CON LA INFLACIÓN NO SE JODE

Qué hizo Perón cuando un brote inflacionario cuestionó la eficacia de su gobierno

 

En 1951, pleno jolgorio peronista, estalló un brote inflacionario que cuestionó la eficacia política y económica del gobierno.

En una de las tradicionales jornadas en Plaza de Mayo con una multitud de los trabajadores adictos al peronismo, un general desaforado les gritaba:

“Creo que según yo puedo ir observando vamos a tener que volver a andar con el alambre de fardo en el bolsillo.

(La multitud reclama ¡LEÑA! ¡LEÑA!)

Eso de la leña que ustedes me aconsejan, por qué no empiezan ustedes a darla.

Con referencia a los especuladores, el gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos.

Hasta ahora he empleado la persuasión, en adelante emplearé la represión.

Y quiera Dios ya que las circunstancias no me lleven a tener que emplear las penas más terribles”.

En 1953, el tema de la inflación reapareció en el país y, como es lógico, cuestionó la marcha económica del gobierno popular. En este caso Perón fue más tolerante:

“Hace pocos días dije al pueblo de la República, desde esta misma casa, que era menester que nos pusiéramos a trabajar conscientemente para derribar las causas de la inquietud creada a raíz de la especulación, de la explotación del agro por los malos comerciantes.

En esto, compañeros, ha habido siempre falsos mirajes producidos por los intereses. El que no quiere molestarse en nada dice que el gobierno haga bajar los precios: el comerciante que quiere robar dice que lo que corresponde es dejar los precios libres. En esto, cada uno trabaja en cierta medida por su cuenta. He repetido hasta el cansancio que en esta etapa de la economía argentina es indispensable que establezcamos un control de los precios, no sólo por el gobierno y los inspectores, sino por cada uno de los que compran, que es el mejor inspector que defiende su bolsillo. Y para los comerciantes que quieren los precios libres, he explicado hasta el cansancio que tal libertad de precios por el momento no puede establecerse; bastaría un rápido análisis”.

Recuerdo a mi tío Luís, peronista de origen, que después de la caída de Perón en 1955, muy resignado, se consolaba con la convicción de que “estos (los militares) van a terminar con la inflación”.

Está claro: con la inflación no se jode, ni en las malas ni en las buenas.

 

 

 

 

 

 

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