Claves de la crisis podemita

Iñigo Errejón y Pablo Iglesias enfrentados por las alianzas

 

El 17 de enero de 2014, de cara a las elecciones de la Unión Europea, se presentaba en España un nuevo proyecto político-partidario contra el ajuste neoliberal. Surgía Podemos. Lo hacía con la lectura de una ventana de posibilidad electoral. Atisbaron que el punto de inflexión histórico, la crisis estructural del capitalismo tardío, abría una crisis de representatividad y orgánica en el régimen político de la transición. Lo hacía al calor de las grandes movilizaciones en defensa de lo público y del derecho a la vivienda que se dieron en los años siguientes a la eclosión del movimiento de los indignados.

El mismo día, cinco años después, se inicia el último giro de una crisis interna a cuatro meses de las elecciones locales y autonómicas de mayo. Y vemos, una vez más, cómo un caso local es fundamental para dar cuenta de lo estructural, del mar de fondo. Recordemos la proclamación de la II República española en unas elecciones municipales de abril de 1931.

El último integrante del núcleo de politólogos universitarios que fundó Podemos con cargo orgánico, además de Pablo Iglesias como secretario general, Iñigo Errejón, lanzó un órdago. Una jugada del mus, la apuesta a todo o no nada, como el falta envido del truco. En la que si gana, gana. Sino, pierde todo. Como candidato a las elecciones la Comunidad de Madrid anunció una alianza, personal, unilateral y sin aviso, con Manuela Carmena, intendenta de Madrid.

El órdago se lo hizo a la dirección del partido, nacida de la victoria de Iglesias en la fuerte confrontación entre ambos hace dos años, durante el último Congreso del partido (Vista Alegre II). La alianza suponía supeditar el partido a la plataforma de Carmena: Más Madrid. Plataforma cívica abierta "a la gente", como la nombran, y personalista de facto, que conseguía así presentarse no sólo en las elecciones al gobierno de la ciudad de Madrid, sino al de la comunidad madrileña.

En el plano municipal, el partido había apoyado la plataforma de la intendente, que impuso su lista personal. Carmena está cada vez más orgullosa de ser una independiente en política. Independiente hasta del proyecto de confluencia que le permitió ganar la ciudad hace cuatro años, Ahora Madrid. Un frente municipalista que ya no existe, como consecuencia de políticas que incluyen continuidad con pelotazos urbanísticos sonados.

En el conflicto del consistorio durante estos meses pasados, seis concejales de Podemos fueron expedientados. No se presentaron a las primarias de la organización al entrar en la lista de elegidos por Carmena. Entre ellos, la mano derecha de Errejón en su enfrentamiento con Iglesias en aquel congreso, Rita Maestre que también es portavoz del gobierno de Carmena. Maestre es repetidora en serie de los ítems buenistas posmo de los pro-errejonistas: ola de ilusión y esperanza en oposición al desánimo y la apatía.

 

La vocera Rita Maestre

 

Digo que el anuncio de Errejón fue un órdago, siguiendo sus propios cálculos. Dada la coyuntura, con las últimas elecciones andaluzas en las que el tándem Podemos e Izquierda Unida (Adelante Andalucía) perdió casi 300 mil votos desmovilizados, en España el voto no es obligatorio. Errejón creía que podía articular una jugada para desplegar, ahora, por fin, su anhelada estrategia. Es decir, ante el fantasma de la división en tiempos realmente bajos, Iglesias iba a verse obligado a ceder a esta nueva alianza ante la maniobra consumada. Errejón ha podido usar además argumentos legítimos o coherentes dentro de la historia del partido de cara a la gente. Por ejemplo, en comparación con el sistema de frentes en diferentes territorios como los Comunes en Catalunya o En Marea en Galicia.

En la pugna, Errejón se presentó como un político “coherente con sus ideas”, de retorno a las "esencias" con las que pensaron la fundación de Podemos, “superador de las siglas y del aparato frente al objetivo político de ganar por las necesidades de la gente”, por tanto, “valiente contra las lógicas de silencio e inmovilismo de los partidos de la vieja política".

Y así, aparecía una vez más el inflado discurso podemita de la nueva política, incluyendo al Podemos que no acepta ese pacto en esas viejas prácticas caducas y corruptas. Un eje, el de "lo nuevo versus lo viejo", que diluye en mi opinión la raíz para pensar el conflicto sistémico, que fue planteado como sintetizador del momento histórico y que, junto a la ilusión desaforada, desplazaron a la indignación y la rabia vinculada a la injusticia social. Ambos, la nueva política, el cambio y la ilusión, fueron los ejes de la estrategia de las emociones del auge del partido. Ahora presentes, hasta la saciedad, en las declaraciones de Errejón, Carmena y afines, aunque vacíos, con mucha menos capacidad de inflación pero, por eso mismo, muy inflacionarios. Parecen invocar el eterno retorno, no de lo reprimido, sino de lo perdido.

Es indudable que el manejo de la ilusión como idealismo de chute en esta sociedad posmoderna, tuvo rédito en la estrategia del tándem Iglesias-Errejón para el impresionante crecimiento electoral de los primeros años. Lo tuvo en ellos mismos, hasta que el objetivo del sorpasso al PSOE no se produjo. En la repetición de las elecciones generales, se puso en práctica la táctica de la ilusión junto a un cálculo que numéricamente cerraba, con detractores como Errejón. Podemos pactó con Izquierda Unida, después de que esa formación aguantara el tirón de la competición y obtuviera un millón de votos. Si sumaban los logrados por Podemos superaban al PSOE. Sin embargo, Unidos Podemos perdió precisamente un millón de votos contra todos los pronósticos y el “casi seguro” sorpasso se frustró.

No superaron la frustración de las expectativas. La maquinaria electoral para el blitz creó dinámicas que se perpetúan, ya no en coordinación sino en competición. Errejón que se “atrevía” a disputar el liderazgo e Iglesias que se negó a integrar las dos corrientes, impuso listas cerradas para consolidar con la victoria su liderazgo. Errejón perdió aquellas primarias y pese a que mantiene cargos en el órgano del Consejo Ciudadano, la dirección y el equipo de Iglesias cuentan con la estructura y las condiciones internas de la maquinaria electoral y del boom del momento de moda.

Así, la presión del supuesto órdago no operó. Iglesias tildó inmediatamente el anuncio de Errejón de ambición personal. Y comenzaron las declaraciones públicas contra la permanencia en su escaño en el congreso de los diputados. El lunes, Errejón renunció a la banca aunque declaró, no obstante, que seguía en Podemos. ¿Aún confiaba que ante la reacción de división y el podemicidio, iba a llegar la contención o seguía con la disputa simbólica de los orígenes? El jueves, Podemos anunció que no concurrirá a las elecciones municipales de la ciudad de Madrid. La crisis y la sensación de descomposición reina en el ambiente.

 

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