Capitalismo contra capitalismo

Del menemismo anglo-sajón al kirchnerismo renano

 

A comienzos de los años ’90, el autor francés Michel Albert escribió un estimulante ensayo titulado Capitalismo versus Capitalismo, en el que planteaba que en realidad no existía una sola forma de capitalismo –pensando sólo en los países centrales—, sino al menos dos modelos bien diferenciados: el modelo anglosajón y el modelo renano (por el río Rin y las zonas que atraviesa).

El primero era mucho más desregulado, hecho a medida de las necesidades empresariales, sin demasiada protección laboral ni molestas leyes que impidieran la movilidad del capital y la extracción de jugosas ganancias. El segundo estaba mucho más regulado, promovía un grado mayor de protección social y era más rígido en materia de legislación laboral.

El libro dio lugar a interesantísimas y extensas polémicas, ya que los norteamericanos, que se sentían ampliamente representados en el primer modelo, se burlaban del bajo crecimiento económico de los europeos del otro modelo, de los índices más altos de desempleo que se registraban del otro lado del Atlántico y de la escasa innovación empresarial en relación a los cambios que ocurrían en territorio norteamericano.

Los europeos del modelo renano, a su vez, no dejaban de escandalizarse por las disparidades distributivas de los anglosajones, de los peligrosos desequilibrios que se generaban en los mercados debido a la falta de regulación, y de algunos estándares tercermundistas que aparecían en materia social.

Si bien todo el mundo se ha ido desplazando en las últimas décadas hacia el modelo anglosajón, debido a la persistente presión del capital sobre los logros sociales y las instituciones keynesianas de la posguerra, la grave crisis mundial de 2008 y las grietas del modelo basado en la libertad corporativa absoluta parece darle la razón a los partidarios del capitalismo renano en cuanto a la necesidad de mantener regulaciones que impidan que los mercados caigan en desequilibrios desmesurados.

 

El modelo anglo-sajón-renano argentino

En el caso argentino, en nombre del “dinámico modelo anglosajón”, en los ’90 se ensayó la transferencia de monopolios estatales al sector privado, una apertura financiera indiscriminada con reendeudamiento, destrucción de capacidades productivas nacionales para facilitar negocios de importación y concesión de actividades rentísticas hacia sectores privados privilegiados.

La extranjerización que atravesó toda las transformaciones de esa década cambió también la composición de la cúpula empresarial, incrementando fuertemente la presencia de multinacionales cuyas lógicas de inversión dependen de estrategias globales que se diseñan en las casas matrices.

Se configuró así un capitalismo que coincide con el modelo anglosajón en materia de debilitamiento y precarización de los standards de vida sociales, pero que rescata cierta capacidad regulatoria del capitalismo renano, no en función de resguardar la estabilidad y previsibilidad del sistema productivo, sino de reforzar desde el estado la rentabilidad de sectores empresariales privilegiados.

Cuando se retoma la categorización que formuló Michel Albert hace 30 años, es claro que el gobierno menemista mostró afinidades discursivas ideológico-culturales con el capitalismo anglosajón, mientras que la experiencia kirchnerista encontró más cercanía, al menos en el terreno de los principios, con un capitalismo más regulado, y con preocupaciones sociales más fuertes.

El menemismo –versión local de un neoliberalismo agresivo y antisocial—, y el kirchnerismo, encarnaron dos formas de entender al capitalismo que ponen énfasis en distintos aspectos. El menemismo, en promover la rentabilidad empresarial –local o extranjera— sobre cualquier otro valor, y el kirchnerismo en intentar compatibilizar la rentabilidad empresarial con la viabilidad social del sistema. Mientras en el menemismo la gobernabilidad reposa en una sociedad debilitada y fragmentada, en el kirchnerismo en una sociedad integrada a la producción y el consumo masivo.

Es decir, en nuestro país también hemos tenido nuestra versión –periférica— de capitalismo versus capitalismo, y en ningún caso ha estado en juego otro tipo de disyuntiva más radical, o de impugnación sistémica. La discusión era qué tipo de forma asumiría el capitalismo local, en qué se asentaría su viabilidad en el largo plazo, bajo qué criterios se modelaría la sociedad argentina contemporánea.

 

Extremismo ideológico neoliberal y desinformación de masas

Sin embargo la Argentina fue perdiendo progresivamente los parámetros políticos y culturales que caracterizaron su progreso como sociedad desde los años ’40, y fue cayendo en un enrarecido clima ideológico que la caracteriza hasta la actualidad.

A nuestra versión local light del capitalismo renano —caracterizada por cierta recuperación de la capacidad estatal para manejar algunos resortes económicos—, debido al ideologismo de la derecha local y a su dominio sobre el sistema de comunicación social, se la llamó chavismo.

Los chavistas François Mitterand o Gerhard Schröeder se hubieran reído de los planteos extremistas de los conservadores argentinos, pero lo cierto es que una parte de la sociedad –y del propio poder corporativo— pareció creer que estaba en presencia de un proceso económico que apuntaba a la socialización de los medios de producción, cuestión que el propio chavismo, a pesar de sus apelaciones al Socialismo del Siglo XXI, tampoco concretó.

Para aumentar aun mas la confusión pública, algunos sectores internos del kirchnerismo tampoco tuvieron una lectura lúcida de lo que se jugaba durante de gestión de Néstor y Cristina Kirchner, y fantasearon con radicalizaciones ulteriores, que no figuraban ni en los planes de la conducción política, ni en las demandas de la población.

Por supuesto contribuyó a la confusión generalizada la virulencia política que se desarrolló en torno a varios puntos de la gestión kirchnerista, como el pago al FMI, la Resolución Nº125, la estatización del sistema de jubilaciones y pensiones, la política de administración cambiaria –bautizada como cepo por ciertos sectores habituados a la fuga de capitales—, las restricciones parciales tanto a ciertas importaciones como a exportaciones de bienes relevantes o la política de control de ciertos precios.

Pero, despojados estos fuertes enfrentamientos reales de una lectura realizada desde anteojeras ideológicas, se trató en la mayoría de los casos de intentos de regulación pública sobre ciertas actividades y mercados que tienen un alto impacto sobre el resto de la economía y sobre la situación social, el empleo y el nivel de vida de la población.

La particular debilidad de la economía periférica y la falta de capacidades y de legitimidad del Estado para intervenir con contundencia, pueden generar efectivamente errores en cuanto a la eficacia de ciertas políticas, pero no puede dudarse sobre la importancia de una intervención reguladora pública para compensar los peligrosos vaivenes de los mercados librados al azar de sus impredecibles movimientos, o para limitar los frecuentes comportamientos predatorios de la producción o del bolsillo de usuarios y consumidores.

Toda la filosofía regulatoria en economía parte de la base de que los mercados no son infalibles, que por lo tanto pueden generar acontecimientos de alta peligrosidad social y que las corporaciones toman decisiones que no tienen por qué coincidir con el interés general de la sociedad.

Lo que no puede admitirse, en nombre de una discusión seria e informada, es que se intente hacer pasar la regulación económica por socialismo, porque es vaciar de sentido los conceptos. Todo el mundo desarrollado está estructurado por una compleja trama de regulaciones públicas, que en muchos casos son las responsables de grandes logros económicos o de la envidiable integración y estabilidad que muestran las economías más avanzadas.

 

Fernández-Fernández en la disputa de modelos

Algunos de los interesantes intercambios sobre la fórmula presidencial Fernández-Fernández se han centrado en las características personales de los miembros de la fórmula, siendo Alberto el que tendría mayores capacidades de diálogo, negociación y consenso y Cristina la que sostendría posturas más principistas, y tendría una menor disposición a realizar concesiones. No parece que ambas disposiciones sean antagónicas en el terreno de la acción política pública.

Pasando a un terreno más despersonalizado, se ha discutido sobre las ventajas y desventajas de un modelo confrontativo versus un modelo dialoguista para atravesar la muy difícil coyuntura inicial que aguarda al próximo gobierno.

En esos intercambios se observa que algunos analistas han pretendido reducir las batallas políticas reales ocurridas durante el gobierno de Cristina Kirchner a problemas de personalidad o a la orientación ideológica extrema de la ex Presidente.

La realidad es que la viabilidad del gobierno posterior al derrumbe de la convertibilidad dependió de que éste fuera capaz de controlar un conjunto de variables, y hay que decir que el gobierno de Néstor no tuvo jamás un programa maximalista en ese sentido, sino que actuó y reaccionó de acuerdo a las necesidades que dictaron las coyunturas. Baste recordar que en ese tramo de la gestión no existieron límites importantes a la venta de dólares, precisamente por la abundancia de las divisas extranjeras y la necesidad de evitar una sobrevaluación cambiaria.

El kirchnerismo entendió el manejo de la cosa pública en forma pragmática, rompiendo cuando fue necesario ciertos tabúes caros al mundo corporativo –como la estatización, el control de precios o de cantidades—, no por vocación anticapitalista, sino por la necesidad de encausar el proceso económico y social más allá de los requerimientos puntuales de los actores privados, por más importantes que fueran.

En el par de términos a los que es tan afecta la derecha argentina, moderación/extremismo, el kirchnerismo representó la moderación –en materia cambiaria, de precios, de regulación del comercio exterior— en función de un conjunto de prioridades mucho más amplio que la estrecha mirada de los negocios privados.

El extremismo, la intransigencia, el ideologismo, estuvo encarnado por un sector privado cortoplacista y empoderado por los años menemistas.

 

Gobernar no es obedecer a las corporaciones

Por supuesto que ejercer la regulación pública de la economía requiere inteligencia, conocimiento y visión de mediano plazo, para no terminar generando efectos contrarios a los que se buscan, pero lo relevante políticamente del período kirchnerista fue que el sector privado concentrado impugnó abiertamente la disposición regulatoria del Estado en función de otros intereses que no fueran los del propio sector.

A partir de la gestión de Cristina, más allá de cada uno de los enfrentamientos puntuales sobre las decisiones gubernamentales, se agudizó la exigencia desde el sector privado a ser consultado por el gobierno sobre cada una de las decisiones importantes, pretendiendo reservarse el poder de veto sobre aquellas iniciativas que no coincidían con sus intereses particulares.

No creemos que los fuertes roces políticos que se dieron con el gobierno kirchnerista obedecieran a la personalidad de Cristina, a un supuesto ideologismo izquierdista de sus funcionarios, o a errores puntuales de la gestión, que los hubo, pero infinitamente menores a los actuales.

La índole de la furia opositora, la evidente vocación desestabilizadora que se desató a partir de 2008, no pueden entenderse por esas razones.

Los choques obedecieron a un desacuerdo político y económico fundamental: ninguna decisión importante que no esté estrictamente alineada con negocios privados puede ser tomada desde el Estado, sostienen desde el alto empresariado. Quien está en la cabeza del Estado y sus funcionarios deberán entender que tienen que gestionar en función de las demandas de las fracciones empresariales y no de los intereses plurales que existen en la sociedad.

Cabe destacar que el modelo macrista se caracterizó, hasta desembocar en la crisis de 2008, por el cumplimiento al pie de la letra de lo que demandaban las diversas fracciones del capital que lo apoyaron, y que el actual cuadro económico y social desastroso guarda estrecha relación con esa forma de entender y administrar el capitalismo, entendido como mera asistencia estatal a las necesidades de negocios privados.

En el léxico del alto empresariado argentino, la palabra diálogo significa consulta vinculante con los actores privados. Y la palabra autoritarismo representa la disposición de los gobernantes a respetar el mandato de las mayorías.

 

Regulación y gobernabilidad

Si el próximo gobierno es nacional y popular, no tendrá otra alternativa que regular la economía en función de intereses mucho más amplios que los de 5 fondos de inversión extranjeros, las 10 firmas exportadoras, los 20 bancos locales o el puñado de prestatarios de servicios públicos o productores de energía.

Las metas iniciales de ese gobierno no tendrán relación alguna con el chavismo ni con el comunismo, sino con la construcción de un capitalismo productivo capaz de incorporar en su funcionamiento las necesidades de las mayorías nacionales.

Siempre es bueno para quien gobierna mantener puentes con los diversos actores y comprender las necesidades y las lógicas sectoriales. Pero no debe confundirse ese necesario insumo para la tarea de conducir el país, con la relación de subordinación que parte de la dirigencia empresarial le reclama a todo dirigente que aspire a gobernar la Argentina.

El experimento macrista que estamos sufriendo no puede ser encuadrado dentro del modelo anglosajón, porque carece de todos los elementos dinámicos que debería mostrar ese estilo de funcionamiento capitalista. Es precisamente desde este peculiar capitalismo de decrecimiento y de rapiña financiera, que se califica como chavista, peligrosa y extremista a una versión más reguladora y viable del capitalismo periférico.

Para garantizar su supervivencia política, para sostener la gobernabilidad económica, y para ir satisfaciendo las esperanzas que se generarán en torno a una nueva gestión nacional y popular, el próximo gobierno deberá regular aspectos vitales de nuestra economía, sin ninguna concesión a las acusaciones de los fanáticos del capitalismo de rapiña. La conducción del gobierno deberá prever que al poner bajo control el actual desbarajuste generará tensiones y fricciones con los protagonistas de las formas más predatorias de capitalismo local.

El espacio político nacional y popular, en vista de las características de los actores existentes, debería ya propiciar un amplio debate público —que no se dio con suficiente claridad en los 12 años de la gestión kirchnerista—, en torno a dos grandes cuestiones que se plantearán en diciembre: el deber que tienen los representantes democráticos de incorporar las necesidades de las mayorías a todo el espectro de decisiones a tomar, y el derecho de los sectores populares a defender la democracia de quienes quieren hostigarla y suprimirla cuando no responde estrictamente a su plan de negocios.

 

 

 

 

 

 

12 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Ricardo:
    Comparto su análisis. Una digresión y disculpas por lo extenso, pero tiene sentido.
    Un fragmento publicado por la revista “Tercer Mundo”, de la disertación del Dr. Julio González, abogado patrocinante de la denuncia penal por “traición a la patria” contra Carlos Menem, refería:
    “Esta es la primera vez que se radica una denuncia contra un ex -presidente por traición a la Nación, porque el delito de traición a la Nación solamente lo puede consumar quien tiene a su cargo la suma del poder público como en este caso el presidente de la Nación.
    ¿Cuales la situación de la Nación Argentina al día de la fecha?
    Comencemos por lo elemental, ¿tienen los aquí presentes, en su billeteras, en sus carteras, las damas, los recursos necesarios para comprar lo elemental para vivir?….Yo no lo tengo. Estamos todas en una carencia, estamos todos en una inseguridad de trabajo.
    Las cifras del país, al 2005 son las siguientes:
    Población de la república argentina; de acuerdo al censo del 2001 36.090.000;
    Personas ocupadas con trabajo estable; con profesión; con comercio o con negocio,
    14.000000
    Personas que viven de lo que pueden, changas; trabajos transitorios o buscan trabajo, 22.000000
    De esos veintidós millones, 15000000 (quince millones) no alcanzan a 450 pesos mensuales, es decir, se encuentran por debajo de la línea de pobreza, por lo tanto, están calificados por el Instituto de Estadísticas y Censos como pobres. Y siete millones de hermanos y hermanas nuestras, no alcanzan 250 pesos mensuales, están calificados, por lo tanto, como indigentes.
    Frente a estas cifras, ¿es gobernable un país, o es una bomba de tiempo que en cualquier momento produce una alta catástrofe?
    Estas cifras muestran como se cumplió con todo rigor el programa de los genocidas del proceso, porque el general Arguindegui, ministro del interior de la dictadura dijo “El objeto del proceso es retrotraer la Argentina a como estaba antes del 3 de junio de 1943”- Y el general Videla dijo en Washington, “El objeto del proceso es dar un escarmiento histórico, para que en la república Argentina jamás vuelvan a repetirse las políticas sociales”. Y constatamos con estupor que en el año 2006, treinta y un años después, ambos objetivos fueron cumplidos. ¿Quién fue el que los cumplió? El ex presidente Carlos Saúl Menem.
    Mi cautiverio, durante la Dictadura Militar fue de siete años. Tuve como tortura adicional, tenerlo como compañero de cautiverio a Menem. Entre las cosas tenebrosas que escuche de este individuo está ésta; “yo salgo de acá para ser presidente de la república, mi hermano habla con el almirante Rojas, todas las semanas sobre este asunto”.
    ¿Y cuál fue el rol de Menem presidente? firmar el tratado de paz con Gran Bretaña por la guerra de Malvinas. Una guerra de las Malvinas sobre la que hay mucho que reflexionar, porque si no hubiera ocurrido, no hubiera habido tratado paz. ¿Qué buscaban los ingleses? Una guerra para después tener tratado de paz, al cual me voy a remitir ahora, y cuyas consecuencias son las cifras que di anteriormente. El tratado de paz se firmó en Madrid el 15 de febrero de 1990. Sus disposiciones fundamentales no tienen nada que ver con la guerra de Malvinas, están referidas a toda la economía argentina, a las relaciones exteriores de la República Argentina y a la subordinación de Argentina en sus espacios geográficos, al cercenamiento de sus espacios geográficos.
    El tratado dice lo siguiente; artículo cinco: los buques y las aeronaves argentinas podrán desplazarse a 50 Km. aprox. de la Patagonia ( remitirse al mapa) y del paralelo 60º, o sea desde las islas Orcadas hasta las islas Sándwich del Sur, pidiendo permiso a Gran Bretaña con 25 días de anticipación y por escrito. Los ingleses podrán navegar todo el mar argentino hasta el meridiano 20º (remitirse al mapa), 6000000 cuadrados de mar, comunicándoselo a la Argentina con 25 días de anticipación. Pero los ingleses tendrán el derecho a la pesca y al petróleo en forma absoluta en este espacio marítimo que alcanza a los 60000000 (seis millones de kilómetros cuadrados.)
    Los ingleses podrán, con sus buques y aeronaves de guerra aproximarse hasta 27 kilómetros de la Patagonia Argentina, con lo cual la Argentina es un estado bloqueado.
    Los ingleses tienen, por el artículo 5 la facultad de inspeccionar todos los cuarteles de la República Argentina unidades navales y bases militares, cuantas veces quieran.
    Los ingleses pueden ingresar al territorio argentino sin pasaporte y sin visa consular.
    Un buque o una aeronave, para ser argentina debe contar con capitán, oficiales y tripulación, cuyos nombres estén registrados en la listas de la Armada o la Fuerza Aérea, lista que debe estar permanentemente en manos del gobierno Británico.
    El comandante de las fuerzas militares británicas en Malvinas recibirá diariamente el informe sobre los movimientos marítimos y los movimientos aéreos de la base naval y de la novena brigada aérea de Comodoro Rivadavia. El Ejército argentino, no obstante Gran Bretaña tiene la facultad de inspeccionar cualquier regimiento del país, de Misiones, de Chaco, de donde sea, no es autoridad de aplicación del tratado.
    Recordarán ustedes que el año pasado el buque Almirante Ilisar tuvo que ir a la Antártida a buscar un buque alemán con rusos abordo, que había quedado atrapado entre los hielos. El derecho internacional público y el derecho marítimo establecen que el auxilio tiene que ser inmediato. Bueno, aquí el buque Almirante Ilisar tardó 45 días en dar socorro al buque alemán con los tripulantes rusos a bordo. ¿ Por qué? Porque tuvo que pasar por el sur del paralelo 60 y en consecuencia tenía que pedirle permiso a Gran Bretaña.

    En consecuencia, todo el Atlántico Sur es un mar británico. Dijo bien, en su momento, el entonces ministro de relaciones exteriores, Dante Caputto, “con este tratado el Estado argentino pasa a ser un Estado ribereño de Gran Bretaña.”
    El artículo 12 del tratado dispone que todos los bienes privatizados serán vendidos a Gran Bretaña. (No veo qué tiene que ver con la guerra de Malvinas), quienes tendrán un tratado de promoción y de protección de las inversiones. Ese tratado de promoción y de inversión de todo el patrimonio del Estado que compraron los ingleses, se firmó en Londres el 11 de diciembre de 1990 y fue ratificado por el Congreso con la ley 24184. Sólo un diputado se opuso a esta infame entrega, el entonces legislador Zamora.
    Ahí se establece que las empresas del Estado, los organismos oficiales del Estado como puertos, aeropuertos, rutas nacionales y peajes; cuenca minera integral del país; cuenca petrolera integral del país, serán vendidos a empresa británicas que quedarán en caso de litigio con el Estado, erradicadas de la ley argentina y de los tribunales argentinos. En caso de conflicto de una empresa británica con el Estado, recurre a un tribunal privado internacional, cuyo fallo será inapelable. Fue así como el valor de los bienes que iban a privatizarse, establecido según datos de la bolsa de valores de Londres. Nuestro patrimonio, quedó valorado en un billón de dólares, se vendieron en el 2 % de esa suma, es decir 26.000millones de dólares, pero no en billetes norteamericanos, sino, el 35% en divisas norteamericana y el resto en títulos de la deuda externa, los famosos títulos de la deuda externa argentina, que el día 8 de julio de 1989, cuando asumió Menem se cotizaban al 14 % de su valor, porque esos títulos, como quedó demostrado cuando nos dieron el pago por aerolíneas, físicamente no existían, eran organismos creados durante el proceso militar que ya no existían. Los préstamos habían sido otorgados por bancos europeos que ya habían desparecido o habían quebrado y los certificados que decían que Argentina sería deudora de determinada suma, un simple papel escrito a máquina, se cotizaban al 14% por que eran incobrables ante cualquier tribunal del mundo. Lo compraron a catorce y nos dieron el pago por cien y se permutó patrimonio genuino.
    Es ridículo hablar de Patria, porque la palabra Patria tiene su raíz en la palabra patrimonio. Quién no tiene patrimonio ni ninguna pertenencia física, no tiene patria. La patria no es un sentimiento, es una cosa real, son los bienes que tenemos para vivir una vida digna nosotros y nuestros descendientes. Si esos bienes nos los han arrebatado, nos han arrebatado la Patria. Lo que ocurre es que es mucho más fácil hablar de adjetivos calificativos, que hacer estos cálculos complicadísimos del patrimonio de la Nación.
    En todas las empresas privatizadas lo que se privatizó fue el activo físico. El pasivo, las deudas, quedaron a cargo de la Nación Argentina. Y uno de los artículos de la ley de Reforma del Estado, decía que “los sindicatos podrán concertar con las empresas que se hagan cargo de los bienes privatizados, la situación de los trabajadores que se encuentren en las mismas, para preservar la fuente de trabajo”. Dice podrán, no deberán. Mancha lapidaria para los sindicalistas argentinos. No hubo uno que exigiera a las empresas privatizadas que se mantuviera la fuente de trabajo, el país, entonces, se convirtió en un desempleo masivo, en el desempleo cuyas cifras hemos dado antes. A las privatizadas que trajeron a su propio personal y erradicaron a los trabajadores argentinos, hay que agregar la catarata de artículos importados que llevaron a la des-industrialización del país.
    Cifras de la des-industrialización:
    Durante el proceso genocida 18.0000 fábricas cerradas. En 1985, durante el gobierno de Alfonsin, la cifra se eleva a 50 000 y, en los años de Menem, 8 de julio del ‘89 al 10 de diciembre de 1999, 108.000 fábricas cerradas, entre grandes; medianas y pequeñas.
    Volvimos indudablemente al 3 de julio de 1943, como lo querían los militares del proceso. Volvimos al Tratado de 1825 que establece, “Gran Bretaña será el taller del mundo y la América del sur, comenzando por Bs As, su granja y territorio tributario de empréstito”. Vendemos materia prima sin valores agregados y tributamos empréstitos.

  2. David Lawes dice

    El autor acierta cuando dice «sino por la necesidad de encausar el proceso económico y social», puesto que el período «K» ha generado más CAUSAS JUDICIALES por delitos económicos y sociales que cualquier otro período de la historia de nuestro país.

  3. Delia Tedin dice

    Dejas muy claro lo de Capitalismo de Rapiña y la diferencia con un capitalismo posible . Condición necesaria , un Estado presente. Gracias

  4. Kurt Brainin dice

    Muy atinado el titulo de «Capitalismo contra capitalismo». Porque, en el mundo actual, nunca existió ni se ve cómo pueda existir otra cosa. Porque hasta el régimen soviético y la pujante China actual nunca han pasado de ser un capitalismo de estado ¿o es que alguna vez tuvieron poder real el mítico «proletariado» o sus supuestos representantes los «soviets»?
    Chomsky ha señalado que el capitalismo de verdad era el que producía y comerciaba con bienes verdaderos, que ahora estamos en una etapa de capitalismo financiero donde la verdadera «mercancía» es el dinero. Y muchas veces ni eso, en vez del dinero se especula con apuestas imaginarias sobre cuánto podrían llegar a valer determinados bienes en el futuro.
    Por eso es que me parece muy acertado que se haga hincapié en el tipo de capitalismo que necesitamos, un capitalismo más productivo que especulativo y que permita una cierta distribución de los bienes que haga mejor la vida de la mayoría.
    Soñar con «terminar con el capitalismo» me parece propio de una fantasía voluntarista que no sabe realmente con qué podría reemplazarlo.
    Cuando la burguesía se liberó de la aristocracia en la fecha simbólica de 1789 ya llevaba muchos siglos adquiriendo poder real y demostrando que con ella la economía funcionaba mejor.
    Hasta el momento no se ha visto nada equivalente para suplantar al capitalismo. Luchemos entonces por un capitalismo mejor, eso sí está dentro de lo posible.

    1. David Lawes dice

      Muy buen análisis, aunque sobre China, tengo entendido que en tiempos recientes (imitando al Hong Kong británico) en China han «aparecido» unos 40 millones de millonarios (que no pertenecen al ámbito del Estado).

  5. Meli dice

    Pienso como Sergio. La sociedad si pide cambiar de conducta, y anteponer primero lo común que lo.individuales. ¿que significa acaso deponer lo sectorial, como decía hebe, ante el problema nacional? Para derrotar a la oligarquía que nos gobierna necesitamos tener una conducta opuesta y esa es la necesidad real del pueblo trabajador, no la conducta individualista y consumista. Este mundo no soporta más ir al shopping. En síntesis, al autor. No existe capitalismo bueno. La única y verdadera cara del capitalismo es esta. Es el monopolio y cagar al resto del mundo. La otra opción (no hay tercera posición) es la q pone lo comun primero (china es un ejemplo de sobrado desarrollo, y lo lleva adelante el pcch).

  6. Meli dice

    Pienso como Sergio. La sociedad si pide cambiar de conducta, y anteponer primero lo común que lo.individuales. que.significa acaso deponer lo sectorial, como decía hebe, al problema nacional. Para derrotar a la oligarquía que nos gobierna necesitamos tener una conducta opuesta y esa es la necesidad real del pueblo trabajador, no la conducta individualista y consumista. Este mundo no soporta más ir al shopping. En.síntesis, al autor. No existe capitalismo bueno. La única y verdadera cara es esta. Es el.monopolio y cagar al.resto del mundo. La.otra opción (no hay tercera posición) es la q pone lo comun primero (china es un ejemplo de sobrado desarrollo, y lo lleva adelante el pcch).

  7. Silvina dice

    Sergio, y qué exige la población?

  8. Dario Alonso dice

    Los países desarrollados son desarrollados porque en algún punto de sus historias, el poder político sometió a sus burguesías a un proyecto de desarrollo nacional.

  9. Robi Villarruel dice

    Ricardo, una vez más, una nota brillante. Sin exgerear te digo que es una de las ´sintesis de la verdadera «grieta» histórica de nuestra sufrido país con una claridad económica y a la vez una gran perspectiva política. Es un documento para que se lea en todas la unidades básicas, y se tome como guía para marcar el camino de la militancia y de los funcionarios. Por otra parte es de un lenguaje accesible que le estaría faltando a muchos de nuestros economistas. Gracias.

  10. sergio dice

    El camino del mundo actual demuestra la preeminencia cada vez mas definida de lo que aquí se nomina como capitalismo anglosajón y en su interior de fenómenos similares a lo que se expresa con el grotesco macrista , emergencia supurada de una lumpenburguesia mafiosa ( de la que sin dudas Trump es también un exponente). La visión de un estado que actúa como árbitro y autoridad entre sectores de intereses antagónicos….es también ideológica y como demuestra la sobre abundante experiencia mundial absolutamente falsa.
    El neo liberalismo es el capitalismo realmente existente…la alternativa no es la regulación y un keynesianismo perfumado y con buen aliento…como desgraciadamente lo demuestran el «ciclo progresista» muerto y enterrado (que desarrolló también políticas «neoliberales»como las de Dilma Rousseff)……sino algo distinto .
    La «población no lo exige»..según el autor….es real……jamás sucederá que esto lo requiera una totalidad imposible de lograr…

  11. Facu dice

    Excelente nota, con la calidad que solo Cohete nos entrega. Abrazos

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