CÓMO HIZO CARRERA ETCHECOLATZ

Llegó a ser el policía más encumbrado por su desempeño en el Conurbano antes de 1976

 

Ya en la escuela de Policía, Miguel Osvaldo Etchecolatz (MOE) enseñaba a usar la picana. Lo hacía como instructor en el Instituto Juan Vucetich, dentro del Parque que supo ser de los Pereyra Iraola (en tierras que les robaron a los pueblos originarios). Así consta en un testimonio recogido por Horacio Verbitsky a partir de una anécdota de Hugo Cañón, cuando ya era un fiscal de reconocida trayectoria en defensa de los derechos humanos:

"Recuerdo un episodio de mi juventud. Visitábamos la escuela Vucetich cuando el oficial a cargo le mostró a los alumnos una picana como parte de los instrumentos de tareas. Mi jefe desestimó mi sugerencia de procesarlo por apología del delito. El oficial era Miguel Osvaldo Etchecolatz".

Una década antes del golpe de 1976, MOE revistaba en la Comisaría 1ª de Berazategui donde torturó al boxeador Hugo Córdoba (luego de una pelea contra Andrés Selpa), quien no había incurrido en otro delito que el de ser peronista, según la relató a El Cohete hace años.

Hacia 1968 recaló en Avellaneda, donde estuvo en la Seccional cabecera, donde fue hallado por Rodolfo Walsh, quien desde octubre a noviembre de 1968 y en marzo de 1969 había publicado notas en el semanario de la CGT de los Argentinos; una de las cuales comienza así:

"El comisario Miguel Etchecolás es un hombre sensato, buen observador. Cuando se hizo cargo de la primera de Avellaneda, su mayor preocupación consistió en evaluar el personal con que contaba. Del resultado final de esas cavilaciones dio cuenta La Nación del 23 de marzo de este año: ‘Un curso de alfabetización para su personal fue iniciado en la comisaría primera de esta ciudad. A la inauguración de las clases asistieron el intendente y el párroco de la Catedral’".

Empero, las mayores acusaciones por secuestros y torturas recaían en la Brigada. Entre los auscultados por la lupa del escritor de policiales se mencionaba a: comisario Simón; inspector Verhaz; subinspector Saracho; cabos Becerra; Miguel Eulogio Cortez y Horacio Rocha; agentes Zalazar; Lubo; Aldo Germán Pastorini y Gómez (Abel y Casimiro); subinspector Antonio Crucci; suboficial Sardón; sargento 1º Zenón Alanis; suboficial Angel Cáceres; Silvio Altamira; agentes Andrés Robledo y José Campodónico. (Ver La Secta de la Picana, en el libro El violento oficio de escribir).

Esa fue la dotación que recibió MOE cuando asumió al mando de la Brigada de Avellaneda con amplio despliegue en toda la zona sur del Conurbano, que va entre las capitales Federal y la provincial.

Llegó a esa jefatura luego del golpe de Estado con que la derecha peronista apuró el reemplazo de Héctor Cámpora como presidente de la Nación. Entonces la Policía Bonaerense movió sus fichas, el nuevo jefe Regional asentado en Lanús fue Rodolfo de Souza; su logística estaría dirigida por el inspector mayor Enrique Angel Bussi; el comisario inspector Oscar Moler (ex jefe de la Brigada Avellaneda y padre de Emilse Moler, quien sobrevivirá a La Noche de los Lápices) iría en Seguridad Personal en la Provincia; Pedro Leopoldo Simón, a Cuatrerismo; Ricardo Cersósimo, a Delitos contra la Propiedad; y a la reciente Brigada de Quilmes (que antes era la sub-brigada Este, donde tenía injerencia la patota de Etchecolatz), pondrían a Horacio Elizardo Luján. Tanto Luján, MOE y su predecesor en la Brigada Avellaneda, Ernesto Verdún, serían juzgados mucho después como parte del Circuito Camps.

 

 

Puccio

Hacia finales de octubre de 1973, MOE recibió un informe confidencial acerca del secuestro, a menos de diez cuadras de la Quinta Presidencial, de Enrique Pels, director de Bonafide, liberado el 2 de febrero en Pavón y Aguero, de Avellaneda. No había denuncia. No obstante, fue detenido Luis Jofre (44) en su casa de Quilmes. Interrogado como sólo MOE sabía hacerlo, declaró que en el Sindicato de Prensa había conocido a Arquímedes Puccio (49) y al comodoro Arca, quienes le encargaron conseguir, para alojar a un secuestrado, una casa en la zona sur. Se la rentó un amigo en Castro y Riobamba, de Lomas de Zamora.

Puccio declaró:

–Es cierto, la casa la queríamos para albergar a unos Tupamaros. ¡Deben haber sido ellos los secuestradores!

Puccio había comprado un chalet en Acassuso dos meses después del secuestro. Mejor aclarar:

–Bueno, necesitábamos plata para el movimiento peronista. Yo lo conocía a Pels, era una persona muy solvente. Se los señalé a gente dispuesta para que lo secuestrara.

Jofre declaró no haber participado del secuestro aunque recibió tres millones de pesos moneda nacional después de febrero. De él se especuló que había sido chofer de Ernesto Lorenzo, aún no integrado a la banda de Aníbal Gordon.

–Soy de la Resistencia Peronista, vivo en la clandestinidad porque mi hermano fue muerto.

El policía que lo oía pensó en la calle recién bautizada Aldo Emil Jofre, en memoria de los fusilados en la Operación Masacre de la zona sur (Jofre fue fusilado en la Regional de Policía en Lanús, con jurisdicción en el Conurbano sur); pero creyó que el intento de politizar el secuestro era una treta.

Puccio tuvo como abogado a Edgar Saa, pariente de los puntanos Rodríguez Saa. El y Jofre fueron liberados por falta de mérito. Su socio Arca era jefe de Contraespionaje en la SIDE.

 

 

 

Primer operativo conjunto

El 11 de septiembre de 1975, MOE participó de la primera acción conjunta en democracia entre la Bonaerense y el Ejército: el intento de rescate del gerente de Combustibles Isaura; Luis León Domenech, de 72 años, secuestrado en Banfield un mes antes. Lo localizaron en una casa de Bosques, en Florencio Varela, gracias a la delación de Jesús ‘Oso’ Ranier, según detalla Ricardo Ragendorfer en su libro Los Doblados (2016).

Allí, MOE debió apelar a efectivos de cuatro comisarías de la zona sur que fueron mantenidos a raya desde antes de la medianoche, con tres bajas por heridas, hasta la salida del sol, cuando llegó el séptimo regimiento platense a tirar tres morterazos sobre la terraza que acabaron con la resistencia del ERP.

Cuando, por fin, MOE entró, en la habitación más pequeña, sobre un camastro, encontraron al secuestrado muerto, sobre el que dirán que lo mató la guerrilla. En la terraza, los cuerpos del tremendo ejército que los había mantenido a raya: “María Cristina Asconapé de Martínez, domiciliada en la Capital: 24 años. Julio Tristán Montoto, de Llavallol, 22 años. Hugo Gustavo Mogensen, de Berazategui, también, 22 años”. Y nadie más. Dos pibes y una mujer habían presentado la batalla más dura de la década en la zona sur (sólo superada a fin de año por la toma del cuartel Viejobueno).

Con aquella participación, el jefe militar de esa noche, Pascual Muñoz, habrá de ganarse la Intendencia durante la dictadura que comenzaría meses después. Y MOE, su destino en la Jefatura provincial a cargo de todas las brigadas de Investigaciones.

En 1979 renunció a la mediación del Estado para optar por emplearse de manera directa con los dueños del país que favorecieron el desplazamiento de la democracia como modo de asegurar sus métodos de acumulación de ganancias. En Bunge & Born, dueños de Molinos Río de la Plata, en su Avellaneda, se hizo cargo de “Seguridad”, lo que implicó la persecución de los delegados obreros, una veintena de los cuales terminaron desaparecidos. Con ese antecedente irá a ocuparse de la filial de B&B en Brasil hasta que el Poder Judicial de la democracia lo citó para comenzar el derrotero judicial que es conocido.

En uno de esos juicios, el del Circuito Camps, el autor de esta nota debió declarar ante el Tribunal presidido por Carlos Rosanski para dar los nombres de 35 de sus cómplices durante la represión ilegal. En la filmación se ve que MOE pegó un salto desde su butaca en el teatro donde se desarrollaba la audiencia y se acercó al escenario para dirigirse a su abogado, mientras señalaba la silla del declarante. Fue hace justo una década, un 2 de julio, no tan cálido como éste, en el que dejó de existir.

 

 

 

 

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