Ciencia en el planeta de los simios

Buitres que no invierten y razones domésticas y geopolíticas del subdesarrollo

 

La recompensa que proponemos a quienes logren sobrellevar la lista un poco engorrosa del párrafo siguiente, es comprender el subdesarrollo argentino desde una ventana que nuestros economistas no suelen enfocar o relegan a un segundo plano, la de la dependencia cultural. La tesis es sencilla: la causa principal del subdesarrollo argentino es geopolítica y en el centro del ajedrez hegemónico que nos condena está la historia de la tecnología y la ciencia argentinas. Vamos, entonces, con la lista engorrosa.

El Estado argentino invirtió

  • en petroquímica desde la creación de YPF en 1922 y sus laboratorios de Florencio Varela para I+D en 1940,
  • en aeronáutica desde la creación de la Fábrica Militar de Aviones en 1927,
  • en producción pública de medicamentos desde la creación de la Empresa Medicinal del Estado (EMESTA) en 1946,
  • en el sector nuclear desde la creación de la CNEA en 1950,
  • en el sector automotor con la creación de Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME) desde 1952,
  • en el sector naval desde la creación de Astilleros Río Santiago en 1953,
  • en tecnología de cohetes con la creación de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) en 1960.

También invirtió con paciencia en electrónica y computación:

  • la Facultad de Ingeniería de la UBA fabricó la computadora CEFIBA en 1960,
  • se creó el Instituto de Cálculo de la FCEyN de la UBA en 1963,
  • la empresa FATE abrió su División Electrónica a fines de los años ’60 y desarrolló varios prototipos de computadora a comienzos de los años ’70.

Cuando la Argentina canceló el desarrollo de cohetes en 1991, se reorientó a invertir en aprender tecnología satelital. Y apuntalando estos sectores estratégicos,

  • el Instituto Malbrán (1916),
  • las universidades públicas, incluidas la Universidad Tecnológica Nacional (1949)
  • el Instituto Balseiro (1955),
  • el Instituto Antártico (1951),
  • CITEFA (1953, hoy CITEDEF),
  • el INTA (1956),
  • el INTI (1957) y
  • el CONICET (1958).

A la lista podríamos sumar algunos hitos de inversión privada, como Siam, la empresa metalmecánica más importante de América Latina a comienzos de los años ’60. Podríamos continuar.

Si la Argentina produjera exportaciones en la mitad de estos sectores o, incluso, en su tercera parte, hoy podría ser un país desarrollado. Pero la Argentina importa todo el equipamiento para la extracción del gas y petróleo de Vaca Muerta –incluidos los servicios de mantenimiento y software–, y la casi totalidad de los bienes de capital para su frágil industria, no exporta aviones, no exporta medicamentos ni reactores nucleares de potencia (los que producen electricidad), tampoco exporta barcos, ni automóviles con porcentaje razonable de componentes nacionales, ni tiene su propio lanzador satelital a pesar de lanzar cohetes desde 1960, ni exporta computadoras o, en general, electrónica de consumo producida por firmas nacionales. Como premio consuelo, sí logró fabricar y exportar reactores nucleares de investigación y pudo fabricar y poner en órbita dos satélites geoestacionarios, aunque el gobierno actual clausuró el Arsat 3 y dilapidó toda la inversión pública en este nuevo sector. También tiene algunas firmas nacionales de biotecnología, pero sus innovaciones “no mueven la aguja”.

Pero entonces, ¿qué exporta Argentina? Los Cuadros 1 y 2 muestran la composición de las exportaciones argentinas y coreanas, respectivamente. A grandes rasgos, Argentina exporta principalmente soja y otros productos del agro, además de autos con escasos componentes nacionales. Corea exporta electrónica, dispositivos de cristal líquido, autos y autopartes, barcos de carga. Podríamos seguir discriminando otros sectores, pero con esto alcanza. El abismo económico entre ambos países se explica por las capacidades organizacionales, institucionales y de políticas públicas para gestionar tecnología y conocimiento, desde el laboratorio hasta el comercio exterior. Esto incluye el disciplinamiento del sector empresarial, tema para otra nota.

 

¿Qué exportó la Argentina en 2016? Atlas of Economic Complexity – Center for International Development, Harvard University

 

 

¿Que exportó Corea del Sur en 2016? Fuente: Atlas of Economic Complexity – Center for International Development, Harvard University

 

 

Entonces, ¿el problema es la incapacidad de tecnólogxs y científicxs argentinxs? Por supuesto que no. Sabemos que se destacan en el mundo, por eso las fugas de cerebros argentinos son celebradas por las economías avanzadas. El New York Times fue elocuente cuando, luego de la represión en las universidades conocida como “la noche de los bastones largos” (julio de 1966), puso en el copete de una nota “Reclutadores universitarios listos para ubicar profesores” y explicó cómo algunas de las universidades como MIT y Harvard, así como sociedades científicas y académicas de Estados Unidos, “han establecido contacto con profesores argentinos en las últimas dos semanas para colaborar con su plan de partida”.

 

 

New York Times, 1966, sobre éxodo de científicos.

 

De esta forma, la historia del estancamiento dinámico de la Argentina en el laberinto de una semiperiferia dependiente se puede comprender a través de su historia tecnológica y científica. ¿Qué obstáculos se oponen al desarrollo autónomo de tecnologías estratégicas? El obstáculo determinante y constitutivo es geopolítico: el lugar asignado a América Latina en el orden capitalista mundial explica los fracasos tecnológicos que se manifiestan en discontinuidades y falta de capacidades organizacionales e institucionales para la gestión de tecnologías estratégicas o “tecnologías tecnologizantes”, como las llamaba Jorge Sábato, estratega del plan nuclear argentino.

Y fueron las dictaduras militares y los gobiernos de Menem, De la Rúa y Macri, los que aplicaron y aplican políticas anti-tecnológicas y anti-científicas que bloquean la generación e incorporación de conocimiento (valor agregado) a la matriz productiva. La consolidación de conductas predatorias y especulativas de una parte de los sectores empresariales nacionales con capacidad de inversión en I+D –el verdadero enemigo interno siempre aliado a los intereses extranjeros– completa el identikit del subdesarrollo. Fugan, no invierten, porque son buitres, no emprendedores.

El gobierno de la actual lumpen-burguesía argentina –como le gustaba decir a Jorge Beinstein, referente en prospectiva económica y autor de Macri. Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa, que falleció el pasado 10 de enero– demuestra esta sencilla interpretación del subdesarrollo argentino con la precisión del teorema de Pitágoras: desde 2016, la Argentina destruye capacidades para fabricar vacunas, satélites, vagones de ferrocarril, barcos o aerogeneradores, mientras desmonta las capacidades organizacionales e institucionales del sector nuclear y de salud –dos de los logros históricos de nuestro país– y destruye el CONICET, institución que debería funcionar como la nave nodriza del sector tecnológico-científico (1).

Comprendida esta tesis, luego se pueden buscar razones económicas de segundo orden que la complementan. Pero estas debilidades de segundo orden son similares a las que enfrentaron países de industrialización tardía considerados exitosos, como Corea del Sur, que no enfrentó el obstáculo geopolítico de América Latina, sino que Estados Unidos, por el contrario, la favoreció porque había que generar bienestar en la frontera de la Guerra Fría.

Mientras hoy el mundo se debate alrededor de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, que es una batalla por el acceso a las tecnologías y el conocimiento científico, en el planeta de los simios se degrada el MINCyT en secretaría y se sostiene una comparsa de impresentables para que sigan demoliendo las instituciones de tecnología y ciencia.

Doctor en Física. Ex presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear.

(1) Ver documento del Grupo CyTA del 14 de enero aquí.

 

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12 Comentarios
  1. Roberto Esteban Pintos Sánchez dice

    Apreciado Doctor Diego Hurtardo, tu artìculo me resultó impecable e implacable y me trajo consigo muy gratos recuerdos. En el año 1973, en las vacaciones de julio vine con mis padres desde Montevideo. Mi padre me regaló una ¡¡Norman 500!!, calculadora argentina que precisamente se hacía en la división electrónica de la FATE, y en las vacaciones del año siguiente me compró una Norman 600 que ya era científica. Era la envidia de mis compañeros de Liceo (secundario montevideano) porque no necesitaba tabla de logaritmos ni trigonomètrica.

    En el epílogo de su, a mi juicio, monumental «Historia del siglo XX», el gran Eric Hobsbawm concluye diciendo: «…si la humanidad ha de tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos. Y el precio del fracaso, esto, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad». Hacia la oscuridad total nos lleva este gobierno desastroso sin dudas, por eso creo que en estos meses los que adherimos a propuestas y análisis como el tuyo tenemos el deber, la obligación de, en nuestro círculo de amistades y familiares, convencer a quienes sabemos votaron este engendro y están arrepentidos de que no vuelvan a cometer semejante dislate. Artículos como el tuyo ayudan muchísimo a esa tarea.

  2. Jorge dice

    Parecía una nota seria. Debe de leer en tecnólogxs…

  3. Osvaldo dice

    Brillante descripción histórica de las frustraciones de la Argentina y de los países de la región en su luchas por avanzar en el camino del crecimiento económico independiente y alcanzar el desarrollo cientifico y tecnólogico que nos merecemos y por lo que generaciones de argentinos han luchado. Hoy en una etapa sombría de retroceso y destrucción fria y deliberadamente planificada y ejecutada.-

  4. Dino dice

    «Esto incluye el disciplinamiento del sector empresarial, tema para otra nota.»
    Para mí uno de los grandes frenos a nuestro desarrollo es que todavía no está resuelto el problema de los oligarcas propietarios de la tierra y los recursos naturales: Francia e Inglaterra lo resolvieron a fines del siglo XVIII, USA y Alemania en la 2da mitad del XIX, pero nosotros todavía estamos en veremos.
    Los intereses de esos tipos son opuestos al desarrollo nacional, entonces hasta que no se pongan los recursos naturales al servicio del desarrollo del país y no de 1000 familias/empresas, no hay futuro próspero posible en ese aspecto.

  5. Daniel Tovio dice

    Estoy en un todo de acuerdo con la nota, me parece brillante. También habría que ver la cosa desde el lado del sector científico y no dejar de considerar que en cada proceso de destrucción, los que salen a pelearla son los mismos sectores, y hay un gran porcentaje que ha sido históricamente funcional a estos desguaces, motivos?, «la ciencia debe ser neutra», «la política es sucia», «libertad absoluta en lo que investigamos», etc, etc. Resulta claro que ante estos postulados de gran parte del sistema, sobre todo de aquellos de mas categoría en el sistema, se allanó el camino para que los vende patrias y oligarcas gobernantes destruyan todo atisbo de desarrollo nacional.

  6. Daniel Saldívar dice

    Coincido con lo que dice Andrés, pero no juntemos las clases, dirgentes civiles si, fueron elegidos (lamentablemante hoy) pero de ninguna manera los militares fueron dirigentes.

  7. Andres J. Kreiner dice

    La triste historia del fracaso tecnológico argentino debido al cipayismo de muchos de nuestros dirigentes (civiles y militares).

  8. Daniel Acosta dice

    Extraordinario el recorrido histórico de la lucha entre la ciencia y la oligarquía. Entre lo que puede ser y no es y del gran capital argentino invertido por el estado (o sea todos nosotros) para que pueda ser. En fin, la derecha conservadora oligarquica y reaccionaria siempre fue igual. Gracias por la síntesis y esperemos que podamos revertir este régimen destructivo en breve.

  9. Raul dice

    Impecable. Diego confirmó brutalmente aquello que los argentinos sentiamos y no podíamos describirlo con tamaña claridad.
    O nos salva Dios, o un segundo Perón con el apoyo de por lo menos el 70% de los argentinos y el 100% de las tres fuerzas armadas, policiales, gendarmes, prefectura y cualquier otra fuerza con sentimiento nacional.
    Pasa que Diego fue respetuoso con la oligarquía agropecuaria que muy poco le importa esto.
    Espero y deseo que alguna vez se priorice el sentimiento nacional por sobre el individual, y que si esto no sucede en forma natural, SEA POR LA FUERZA.

  10. Alfredo Fernando Rodriguez dice

    Debo felicitar al Dr Hurtado por la sencillez y claridad con que expone un tema que me apasiona y me deprime. Quisiera tener la posibilidad de ser así de claro al difundirlo en mi ámbito.

  11. Rolando Granada dice

    Naturalmente comparto el espíritu de tu artículo, Diego, porque he vivido y sufrido muchos de los acontecimientos que han sacudido la ciencia y la tecnología argentinas en el último medio siglo. En particular observo con gran frustración lo que estamos viviendo en estos tiempos, con el retroceso en el compromiso gubernamental con la Educación, la Ciencia y la Tecnología, es decir con el futuro. Finalmente quiero enfatizar que nuestro encorsetamiento geopolitico no fue resuelto durante este largo período de nuestra historia. Ya sabemos donde nos quieren los de afuera, y donde queremos estar nosotros?

  12. Alfredo Fernando Rodriguez dice

    Todo lo descrito es la triste verdad. No me resigno a aceptarla así. No logro ver una forma de avanzar tecnológicamente (al país) mientras los medios de comunicación hegemónicos sigan orientando a la opinión pública como lo hacen.
    He tratado de dialogar con personas conocidas (del Pulqui, del Arsat, del Rastrojero, de la calculadora FATE, etc) pero para comprender la importancia que tuvieron en su momento hay que conocer algo de Historia, de manejo internacional de la economía, etc y mis diálogos han quedado perdidos, olvidados, incomprendidos, porque todos esos temas son ignorados, negados o desconocidos por la gran mayoría de la población económicamente activa con la que hablo.

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