Criminología y financiarización

El nuevo libro de Zaffaroni en tiempos de totalitarismo financiero

Acaba de publicarse un nuevo libro de Raúl Zaffaroni junto con el académico brasileño de la Universidad de Salamanca Illison Dias dos Santos, Crimonología en tiempos de totalitarismo financiero. Estas son sus Conclusiones no concluyentes.

 

 

Vieja y nueva crítica

Hemos sobrevolado el panorama actual del poder totalitario financiero y verificado su naturaleza delictual, como también las características que le impone al ejercicio del poder punitivo en nuestros días, conforme a su proyecto de concentración de riqueza y exclusión social. Nos hemos detenido en el poder económico, porque ignorar esa faz del poder sería ahora tan ingenuo e irracional como pretender omitir los límites o condicionamientos impuestos por las leyes físicas o biológicas. El sistema penal y su ejercicio de poder es siempre una cuestión política –de gobierno de la polis– y a este respecto creemos que en nuestro recorrido, una vez más, se confirma el principio de que en el plano económico se percibe siempre con más claridad que en el político el sentido y el contorno de la política, de sus hombres y de sus hechos. No nos podríamos atrever a escudriñar las posibilidades de una crítica actual sin herramientas, y lo intentamos armados con los instrumentos que nos proporcionó la crítica criminológica de las últimas décadas del siglo anterior. Sin ellos sería imposible traspasar la envoltura de opacidad de la construcción de realidad mediática y vocinglera del presente y la maraña normativizada de los nuevos idealismos pretendidamente neutros.

Los invalorables aportes de la crítica de la segunda mitad del siglo pasado –y aún de la sociología criminal no crítica– no sólo mantienen todo su valor de verdad, sino que, en razón de que lejos de disminuir, las características negativas del ejercicio del poder punitivo aumentan, se va acrecentando su notoriedad incluso entre el público lego en la materia. Cualquier persona mínimamente informada verifica hoy la creciente selectividad del poder punitivo, el efecto deteriorante de las instituciones totales, el entrenamiento diferencial, la formación de subculturas criminales (en particular la de los autócratas corporativos), la reproducción de la violencia, la fabricación de estereotipos, incluso las técnicas de neutralización de valores descripta a mediados del siglo pasado, en las cuales puede enmarcarse la explicación de la conducta de los responsables de este totalitarismo financiero y de sus cómplices y también la propia construcción ideológica que enmascara la faz totalitaria de este poder financiero. No hemos pretendido en estas páginas proporcionar un trabajo acabado ni podríamos haberlo hecho, sino trazar brevemente el esbozo de un programa. No postulamos el abandono de ninguna herramienta crítica proveniente de la criminología de las últimas décadas del siglo pasado, pero nos queda por delante una larga labor que aquí nos atrevemos sólo a señalar, en el sentido que alertaba Milton Santos, de que lo nuevo es lo aún no hecho o lo aún no codificado. Lo nuevo es, así pues, lo desconocido y sólo se puede concebir con imaginación y no con seguridad. Ante todo, se nos impone la incorporación de nuestros criminólogos ocultos a la criminología académica, es decir, de todos los que se comprometieron en la lucha por la soberanía de nuestros pueblos y por su dignidad en todos los tiempos, desde el comienzo mismo de nuestra historia colonial. Sólo con su incorporación a nuestra disciplina podremos liberarnos del limitado horizonte de proyección positivista. La más somera mirada sobre nuestra historia regional demuestra en qué enorme medida el poder punitivo fue usado como instrumento de opresión de nuestros pueblos, razón por la cual la crítica emanada –en forma de discurso o de acción– de todos los que a lo largo de cinco siglos resistieron al colonialismo, sufrieron su ejercicio de poder punitivo, lucharon por la soberanía y la consiguiente extensión de la ciudadanía real, no puede dejar de considerarse criminológica y demanda que se le otorgue el debido lugar en nuestras academias.

 

 

Una necesaria renovación crítica

Debe quedar claro que, dado que nos valemos en parte de instrumental crítico heredado, no pretendemos que se abra una crítica nueva en el sentido de descartar otra supuestamente vieja, sino que se trata de renovar la senda crítica que nos viene del siglo pasado para continuarla, ahora sobre un ejercicio de poder que, en las últimas décadas, ha cambiado brutalmente su objetivo y que, al renovar la dependencia en forma de tardocolonialismo, nos urge como nunca a incorporar a la criminología académica la experiencia de quinientos años de nuestra criminología olvidada. Estas diferencias con la crítica previa las hemos señalado más arriba: la crítica latinoamericana de las últimas décadas del siglo pasado se dirigía a un poder que pretendía ejercer el control punitivo en sociedades de consumo (o que aspiraban a serlo) bajo un orden impuesto en forma de Estados de bienestar (o que pretendían también llegar a serlo), donde predominaban las relaciones de explotador-explotado, conforme a un capitalismo periférico pero productivo. Hoy nos enfrentamos al control social punitivo en el marco de una pulsión totalitaria financiera que quiere desbaratar los Estados de bienestar (o el grado que habían alcanzado) y los mercados internos de consumo, instalar sociedades con predominio de relaciones incluido-excluido, para lo cual en los países sede de las corporaciones vacía la democracia y configura Estados post-soberanos y, en los de nuestra región, los debilita, reduciéndolos a aparatos represivos caóticos. La polarización histórica de cinco siglos en nuestra región se percibe ahora incluso con mayor claridad, bajo el embate de una nueva etapa de colonialismo que se traduce en todos nuestros países en un marcado aumento de la estratificación y de la injusticia social, pues nunca puede ser socialmente justa una sociedad colonizada, dado que con su trabajo incorpora valor en beneficio de extraños. Esto nos pone de manifiesto –como nunca antes– la necesidad de incorporar la experiencia anticolonial de cinco siglos para dar forma a una criminología del sur. En esta tarea debemos tener bien presente que la polarización izquierda/derecha en Latinoamérica es derivada y no originaria, porque nuestro desarrollo tampoco es originario. Nada impide que se denomine derecha a la injusticia social e izquierda a una distribución de riqueza más equitativa, pero a condición de entender que no son fenómenos originarios, sino derivados de la polarización básica entre soberanía y colonialismo, bien entendido que los titulares últimos de la soberanía son los pueblos. Los procónsules de nuestra región, cuando llegan a dominar los aparatos estatales, no imponen un nuevo gobierno, sino que, pasar de una administración que pretende un desarrollo autónomo a una dependencia tardocolonial, es el más radical cambio de régimen que sea posible imaginar. De allí que imputen a los movimientos populares introducir el odio que ellos provocan desde sus monopolios mediáticos, pretextando que con el anticolonialismo se provocan brechas que dividen a las sociedades, cuando las únicas brechas existentes son entre el norte y el sur y, en nuestro sur, entre el colonialismo y la resistencia de sus víctimas. Además, es sabido que el conflicto es lo que dinamiza toda sociedad, sin lo cual ésta dejaría de ser humana, para convertirse en un panal de abejas o en un hormiguero.

Recordemos que las grietas son inevitables y también son positivas, porque siempre hay una grieta en todas las cosas / Así es como entra la luz (There is a crack in everything / That’s how the light gets in- Leonard Cohen, ‘Anthem’).

 

 

 

En definitiva

A modo de síntesis y no de conclusión, pues no puede haberla en lo que no hace más que proponer un primer hachazo para intentar abrir camino a través de una selva enmarañada, creemos que la tarea futura de nuestra criminología latinoamericana debe consistir en avanzar con el bagaje instrumental de la crítica que recibimos del siglo pasado, pero incorporando la producida en nuestra región a lo largo de medio milenio de colonialismo. Es obvio que esto último no lo podemos llevar a cabo en estas páginas, sino que es la tarea de investigación que deberemos emprender con urgencia, pero que requiere un considerable esfuerzo de recopilación y análisis. Estas páginas no son más que una demanda en cuanto a la tarea a realizar en adelante. Por el momento, nos limitamos a reconocer el profundo cambio de poder mundial que sufrimos en la actualidad, desenmascarar su carácter de totalitarismo financiero y la naturaleza delictiva de su accionar, reconocer nuestra posición tardocolonizada en este nuevo marco de poder mundial y, de aquí en más, aportar lo que desde nuestro saber sea posible, para que nuestros pueblos recuperen el ejercicio de su soberanía.

 

 

 

 

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3 Comentarios
  1. Ana Russo dice

    Fui su alumna cuando cursé Criminología en la Facultad de Psicología y aprendí a comprender los sucesos con otro bagaje informativo, que me lo proporcionó la cursada.
    Agradezco lo que me dio entonces y todo lo que aporta siempre en sus apreciaciones y escritos.

  2. Eduardo+B dice

    Brillante! Los nuevos desafíos requieren imaginación, en todos los órdenes. Me sorprende, por ejemplo, la falta de imaginación de la mayoría de nuestros economistas, que propician recetas (las mismas) fundadas en bases teóricas (iguales desde hace más de dos siglos) que se demostraron equivocadas. Por favor, una mente como las de Keynes, Michael Kalecki o Silvio Gesell para el 2020; en el sentido que investigaron e innovaron. En materia jurídico-política, me conformo con un Manuel Belgrano.

  3. Helida López dice

    Extraordinario.Comparto la idea que los autores señalan de estar dirigiendose a un público mínimamente informado. Coincido en un todo prácticamente; si bien estaría revolucionando el pensamiento de esos lugares laberínticos del derecho o los poderes judiciales, si se jerarquizaran las profesiones que aportan interdisciplinariamente, desde lo que señala la antropóloga social Rita Segato, como feminización de los aportes de los profesionales de la psicología, trabajo social, etc. Tal vez inclusión de género para desmontar los pilares de un patriarcado que también llegaron con las carabelas…
    Esto no es óbice de haber despertado mis neuronas. Muchas gracias! Cuarentena…

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