Causas evitables

Muertos de hambre en Malvinas

Cementerio Darwin

 

El hambre se cobró la vida de nueve de los 632 caídos en Malvinas: Héctor Rolla, Remigio Fernández, Juan Quintana, Higinio Segovia y Secundino Riquelme, desnutridos. Alejandro Vargas, Pedro Vojkovic, Carlos Hornos y Manuel Zelarrayan, por pisar minas mientras buscaban qué comer. También hubo muertos de frío.

Desde que finalizó el conflicto por las islas, las Fuerzas Armadas montaron un plan de contrainteligencia para invisibilizar las causas de tales muertes, según coinciden en señalar la Comisión bonaerense por la Memoria y los Centros de Ex Combatientes de La Plata y Berisso. Los datos falseados aportados tras la guerra perduran en la web oficial. 

 

 

Guiso de barro

Un marinero, Héctor Miguel Rolla, llenó de barro un tacho a manera de olla, mezclado con vísceras de cordero, que ofrecía entre la zona de ametralladoras.

 

Rolla.

 

Deambulaba, “estofado” en mano, durante la primera semana de junio, hasta que se acostó sobre una caja de municiones, donde convulsionó y murió. Los soldados dirán que deliraba; atribuirán su deceso a la indigestión o al congelamiento cerebral, sin apoyatura en ninguna fuente oficial.

 

 

 

Fue enterrado en el olvido, hasta que se numeró su sepultura ID 15321. De Rolla poco se sabe, salvo que había nacido el 12 de septiembre de 1962. Conforme manda la ley nacional 24.950/98, se lo declaró héroe nacional por haber fallecido como combatiente. En su provincia natal, le pusieron su nombre y el de sus pares a calles del Distrito Oeste Moderno en el Gran Rosario recién en 2022. Por supuesto, en el acto de nominación, al igual que en otras pocas crónicas, se lo presentó como un heroico infante de marina que dio su vida en el campo de batalla.

El 8 de junio, Pedro Vojkovic, Carlos Alberto Hornos, Alejandro Pedro Vargas y Manuel Zelarrayan, de la compañía A del RIM 7 platense, fueron sorteados para buscar qué comer. Tomaron un bote de madera para cruzar el río Murrell hacia una casa abandonada. De regreso, al apoyar la embarcación sobre la costa, les estalló una mina colocada por su Ejército. En esas condiciones se llegaba a la última semana de combates. En el canal Malvinas día x día de YouTube puede verse el video en el que se relata la historia de estos cuatro combatientes y también la de Rolla.

 

 

Pertenecían a la unidad con más caídos: 33 soldados; sus primeros cuatro “murieron por hambre, por la impericia de sus superiores”, recordó el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata.

Se los anotó como fallecidos en combate cinco días después. Se los ascendió post mortem, con medalla, y se los olvidó hasta que el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus tumbas hacia 2017.

Aun cuando no se conocía el destino de sus restos, los honores a sus memorias hicieron causa en la comunidad. Por caso, en La Plata, un monolito, una plaza y una escuela llevan el nombre de Vojkovic, el hijo de un croata que vino en 1939 huyendo de la guerra. 

 

Homenaje a Riquelme en plaza Pedro Ferré.

 

El correntino Segundino Antonio Riquelme era estudiante y bombero voluntario en Bella Vista. Fue apostado en Pradera del Ganso. El 23 de mayo, “según testimonios registrados tras largos años de investigación, el esmirriado soldado había muerto por desnutrición y efecto de las bajas temperaturas”, publicó la Municipalidad. Aunque no murió en combate, fue incluido entre los 35 del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes caídos en Goose Green. Su cuerpo fue inhumado en la parcela B Fila 4-08 de Darwin.

El soldado Oscar Núñez relató: “Riquelme murió por desnutrición. A raíz de ello, buscamos algo para comer; había una oveja a 50 metros, decidimos matarla. Estábamos carneándola cuando apareció (Gustavo) Malacalza, jefe de nuestra sección. Nos insultó, nos hizo hacer salto rana y nos estaqueó”.

El hambre también aquejó a Higinio Segovia, “otro caso de la desidia e inacción de los mandos del Ejército”, según afirmaron sus ex compañeros, quienes impulsaron un reclamo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Segovia era uno de ocho hermanos de Goya, Corrientes. Su madre, Marta, recordó: “Le gustaba trabajar. Ninguno de nosotros supo que se iba a la guerra. La última vez que vino, se despidió y le dijo a papá que no trabajara tanto, que se quedara con la familia”.

 

Higinio Segovia.

 

La inanición del soldado Remigio Fernández fue considerada un “homicidio” en la denuncia presentada en 2007 por el CECIM ante el Juzgado Federal de Tierra del Fuego, entre más de 120 casos de torturas, estaqueamientos, violaciones y tratos inhumanos contra conscriptos.

El teniente del Regimiento 5 Dardo Raúl López dio su versión de lo acontecido en puerto Howard: “Al no poder ser evacuado, debió permanecer en el hospital. Al verlo en una cama, tuve la misma sensación que cuando vi un documental sobre niños de Biafra desnutridos, con el abdomen hinchado y los huesos casi expuestos, con una muy delgada capa de piel. En el caso de mi soldado, la gran carga emocional que sufrió le produjo esa fatiga de combate que de manera inconsciente lo indujo a no querer vivir”.

La versión oficial da cuenta de que Remigio fue herido el 26 de mayo tras el lanzamiento desde dos Harrier de bombas antipersonales sobre las posiciones de la Compañía C del Regimiento de Infantería Mecanizada 5, que mató a 4 soldados e hirió a 10, entre los cuales cuentan a Remigio y al chaqueño Juan Quintana. Este también estaba desnutrido; en esa condición murieron en el puesto de socorro entre el 10 y el 15 de junio. En Presidencia Roque Sáenz Peña, la localidad natal de Quintana, una agrupación lleva su nombre.

Los testimonios del hambre pueden ser hallados en los más variados medios. Desde Infobae, Rodrigo Spiess entrevistó al cabo Adán Bejarano, sobreviviente del asedio en Puerto Howard.

 

Adán Bejarano, de Misiones.

 

El ex suboficial de Infantería en Paso de los Libres, secretario del Centro de Veteranos de Malvinas en Apóstoles, Misiones, recordó: “El Regimiento 5 que integré es el que estuvo más aislado: hubo un soldado que murió de hambre. Estaba en la Compañía B, Remigio Fernández. Lo bajaron y llevaron al puesto de socorro. Estaba desnutrido, ya famélico. A los días, murió. Todos estábamos en condiciones físicas malas; al principio se comía bien; después, menos y, al final, ya no había, producto del bloqueo".

El cabo explicó que cuando llegó la orden de contraatacar, la supo imposible. “La gente ya estaba con grandes problemas de desnutrición. Todo el regimiento; 600 ó 700 hombres”. Atribuye la imposibilidad de recibir abastecimiento al dominio aéreo inglés. “Derribaron a nuestros helicópteros; el Bahía de los Estados venía con víveres y lo hundieron. Por eso, no comíamos nada”.

—¿Cómo resolvían la alimentación?

—Cuando todavía no nos habíamos quedado sin nada, se repartían siete corderos por compañía para hervir. El que podía, le sacaba grasa y la ponía en latas de durazno, ponía cáscara de papa o zanahoria y se hacía una sopita. Después, comíamos medio jarro de puré por día. Al final, juntábamos pescaditos para comerlos fritos.

¿Cómo accedían a ellos?

A la bajada de nuestra posición, pasaba el brazo de un río. Cuando bajaba la marea, buscábamos los pescaditos entre las piedras. (…) Después del alto al fuego, los británicos nos llevaron a un buque y nos dieron un plato de comida.

El misionero Juan Fagundez integró una “tropa mal equipada y poco entrenada”. Luego de contarle a Daniela Oviedo que recibió tres tiros en la espalda y una granada en un tobillo, reflexionó acerca de las guerras: “No se ganan sólo con armas, sino con la fuerza de la supervivencia, algo que faltó debido a la falta de recursos”.

Otro coprovinciano, Miguel Talavera, de El Dorado, relató: “Salimos de Monte Caseros con euforia; pero al llegar a Malvinas, todo cambió. Durante el día, los cañoneos, y durante la noche, los barcos británicos disparaban. El cansancio y el hambre parecían no importar, estábamos siempre alerta”. Uno de esos bombardeos destruyó su cocina. Hoy sigue en contacto con sus compañeros. “Con los chicos de acá de Misiones, nos juntamos, compartimos almuerzos y cenas”.

Talavera lo relata en una entrevista con Misiones Online.

 

 

Soñaban con comer torta

“Estábamos en el pozo, lleno de agua, durmiendo sobre una tabla, mojados, tapados con una manta mojada, con temperaturas bajo cero y nieve sobre las cabezas. Nos dormíamos pensando en comida. René Carnero, hombre de campo, pedía: "Contame eso de las tortas".

Un cordobés le describía las de chocolate. “Así nos dormíamos, porque estábamos muertos de hambre en Malvinas”, rememoró el grandote con quien compartía el destino del Grupo de Infantería 8.

Un tercer soldado y el cabo se propusieron ir a esa confitería cordobesa frente a la plaza San Martín donde vendían las famosas tortas. 

Gracias a las redes, se reencontraron horas antes del 25 de mayo de 2019. A comer, por supuesto. Entonces, uno resumió: “Hemos sufrido hambre, frío, congelamiento. Eso uno lo lleva dentro. Quería expresarlo y lo estoy logrando, ahora que encontré a mis compañeros”.

 

 

 

 

Una buena

El malherido sargento Manuel Villegas fue rescatado por el soldado Esteban Tries. Ambos le relataron a Victoria Urruspuru (MDZ) cómo lograron escapar de los ingleses el 13 de junio, horas antes del final.

Con 23 años, al mando de la Compañía A, Villegas mandó dejar toda carga inútil, como las cajas de municiones, que pasaron a rellenar unas medias futboleras que se colgaron como bandolera.

El dragoneante Tries, de 20 años, creía que no iban a pasar el invierno.

Quedaron unidos por siempre cuando el superior, malherido en la panza, le gritó: “Pegame un tiro y hacete cargo del grupo”. Tries se ocupó de que quedara entre los 27 heridos y no sumado a los cuatro muertos en combate.

 

Esteban Tries, el sargento Manuel Villegas y Fernando Santurio.

 

Hoy, desde su Asociación Malvinas, Educación y Valores, recorren escuelas de Santa Fe, donde se suicidan adolescentes. Convocados por docentes, se hallaron con otras formas del hambre, la de los niños desnutridos, sin ropa, abusados o golpeados.

“Empezamos a sentarnos al lado del chico y decirle: ‘Mirá, en la guerra, pasamos frío, hambre, muerte, heridos, mutilados. Estuve 30 años preguntándome por qué’. Hoy necesitamos decir ‘Malvinas no es la guerra’. Malvinas es una experiencia de vida. Todos vivimos una situación terminal, una enfermedad, un maltrato, una pandemia”.

Dice que, con esa nueva mirada, a partir de la interacción transversal entre veteranos y la Universidad de Mendoza, notaron los cambios, que describe como “magníficos”. De aquella hambruna a la actual, algunos hallaron la forma de reconvertir el trauma en solidaridad.

 

Esteban Tries.

 

 

 

 

 

 

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