¿Cambiar lo que funciona?

No es razonable ni prudente modificar el sistema electoral

 

La oposición realizó un muy promocionado pedido de sesión especial para el pasado jueves 5 de mayo, con el objeto de modificar el sistema electoral, sin consenso con el oficialismo.

La Constitución busca que las leyes electorales sean producto del consenso. Su artículo 77 ordena que los proyectos que modifican el régimen electoral sean aprobados por mayoría absoluta del total de los miembros de las Cámaras. El artículo 99 prohíbe al Presidente emitir decretos de necesidad y urgencia sobre esta materia.

Finalmente, la sesión fue convocada junto con el oficialismo para tratar un conjunto de temas. Allí, los proyectos de reforma electoral fueron derivados al estudio en comisión. La oposición no alcanzó los dos tercios para que se sancionen en esa sesión, pero sí logró “emplazar” a las comisiones para que los trate. Un triunfo simbólico ya que obtuvo 132 adhesiones, tres más que el número mágico: 129. [1]

Hay que celebrar el acuerdo para el funcionamiento de la Cámara.

No parece plausible forzar la modificación del sistema electoral en contra de la opinión del oficialismo. Tampoco parece urgente ni es una preocupación de la población.

 

 

 

Boleta única

Cabe una reflexionar sobre el tema de fondo. ¿Es prudente en momentos de baja estimación de la clase dirigente introducir modificaciones en la normativa que constituye la base de legitimación de los gobiernos democráticos?

Los proyectos que pretenden tratar son varios, pero en principio remiten a instalar la boleta única. A sustituir el sistema actual donde el elector vota mediante la selección en el cuarto oscuro de la boleta del partido o alianza electoral que prefiere, por uno donde en una sola boleta figuran todas las opciones.

En el régimen vigente cada partido o alianza tiene una boleta donde constan todos sus candidatos. El sistema propuesto por los opositores consiste en que haya una sola boleta donde estarían todas las opciones electorales, y el votante marcaría el partido o alianza de su preferencia.

El principal argumento para el cambio finca en que, en ciertas oportunidades, los electores no encuentran en el cuarto oscuro la boleta del partido o alianza que han elegido. Cuando ocurre, lo padecen los partidos o alianzas con menores recursos y militantes, que no logran organizar una logística de control y reposición de boletas. La causa puede ser una mala organización de ese partido o alianza, o una repudiable y antidemocrática conducta de algún competidor que supone que el elector no votará a ese partido o alianza si no encuentra la boleta que busca, y, en su caso, elegirá el propio. Como si en una heladería eligiéramos dulce de leche porque se acabó la vainilla.

En la práctica, la incidencia de esas inconductas es irrelevante en el resultado final. Más aún, de ordinario el elector que no encuentra la boleta no se calla. Se queja y se organiza un procedimiento donde, sin informar qué boleta busca, se le permite ingresar en otros cuartos oscuros hasta encontrar la deseada y votar según su preferencia. Cualquiera que haya pasado un día de elecciones lo sabe. [2]

 

 

Boleta única y lista sábana

La boleta única no sustituye la tan (justa o injustamente) demonizada “lista sábana”, que aparece en la elección de diputados nacionales en los distritos más poblados.

Por el contrario, si el sistema de lista única donde el elector vota por la propuesta completa del partido o alianza (lo que refuerza la entidad del partido político, también una aspiración de la Constitución Nacional, artículo 38) es criticado porque la mayoría de los electores solo conoce a los primeros candidatos, en el de la boleta única ni siquiera serán enumerados gran parte de ellos en la lista. Así, si a la “lista sábana” se la critica porque figuran en letra chiquita muchos candidatos, en la “boleta única” ni siquiera aparecen.

De tal modo, en el sistema de boleta única el elector votaría a muchos candidatos por una remisión a la lista oficializada, pero sus nombres no figurarán en la boleta que se introduce en la urna. [3] ¿Eso no da lugar a objeciones constitucionales o éticas?

En suma, la lista sábana, con el sistema de boleta única, permanece, solo que es “tapada” en gran parte.

¿Hay que cambiar lo que funciona? No parece razonable modificar la regulación electoral formal. Y menos sin consenso.

Claro que el sistema es perfectible, pero funciona desde hace décadas. Si hay un mérito de la sociedad argentina desde 1983 a la fecha es haber mantenido la regularidad de elecciones para designar a los gobernantes. ¿Hay necesidad de forzar cambios? No hubo denuncias serias de fraude en elecciones nacionales.

Perdieron y ganaron Presidentes poderosos, en momentos en los cuales era hasta imprevisible que así ocurriera. Las listas de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, con ellos o sus candidatos, perdieron por pocos o muchos votos. Ganaron y perdieron intendentes del Conurbano en ejercicio. También gobernadores.

Es un sistema que estimula la participación popular y la movilización de los partidos políticos. Auspicia que haya militancia de base.

Tiene varios modos de control cruzados: antes, durante y después del acto eleccionario.

Es un sistema que todos saben usar: los políticos, los militantes y, fundamentalmente, los ciudadanos. Esto último es de enorme relevancia.

Vuelvo al inicio. En la Argentina donde, por ser leves, no todo funciona a la perfección, ¿es necesario forzar un cambio sin consenso sobre algo que sí funciona?

Creo que no. En un momento de inestabilidad, de poca consistencia de los partidos políticos y de cuestionamiento de la legitimidad de ejercicio de la clase dirigente, introducir cambios solo por mayoría en las reglas que hacen a la legitimidad de origen democrático de los gobernantes es poco prudente.

 

 

 

[1] Los diputados se expresaron brevemente. Los partidos de oposición que promueven la boleta única refirieron a la transparencia electoral, sin hacerse cargo de los problemas que ese sistema conlleva. La diputada Myriam Bregman, en contra de la reforma, tuvo una intervención vivaz. El presidente del bloque oficialista, Germán Martínez, rechazó el tratamiento sin consenso, enumeró algunas observaciones técnicas y políticas, y señaló situaciones de la práctica de este sistema en Santa Fe.
[2] También se alude a evitar el voto en cadena, una práctica de “fraude hormiga” de la que se hablaba a principios del siglo anterior, de realización masiva casi imposible y efectos irrelevantes en una elección de millones de votos. No escuché ninguna denuncia de voto en cadena desde 1983.
[3] Dice el proyecto 986-D-2021 del diputado Gustavo Menna y otros en el pedido de sesión especial respecto de qué debe contener la boleta única: “Para el caso de la lista de Diputados Nacionales, deberá contener como mínimo los nombres y apellidos de los 6 primeros candidatos y candidatas de la lista, a excepción de los distritos que elijan un número inferior en cuyo caso se consignarán el total de los candidatos y candidatas. En todos los casos se incluirá la fotografía color de las primeras dos candidatas o candidatos…”.

 

 

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