Con la moneda no se jode

El significado preocupante que tienen las provocaciones de Javier Milei

 

Durante el debate entre candidatos presidenciales transmitido el domingo pasado, cuando le llegó su turno, Javier Milei sostuvo dos cosas que llaman la atención.

La primera, que desenvolvió cuando le tocó su momento en el bloque de seguridad, es que el país se transformó en un baño de sangre a raíz de la lenidad de las penas hacia los perpetradores de delitos, por lo que es necesario readecuar los castigos en pos de que “sea costoso ser delincuente” (sic). Para concretar este fin, sugirió realizar reformas en las leyes de seguridad interior, defensa nacional, inteligencia, en el Código Penal y en el Poder Judicial.

La segunda fue parte de su exposición sobre trabajo y producción. Recurriendo a la descripción de una economía que padece condiciones calamitosas, se quejó de la imposibilidad de invertir que significa la presión fiscal, y enumeró las virtudes de una economía ordenada que son necesarias para todo liberal de salón. A saber, que exista financiamiento para la inversión y se estimule el ahorro postergando el consumo en el tiempo, de manera tal que se pueda sostener el crecimiento económico y se revierta el empobrecimiento de la sociedad argentina. De acuerdo con Milei, el impedimento actual que pesa sobre la realización de un destino semejante es que la “casta política” consume capital al estimular artificialmente el gasto cuando emite dinero y se endeuda.

Al día siguiente tuvieron lugar sus tristemente célebres declaraciones sobre el peso argentino. Según Milei, “no puede valer ni excremento”, porque lo emiten políticos incompetentes. Aseveró que no le aconsejaría renovar plazos fijos nominados en pesos a ningún ahorrista. El comportamiento que está exhibiendo el candidato a Presidente de La Libertad Avanza es preocupante. No solamente por el nivel de agresividad que expresa, con una notable indiferencia por el efecto pernicioso de sus dichos, sino porque se aprecia la emergencia de un pensamiento disfuncional que llevado a la práctica política puede dar lugar a situaciones particularmente difíciles.

 

Respuestas del Banco Central

Sergio Massa y Agustín Rossi criticaron en diferentes oportunidades a Milei por sus pronunciamientos. También se lo hizo desde el Banco Central de la República Argentina. Ya antes de que se produjese el episodio, el presidente de la entidad, Miguel Pesce, firmó una comunicación que se difundió el martes 3 de octubre, en la que defiende el uso de las letras de liquidez emitidas por la autoridad monetaria (LELIQ), que recibió críticas por ser una incitación a una suerte de vorágine financiera. Lo cual es muy extraño, porque la deuda pública es un instrumento que los estados modernos utilizan desde sus orígenes para mantener el orden en los mercados de activos financieros.

Pesce señala que “en la Argentina, las entidades financieras cuentan con depósitos en pesos por el orden de los 35 billones. De ellos, 18 billones son colocaciones a plazo fijo. A su vez, los préstamos al sector privado se ubican en 12 billones de pesos”. Por lo cual remarca que “el Banco Central interviene absorbiendo la diferencia a través de las LELIQ, que alcanzan los 15 billones de pesos”.

El presidente del BCRA enfatiza que esta es una forma de establecer una referencia para la tasa de interés que permite brindarle cierto atractivo al ahorro en moneda nacional, pero hay un aspecto que también debería tenerse en cuenta. Si en el largo plazo los instrumentos de ahorro en moneda local son necesarios, en el corto sirven como un medio para desalentar la demanda de dólares. Podría argumentarse que la volatilidad cambiaria que se observa en el dólar financiero —MEP o bolsa— evidencia por sí misma que el mecanismo resulta insuficiente, pero sin dudas es preferible que se la utilice a descartar medios de contención en una situación dificultosa.

Para responder a las provocaciones del candidato presidencial, este martes se difundió otra nota por parte del BCRA, en la que se asevera que la situación del sistema financiero argentino es sólida, y que “el ahorro de los argentinos depositado en el sistema financiero está resguardado por un seguro de depósito y por el rol del Banco Central de la República Argentina, que actúa como prestamista de última instancia”.

La nota es acompañada por un anexo con un conjunto de indicadores correspondientes al primer trimestre de 2023 con la finalidad de demostrar que el sistema bancario argentino no se encuentra expuesto a ningún riesgo inmediato:

  • El Ratio de Cobertura de Liquidez, que compara el valor de los activos de corto plazo frente a los egresos corrientes, es próximo a 2. Es decir que el conjunto de entidades financieras puede, a grandes rasgos, financiar sus operaciones habituales.
  • El Ratio de Fondeo Neto Estable también se aproxima a un valor de 2. Este se determina por el valor que alcanzan las fuentes de ingresos de una duración previsible de al menos un año por sobre los fondos necesarios para desenvolver la actividad de las entidades durante ese período.

Puede concluirse entonces que los bancos argentinos no solamente no muestran ninguna señal de riesgo inmediata, sino que precisamente estos índices se corresponden con su disponibilidad de liquidez, que necesariamente se debe colocar para que alcance algún tipo de rendimiento, evitando de esta forma que el capital permanezca ocioso. De ahí la necesidad de habilitar la adquisición de LELIQ.

Por su parte, un grupo de entidades bancarias (ABE, ADEBA, ABAPPRA, ABA) emitieron un comunicado en el que critican el carácter provocador de las palabras de Milei, y aprueban la fortaleza del sistema financiero argentino.

 

El comunicado de las asociaciones bancarias.

 

 

Unificación cambiaria

La primera consecuencia de los dichos de Milei fue el alza del dólar blue, que, luego de haber finalizado la jornada del viernes con un valor de 870 pesos para la compra y 880 para la venta, se disparó a 935 y 945. Para el final de la semana los respectivos valores de referencia ascendieron a 960 y 980 pesos.

Buscando limitar la presión que pueda generarse sobre el dólar MEP —que el gobierno utiliza para reducir el alza de blue con el convencimiento de que eso disminuye las expectativas inflacionarias— se elevaron las alícuotas del dólar para el ahorro, los consumos realizados con tarjetas de débito y crédito de productos en el exterior, y fletes. Se los unificó en un tipo de cambio efectivo de alrededor de 731 pesos por dólar.

Otro hecho importante es que el jueves la tasa de interés por la compra de LELIQ con vencimiento en 28 días se elevó del 118 % nominal anual al 133 %, al igual que la tasa mínima garantizada para plazos fijos de personas humanas de menos de 30 millones de pesos. Para montos superiores será de 126 %.

El BCRA intenta que esta sea una forma de mantener un rendimiento de los ahorros nominados en pesos superior al de la variación de los precios, que sugirió que podría desacelerarse en octubre a raíz de que los incrementos de precios comenzaron a morigerarse para finales de agosto. Guarda relación con el dato que se difundió en el mismo día sobre el incremento del Índice de Precios al Consumidor en septiembre, que fue del 12,7 % sobre el nivel de agosto.

 

Desdeñar al Estado

Con independencia de las decisiones inmediatas que tome el BCRA, elementales e inevitables en una situación como la que atraviesa la Argentina, y los mecanismos de salida que puedan idearse una vez que esta se normalice, la crítica de Milei ya no se dirige a la gestión de gobierno, sino al uso de las herramientas de las que dispone el Estado moderno para mantener el control de su moneda. Son a las que él mismo tendría que recurrir si fuese Presidente. La alternativa es dilapidar recursos de los cuales dispondría por un tiempo limitado, en el difícil caso de que los obtenga, para disminuir el control sobre el dólar.

Recaer en una macroeconomía de esas características es alimentar la bicicleta financiera, pero no por el uso de las LELIQ, imprescindible inclusive en épocas de tranquilidad, sino por el simple hecho de que su contradicción principal es que la política económica necesariamente se orienta a retrasar lo que incentiva, que es la salida de capitales. Milei habla como si quisiese re-editar la crisis de 2018-2019, pero con las condiciones económicas y políticas de la actualidad.

Esto se emparenta con la mentira sobre el Estado que profesa y que El Cohete desbrozó en su edición del 10 de septiembre. Su ilusión lo lleva a creer que la magnitud que alcanza el gasto público implica consumir lo que no se produce y que su inhibición le permitirá mantener un gobierno floreciente sin tener que resolver conflictos.

La incomprensión que manifiesta sobre el arte del gobierno es tal, que considera que puede afrontar la tensión social que generaría, endureciendo la represión sobre la base de una relación costo-beneficio. Milei le atribuyó la inspiración de su enfoque sobre la seguridad a un trabajo del economista norteamericano Gary Becker, publicado en 1968, titulado Crime and Punishment: An Economic Approach. Becker desarrolla la hipótesis de que se pueden optimizar las sanciones a los crímenes, aspirando a minimizar la pérdida social que generan, partiendo de la base de valores en los cuales el ingreso que genere la actividad criminal sea inferior al que produzca la actividad económica legal y endureciendo las penas cuánto más grande sea el crimen.

Sucede que normalmente la criminalidad no se elige por las preferencias de las personas, sino que tiene lugar cuando no pueden insertarse en la actividad laboral, y siempre “paga menos”, porque un robo de finalidad económica consiste en sustraer una fracción del ingreso que recibió otra persona. La gravedad de las penas no cambia en nada la cuestión. En todo caso, es tema de debate cómo establecerlas para que sean efectivas en cuanto a la reforma de los individuos sentenciados, y es una perogrullada que existen jerarquías para las ofensas. Todo lo cual es evidente, y Becker no solamente no pretende ponerlo en discusión, sino constatarlo con la facilidad de afirmar lo que es obvio.

Solamente Milei es el que piensa que los distintos gobiernos argentinos llegaron a la crisis que le otorgó la entidad política de la que goza hoy por su negligencia para actuar de acuerdo con sus ideas reaccionarias más vulgares. No advierte que el rechazo político que generan tales apreciaciones erróneas prolonga la crisis que se supone que él estaría en condiciones de resolver, porque es un candidato para hacerlo. Vaya paradoja.

 

 

 

 

 

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