Este álbum se llama Metamorfosis y muestra le evolución a la inversa: del hombre al mono. O para mayor precisión, de Frederic Chopin a Enrique Villegas. Nacieron con un siglo de distancia, Chopin en 1810 y Villegas en 1913. Pero tuvieron vidas muy distintas, porque el polaco apenas alcanzó los 39 años, abatido por la tuberculosis contra la que no encontró remedio. Villegas, en cambio, alcanzó los 73 años. Que El Mono haya grabado estos 24 preludios de Chopin, con el bajo de Jorge López Ruiz y la batería de Eduardo Casalla prueba la resistencia al paso del tiempo de la obra de un músico que revolucionó el pianismo, marcando un AC y un DC de la música. Hijo de un emigrado francés por la revolución de 1789, nació en Polonia, cerca de su capital. Fue un niño prodigio, que comenzó a dar recitales a los seis años. Por lo que se sabe siempre fue consciente de su talento, pero esa percepción fue compartida por sus más famosos contemporáneos: Mendelssohn, Berlioz, Cherubini, Rossini, Schumann.
Él sólo era devoto de Bach, lo cual cuestiona la vulgata según la cual el kapelmeister de la iglesia de Santo Tomás de Lepizig había sido olvidado y sólo mucho más tarde sería "redescubierto". No por Chopin, claramente. Nunca hubo una disputa porque todos sabían que no había nadie igual, en el París de las décadas de 1830 y 1840, donde decidió vivir. De medios muy modestos, había listas de espera para inscribirse como alumno en su estudio.

El crítico Harold C. Schonberg cuenta que tenía más alumnos de los que podía atender: "Princesa por aquí, condesa por allá". Esto le permitió cobrar 30 francos por clase, que era una suma exorbitante y vivir con un lujo que su familia no hubiera imaginado. Era reservado en sus relaciones amorosas, hasta que se topó con la escritora Aurore Dudevant, que había escogido el seudónimo de George Sand, vestía ropas masculinas, fumaba cigarros y tuvo una serie de amantes que eran el comentario público, entre ellos Liszt, Prosper Merimée y Alfred de Musset. Por las maneras audaces de esta mujer que destrozaba los roles tradicionales y por las intrigas palaciegas, él la rechazó al conocerla, pero la admiración sin límites de ella, su inteligencia y la dedicación absoluta que puso en él, terminaron por quebrar su resistencia. Lo cuidaba como a un bebé. Vivieron juntos desde 1838 y se separaron en 1847. Chopin murió en 1849. Los pocos daguerrotipos que quedaron de él no le hacen justicia a la fama sobre su belleza masculina (no era ambiguo al respecto). Hay una película mediocre, de 1991, Impromptu, donde esa carencia se remedia con la actuación de Hugh Grant a sus 30 años.
Sobre el Mono Villegas hemos hablado muchas veces. Fue el primer pianista argentino en alcanzar reconocimiento internacional, pero no aceptó someterse a las exigencias de las compañías grabadoras y cambiar su repertorio. Su deslumbramiento por Chopin no es menor que el de Liszt, aunque él prefiere a Schumann. No sé si conoció la frase con que Schumann confesó lo que pensaba de Chopin: "Un cañon arropado entre flores". Hoy vamos a escuchar los preludios de Chopin por Villegas. Pero te prometo que vamos a buscar los originales, o algunas otras obras de Chopin, y después podemos discutir si la jazzeada del Mono es el mejor homenaje posible al compositor.
Y aquí una breve divagación del Mono sobre Chopin, entrevistado por Antonio Carrizo. Aquí repite su frase célebre, antítesis perfecta de lo que fue la triste vida de Chopin: "Toda la vida me he privado de las cosas que no me gustan".
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