Choque de tradiciones

El desarrollo necesita salarios, capital y tecnología de las multinacionales y la minería

 

El año se termina y la pandemia recrudece cuando se albergaba la esperanza de que estuviera de salida. Qué bajón. En tiempos normales, las Fiestas y sus vísperas invitan a especular sobre lo que vendrá. La tarea es convocada con regularidad en los inminentes cambios de año calendario por la esperanza que se abre de aguardar en el futuro una versión mejorada de lo que ya sucede en el presente. Se puede inferir que, al menos en el último siglo y medio, el haber tomado conciencia del avance inédito en la historia humana de la productividad llevó a esa singular manera de enfocar la despedida del año que se va y la bienvenida del que viene. Como eso no cambia, tal impronta continúa. En este, de terca infección persistente rebrotada, la costumbre ahonda su carácter de bálsamo a socaire de la convicción de que la vida continúa.

Este tipo de abordaje, entre otras cosas, provoca encontrarle la punta del ovillo a hechos como los protagonizados por el actual gobernador de Jujuy, el contador Gerardo Morales, carcelero de Milagro Sala desde hace casi seis años (la detuvo el 16 de enero de 2016). El miércoles 15 de diciembre se alzó con la presidencia del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) e inmediatamente comunicó su intención de ser candidato a Presidente de la Nación en el seno de la alianza Juntos por el Cambio. Mientras tanto, en la provincia de Chubut una protesta irracional, a pura paranoia ecologística, logró –de momento– frenar proyectos mineros muy importantes tanto para la provincia como para el país.

A las proyecciones sobre el futuro se le contrapone –como un franco regreso al pasado oprobioso– la premiación que la UCR realmente existente le otorgó a Morales por encarcelar, en función de razones de conveniencia política propia, a la principal dirigente social argentina, coronando así una trayectoria gorila impoluta. También el renuevo nihilista antiminero de Chubut, que se pretende verdoso y es neciamente oscuro. Esa cretina oquedad vernácula no mella que globalmente se tenga casi la certeza de que los 100 años de edad es el tiempo de vida que les aguarda a los nacidos de unos años a esta parte en el mundo desarrollado. Hoy la esperanza de vida al nacer ronda los 79 años. Incluso, ya hay toda una ingeniera social puesta en marcha para atender esa realidad. Cuando ese promedio se haga cotidiano, lo más factible es que la organización del ocio capitalice la experiencia adquirida a partir del acortamiento de la semana laboral de cinco días ocurrida en las postrimeras de la actual pandemia, o lo que hasta hace unas semanas se creía que era su despedida.

También fue en esta época que la búsqueda de la vacuna aceleró las nuevas formas de programar el ADN. La información biológica está codificada en el ADN, por lo que se puede programar con el objetivo de rediseñar organismos para fines útiles y eso se espera que siga avanzando a paso firme. Es un adelanto en el que mucho tendrán que ver las mujeres. La creciente brecha de género en la educación universitaria, actualmente en un promedio mundial de tres mujeres por cada dos hombres, se espera que se siga ampliando.

 

Papar Mosca

Se hagan o no realidad estas u otras predicciones, el mundo seguirá su rumbo de transformación lidiando con la muy difícil cuestión del cambio climático. No es el único problema muy serio a resolver, pero su entidad lo hace de innegable prominencia. Para que todos estos cambios ocurran a buen ritmo, preservando el equilibrio sociopolítico (particularmente en los países centrales, que son los que animan la acumulación a escala mundial) es menester que se consolide como tendencia la ley de funcionamiento clave del sistema económico en el que vivimos: la inversión función creciente del consumo. Y que ese consumo, en la alternativa de ser de las élites o masivo, corresponda a las mayorías. Las modernísimas y en plena expansión criptomonedas no escapan a esa lógica, como parece sugerir el afán evangelizador de sus seguidores. En el seno de esa tendencia en el que el consumo masivo y sostenido disputa para imponerse con su negación, es que se encuentra una explicación del choque de tradiciones que encarnan, por un lado, Milagro Sala, y por el otro, su carcelero Morales. Y no sólo entre nosotros, pues hace a la esencia del conflicto geopolítico global actualmente en marcha.

El lapso en que la UCR fue liderada por Raúl Alfonsín fue anómalo. Con el ex Presidente salido de escena, volvió la UCR realmente existente, la de siempre. Es la que ahora expresa Morales y antes Enrique Mosca, el que acompañara como candidato a Vicepresidente a José Pascual Tamborini en la fórmula de la Unión Democrática que enfrentó a Juan Perón (secundado por el hasta entonces radical Hortensio Quijano) en 1946. Mosca fue gobernador de Santa Fe entre 1920 y 1924. A principios de 1921, por el cierre de dos fábricas, estalló una huelga en la explotación de los quebrachales en el norte de Santa Fe, propiedad unas y otros de la empresa británica The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, conocida popularmente como La Forestal. La corporación empleaba aproximadamente 20.000 trabajadores y también extraía el tanino del quebracho colorado en Salta y el Chaco. La huelga fue salvajemente reprimida –costándole la vida a alrededor de 600 personas– por una fuerza parapolicial de la empresa legalizada por un decreto del gobernador Mosca en el que “agradécese a La Forestal las sumas destinadas para financiar la Gendarmería Volante”. Así se llamaban los mercenarios, a los que los trabajadores –sus víctimas– apodaron “Los Cardenales”.

 

Enrique Mosca.

 

Tal desastre hizo la irresponsabilidad política de la UCR a través de Los Cardenales que en ese mismo 1921 fueron desmovilizados. Pero viejos odios nunca mueren y en 1938 el Presidente radical de la Concordancia, Roberto M. Ortiz –por obra y gracia de Bunge & Born, que quería meter palo en el Chaco para defender sus intereses allí– envía una ley al Congreso por la que se creó la Gendarmería Nacional. Ni con el nombre disimularon. Todo esto está debidamente documentado en trabajos del historiador Alejandro Jasinski y del sociólogo Esteban Rodríguez Alzueta.

En reconocimiento a los servicios prestados, Mosca fue abogado de La Forestal entre 1928 y 1931. La Semana Trágica de 1919, los fusilamientos de la Patagonia de 1921, la masacre de La Forestal de 1921… El entongue de socio necesario de los conservadores en el país fraudulento que transcurrió entre 1930 y 1943, con su aporte de Presidentes para legitimarlo, y la represión de diciembre de 2021 delinean el papel nefasto de la UCR realmente existente para extirpar el igualitarismo moderno y los derechos de los trabajadores.

Si en vez de Mosca, el insecto es Morales (una metamorfosis no prevista por Franz Kafka), si en vez de La Forestal o Bunge & Born está Carlos Pedro Blaquier, la represión y la cárcel era lo perfectamente esperable al desafío en pos de la igualdad que la líder de la Tupac Amaru le planteaba a la sociedad civil jujeña en particular, esa que eligió y reeligió a su carcelero como gobernador, y a la sociedad civil argentina en general. La anomalía Alfonsín dio cauce al Juicio a las Juntas. Posiblemente haya que ver en ese episodio señero de la integración nacional una causa remota de la preservación de la integridad física de la señora Sala.

 

Depredadores

La Forestal depredó a los seres humanos y a los bosques de quebracho. Cuando se fue, allá por 1940, ni el tiro del final dejó. Esto luce estar respaldando a los que hoy se oponen con denuedo a las mineras en Chubut. Pero es sólo apariencia. El precio de la enorme macana histórica con el quebracho, de todas formas un recurso renovable, ya lo pagamos. ¿Cómo lo capitalizamos para los intereses bien entendidos del movimiento nacional? En principio, y antes que nada, entendiendo que la marcha de la legislación laboral siempre debe significar para los trabajadores avances y jamás retrocesos. A la par, que todos los proyectos de inversión deben ser amigables (sustentables) con el ambiente.

El conjunto de estas más que razonables condiciones está presente en los proyectos rechazados a causa de las movilizaciones en Chubut. Entonces, ¿por qué el rechazo? Uno puede ver en la historia que no se trata de defensores abnegados del ambiente, sino de paranoicos de izquierda a los que las evolucionadas relaciones de producción que conlleva una inversión multinacional bien regulada les mueve el piso de sus mezquinas existencias pequeño burguesas, muy pequeñas. Esta es la expresión actual de la misma corriente ideológica conformada por los izquierdistas infantiles que festejaron la anulación de los contratos petroleros de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio (el abuelo), que en 1963 efectuaron los radicales contra el interés nacional, manejados por los intereses de las grandes corporaciones del sector. ¡Qué raro los radicales haciendo el papel de capataces blancos de los esclavos negros, en este caso apoyados por muchos dirigentes sindicales peronistas!

Sin la minería, el capital y la tecnología de las multinacionales, cabe preguntarse: ¿Cómo se materializa el igualitarismo moderno, corriente ideológica que se dio al significado histórico de peso con las patas en la fuente y que hoy, entre otros, encarna la señora Milagro Sala, justamente presa por eso? No se ve ninguna que pueda sustanciar el aumento de los salarios reales, base del igualitarismo. La tarea política de mostrarle a la sociedad civil cuál es el camino al desarrollo es ardua y lleva aparejada la desmitificación de estos nabos de izquierda. Por virtud y necesidad, la represión a los manifestantes ordenada por la gobernación es exactamente lo que no hay que hacer.

 

Otra manera de vivir

La tradición del igualitarismo argentino ha escorado porque los sectores que tienen en el mercado interno su razón de ser esquivaron ponerle el cuerpo a batallas como las de otrora fue la del petróleo y ahora es la de la minería, o porque toman con la misma pasividad el reporte meteorológico mañanero y la prisión de la señora Sala. También por insuficiencias conceptuales. No han procesado que en 1946 los salarios se empinaron de forma previa para desatar el proceso de crecimiento. El gran acierto intuitivo de Don Juan hoy es criticado implícitamente por los que se declaran sus partidarios, inhibiendo objetivamente que eso pase.

Es sintomático que, en sentido contrario, el POTUS Joe Biden se haga cargo de esa tradición norteamericana, que es mucho más añeja que la argentina. En efecto, si se mira más de cerca y en términos generales, se encuentra que exactamente así fue cómo ocurrió el desarrollo extraordinario de los Estados Unidos en los siglos XVIII y XIX. En aquella época, Norteamérica era un país típicamente subdesarrollado y el trabajo allí era doblemente costoso, primero porque los salarios eran considerablemente más altos que en Inglaterra y segundo porque la calidad de la mano de obra era particularmente baja. Paradójicamente, no fue a pesar, sino debido a los altos salarios y la baja calidad de trabajo que el país se desarrolló. No a través de los términos de intercambio, sino de la afluencia de hombres y capital y, sobre todo, de la americanización de este capital, debido a la ampliación del mercado. Finalmente, a la canalización de estas inversiones en equipos que ahorraban mano de obra, precisamente para amortiguar el efecto del alto costo y la baja calidad de la mano de obra disponible, poniendo así en marcha la gran ola de mecanización y automatización en la que se basó el despegue estadounidense.

Si la conciencia política del movimiento nacional sigue chingando, lo más factible es que la historia cobre la factura encaramando a la metamorfosis de Mosca o alguna variante por el estilo de gorila irracional, con probada valentía para reprimir como se debe. Al fin y al cabo, la gran meta política que solicitara gentilmente el orden establecido será la de infringirle una profunda derrota a los trabajadores.

Ciertas proyecciones sobre ese futuro son irónicamente promisorias. El informe del Banco Mundial “Basura 2.0” (2019) calcula que los desechos urbanos podrían aumentar a nivel global, desde sus niveles actuales, un 70% en los próximos 30 años. En América Latina y el Caribe se genera actualmente casi 1 kilo de basura diaria per cápita, de los cuales más de la mitad son alimentos. La alternativa es clara para la manera de vivir que nos aguarda: o encaramos el desarrollo con multinacionales, minería y lo que haga falta, incluido el aumento de salarios como condición necesaria, o la basura nos espera para ser revuelta a 1 kilo 700 gramos por persona. Si lamentablemente ese es el caso, se ve difícil que la esperanza de vida llegue a los 100 años promedio y el poder hacer uso de las buenas terapias basadas en el ADN, dado que (por costos) resultaran inalcanzables para el ciudadano de a pie. La carrada de profesionales mujeres habrá emigrado por falta de mercado.

Es tradición también que se pida una Navidad sin presos políticos. Así que: libertad a Milagro Sala.

 

 

 

 

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