Calle, organización y política

El 17 de octubre como recuperación de la identidad plebeya y la coordinación de las fuerzas sociales populares

 

La movilización social que se produjo en el día de ayer supone es la previsible respuesta a una oposición que ha cuestionado todas las medidas sanitarias, se ha encargado de propagar variadas consignas destituyentes y ha escenificado el odio como forma de posicionamientos políticos en formato urbano. Una gran parte de los sectores populares expresó con la caravana y la manifestación virtual un profundo cansancio moral respecto de una minoría intensa empoderada irracionalmente por un Partido Mediático (PM), responsable de organizar las campañas de hostigamiento y desánimo contra el proyecto del Frente de Todxs inaugurado hace menos de 10 meses.

En ese contexto, el espacio público apareció colonizado durante el último semestre por diferentes grupos fragmentados y muchas veces inconexos (terraplanistas, negacionistas, antivacunas, neonazis ultraliberales y macristas) que intentaron postularse como  protagonistas del ágora pública. El sábado, sin embargo, se puso en evidencia que la calle no había quedado huérfana por la indiferencia política de las grandes mayorías populares –respeto al acontecer político– sino que su abandono momentáneo se circunscribió al objetivo comunitario de preservar las medidas sanitarias.

La territorialidad ha sido, históricamente, el lugar privilegiado de las luchas por los derechos sociales y económicos. Un listado pormenorizado de las conquistas de los sectores subalternos muestra con claridad que sus demandas han sido expresadas,  indefectiblemente, por el espacio público. Los sucesos de ayer vuelven a poner de manifiesto que ningún gobierno latinoamericano dispuesto a promover medidas democráticas para beneficiar a las mayorías sociales puede sostenerse únicamente con regulaciones políticas gubernamentales. Requiere de una base de sustentación movilizada, capaz de dar respuestas a las sistemáticas zancadillas delineadas, avaladas o impulsadas por el Departamento de Estado, a través de accionistas locales.

Pero la escena visible del 17 expone otro tipo de problemáticas, de índole más estratégica, vinculadas con la sustentación del proyecto popular, bombardeado desde los poderes fácticos: la imperiosa necesidad de una coordinación organizativa de cara al escenario de los próximos meses. Un adelanto del enrarecimiento de la atmósfera política se hizo visible con la reaparición de Mauricio Macri, haciendo detonar los puentes con sus socios menos extremistas dentro de la coalición de Juntos por el Cambio. El contexto geopolítico latinoamericano y la irrupción de sectores ultraliberales como mascarones de proa del PM  requieren la actualización de un repetido (y poco practicado) apotegma justicialista: solo la organización vence al tiempo. Las pugnas venideras exigen –para no debilitar al bloque social del oficialismo– un entramado dispuesto a expresar y contener a los 7 actores colectivos más dinámicos de la actual coyuntura, identificados con posiciones soberanas:

  • El Frente de Todxs;
  • El conglomerado sindical (CGT y CTA);
  • Los movimientos sociales y cooperativos;
  • Los colectivos feministas;
  • El entramado cultural, científico y académico;
  • Las congregaciones confesionales, y
  • Las confederaciones y las cámaras que agrupan a las pymes.

El 17 puede funcionar como un nuevo punto de partida para cumplir la triple función que la etapa reclama: brindar contención identitaria a los sectores populares, constituirse en la salvaguarda de las medidas gubernamentales (que benefician a las mayorías) y –al mismo tiempo– oponerse y enfrentar a los grupos más retrógrados. La construcción de esta red defensiva, identitaria y proactiva solo puede consolidarse si se define con claridad quiénes son los actores comprometidos en socavar la democratización de los derechos sociales y económicos.

El pueblo no es –como muchos creen– una categoría demográfica o socioeconómica asociada a la pobreza, a la carencia o la cultura plebeya. Es un concepto que se instituye luego del antagonismo contra las oligarquías, que en la actualidad han devenido en financiaristas, fugadoras y hostiles a la producción y el trabajo nacional. No hay pueblo sin reivindicación de derechos adeudados o conculcados. Lo popular se construye en la lucha contra el poder que impide la libertad colectiva y que impone una o varias formas de opresión simbólicas o materiales. Y lo que hace enérgico al colectivo popular es su organización.

La defensa de las políticas de inclusión social y el enfrentamiento contra los talibanes del mercado no puede hacerse únicamente desde el gobierno. Dejar solos a los funcionarios y referentes políticxs –que hoy deben ocuparse de gestionar un Estado que ha sido arrasado por el macrismo– es suicida y lleva indefectiblemente a generar un desgaste paulatino. La organización en red entre los 7 actores colectivos no implica la disolución de identidades particulares ni una confusión de tareas y objetivos específicos. Supone una red de coordinación, arraigada en las autonomías de cada espacio. Uno de los grandes descuidos del Partido de los Trabajadores de Brasil fue abandonar, en forma paralela a la actividad gubernamental, el fortalecimiento de una base social capaz de movilizarse frente a las presiones oligárquicas.

 

 

Política, Patria y República

La política es la suma de dos disposiciones: la confrontación y el consenso. Se confronta y/o se acuerda. Pero en ningún caso se llega al consenso o la confrontación como una tabla rasa (sin historia previa). Los sectores hegemónicos tienden a promocionar los consensos cuando perciben que la correlación de fuerza les es esquiva. Y hacen panegíricos de los acuerdos, sin hacer referencia a que dichos compromisos deben implicar una ganancia compartida de beneficios sociales y económicos para los que negocian. Un pacto social (eufemismo de consenso) no puede ser impuesto por uno de los contendientes, simulando la disposición al diálogo. Hay consenso si hay rendimientos verificables por parte de quienes convienen utilidades.

El reiterado discurso del PM insiste en hacerle creer a la sociedad que el proyecto nacional y popular solo confronta y que se niega a pactar un plan de corto y mediano plazo. Lo que realmente encubren es que se pretende instaurar su programa, percibido como único, coherente con los mandatos hegemónicos impulsados desde Washington. El consenso que ofrecen es avenirse a sus criterios financiarizados, acordes a la posibilidad de seguir obteniendo tajadas creciente de la riqueza nacional mediante dispositivos especulativos. Frente a la ausencia de ese consenso impuesto, la tradición política ofrece como alternativa el antagonismo de mayorías y minorías, ejemplificado en el debate legislativo. Es en esa instancia que el establishment anula también las formas de la confrontación democrática y se dedica –cada vez más– a quebrar la institucionalidad del conflicto, judicializando la política. Los poderes concentrados no parecen estar dispuesto al juego político. Ni por el lado del consenso, ni por el lado del antagonismo dentro del Congreso.

Durante gran parte de los siglos XIX y XX, la palabra patria fue secuestrada por la derecha oligárquica. El kirchnerismo, sin embargo, la resignificó a principios del siglo XXI y logró recuperarla para la identificación amplia y popular. La patria dejó de ser una nominación meramente castrense para recuperar el timbre orgulloso y sensible de una ciudadanía que recupera sus gestas independentistas y reivindica a sus padres fundadores, forjados en las luchas anticolonialistas. De forma similar a la apropiación de la palabra patria por parte de los sectores oligárquicos, en la actualidad el neoliberalismo doméstico vacía el concepto de república. El origen de este término posee una indudable reminiscencia antioligárquica, opuesta a toda forma de aristocracia. En la concepción republicana, la política es la expresión de la virtud cívica, la forma en que se define el desprendimiento, el espíritu colectivo, la fraternidad comunitaria: lo opuesto a la gestión social del mercado, institución predilecta de los pseudo republicanos domésticos. No hay nada más alejado de un republicano que un sujeto enfervorizado por el individualismo.

El protagonismo de las mayorías sociales y su participación en el debate público –ajeno a toda mediatización monopólica– son valores innegables de la tradición republicana. No existe nada más alejado de la tradición republicana que la defensa irrestricta del mercado y su desprecio por la intervención y/o regulación de la cosa pública. Lo republicano enraizado en la tradición de Maquiavelo, Montesquieu y Rousseau es exactamente lo opuesto a la postulada destrucción del Estado impulsada por los neoliberales vernáculos. Algo similar sucede con el término libertad, sustantivo predilecto de las huestes opositoras. Su utilización remite claramente al terror que experimentan de perder potestades y privilegios: perciben a los gobiernos populares como los responsables de cuestionar sus derechos inalienables sobre la proporción del poder, renta, propiedad y riqueza (socialmente acumulada) disfrutada en el pasado. Conjeturar formas alternativas –y plurales– de distribución de esa libertad declamada implica un escándalo insoportable para sus coquetos demandantes. Esa libertad proporcional no es precisamente aquello digno de ser reverenciado.

Las inversiones en redes sociales realizadas por los empresarios de la oposición  con ayuda de los think tanks ligados a la embajada anuncian una nueva movilización para el próximo 8 de noviembre. El 17 de ese mes es el día de la militancia. Será, entonces, una nueva cita para que los sectores populares, en el marco de superiores formas de coordinación, vuelvan a desplegar su poder territorial. La derecha sin dudas tomará nota al igual que lo hizo ayer. Pero ya no sentirán que la dramatúrgica del espacio público es un terreno que les pertenece. Más aún, volverán a inquietarse, aturdidos, por la magnitud aluvional y la densidad del subsuelo de la Patria.

 

 

 

 

10 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Jorge:
    Excelente análisis.
    Una humilde digresión, si me permite:
    Para no repetirme hago extensivas las reflexiones que le realizara a Horacio Verbitsky en el artículo central de esta edición del Cohete.
    Sólo me repetiré en un párrafo, para sugerirle que su pluma, abarcativa de una amplia comprensión analítica, le pueda sacar mejor provecho a esta interpretación de mi parte: “…Me parece, Horacio, que el caso Dolores Etchevehere es la síntesis perfecta de este país a contramano. En ese botón de muestra se puede entender perfectamente, parafraseando a González Fraga: que tan meritocrática es la meritocracia que asiste a los dueños de la Argentina…”.
    Traigo a colación algunos párrafos del discurso de Cristina en el acto de Plaza de Mayo (18/6/2008):
    “…Por eso, cuando tomé decisiones para redistribuir el ingreso no lo hice -se los juro- para perjudicar a nadie, al contrario, no fueron contra nadie, fueron para que todos los argentinos pudiéramos vivir un poco mejor; para que los alimentos, que mencioné en mi discurso de asunción, el 10 de diciembre, como un de los problemas fundamentales que íbamos a tener en el mundo, junto a la energía, llegaran a todos. Tal vez algunos creyeron que era sólo un discurso de ocasión, pero aquí está, no solamente en la Argentina, en el mundo, el problema de alimentos cada vez más caros y de una energía cada vez más cara.
    Yo sueño -y ese fue mi compromiso al tomar las decisiones- de vivir un Bicentenario diferente al Centenario que vivió este país hace casi 100 años. Hace 100 años este país era el principal productor de carne y trigo, exportaba todo, sin embargo los argentinos se morían de hambre y los obreros eran apaleados y fusilados.
    …Esos son mis sueños, pero los sueños necesitan también de decisiones y del coraje necesario para tomar esas decisiones.
    Cuando vine aquí el 1º de abril, a hablar con todos ustedes, yo creía que realmente estaba ante la batalla por la redistribución del ingreso porque, tal vez, quienes tenían que resignar una pequeña parte de su renta extraordinaria disputaban y discutían; creía – les juro sinceramente – que estaba ante esa batalla, la de la redistribución del ingreso, la de la lucha de los intereses naturales en toda democracia donde hay conflicto social. Pero luego, cuando comenzaron a pasar los días y yo veía que desde un sector de la sociedad, desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no, me di cuenta que estaba ante otra situación muy diferente.
    …Me di cuenta, entonces, que estaba ante otro escenario, ante otro cuestionamiento, ya no era retenciones sí o retenciones no, ya no eran intereses, se estaba socavando, se estaba interfiriendo en la misma construcción democrática, esa que nos dice que son los representantes del pueblo, elegidos en elecciones libres, democráticas y sin proscripciones, los que deciden, deliberan y ejecutan. Esa es la Argentina democrática, la de la Constitución, la de las instituciones, la de los poderes del Estado, legal y constitucionalmente establecidos.
    Pero cuando además empecé a ver a algunos que parecían colarse entre esos reclamos, y que ya no cuestionaban ni las retenciones ni nada, simplemente nos insultaban por haber reinstalado la vigencia de los derechos humanos en la Argentina, el escenario fue completo y total.
    …Yo quiero en nombre de la vigencia democrática, en nombre de la Constitución, en nombre de las leyes de la República, que adviertan que si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia, y que ya los argentinos no queremos más comedias, queremos por sobre todas las cosas volver a recuperar responsabilidad institucional y vigencia de la Constitución.
    …Pasaron muchas cosas argentinos, nos dividieron, nos enfrentaron los unos con los otros, civilices y militares, el campo y la industria, y solamente se beneficiaron de esos enfrentamientos muy poquitos.
    Los que primero cayeron como siempre fueron los pobres, después fueron los trabajadores, después vinieron por la clase media, por esa clase media que muchas veces a partir de prejuicios culturales termina actuando contra sus propios intereses. Los intereses de la clase media son los de los trabajadores, son los de los empresarios comerciantes, son los de los argentinos que tienen sus intereses atados aquí a la tierra, que no pueden girar dólares al exterior, que tienen su casa aquí, sus hijos.
    Tenemos que aprender a mirar más allá de lo que nos muestran; tenemos que aprender a escuchar más allá de lo que nos recitan; tenemos que comenzar a mirar en base a nuestros propios intereses para dejar de lado los cantos de sirena. Tuvimos demasiados cantos de sirena y nos fue muy mal.
    …Tenemos que aprender de una buena vez por todas a procesar democráticamente nuestras diferencias. Tal vez con tanto golpe de Estado, con tanta interrupción institucional que hemos vivido, creemos que todo se arregla con intolerancia, con golpes, con bocinas, cacerolas o corte de ruta.
    …Quiero decirles y quiero que todos nos vean y nos escuchen, porque esta es una plaza del amor y de los sueños, que no vinimos a agraviar, no vinimos a insultar, simplemente a contar nuestras ideas del país que soñamos y cómo lo queremos hacer. A los que crean que pueden hacerlo mejor que nosotros, y seguramente habrá quien lo pueda hacer mejor que nosotros, los invitamos a que democráticamente se constituyan como partido político y en las próximas elecciones reclamen el voto del pueblo para ejecutar sus políticas y su modelo.
    Así se construye calidad institucional, así se construye democracia, así se defiende la Constitución y así se hace honor a la bandera y a la historia de la Patria…”.
    Decía Eduardo Aliverti, en su editorial del 24/10/20: “…Vayamos con algunas suposiciones, o no, démoslas por cierto, o no, no importa si para estar de acuerdo, sino para trazar un panorama a partir de cual se erige cierta conclusión que nos parece. Demos por cierto o aceptable que el gobierno está brindando una imagen de impotencia, relativa al menos, alguno dirá total, frente a la ofensiva devaluatoria y que, esa definición encierra en rigor un ataque político generalizado que busca desestabilizar, que el instrumento central son medios de comunicación y sus redes, remarcamos lo de instrumento porque no se puede extraviar que esos medios forman el trío constitutivo del embate junto a la AEA para resumirla en una sigla y, su pata judicial…Demos por cierto o aceptable que, el gobierno, sin embargo y también dando por cierto que sí sabe hacia donde va, carece ya por completo, o casi, de una comunicación eficiente…que se está a la defensiva…Pero decíamos que esta líneas o estos disparadores son para arribar a otro ejercicio que es, dando por cierto o verosímil que el gobierno está apretado, imaginar que-lo sucedería mientras nada menos se reafirma la pandemia…Significa que el problema es mucho más las dudas del gobierno, por lo menos las dudas ostensibles que algún poder de fuego constructivo opositor. Dudas oficiales que no pasan o no pasarían por la convicción de que la salida es a través del mercado interno, de recomponer empleo, trabajo, changas, de reconstituir crédito productivo de crear o afirmar alianzas de la parte que quede de una burguesía, llamémosle nacional, de activar con los actores de la economía popular, por favor. El problema, casi hasta muy cómodo para diagnosticar, pero evidentemente complejísimo de resolver, es como sale el gobierno de esta extorsión efectiva de lo que, también es indiscutible, un mercado chiquito, el del dólar otrora paralelo, bueno chiquito pero demasiado cumplidor, demasiado potente y, quien les habla, no tiene esta respuesta, tampoco uno observa que la aporten aquellos que aciertan con las preguntas, con las revelaciones, con el marcaje con lo que oprime…Entonces, el resto temático, las patotas gauchócratas de Etchevehere, increíble no…el comando de Clarín y Techint, la mesa judicial del espionaje y las andanzas macristas, la república “autónoma” del cuarto piso de Tribunales, los desquicios relatores del terceto presuntamente periodístico, la avanzada de los cruzados anticuarentena que ahora se montan en que de alguna forma hay que parar lo que alentaron, el discurso antipolítica de los políticos por antonomasia, la obsesión enfermiza contra Cristina, la imbecilidad casi insuperable de que seremos Venezuela y el goteo repugnante de mostrar que el Presidente es un hombre sin carácter, conducido desde el Instituto Patria; bueno todo eso forma parte de una tanda tan forzosa de describir y de denunciar, claro que sí, como insuficiente para solucionar algo de lo que estamos hablando. La exigencia de la hora es, claramente, con qué poder efectivo de fuego le responde el gobierno al ataque sistemático que sufre, más allá de los yerros autoinfligidos y, quizá no vale la respuesta de que recurriendo a la movilización popular sería otra cosa, porque, vistas las circunstancias pandémicas, por favor, sin perjuicio de lo conmovedor y necesarísimo del 17 de octubre, bueno, a efectos prácticos no es más que un mandoble poético. Estamos hablando de cómo se frena en la política real, una demostración ofensiva que no para un segundo, cuando el gobierno ni siquiera cumplió un año. Se aceptan ofertas mejores a la que hace falta que el frente de todos, en su acepción de alianza firme, con ambos Fernández, a la cabeza demostrativa, muestre decisión en disposiciones que exhiban poderío político, lo técnico es subyacente. La mala noticia si quieren, es que el gobierno no está dando imagen de autoridad, ni siquiera con la dosis de autoritarismo o firmeza imprescindible. La buena y vaya si lo es, es que el sábado pasado, aún con la caída del llenado virtual del espacio público, o precisamente por eso, se enseñó que hay pueblo de sobra, pueblo no la gente, para aguantar la parada. Que se aproveche. El contexto económico es dramático, el político, que después de todo es quien lo determina, sigue en disputa”.

  2. Luis Celis dice

    Muy bueno el articulo, Jorge, en medio de esta batalla culturar que se esta librando, es imprescindible la difusion de notas como esta para nuestro esclarecimiento y concientizacion. Muchas gracias.

  3. Mariol55 dice

    Consideró que esta concentración de gente a la que obligan a ir, sopena de perder el plan social que recibe; los camioneros a los que Moyano tiene sometidos, no representan al
    Pueblo oprimido y desvastado por este gobierno, que lo mantiene entre la pobrezay la extrema pobreza, tirándole una caja de comida para que no muera de hambre y así lo mantiene cautivo, permitiendo las tomas de tierras privadas, y sometiendo a la justicia argentina a sus arbitrios.
    El camino en el que está nuestro pobre país es irse a la mierda. Y la maldita dupla Añlberto Fernández/Cristina de Kirchner estan impulsando aceleradamente
    NO SE PUEDE REPARTIR LO QUE NO SE PRODUCE !!!!

  4. MIGUEL dice

    EXCELENTE EL COMENTARIO. ABRAZOS

  5. Hector Luis dice

    EXCELENTE Jorge. Pero el escenario actual no es el mismo de 1940/50. La solucion entonces no sereviria ahora. Solo queda aplicar la justicia social. El protgonismo es este no las personas que rotan sino el concepto. Todos deberiaos producir lo que consumimos cumpliendo con la sustentabilidad.

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