Canciones del bosque iridiscente

Al (merecido) rescate de la Incredible String Band

Para quienes han hecho el intento de ampliar el campo consciente. Que han sido pioneros en desnudar que somos educados para no aceptar que nuestras creencias están sostenidas por convenciones y prejuicios. Que surfrearon la incomprensión y el desprecio ignorante. Que fueron encerrados en celdas neuropsiquiátricas. Que comprobaron que las ilusiones cuestan caro y que se niegan a marchar hacia el futuro detrás de los caprichos de ancestros multivioladores muertos. ¡Bah! PARA LOS HERMOSOS HIPPIES de siempre escribo esta mañana luminosa algo que comenzó durante el sueño.

Y un día se cruzaron con lo que les faltaba, un druida capo cañonero entre los productores del momento: Joe Boyd.

¿Cómo no interesarse? Los tipos —al mirarles a los ojos te dabas cuenta— tenían «la mierda».

¿Eran una comuna? Mmm… No. Probablemente eran una gran familia, donde la mayor parte del tiempo el grupo musical era secundario. Además la música que entregaban servía para bandas sonoras de teatro en desarrollo. Poseían un sonido inigualable de gran poder hipnótico y pureza. Podías leer el Bardo Thödol con ellos sonando. Cada tanto su poesía tenía, aquí y allá, algunos acentos picantes. Dylan, Page, Lennon, McCartney festejaron y calificaron su música como la mejor y más cautivante de la época.

Mike Heron y Robin Williamson nacieron en Edinburgo, una bellísima ciudad rodeada de bosques añosos. En la grabación de su primer álbum intervino un tal Clive Palmer, que durante un tiempo nos hizo creer que eran tres los que dominaban «la mierda» de los bosques. A estos muchachos Robin aportó una novia llamada Cristina Mckechie, más conocida, ya jugando con el grupo, como Licorice. Una inteligente nauta que ya estaba metida en la expansión de la conciencia y todo eso. Uno de los juegos preferidos durante la ejecución de esa música que combinaba aires marroquíes con folk escocés  era tratar de acompañar a la naturaleza en su ritmo y entregarse al placer exploratorio de los rapsodas. Por supuesto buscaron, como tantos otros, la ampliación de su conciencia mientras interpretaban las canciones que robaron o mejor dicho rescataron de los duendes del Córtex Frontal.

No ensayaban mucho porque vivían todo y con todo lo que tenía posibilidad de ser bendito por la naturaleza. Cuando tocaban improvisaban tanto que cada vez la canción era nueva.

Es probable, por los comentarios de Page, que la Incredible String Band haya creado ese sonido folk de los primeros discos de Zepp.

Escribí esto temprano en la mañana mientras Williamson vocalizaba con tropiezos de armonio oriental y Heron arrastraba su voz entre los acordes de una folk song.

Me pusieron contento. Esto nunca falla.

 

 

A continuación, el link con tres de sus álbumes fundamentales: «The 5000 Spirits or the Layers of the Onion» (1967), «The Hangman’s Beautiful Daughter» (1968) y «Wee Tam and the Big Huge» (1968).

 

 

 

 

 

10 Comentarios
  1. Fratacho fino dice

    Es una historia redonda. Eran 3… hasta que alguien aporta una mujer.. tenía muy claro el juego de la expansión y » todo eso». Roban e interpretan las canciones que se sumergen en la cabeza. Improvisan y es una canción nueva. » Me podés cagar guita pero nunca traicionar»

  2. demian dice

    Además de darme muchas ganas de escuchar Incredible String Band, aprendí varias palabras nuevas. Gracias, Indio. Muy rico el texto.

  3. Soledad dice

    ¡Gracias!

  4. Guille dice

    Gracias por estar de este lado, Nunca nos faltes indio querido!!! Este amor es eterno.

  5. Elad dice

    Indio, desde Gabor Szavo (https://www.youtube.com/watch?v=gr0XWmEbiMQ) que no encontraba este sonido hpnóplático (con dos acentos porque el idioma a veces queda chico para expresar lo que las palabras parecieran tallar en el sentido)

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