CONDUCTAS TORCIDAS

El imprescindible desacople de la financiarización

 

Desde el comienzo del gobierno del Frente de Todos las organizaciones corporativas del patronato han insistido en cada pronunciamiento o documento que emitían sobre la política económica, en reivindicar el avance hacia las liberalizaciones del mercado cambiario y de la cuenta de capitales, con la mayor premura posible. Esta posición ha sido sostenida desde la AEA y el Foro de Convergencia Empresarial, que agrupan a las empresas más concentradas de diversos sectores, como también por la UIA, que se reconoce como agrupamiento del empresariado industrial. El mismo tenor tienen los pregones de la Sociedad Rural y demás organizaciones de las patronales agropecuarias.

Cabe preguntarse las razones por las que las empresas no financieras promueven esas liberalizaciones y aperturas que favorecen el libre flujo de capitales y la libre conversión entre la moneda local y las divisas. También es necesario interrogarse por qué levantan la voz solicitando medidas que reduzcan los impuestos que pagan y “liberen” de toda regulación el carácter y destino de sus inversiones, reclamando la exclusividad de la inversión privada en la actividad económica. La respuesta resulta de indagar el fenómeno de la financiarización , que es un rasgo fundamental del capitalismo neoliberal. Las caracterìsticas que la constituyen son:

  • Una relación más estrecha de las empresas con los mercados financieros internacionales.
  • El auge de la presencia de inversores institucionales, como las aseguradoras, los fondos de jubilaciones y pensiones, los fondos de cobertura y otros gestores de activos.
  • La reorientación de las empresas hacia su actividad central y la fragmentación de los procesos productivos en cadenas globales de valor.
  • La priorización de los intereses financieros de los accionistas, mediante el reparto regular de dividendos.

 

 

El patrón de los patrones

En el capítulo «Patrones financieros y de inversión en América Latina desde la perspectiva del comportamiento empresarial», del libro Estudios sobre financiarización de América Latina, Edgardo Torija Zane y Ricardo Gottschalk describen estas características y afirman que el capitalismo gerencial, que tan bien describió John Kenneth Galbraith, ha sido sustituido por otro patrón en el cual la garantía del mayor beneficio para el accionista  reemplazó a otro en el que la burocracia dirigente de las empresas articulaba múltiples objetivos que contemplaban a las distintas partes que participaban de la firma, accionistas, clientes, proveedores y empleados. El nuevo patrón de la economía capitalista sustituyó esta lógica conciliatoria por otra en la cual la maximización de las ganancias constituía la motivación excluyente del comportamiento de las empresas.

Por otra parte, el auge de los mercados de capitales desplegó la posibilidad de que los inversionistas desplazaran sus dineros de una empresa a otra, de un sector a otro, por lo que estimulaban y finalmente obligaban a ese comportamiento empresarial. Por otra parte surgieron fondos institucionales, cuya génesis se debió en gran parte a la privatización y mercantilización de servicios reconocidos antes como derechos humanos. Estos fondos adquirieron el carácter de poderosos y voluminosos, constituyéndose en actores de los mercados de capitales, en los que con la lógica de la ganancia financiera invierten a riesgo buscando la mayor rentabilidad. Ese proceso de privatización y alimentación de los fondos institucionales, unido al financiamiento de la actividad empresarial en los mercados de capitales de manera creciente –que desplazó al tradicional rol central de los bancos—, son rasgos claves de la regresividad de la financiarización .

Dicen Torija Zane y Gottschalk que “en lugar de reinvertirse en la expansión de la propia empresa, los fondos generados internamente tendieron cada vez más a distribuirse entre los accionistas, para luego reciclarse en los mercados financieros internacionales, en busca de inversiones alternativas que ofrezcan mayor rentabilidad». Esto explica por qué la contrarrevolución conservadora se constituyó en un proceso implacable de redistribución del ingreso contra el salario y de castigo a sectores, empresas o países que no disciplinaran al máximo el mercado laboral. La financiarización es un régimen clasista en estado puro.

Esta nueva lógica debilitó el nexo entre los beneficios y la inversión productiva a nivel de las empresas y facilitó que la distribución de dividendos reasignara permanentemente recursos utilizando  los flujos financieros libres. Ese mecanismo devino en la construcción de cadenas de valor, que distribuyen sus eslabones asignando a los distintos países las actividades que reportan la mayor ganancia para la parte del producto que fabrican. Estas finanzas crecientes y libres habilitaron fluctuaciones económicas mucho más intensas, fomentaron “burbujas especulativas” e intensificaron la frecuencia de las crisis financieras.

 

 

 

El general Susvín

Las reformas estructurales de apertura financiera en América Latina, que comenzaron a mediados de los ‘70 y se profundizaron en la década de los ‘90, impulsaron el despliegue de los mercados de capitales nacionales y estrecharon la articulación entre los aparatos productivos locales y los circuitos de financiación internacional. La región fue particularmente sensible al debilitamiento del vínculo entre los beneficios y la inversión. Estos rasgos son los que dan explicación a los reclamos financiarizadores de las organizaciones empresariales. Los empresarios que las conducen no quieren ser regulados en función de una política de inversión y desarrollo porque pretenden disponer de los beneficios obtenidos en la actividad productiva para su reciclamiento. También desean que ese reciclamiento pueda ser conducido hacia la valorización financiera interna, o a sectores reprimarizados con alta renta, o a la constitución de activos externos (fuga de capitales).

Observando alguna información de América Latina, los autores citados encuentran que las actividades de reparto de dividendos más agresivas fueron llevadas a cabo, tomando el período de 1995-2015, por Chile y Colombia. El texto editado por CEPAL en 2018, muestra las raíces económicas de las rebeliones que comenzaron en 2019 y continúan en el presente en esos países. Ambas naciones ostentaban esa conversión empresaria hacia la ganancia del accionista. Chile tenía muy apalancado su mercado financiero (relación crédito sobre PBI muy alta), y los dos países estaban alineados en la lógica de las privatizaciones del consenso neoliberal.

En cambio, cuando se observa a la Argentina se nota una pronunciada reducción del reparto de dividendos de las empresas no financieras que pasó de niveles muy elevados de la década del ‘90 a otros situados bien por debajo del promedio continental en 2015. En este país, destacan los autores del artículo citado, el sistema previsional fue estatizado en el año 2009 y los activos gestionados por las administradoras de jubilaciones y pensiones “quedaron bajo el control del sistema público de seguridad social”.

En el capítulo «La dimensión internacional de la financiarización en las economías desarrolladas» del libro El imperio de las finanzas, deuda y desigualdad, Pablo Bortz  y Annina Kaltenbrunner reflexionan que la financiarización internacional reforzó la subordinación y el desarrollo desigual, profundizando la divergencia entre el mundo desarrollado y las economías subdesarrolladas. Subrayan el patrón capitalista del predominio exclusivo de los accionistas, que en las economías de América Latina están reducidos a una elite más concentrada y exclusiva. Este rasgo, junto al libre flujo de capitales, exacerba el carácter de dominación que refuerza la jerarquización entre las monedas, haciendo mucho más volátiles la tasa de interés y el tipo de cambio de los países periféricos. Esto conduce a un diferencial de tasa de interés, que encarece el crédito en  moneda local de las naciones con dependencia económica, y a una alta volatilidad del tipo de cambio.

Las condiciones de dependencia han sido agravadas por la gran cantidad de recursos líquidos que las empresas no financieras dedican a la especulación en los últimos años. Además, destacan estos autores, los recursos en acumulación de reservas que los países periféricos dedican a la tenencia de un stock de divisas para desalentar las fluctuaciones cambiarias son restados de los fondos dedicados al desarrollo. Esto último permite inferir que las naciones prefieren esa estrategia frente a la alternativa del sometimiento al FMI, que no actúa como un prestamista de última instancia sino como un disciplinador de economías subdesarrolladas cuando le requieren asistencia financiera.

 

 

Reprimarización y regresividad

La financiarización no sólo impacta sobre el nivel de actividad económica, sino también reprimarizando la estructura de la economía y regresivizando la distribución del ingreso. Provoca el auge de sectores como la explotación de recursos naturales, construcción, finanzas y bienes raíces (sectores donde se han endeudado en el exterior grandes empresas de economías subdesarrolladas), ha llevado a una desindustrialización prematura y a caídas de la participación asalariada en muchas de ellas. En la Argentina las rentas y beneficios de la cadena agroindustrial se desplazan a esos bienes que actúan como reserva de valor y, también, como activos de especulación.

Esta lógica de comportamiento del capitalismo financiero es la que conduce a las corporaciones como la UIA y a empresas no financieras en general a reclamar la apertura económica y la liberalización cambiaria y del flujo de capitales. Porque los excedentes no tienen como destino la inversión sino el juego financiero y la constitución de activos externos.

El sector agroindustrial se liga con el mercado internacional con commodities que no solamente son bienes esenciales, sino también y en gran medida activos de especulación que se suman a las monedas-divisas, bonos, acciones, etc. Tanto que la FAO insiste en la necesidad de tomar medidas por la tendencia general al encarecimiento de los alimentos, como consecuencia de la financiarización que permitió que adquirieran ese rol.

Debido a la búsqueda de la rentabilidad máxima como objetivo único de la empresa, en el marco neoliberal las inversiones de largo plazo se hacen dificultosas. Sobre todo en los países dependientes  más expuestos al riesgo de la crisis. Este paradigma de comportamiento del sistema hace necesario no atender al permanente reclamo de “apoyo” a la inversión de empresas que han entrado en la internacionalización. Además resulta anti-industrial la apertura financiera y la liberalización del tipo de cambio.

Una política que se dirija a romper con la lógica subordinada y avanzar hacia la autonomía requiere no sólo del estímulo de la actividad productiva con medidas de intervención estatal, también resulta necesario promover el desacople de la financiarización. Esto significa la participación estatal en actividades productivas, el direccionamiento y regulación de las inversiones que requieren un cambio en la legislación que las rige, y la introducción de controles y regulaciones en los mercados de productos que actúan en el doble rol de bienes de uso y  activos de especulación. También necesita del carácter permanente de la administración cambiaria y la regulación de los flujos de entrada y salida de capitales del país.

 

 

 

 

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