no nos dejan vivir plenamente. Es una humilde opinion.

  16. Flavio dice

    Excelente nota Marcelo, felicitaciones. Sin embargo pienso que hay muchas personas inteligentes, sensatas y con una gran sabiduría. Empezando por Cristina Fernández, Horacio González, José P. Feinmann, Horacio Verbitsky, Axel Kiciloff y la lista continúa. Lo más importante: están de este lado del río bravo, y eso nos permite pensar que podemos construir otro país. Gran abrazo. Flavio de Neuquén

  17. Vanina dice

    ¡Maravilloso! Escribí sobre esto hace exactamente un mes, sólo que con una variante: el mundo está manejado por estúpidos HdP que, además, están locos 😛

    Quizá mi punto de vista te aporte algo: no creo en lo absoluto que Trump «está acelerando la decadencia moral de su país a velocidad desbocada». De hecho, lo banco a full porque me parece que, al fin, es la LEGÍTIMA representación del pueblo norteamericano cuya decadencia moral es épica y de larga data. No de todo el pueblo, obviamente, pero sí de los que ostentan el poder real y lo hacen desde hace más de cien años entre bambalinas. Vamos, Marce! Que no hay mejores Republicanos que Clinton y Obama! Han hecho más daño que los dos Bush juntos e incluso implementado cosas que ni el más acérrimo ultraconservador hubiera siquiera propuesto abiertamente. Eso sí: con frasesitas de «Sí, se puede» en el caso de Obama (quien nunca dejaba del todo claro «qué» es lo que se puede) y una amplia y cándida sonrisa seductora en el caso de Clinton, abrocharon y masacraron a más no poder, dentro y fuera de EEUU.

    La diferencia es que al menos Trump lo expresa abiertamente, casi sin hipocresías acarameladas para la gilada. Para mí, es la mejor representación del ideal yankee: abusador, misógino, racista, xenófobo, yoísta a ultranza y rayando en la psicosis. Digno hijo de papá Boris «Bretania», quien también encarna los ideales semi ocultos de la islita imperial a la que representa.
    Diríamos que estamos transitando un tiempo donde ya no hay lugar a las medias tintas: ó estás de un lado ó estás del otro. La «tibieza» ya no tiene cabida, en ninguna parte, ni siquiera en las «Doñas Rosas» que, lamento decirte, YA NO EXISTEN. Existían en nuestra niñez, en la época del cara de sapo Neustadt, los resabios de una generación reprimida y represora. Quedan algunos ejemplares, pero ya demasiado achacosos y sin voz ni voto.

    Las pocas amas de casa de hoy, están involucradas en la vida política en distinta medida: ó bien son «cacerolas» que salen a gritar improperios ezquizoides a la plaza (caso clases pudientes) ó bien madres que llevan adelante comedores barriales y ollas populares (caso clases no pudientes). El resto de las mujeres estamos trabajando; somos profesionales, políticas, empresarias, artesanas, maestras, enfermeras, bomberas y/ó feministas, que no nos quedamos en casa espiando a través de los huecos de la persiana a ver qué hace «la de enfrente» sino que, de distintas formas y con distintos grados de participación, aportamos a la vida política (partidaria ó social) del país. De un lado ó del otro.

    Con respecto a la estupidez, bien a lo Dilbert, lo pongo en el posteo debajo 🙂

    1. Vanina dice

      Vengo estudiando la estupidez y la maldad desde hace alrededor de 25 años, pero sólo recientemente pude cerrar ambos conceptos, por temas de experiencia (soy bastante lenta para procesar, jeje). Espero te sirva mi aporte.

      (a) Estupidez / Inteligencia – (b) Bondad / Maldad: son independientes, cualidades ó atributos por sí mismos. Hay personas bondadosas sumamente estúpidas y personas malas sumamente inteligentes. Ninguna de estas cualidades es auto-excluyente ó auto-incluyente de por sí en tanto binomio. Es decir: la maldad no es intrínsecamente estúpida. ES, sencillamente, maldad. Que puede ir acompañada por Estupidez ó por Inteligencia. Pertenecen a estratos distintos, a «centros» distintos. A ver: el binomio (a) pertenece al centro intelectual, a la razón. Y el (b), al emocional. Si bien el centro intelectual contiene un sub-centro emocional, y a la inversa, son distintos y autónomos entre sí. Es como comparar peras con zapatos: son dos cosas distintas que sirven para cosas distintas. Que tengas un zapato no implica necesariamente que tengas una pera… se entiende?

      Quizá por eso hay tanta confusión y tanto Jung como White estaban en lo cierto pero cada uno veía sólo una parte del todo, diseccionada.

      Te copio las reflexiones de un filósofo contemporáneo así agregás a tu bagaje investigativo:

      «La razón verdadera en el corazón falso produce la hipocresía.

      El sentimiento verdadero en la cabeza falsa, produce la estupidez.

      La acción verdadera en la cabeza falsa, produce el regreso de la acción y, en el corazón falso, la humillación.

      Si falsa es la acción y la cabeza verdadera, el vacío irá adelante.

      Cuando la cabeza, el corazón y la acción están falseados –según distintas proporciones-, producirán la venganza, la envidia, la desazón, el aburrimiento y el “no”.

      Dice “si” quien piensa, siente y actúa verdaderamente, y verdaderamente va en dirección única que es triple.»

      Este buen hombre (filósifo Mendocino, 1938-2010, Doctor Honoris Causa por la Academia de Ciencias de Rusia) ha hecho invaluables aportes contemporáneos sobre todo este campo que seguro te serán de mucha utilidad para reflexionar sobre varias cosas, maldad/estupidez incluidas. Mario Luis Rodriguez Cobos se llamaba, más conocido como Silo, fundador del Nuevo Humanismo. Podés encontrar info y bajar cosas en http://www.silo.net.

      Te mando un fuerte deseo de Paz (para el pasado), Fuerza (para el presente) y Alegría (para el futuro) en esta época de los últimos estertores de un sistema que ya fue 🙂

  18. alejandro dice

    En un momento, el excelente artículo de Figueras menciona al egoísmo como una de las características definitorias del mal encarnado. Sin embargo, recuerdo una frase de Zizek (en realidad no sé si era una idea de él, o si estaba citando a un filósofo iluminista, tal vez Rosseau), que decía algo como que «la persona egoísta está demasiado ocupada en su propia satisfacción como para dedicar demasiado tiempo en pensar en hacerle el mal al otro». El fascista (el nazi, el procesista, el falangista, etc), por otro lado (el que, como decía creo que Calvino, «te habla de honestidad y valores pero en realidad es un militante del Mal»), no sólo no es indiferente al otro, sino que se muestra obsesionado con él (con el otro, el distinto): quisiera dañarlo (el fascismo propiamente dicho, el de Italia), incluso destruirlo o erradicarlo (variantes más extremas como el nazismo o el procesismo).

  19. Ernesto Oscar dice

    Estimado Marcelo, cuando nacemos traemos con nosotros la pulsión por vivir. Nuestra familia, nuestra casa, nuestro barrio, nuestra escuela, nuestro entorno serán determinantes para lo que lleguemos a ser. Por tanto la tarea más importante que tiene el gobierno que recién comienza es la de proveer vivienda digna para todos, escuela gratuita, laica y obligatoria desde el preescolar hasta finalizar el secundario, que será estatal y única en todo el territorio nacional, sin lugar para educación privada o confesional, así como deberá este gobierno repoblar al país construyendo pequeñas y medianas ciudades con todo lo necesario en el interior desahogando las perisferia de las grandes ciudades donde malviven millones de personas. No necesitamos dólares para eso. Y el Estado debe controlar los medios de comunicación y armar sus propios medios para informar al pueblo. Y la justicia tiene que ser sacada de los sótanos donde se esconde y puesta a la luz, desinfectada, higienizada y puesta a hacer su tarea de mediar en los conflictos. Contamos con cerebros y brazos capacitados y eficientes para hacerlo. Alververemos.

    1. Rodolfo dice

      Lo que pedís/mos es que se GOBIERNE BIEN. ¿No será mucho?

  20. luis dice

    «Reivindicamos nuestro derecho a ser hijos de puta y cagarnos en el resto»
    Nada define mejor a la estrategia del PRO y Duran Barba para captar -y mantener- el voto de los hijos de puta y los suicidas estúpidos. Asi ganaron en 2015 y así recuperaron un 40% en octubre, despues de 4 años de destrucción. Si alguien se aterra al recordarlo… tranquilos, es lo mas normal del mundo aterrarse.

    Encima, los voceros más cobardes den las redes suelen defenderse poniendose como víctimas de lo ‘políticamente correcto’. O sea: racistas, xenófobos, misoginos y fachos en general que se sienten atacados y lloran cuando se los llama racistas, xenófobos, misóginos y fachos.

  21. Rodolfo dice

    Lo que ayuda a sobrevivir a las inclemencias naturales, lo que ayuda a vivir, lo que ayuda a vivir sin enfermedades, lo que asegura nuestra reproducción como especie. Todo eso es el «Bien» desde el punto de vista biológico que nos unifica con los demás seres vivos.

    Pero, Oh! sorpresa!, también incluimos en el «Bien» lo que nos da PLACER.

    Y aquí e donde se arma el lío porque da placer «el menor esfuerzo» o dicho de otro modo que el esfuerzo que debiésemos hacer nosotros lo hagan otros por y para nosotros (explotación), también da placer (no en todos) el puro sexo sin compromiso afectivo obtenido desde el poder del dinero (prostitución) o de la fuerza (abuso y violación), también da placer la ostentación en forma más o menos violenta de poder ante uno o más congéneres (sadismo) y lo contrario, da placer sentirse contenido, admitido, querido aunque sea bajo amenazas y castigos (masoquismo),

    Todo esto llevado desde la escala individual a la social aporta a la comprensión que con más lucidez expresa Marcelo Figueras en su artículo.

  22. Graciela dice

    En una reunión en la Facultad de Derecho de Iniciativa justicia, el fiscal Federico Delgado recomedó el libro de Simona Forti «los Nuevos demonios» «Repensar hoy el mal y el poder», para comprender la cuestión del mal. Simona Forti enseña Historia de la Filosofía Política en la Universidad de Piemonte. Ideas edhasa.
    No me resulta fácil la lectura ya que recorre los distintos enfoques del debate sobre la cuestón del mal. Lo menciono porque tal vez le interese a los lectores de este Cohete.

  23. Dario F. dice

    Reflexión de la lectura del artículo … Pienso que la existencia del mal cómo tal es algo que sucede sin mucha explicación; en cambio, el espacio cedido por el conjunto al mal es más concreto / palpable y así evitable. Hay mucho allí mucho de “enamoramiento” en ideas /conceptos antes que realidades y mucho también de baja confianza en el diálogo con el otro.

  24. danilodi dice

    Compañeros,
    Tres comentarios tres:
    Va uno. La discusión llevaba años cuando se decidió consultar al Consejo de Ancianos (en épocas en que a los que tomamos – además de pastillas- la curva de la mitad de la vida se nos pedía opinión). Se trataba de elucidar si el «HOMBRE» (no eran tiempos de igualdad de género ni de lenguaje inclusivo) es esencialmente «BUENO» o «MALO». Las ponencias llevaron días, meses y hasta años. Se concluyó así: es esencialmente «MALO». Por lo tanto nuestra tarea es arrimarlo al «BIEN».
    Digo dos. Perón dijo (Solanas y Getino mediante) que prefería un malo a un tonto, por aquello que pudo ver algún malo volverse bueno, pero nunca un tonto inteligente.
    Tres y fin. Flaubert: «ser estúpido, egoísta y gozar de buena salud, he aquí los tres condiciones para ser feliz, pero si os falta la primera estáis perdidos»
    Un abrazo

  25. danilodi dice

    Compañeros:
    Tres comentarios, tres…decía…
    Va uno: la discusión llevaba ya muchos años hasta que se decidió convocar al Consejo de Ancianos (en aquella época a los que doblábamos la curva de la media vida se nos pedía opinión). El tema? el «HOMBRE» (no eran épocas de igualdad de género y menos de lenguaje inclusivo) es esencialmente «BUENO» o «MALO»? La disputa llevó días, muchos, convertidos en meses. Finalmente concluyeron: es esencialmente «MALO», de donde acercarlo al «BIEN» es una tarea de todos y permanente.
    Digo dos: Perón dijo (Solanas y Getino) mediante que prefería a un MALO sobre un tonto, por aquello que conocía malos puestos a buenos, pero ningún tonto vuelto inteligente.
    Tres y fin: Flaubert «: ser estúpido, egoísta y gozar de buena salud, he aquí los tres requisitos para ser feliz, pero si os falta la primera estáis perdidos»
    Un abrazo

  26. María José Punte dice

    Muy filosófico tu texto esta vuelta, Marcelo. Me alegra que hayas podido salir del binarismo Mal/Bien, porque en realidad es parte de una forma de inercia cultural, que nos hace creer que existen como entidades. Pensamos así por muchos siglos, pero no nos ha dado resultados para entender qué es lo que pasa realmente. La estupidez, algo que también me llamó la atención muchas veces, ofrece una posible salida para entender por qué están mal las cosas que están mal.
    No leí ninguna Historia de la Estupidez, y me gustaría. Pero sí pensé muchas veces en cómo nos vemos perjudicados, en el plano que sea (personal o colectivo) por la estupidez de algunes. A eso se suma la vergüenza propia al sabernos estúpidos de vez en cuando: nadie está exento, lamentablemente. Y nos devuelve a nuestra verdadera medida que no es épica, sino bien modesta. Digo, el del mundo en el que cada uno de nosotres vive.

  27. Sergio Gustavo Mendez dice

    Muy linda reflexión, muy buena.

  28. danilodi dice

    Tres comentarios, tres

    1. danilodi dice

      Compañeros:
      Doblar el codo de la vida te lleva, a veces, a repetir algunas cosas. Mis disculpas
      Abrazo

  29. Carlos dice

    Gracias, como siempre Marcelo

    A mis [email protected] de secundaria, los mas grandes, siempre les hablo de imbeciles e imbecilidades, y de estupidos. Y eso que estamos estudiando historia. Algunos aun se rien cuando lo digo, pero la mayoria, ya se acostumbraron, y tambien abrazaron la idea de que ser poderoso o tener dinero, no significa genialidad. Que la educacion formal esta sobrevalorada (en terminos de estupidez e imbecilidad) esta claro. El titulo universitario es solo eso, un titulo universitario que habilita y corrobora que uno transito una determinada carrera universitaria. Nada mas. Uno puede ser un rematado estupido, y sin embargo ser un genio en un area especifica.

    25 años despues de «La era de la boludez», Divididos debiò haber sacado «La era de la estupidez». ¿Tal vez internet y las redes sociales hayan ayudado a que cualquier imbecil, figure? ¿Que son las Kardashian, o Paul Logan? Estupidos, con millones de seguidores, que ganan millones de dolares, haciendo imbecilidades. ¿No esta Instagram lleno de eso? De ahi a glorificar a imbeciles que repiten mantras como «lluvia de inversiones», hubo solo un paso.

    Ahi estamos

  30. Daniel dice

    Compañeros:
    Tres comentarios, tres,
    Va uno: Cuentan que allá lejos y hace tiempo, se dio la discusión acerca del «MAL» y el «BIEN». Era tan importante la disputa que hubo de juntarse el Consejo de Ancianos (era tan pretérita la época que a los que doblamos el codo de la media vida se nos consultaba). Y debatieron durante días, que llegaron a ser meses y concluyeron: el HOMBRE (que no se conocía igualdad de género ni lenguaje inclusivo) era esencialmente «MALO». Pero… pero… que nuestra tarea era acercarlo al rumbo del «BIEN».
    Otro, dos: Perón decía (Solanas y Getino mediante) que prefería a un malo que a un tonto, por aquello que había visto a un malo volverse bueno, pero nunca a un tonto inteligente.
    Tres y fin: G. Flaubert «Ser estúpido, egoísta y gozar de buena salud son los tres requisitos para ser feliz, aunque si falla la estupidez, todo está perdido.»
    Un abrazo

  31. Pablo Moreno dice

    Simplemente hermoso!!!

  32. javier dice

    muy bueno!

  33. oscar toro dice

    NOTABLE!!! tu estúpida nota sobre la estupidez y la condición humana!!! y agrego otra estupidez circulante: soy septuagenario y la vida vivida me habilitó para tener una mirada sabia de las cosas: me la sé toda!!! viste: como los tacheros!!! Pero, bueno, aquí andamos, aturdidos, en este tramo histórico, tratando de sacarnos la resaca de las religiones, que fueron necesarias, pero ahora no sirven para nada. Las respuestas siguen esperándonos allá adelante. Y (un secreto!!!) soy optimista!!! Mirá que ya llevamos miles de años rompiendo las tarlipes en el planeta, somos autodestructivos, pero seguimos firmes en la lucha, que es cruel y mucha. Gracias!!! MUCHES DE NOSOTRES!!!

  34. Raúl Mereñuk dice

    ¡Excelente análisis ! A pesar de cierto gusto amargo que deja, es reconfortante y esperanzador leer reflexiones de este tipo. Sería interesante que en algún otro artículo escribas cuál es la relación entre la estupidez y la frustración personal de una vida no vivida. Personalmente creo que desde ahí se cuela el odio de quienes a pesar de ser víctimas de los estúpidos en el poder, los siguen apoyando.

  35. Diana Laurencich dice

    Desde Erasmo y su Estudio de la estulticia que no me reía tanto con un tema tan pavoroso.
    Yo acuerdo en pensar en términos binarios, como Jung, y sus Siete sermones a los muertos, a veces me despiertan a la noche y no hay otra forma de conjurar esa caterva de seres que escribiendo.

    ¡Pensar que trabajo en una casa de una Doña Rosa y me enfrento a ella cuatro días a la semana! El poder que tienen es infinito para actuar de bramadores de la estupidez, desde su enchufe cual suero a TN hasta no importarles lo que pasa en el resto del mundo!
    Bueno Marcelo, un abrazo, y gracias por la risa.

  36. gus62 dice

    Excelente articulo para dejar en evidencia los efectos colaterales de la estupidez humana, devenida en estupidez electoral.

  37. gloria dice

    Ya con la bajada de títula podría terminar esta brillante nota. Para releer siempre. Gracias!!

  38. Susana dice

    Un placer leerte. Como cada domingo.

    1. Marcela Pochettino dice

      Es de esos textos que te permiten disfrutar de una buena lectura y además tiene un plus que, en mi caso, funciona como motorizador de nuevas preguntas.

    2. Paola dice

      Excelente !!! Gracias por tu análisis. Encontré respuestas a cosas que me pregunto a diario y no lograba dar una respuesta.. 👏👏👏

  39. jose dice

    Las categorías de estupidez/inteligencia están relacionadas íntimamente con bueno/malo, como bien indicás en el articulo Marcelo, y su utilización para calificar las acciones y/o seres humanos dependen del sistema de valores que tiene una civilización.
    Dicho sistema esta en una permanente negociación, cuestionamiento y conflicto entre todes sus integrantes.
    El ser humano, si entiende/conoce lo bueno, va actuar de acuerdo a ello? Es una pregunta que se remonta desde Sócrates (y que encontramos y aformulada mucho antes, en otras formas, en escritos egipcios, por ejemplo) y hasta aquí nos seguimos haciendo sin una respuesta satisfactoria.
    Creo que la pelea debe darse en la lucha del sistema de valores en función del reconocimiento del otro, teniendo en cuenta que el otro, en definitiva es un espejo de uno (cómo bien lo podemos ver en la dialéctica del Amo y el esclavo de Hegel, por ejemplo), mas allá de las diferencias.
    Y es muchas veces la pereza de unos cuantos en esa lucha lo que hace se caiga en lo que indicas como estupidez (para que voy a preocuparme por el hambre/pobreza/injusticia/destruccion del medio ambiente/etc., si siempre hubo/existió).
    Es un trabajo diario de deconstrucción/reconstrucción que debemos emprender entre todes, sin caer en la pereza ni el desaliento. Actualmente nuestra supervivencia como especie depende de ello.
    Abrazo y gracias por éste ejercicio de pensamiento que son tus notas cada domingo.

    1. Paola dice

      El gran tema tmb es que esa pereza que mencionas la escuchas muy seguido últimamente.. que no se naturalice es una gran meta contra la estupidez

  40. Jose Alberto dice

    Excelente, te acompaño

  41. German Rios dice

    Un artículo impecable estimado Marcelo. Ha sido un placer leerlo.

  42. Alicia Inés Maxuach de Díaz dice

    Hace años leí Historia de la Estupidez Humana, de Paul Tabori. En su último pårrafo dice:
    Fin de este libro, porque la estupidez humana no tiene fin.

  43. Alicia Inés Maxuach de Díaz dice

    Hace años leí un libro, Historia de la Estupidez Humana, que en su último párrafo dice:
    Fin de este libro, porque la estupidez humana no tiene fin.

  44. Alicia Inés Maxuach de Díaz dice

    Hace años leí un libro que se llama Historia de la Estupidez Humana, que en su último párrafo dice:
    Fin de este libro, porque la estupidez humana no tiene fin.

  45. Guillermo dice

    impecable, de inicio a fin
    desde
    «Trump (se) dedica a entrar antorcha en mano en el polvorín de Medio Oriente…»
    hasta
    «Incluyendo los de aquelles que nos agreden a diario y arrollarían con un tractor si pudiesen, sin percibir que somos nosotres los que velamos en serio por sus derechos — a diferencia de aquellos cuyos nombres vitorean…»

    sin desperdicio

    Gracias!

  46. Juan Sonder dice

    Hola Marcelo, dos puntos que creo debemos rever 1) los mejores colegios. No creo que vayan a los mejores colegios irán, en tal caso, a los colegios que «ellos» consideran mejores. Me parece un error esa calificación y erramos al conceder esa categoría. 2) Dcdís que no se dan cuenta de que «nos joden»; disiento, se dan cuenta y no les importa. Ese es el origen o el punto de ruptura entre el Bien y el Mal. Un abrazo

  47. Néstor O. Gozza dice

    «muches de nosotres», eso es estupidez. https://www.youtube.com/watch?v=__wwuVsODTc&t=4s

    1. luis dice

      Otro facho de cabotaje asustado por ‘la ideología de genero’ (SIC) y haciendo spam de estupidez en forma de blog.
      Corazones, ¿que hacen en el Cohete?

    1. luis dice

      El blog que compartís es una muestra insuperable de estupidez e hijaputez. Como suelen ser los fachos, en general.

  48. Nené Vidal dice

    No pude encontrar ni un solo defecto, error o disidencia con lo que yo pienso en este artículo. Aunque me sería imposible expresarlo tan impecablemente.

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