Con agenda ajena pero sin plata

Ejercicios con Estados Unidos en el ministerio de (In)Defensa sin permiso ni calendario

Fueron dos días de trabajo con la hipótesis de combatir el uso de armas químicas en el norte argentino. Ocurrió el 2 y 3 de mayo en el piso 8 del ministerio de (In)Defensa. La mesa de trabajo reunió en lo que se llama ejercicios combinados a las tres Fuerzas Armadas argentinas,Fuerzas de Seguridad, ministerios, Aduana y UIF de un lado. Y del otro, a representantes de Estados Unidos: cuatro expertos en armas de destrucción masiva, expertos en Defensa, del Departamento de Estado, Comando Sur, la oficina anti-lavado y, entre otros, tres funcionarios de esa embajada en Buenos Aires. Hubo fotos con el fondo de Siria, la agenda de las agencias militares norteamericanas y la política de puertas abiertas del gobierno argentino para garantizarse fondos en salvavidas de plomo. Una actividad que el Ejecutivo organizó sin el acuerdo obligatorio del Congreso en el contexto de una política que avanza en realidad hacia el esquilmado.

 

 

Diputados se enteró del acuerdo cerrado con la embajada norteamericana el 19 de abril por una publicación de Infobae. El 25, Nilda Garré elevó un pedido de informe al Ejecutivo sobre el ejercicio militar conjunto de las Fuerzas Armadas y de Seguridad con personal de Defensa y de Inteligencia militar de los Estados Unidos. Según el inciso 28 del artículo 75 de la Constitución y la Ley 25.880 reglamentaria, los ingresos deben ser autorizados por el Congreso. Defensa dijo que no necesitaba avales porque no llegaban tropas sino técnicos. Pero los argumentos no convencieron. Hubo quejas del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida) y Garré sostuvo que todo eso constituía «una grave inobservancia» a las leyes y un total desconocimiento de las atribuciones del Congreso en «una materia, las armas químicas, sumamente crítica y sensible en el actual contexto internacional».

En efecto, dijo el pedido, la ley tiene por objeto fijar el procedimiento para la introducción de tropas extranjeras y la salida de fuerzas nacionales. Y define como “tropas extranjeras”:

a) Elementos de las fuerzas armadas de países extranjeros;

b) Elementos de las instituciones de países extranjeros cuya misión y/o funciones y/o estructura fueran similares a las fuerzas de seguridad del Estado nacional;

c) Personal de cuadros y/o tropas de las fuerzas armadas extranjeras o instituciones extranjeras cuando llegan para fines operativos, aún cuando no constituyan «elementos» orgánicos de una organización militar con una misión o tarea específica.

Y, el punto clave, «a personal que aunque no integre fuerzas armadas o de seguridad de otros países, sí integre instituciones que cumplan funciones que en nuestro ordenamiento se encuadren como funciones del instrumento militar o de las fuerzas de seguridad. En tal sentido, el decreto reglamentario de la ley (Dto. N° 1157/04) dice que tales funciones son las actividades realizadas para el cumplimiento de una misión militar o de seguridad». En ese contexto, Garré entendió que los expertos en Defensa o en armas químicas que llegaban estaban encuadrados en el concepto de tropa extranjera. El pedido de informe que enumera también las excepciones, dijo que «el ejercicio en cuestión no se encuadra en ninguno de esos supuestos de excepción». Y que si con «extrema flexibilidad interpretativa», pudiera pensarse en un fin educativo, el Ejecutivo de todas formas tenía la obligación de avisar al Congreso al menos 15 días antes, lo que tampoco ocurrió.
A varios días de aquello, nadie respondió el pedido. El evento se hizo. Pero, no es la primera vez que Auad elude al Congreso cuando aparecen temas de la agenda de Estados Unidos.

Las Fuerzas Armadas son una institución burocrática. Llevan todo escrito. Lo hicieron en dictadura cuando dejaron huellas de los crímenes en miles de documentos. Y con lógica de planificarlo todo, programan con un año de anticipación lo que se conoce como el Programa Anual de Ejercitaciones Combinadas. Según la ley 25.880, el Ejecutivo debe enviar al Congreso el proyecto de ley, la primera semana de marzo de cada año con un programa para desarrollar entre el 1° de septiembre de ese año y el último día de agosto del año siguiente. El año pasado, Defensa presentó el programa seis meses tarde: el 31 de agosto de 2017.

El programa de ejercicios contenía 20 actividades. Pasaron por el Senado. Se aprobaron. Y luego por Diputados. Luego del análisis de las Comisiones de Defensa y Relaciones Exteriores salieron dos dictámenes: uno por mayoría del Pro, con el aval completo. Y otro por minoría firmado por Garré y Guillermo Carmona (FpV) entre otros que negó la autorización de 4 de los 20 ejercicios porque contemplaban entrenamientos en acciones de seguridad interior bajo lo que se llama «nuevas amenazas»: narcotráfico, terrorismo, narcoterrorismo y pirátería prohibidos para las Fuerzas Armadas. El dictamen compara los ejercicios de 2016 y 2017, dice que los últimos tienden «a deslizarse hacia un abordaje de problemáticas de la seguridad interior con el empleo del instrumento militar». Y que ocultó esos detalles con una «omisión maliciosa» porque en la presentación del proyecto no hizo ninguna aclaración sobre esas prácticas como lo hacen usualmente otros países de la región, como el caso, dijeron, de Uruguay.

Este es el primer programa anual presentado por Cambiemos porque en 2016 se presentó el que dejó la gestión de Agustín Rossi. Los cuatro ejercicios objetados aparecían nombrados con la jerga cifrada de los militares, por lo cual hubo que analizar contra-reloj lo que cada uno estaba diciendo.

  1. Ejercicio Bold Alligator. Según la información que recabó el dictámen, se trata de «un ejercicio multinacional de guerra litoral organizado anualmente por los Estados Unidos. La edición 2014 tuvo lugar del 29 de octubre al 10 de noviembre y fue realizada mayormente sin seguir un guión. Los participantes tuvieron que reaccionar a una gran cantidad de escenarios ciegos a medida que se iban produciendo. Los escenarios fueron desde ayuda en situaciones de desastre hasta operaciones antiterrorismo; en lugar de un asalto tradicional en la playa, los participantes se adentraron en lo desconocido». Y otro: “La OTAN y las fuerzas aliadas se preparan para hacer frente a los desafíos actuales, a amenazas como las redes terroristas o los insurgentes. Una veintena de países y 8.000 militares, esencialmente de la marina estadounidense, participan en el ejercicio naval
    multinacional Bold Alligator, que tiene lugar en las costas de Virginia, en la costa este de Estados Unidos».
  2. Ejercicio Panamax: involucró las siguientes actividades: “Fuerzas aeronavales de 17 países de América participarán este mes en el noveno Panamax, un ejercicio militar anual orientado a repeler un hipotético ataque terrorista contra el canal de Panamá, informó hoy una fuente oficial.”
  3. Team Work South (TWS) aparece como «el ejercicio multinacional de mayor envergadura organizado por la armada de Chile y tiene por objetivo lograr entrenar a fuerzas chilenas y extranjeras en un ambiente de múltiples amenazas, como son el terrorismo, la piratería y el contrabando, así como también afianzar las relaciones de amistad y cooperación mutua entre las armadas y fuerzas participantes.”
  4. Ejercicio UNITAS. Según las consultas, en la edición UNITAS 2017 en Perú se habrían llevado a cabo ejercitaciones vinculadas con las denominadas “nuevas amenazas”.

“UNITAS es el ejercicio marítimo de mayor trayectoria de la armada de los Estados Unidos. Se ha llevado a cabo todos los años desde 1960 con el objetivo de capacitar y aumentar la interoperabilidad entre las fuerzas navales de cada una de las armadas latinoamericanas». “Amenazas como narcotráfico, terrorismo, piratería, tráfico de personas, pesca ilegal, ayuda humanitaria son parte de la gama de asuntos en que las armadas se preparan. Fuerzas navales de Estados Unidos y Latinoamérica inauguraron el domingo los ejercicios UNITAS en Panamá, en los que se practicarán maniobras militares para enfrentar amenazas a la seguridad en el hemisferio como el narcotráfico y el crimen organizado.”

Según el dictámen, en 2016 «no se detectó ningún ejercicio que tuviera como hipótesis las denominadas ‘nuevas amenazas’, ahora rebautizadas por las agencias militares estadounidenses como ‘problemáticas multifacéticas de seguridad'». Con seguridad, dijeron, el programa 2016 «no tuvo que ver con la consustanciación de los funcionarios de la cartera de Defensa con las leyes actuales (Ley de Defensa Nacional, Ley de Seguridad Interior, Ley de Inteligencia Nacional, decreto reglamentario de la Ley de Defensa Nacional). Son conocidas las declaraciones del ex ministro Julio Martínez y el propio presidente Mauricio Macri, acerca de la necesidad de emplear a las fuerzas armadas frente al narcotráfico o el terrorismo. En consecuencia, la principal hipótesis de que en 2016 el proyecto se haya ajustado a la normativa vigente tiene que ver con que dicha planificación fue llevada a cabo durante el último año del gobierno de Cristina Kirchner, durante la gestión de Agustín Rossi como ministro de Defensa. El presentado 2017, en cambio, sería el primer proyecto de ley de entrada y salida de tropas enteramente planificado por el gobierno de Macri».
Como sea, el dictamen con orden del día para el 17 de septiembre no se trató en el Congreso ni ese día ni después. Eso significa que el Programa Anual de Ejercitaciones 2017 aún no está aprobado. Quienes trabajan el tema, dicen que es la primera vez que sucede. Y que las Fuerzas Armadas llevan seis meses sin entrenamientos combinados. Como, además, los dictámenes pierden vigencia parlamentaria de un año a otro, si el Ejecutivo quiere hacer los ejercicios pendientes, tiene que apurarse a darle tratamiento en el recinto.

El gobierno prometió tres cosas a las Fuerzas Armadas: plata, equipos y modernización. Como sucede ocurre en otras áreas de políticas públicas, de plata nada. El presupuesto sigue siendo de uno por ciento del PBI, pese a que esperaban escalar en un 0,5. De la millonaria lista de armamentos y equipos esperada, sólo recibieron A4 para reemplazar un magro porcentaje de los 36 aviones de la Fuerza Aérea comprados en los ’90 de los que hace dos años sólo quedaban siete; misiles antiáreos RVS70 de Suecia y resolvieron la compra de cinco aviones Super Etendar de la aviación naval francesa de los que sólo quedaba uno operativo, ofrecidos en enero por Francia, descartados y ahora sólo acelerado –como el resto– por la agenda del G20. Infobae dijo el lunes pasado que esto es parte de una tendencia: no habrá hasta el año que viene, dijo, nuevos pagos o compra de material para las Fuerzas Armadas. El recorte de gastos y compra de equipamiento militar alcanzará a los contratos que se habían sellado con Francia, China, Suecia e Israel. En ese contexto, hay que leer los anuncios de venta de tierras y edificios de las Fuerzas. Y las domiciliarias de lesa humanidad, número que no deja de crecer, para ellos son avances a cuenta gotas. En ese contexto, las derivas del Programa Anual de Ejercitaciones Combinadas no parecen sólo un tema de calendario, sino parte del pensado programa de esquilmado.

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