Cosas de cerdos

Vandalizaron en Quilmes un mural alusivo a la Noche de los Lápices

 

La cabeza de un cerdo, con peluca, atravesada por dos cuchillas, manchado de rojo sangre y con velas en la boca que simulaban crayones, fue emplazada ante un mural alusivo a la Noche de los Lápices, clavada en una cruz sobre semillas de maíz en la base.

El adefesio ritual fue encontrado el domingo pasado en la céntrica esquina de Brandsen y Coronel Pringles, en Quilmes, ciudad gobernada por una militante de La Cámpora y que supo tener uno de los más conocidos centros clandestinos de detención: el Pozo que Martiniano Molina casi confunde con un bache y cuyos atroces testimonios resuenan en juicios de lesa humanidad que se desarrollan por estos días.

Las sombras de los ataques del sábado 17 quedaron registradas a las 23.50 por al menos una cámara vecinal (se presume que puede haber más), cuyas imágenes obtuvo la Agencia periodística Suburbana. A 20 metros de esa esquina se ve a un sujeto que sube a un VW Gol claro, que otro conduce.

 

 

 

 

 

El viernes 16 se habían recordado los 46 años del secuestro, violación y asesinato de cursantes de colegios secundarios que, entre otras luchas, habían reclamado por un boleto estudiantil o, dicho de otro modo, una transferencia de recursos de los sectores empresarios en beneficio de los más pobres.

 

 

 

 

En el mundo

Las cabezas de cerdo, animal impuro en la tradición judía, han sido utilizadas a lo largo de la historia en ataques racistas y religiosos. En la última década, algunos ejemplos fueron noticiados por las agencias EFE, AJN y AFP.

A finales de octubre de 2014, en Ciudad del Cabo, miembros del sindicato estudiantil sudafricano colocaron una cabeza de cerdo en los estantes de carne del supermercado Woolworth, una cadena importadora a la que boicoteaban por el trato de Israel a Palestina.

En Sudáfrica, donde la comunidad judía es la más grande del continente, manifestantes exhibieron siete cabezas porcinas frente a la empresa. Tanto la dirección nacional del sindicato estudiantil como del movimiento pro boicot se distanciaron del uso de cerdos como forma de protesta.

Hacia finales de 2016, neonazis con las cabezas rapadas colocaron una cabeza de cerdo y arrojaron tinta roja sobre la tumba del rabino Nachman de Breslev, fundador del movimiento jasídico de Bratislava, al mismo tiempo que atacaban con gases lacrimógenos a feligreses que se encontraban junto a su tumba en Uman, Ucrania, un sitio de peregrinación visitado por decenas de miles de judíos.

 

Nazis de Ucrania, la misma metodología.

 

En noviembre de 2018, una cabeza de cerdo fue colgada a la entrada de la sinagoga Sukkat Shaul en el centro de la ciudad israelí Ramat Hasharon, tensionada entre residentes seculares y religiosos en la previa a la segunda vuelta electoral local. “Qué vergüenza de quien haya hecho esto –dijo el director de la sinagoga, Eli Almani–. No lo creí al principio, pero cuando lo vi con mis ojos me di cuenta de que no era una imagen o una muñeca sino una verdadera cabeza de cerdo, con sangre goteando”.

 

En la sinagoga Sukkat Shaul.

 

 

 

 

Los repudios

En Quilmes, la Agrupación Arturo Jauretche (ligada a Aníbal Fernández, intendente allí entre 1991-95) repudió el ataque: “El mural significa y sintetiza la memoria colectiva y el recuerdo permanente de aquellos jóvenes que, en defensa de los sueños colectivos, dejaron incluso hasta su propia vida. No se trata de pintura en una pared lo que intentaron ocultar y demonizar. Es arte y es recuerdo, es respeto y es memoria. Es nuestra historia reciente, pero también nuestra militancia actual. No sólo de nuestra agrupación, sino la de miles y miles de militantes que desde diferentes espacios sociales, sindicales, eclesiásticos y políticos forjan todos los días identidades colectivas despojados de intereses individuales. Volveremos a pintarlo una y mil veces, porque la memoria no se mancha y los lápices seguirán escribiendo”.

El secretario de Derechos Humanos del municipio, Hugo Colaone, fue militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) en la democracia de 1973, sufrió la cárcel durante la dictadura y tiene varios compañeros caídos. “En un mural homenajeando a lxs compañerxs de la Noche de los Lápices, vandalizan y amenazan en nuestro querido Quilmes con el odio gorila de siempre. Nuestro enérgico repudio a la violencia expresada y esperemos que la Justicia no se quede en su lugar de confort y haga lo que debe hacer”, escribió.

Colaone, quien ejerce por segunda vez como secretario del área, carga con una historia que lo tuvo muy cerca de ser otro desaparecido. Sus compañeros fueron asesinados cuando se cumplían dos años de la masacre de Trelew. La noche del 21 de agosto de 1974 estuvo en una guardería de La Cañada donde preparaban los actos relámpago del día siguiente. Salieron en grupos de dos o tres. Colaone se fue con una compañera hasta la parada del colectivo 98, en tanto Pablo van Lierde, Carlos Baglietto y Eduardo Beckerman subieron a una Citroneta hasta un bar en Bernal. Los tres fueron descubiertos de madrugada por personal que dijo ser de la policía, llevados a la ribera y fusilados dentro de la caja de esa camioneta. Solo Baglietto, malherido, sobrevivió para contarlo. Roña Beckerman había sido compañero de Pablo Meijide, hijo de Graciela. Su reemplazante en la UES fue el presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Comercial 3, el Pájaro Colaone.

El miércoles 14 de enero de 1976, cuando dormía en casa de su mamá, en Quilmes, lo despertó el ruido de puerta y ventanas rotas. Lo tiraron en un celular con Ángel Lechuga García, de la UES, y Dina de la Ceca, de 15 años, delegada de un secundario, raptada de su casa en Berazategui. Los tres fueron ser llevados al centro clandestino Puente 12, donde el método de presión más leve era acercarles perros que les ladraban a sus espaldas.

La pareja de Colaone recibió un llamado en clave y salió de raje, aunque a casa de su novio para consolar a las familiares. Ella tenía como responsable a Virulana, de quien no sabían que era el hijo del gobernador neuquino Felipe Sapag. Nélida Marcela “Kelly” González era hija de Nélida Marelli, vicedirectora de la Escuela Media 3 de Quilmes, que llegó a cachetear a un guerrillero. Ya en dictadura, sufrió el secuestro de su hermana mayor. El 22 de octubre de 1977, descubierta repartiendo folletos, con solo 20 años, se tomó una pastilla de cianuro.

Colaone pasó toda la dictadura en prisión y fue blanqueado con el retorno de la democracia. Su testimonio está en la película Caseros, en la cárcel (2005), de Julio Raffo.

 

Hugo Colaone y Mayra Mendoza.

 

El domingo pasado, a partir del embadurnamiento, la Jefa comunal quilmeña contestó a “los discursos del odio”:

 

No es la primera vez que los murales o monumentos a la memoria de los luchadores populares son atacados en los últimos años.

 

Pergamino, 2021.

 

 

La ex diputada nacional aprovechó la oportunidad para compartir algunas de aquellas imágenes.

 

 

Al tiempo que repudiaba los vandalismos, agregó que “desde nuestro lugar vamos a seguir construyendo desde el amor, reivindicando realizar los sueños desde la organización política, como Néstor nos legó”.

Es probable que en las cabezas de los negacionistas no haya capacidad para entender lo que implica tanto esfuerzo por asociar kirchnerismo con defensa de los derechos humanos.

 

 

 

 

* Informe sobre ataques antisemitas: Ana Santillana.

 

 

 

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