CALLE

En la despedida a Diego no operaron barras bravas ni provocadores como señaló el gobierno. La masa los deglutió.

Ahora son todos expertos en hinchadas. La falta de calle en tantos militantes, periodistas y opinadores, su lejanía con el mundo del fútbol, lleva a la reproducción de falsedades amparadas en imágenes que colisionan con el deber ser de las almas bellas.

El problema es que las falsedades surgen de zonas que necesitan comunicar verdad para ligarse al pueblo. En la despedida a Diego no operaron barras bravas ni provocadores como señaló el gobierno. La masa los deglutió.

Es preciso haber estado ahí o, en su defecto, observar las grabaciones sin edición, todo el tiempo que resulte necesario, para absorberlo. La gente de Boca no concurrió articulada por punteros macristas ni la de Gimnasia lo hizo con orientación del intendente Garro.

Quien anda por este planeta singular que lideraba Maradona sabe que esas apreciaciones para sacarse los errores de encima no son ciertas; es más, son imposibles. La llegada del 10 a La Plata, resultó, desde el primer momento, un dolor de cabeza para el macrismo.

Esto se comprobó en las últimas declaraciones políticas de Maradona, muy poco antes de su muerte. Y enlazó con el parecer de las multitudes que lo acunaron. En el primer partido oficial fue recibido, desde la tribuna Néstor Basile, con una imagen del Frente de Todos formada por los hinchas con carteles combinados. Eso hubiera sido irrealizable con “la  barra” en contra.

El gobierno nacional es responsable de lo ocurrido. Como fue por impericia, no por intención, sólo cabe pedir disculpas y seguir adelante. Es que admitir que este velatorio tan importante se llevara a cabo en la Casa Rosada implicaba poner condiciones claras para su concreción.

Las autoridades sabían de antemano que cerca de un millón de personas se iban a acercar a la despedida. Era una cuestión organizativa que demandaba el tiempo necesario para contener el sentimiento derramado en las calles. La orden que debían plantear era nítida: se hace como corresponde o no se hace.

Ahora, con los medios restregándose las manos por la ocasión, se vuelca la responsabilidad sobre nuestro pueblo, y se difunden un puñado de escenas donde los saltos, las banderas, el humo, evidencian aquello que hacemos habitualmente en los estadios. Y a todos les parece un escándalo.

Si no hubieran cercado los accesos, si no hubieran limitado absurdamente el tiempo del adiós, si no hubieran reprimido sin que alguien lanzara siquiera una botella de plástico vacía –con responsabilidad explícita del gobierno de Ciudad-, los hechos se hubieran desarrollado en paz.

Esto es así. El clima general que se pudo observar fue de dolor sorpresivo hilvanando el llanto con los cantos. Este dato caracterizó todo el sendero desde Plaza Constitución hasta la Plaza de Mayo. Ni se le ocurría a nuestra gente agredir a nadie; estaba procesando el adiós.

Esto es sólo un apunte simple como anticipo de los textos y videos que estamos preparando. Pues hay demasiados interrogantes que merecen ser planteados para valuar adecuadamente la trascendencia del muerto.

Mientras, alguien se asoma a las fotos y dice “qué barbaridad ¡llevaron niños!”. ¡Por supuesto que llevaron niños! La familia humilde argentina estuvo allí. Y millones que ni tuvieron tiempo de zarpar desde sus lejanos destinos lo vivieron azorados por las pantallas y las radios.

Por supuesto.

Publicado en La Señal medios

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