Construyendo el programa

Lineamientos de la Vicepresidenta para que la economía vuelva a ser gobernada por el Estado

Esta es la última nota de Guillermo Wierzba. Envió la corrección final poco después del mediodía del sábado. Veinticuatro horas después, falleció de un infarto, a los 72 años. Fue durante cinco años el columnista principal del Cohete, donde aportó su sabiduría y sus convicciones, dos virtudes que no siempre coinciden. La colección de sus artículos (y antes los cuadernos de CEFID-AR, que dirigió) constituyen un material básico para entender (y para cambiar) la Argentina de estos años. El velorio se realiza el 1° de mayo, de 15 a 22 y el martes 2 de mayo de 10 a 12, en Zucotti, Thames 1168 sala 2 . De allí partirá el cortejo hacia el cementerio de La Tablada. El Cohete lo despide con congoja. Horacio Verbitsky

 

 

En su clase magistral, conferencia o discurso —o la conjunción de los tres, como se la quiera nombrar—, Cristina Fernández se refirió en varias oportunidades a la necesidad de un programa. En camino hacia el mismo, su exposición dejó explicitadas un conjunto de opiniones, y las fundamentaciones que las avalan, que habilitan a ser leídas como los lineamientos que la Vicepresidenta considera fundamentales para la construcción del programa, que según su convicción es la clave de una política para el futuro. En cierto sentido, la lideresa del movimiento popular, nacional y democrático ubicó el centro de los requerimientos para afrontar el próximo período eleccionario –y eventualmente de gobierno– más en el programa que en los candidatos y, por lo tanto, posibles autoridades futuras para desplegar una política transformadora de la dramática realidad. Esto constituye una novedad en la historia del kirchnerismo, porque en su etapa anterior las políticas desplegadas desbordaron la lógica de “lo posible” pero sobre la base de decisiones muchas veces rápidas, sorpresivas e inesperadas, que recibieron el respaldo popular una vez que habían sido tomadas. Sin embargo, el discurso del viernes en La Plata hace rememorar lo expresado por Néstor Kirchner el día de su asunción ante las cámaras del Congreso: vientos de grandes cambios. Cristina dio vuelta lo que se esperaba con algo inesperado: reimplantó la tradición del programa, barrido de la escena política por el paradigma neoliberal. La formulación de programas implica la confrontación de ideas e ideales, de proyectos distintos de país, de bloques sociales con diferentes intereses y urgencias. El liberalismo neo promueve una sociedad con un programa único (el de la “verdad” técnicamente determinada), siendo lo electoral el momento de elegir a quienes ese electorado supone más eficientes administradores de una opción no sujeta a interpelación.

La exposición de Cristina Fernández al reponer el programa en el lugar central retoma la idea de la construcción de una sociedad de ciudadanos, un concepto enterrado por el programa de la globalización financiera, que lo sustituye por el empobrecido concepto de electorado. El ciudadano cuando delega poder lo hace sobre el mandato de un programa, y los candidatos son los de una fuerza política que propone un programa. La lideresa entiende que el Frente que vaya al comicio con la vocación transformadora para un proyecto nacional, popular y democrático deberá hacerlo comprometido con la lógica del autogobierno ciudadano, que significa que se hará lo que el pueblo dispuso. Se deduce que los candidatos, su perfil, historia, discurso, ideario y militancia deberán estar comprometidos con el programa.

Cristina desplegó los siguientes lineamientos:

  • Explicó el significado real de la propuesta de dolarización de la economía, advirtiendo que sería como una versión agravada del plan de convertibilidad de la década del ‘90. Previno en relación a que la implementación de esa medida significaría la renuncia del país a tener capacidad de disponer de una política monetaria y también carecería de política cambiaria. Dijo que se sometería a la dependencia de la economía de los Estados Unidos, cuya matriz productiva es competitiva con la de la Argentina, lo que agrava la inconveniencia de adoptar el camino dolarizador.
  • Planteó la necesidad de revisar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Sostuvo que el retorno al Fondo implicó llegar a uno de los peores momentos en materia económica y de condicionalidades impuestas por el organismo. Criticó las políticas enlatadas que el FMI recomienda a los distintos países que se endeudan con él. Caracterizó y demostró gráficamente que el actual acuerdo es inflacionario.
  • Respecto de la inflación, la caracterizó como el problema más grave que hoy afronta el pueblo. Mostró que hay capacidad instalada ociosa en todos los sectores de la economía y que por lo tanto la inflación no es de demanda, como la ortodoxia (dentro de ella comulga el Fondo) supone sin aporte empírico que sustente ese diagnóstico. También reiteró la comparación del déficit fiscal argentino con el de numerosos países, demostrando que no hay una asociación entre tasa de inflación y nivel de déficit. En cambio evidenció que, a partir del acuerdo con el organismo, el ritmo inflacionario se aceleró intensamente. Las devaluaciones exigidas por el FMI provocan el aumento del ritmo inflacionario.
  • Planteó la necesidad actual de regulación y administración cambiaria. Con el nivel escaso de reservas se impone “sentarse sobre las mismas”, obligando a las empresas extranjeras a reinvertir las utilidades en el país.
  • Demostró la inexistencia de mercados competitivos en la economía argentina. Exhibió el grado de concentración de la oferta de los productos que se distribuyen en góndolas: 20 empresas controlan el 74% de la oferta. Esta situación requiere de políticas que eviten o mitiguen los efectos de esa concentración. Pero advirtió sobre la imposibilidad de disciplinar a un empresariado con este grado de concentración con un Estado fragmentado y dividido, como lo está en el presente.
  • Se refirió a la necesidad de cambios en el diseño tributario. Explicó el privilegio del patronato devenido de los regímenes que otorgan beneficios tributarios y del método de ajuste por inflación y el de indexación de gastos, concluyendo en que los ingresos por salarios resultan más afectados por el gravamen de ganancias que las utilidades empresarias.
  • Señaló la diferencia de la política económica que heredó Néstor Kirchner respecto a la de la etapa actual. Mientras que en la primera había caída del PBI, desindustrialización, apertura comercial y altos niveles de desempleo, en la segunda se registra un crecimiento de las variables económicas pero una caída de la participación de los asalariados en el ingreso. Dijo que con la primera no había crecimiento y con la segunda el crecimiento se lo llevan “cuatro vivos”. Planteó la necesidad de que la redistribución del ingreso acompañe sistémicamente al crecimiento.
  • Se refirió a los recursos naturales, propuso que el litio fuera declarado recurso estratégico y su explotación hecha con el sector privado y las provincias propietarias del subsuelo que contiene el mineral. Destacó la importancia de Vaca Muerta pero previno contra la idea de algún recurso salvífico. Advirtió respecto de la dependencia de commodities con precios internacionales de alta fluctuación y abogó por una economía industrial diversificada, en la que los recursos naturales exportables contengan valor agregado nacional.
  • Respecto de la revisión del acuerdo con el FMI, propugnó que los pagos estén atados al superávit comercial, algo muy diferente a lo que pontifican quienes sostienen que hay que construir una economía tirada por las exportaciones para obtener mediante el superávit comercial los dólares para pagarle al FMI. Todo el enfoque de la Vicepresidenta estuvo planteado sobre una sociedad integrada en una economía que emprenda el desarrollo, lo que presupone mayor autonomía en las definiciones de política económica. Mejor distribución del ingreso, crecimiento y diversificación requieren de un mercado interno potente y grande, que es la condición de una Nación solvente y justa.
  • Respecto a la revisión del acuerdo con el FMI, planteó la necesidad de remover las metas fiscales que, como se dijo, no resuelven nada respecto del proceso inflacionario. A su vez reivindicó el reciente uso de las reservas para intervenir en el mercado cambiario, a pesar de la prohibición que establece el acuerdo.
  • Un tema clave del diseño de política fue la caracterización de un cambio en las relaciones internacionales. Haciendo una analogía con la caída del patrón oro y el surgimiento del patrón dólar, la Vicepresidenta ubicó los cambios actuales en el escenario mundial y el creciente papel de China, que está reconfigurando las relaciones entre las naciones. Reivindicó el reciente acuerdo para la utilización del swap chino para pagar en yuanes las importaciones desde ese país.

La ex Presidenta sostuvo la necesidad de que se adopte un proyecto en el que la economía sea gobernada por el Estado y la política, y no por los mercados. Esto significa una vía antagónica con el liberalismo neo, en el que la economía se sustrae del dominio ciudadano para resolverse en la sociedad civil, o sea, en la esfera privada. Los contenidos de los lineamientos responden así a los de un proyecto de recuperación radical de la democracia, donde la decisión de la ciudadanía se amplía y rompe las cadenas que la circunscribieron a una esfera limitadísima durante el paradigma hegemónico instalado por el terrorismo de Estado y continuado por los períodos posteriores, en los cuales gobernaron los adherentes al transformismo argentino.

Otro de los lineamientos centrales de carácter conceptual que formuló es el de abandonar las responsabilidades restringidas a decisiones personales para sustituirlas por las de carácter colectivo. Esta idea de gestión compartida la acompañó con una ironía analógica cuando se refirió a los que ven halcones y palomas en el FMI y en la oposición de rejuntados por el cambio. La lideresa se definió como pingüina y recordó que esas aves se comportaban “comunitariamente”, se movían juntas, mientras los halcones y las palomas eran aves “individualistas”.

Reflexionó sobre los malos resultados de gobernar para pretender conformar a todos. Señaló que cuando se toman medidas se afectan intereses y es inevitable confrontar con la resistencia que estos ejercen. La fantasía de querer gobernar conformando a todos (consensualismo extremo) lleva a la disconformidad general.

 

 

Pasado y presente

Refiriéndose a las intenciones dolarizadoras, Cristina Fernández dijo que el pasado aparece otra vez en el presente. Que el pasado se torna presente para frustrar el futuro. Reaparece, entonces, un continuo histórico en el que dos corrientes –una popular, nacional y democrática y otra oligárquica, liberal y autoritaria– pulsean en el país. En su libro Revolución, una historia intelectual, refiriéndose a Walter Benjamin, Enzo Traverso dice que su concepción de la historia “se oponía radicalmente al historicismo (una forma de positivismo). Para el historicismo, el pasado era un continente cerrado y un proceso definitivamente consumado: no significaba otra cosa que la acumulación de cosas muertas listas para ser cronológicamente ordenadas, archivadas y depositadas en un museo. A esta concepción, Benjamin oponía una visión de la historia como una temporalidad abierta. A su juicio, el pasado estaba a la vez permanentemente amenazado y nunca perdido por completo; acosaba al presente y podía reactivarse”. Así como el pasado de la convertibilidad aparece para frustrar el futuro, la política del primer peronismo, el papel que el Estado jugó en ella con el IAPI, la nacionalización del Banco Central, la estatización de empresas estratégicas, la resistencia a ingresar al FMI, la mirada aguda de la geopolítica, la sustancial mejora de la participación de los trabajadores en la renta nacional, puede estimular la construcción de un mejor porvenir. Continúa Traverso: “Desde luego el rescate de la historia no implicaba volver atrás y rehacerla sino, antes bien, cambiar el presente”. Advirtió la Vicepresidenta la presencia amenazadora de un pasado reaccionario cuyo objetivo es hacerse presente en la actualidad para destruir la Nación. Habrá que recurrir a la potencia del pasado de los legados populares para aventar la amenaza y vigorizar el presente, para construir futuro en lugar de frustrarlo. Candidatos que lo encarnen. Para la presidencia es Cristina Fernández la que posee los atributos necesarios.

 

 

 

Técnicos o políticos

Otra recuperación del pasado popular que expuso Cristina Kirchner fue la de la creación de una escuela de capacitación política, aclarando que no era técnica. Y realizó una dura crítica respecto de técnicos que lo saben todo y tal vez no entiendan nada. Resulta en el ámbito de ciertos saberes un pensamiento disruptivo y valioso. Particularmente en el del “saber” económico es imprescindible dar el vuelco. Esos técnicos que lo saben todo pero no entienden nada invaden con un lenguaje que tiene la pretensión de la “objetividad” la comunicación cotidiana. Lo hacen con el manto con el que esconden su posibilismo y conservadurismo, e imponiendo una única vía de política económica. Son los que van a recomendar hacer los deberes con el FMI y la abstinencia de la redistribución del ingreso sostenida desde la intervención estatal. Ese “saber” económico importado de universidades del Imperio, donde esos técnicos “impolutos” hacen sus postgrados, ha invadido la vida académica para despolitizar la economía. Su repolitización requiere que el debate sobre los temas económicos trascienda la vida de los claustros para que la discusión no sea de los especialistas sino del pueblo todo.

 

 

 

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