CRISIS DE HEGEMONÍA y SOBERANÍA

La poderosa protesta social inundó las calles del país y erizó la piel de “los mercados” y del embajador

 

“Estamos al borde de una guerra con Rusia y China por problemas que en parte hemos creado nosotros mismos, sin tener idea de cómo terminará  esto, o hacia dónde nos lleva … creo que este periodo tiene grandes problemas para definir la dirección… responde demasiado a las emociones del momento” [1]. Así sintetizaba recientemente Henry Kissinger sus críticas a la actual política exterior norteamericana. Su trayectoria en la función pública otorga a las mismas un significado especial.

Durante su gestión, Kissinger sembró las guerras y los golpes de Estado en distintas regiones del mundo llegando a vanagloriarse de que “lo ilegal lo hacemos rápidamente pero lo inconstitucional lleva un poco más de tiempo” [2]. ¿Cuales habrían sido entonces los cambios que llevaron al “peligroso desequilibrio” actual que tanto le preocupa? Tal vez haya que buscar la respuesta en la creciente pérdida de hegemonía mundial de los Estados Unidos en un contexto en el que una crisis sistémica impregna todos los ámbitos de la vida social: desde la economía y la política hasta los valores que por mucho tiempo fueron el norte de la civilización occidental.

Esta semana Vladimir Putin respondió a los interrogantes planteados por los dichos de Kissinger. En la Conferencia Internacional de Seguridad realizada en Moscú, el Presidente de Rusia sintetizó las causas de la crisis mundial y el rol que Rusia juega en la misma. Según su perspectiva, “la dinámica del mundo” está cambiando ante la emergencia de un nuevo orden global multipolar que “crea las condiciones reales para el desarrollo de la soberanía nacional de los Estados”. En este contexto, los “globalistas” (globalists) —es decir “las elites del colectivo occidental” (the collective west)— liderados por los Estados Unidos, “tratan desesperadamente de preservar su hegemonía y el poder que escapa de sus manos… sembrando estancamiento y caos por doquier… una deliberada y planificada provocación” que desestabiliza a las naciones en todas las regiones del mundo, “para mantenerlas en lo que en esencia “es un orden… neocolonial… oscurantista, un neoliberalismo totalitario… que destruye su identidad nacional y absorbe sus recursos nacionales. Y que solo puede ser mantenido por la fuerza” [3]. Las acciones de estas elites también buscan desviar la atención de sus propios ciudadanos —sumidos en la desindustrialización y en los crecientes problemas socioeconómicos— atribuyendo la causa de estas penurias a Rusia y a otros países que eligen defender su propia soberanía. La guerra en Ucrania expresa esta lucha contra el globalismo y Rusia invita a todos los Estados soberanos a seguir por este camino y luchar para que las Naciones Unidas y otras plataformas de dialogo internacional sean efectivas a la hora de expresar los intereses de todas las naciones en la defensa de la seguridad y el bienestar colectivo.

Este discurso fue seguido por un extenso y denso análisis geopolítico de los conflictos actuales realizado por el Ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu. Además de destacar la multipolaridad del nuevo orden global, el Ministro acusó a los Estados Unidos de intervenir directamente en la guerra enviando munición y armamento y dando inteligencia militar y ayuda operacional a las tropas de Ucrania en pleno combate. Sostuvo además que los medios de comunicación occidentales tratan de implantar la noción de que Rusia utilizará armas nucleares en Ucrania, pero esto es una mentira. “Desde el punto de vista militar” esto no es necesario y Rusia siempre ha dejado en claro que solo usara su poder nuclear para obstruir el ataque de otra potencia nuclear [4].

Una nota publicada en el órgano oficial de los Marines escrita por un alto ex oficial de esta fuerza norteamericana y firmada con seudónimo, analiza en detalle el desarrollo de las operaciones militares rusas en Ucrania y concluye expresando su admiración “por la forma revolucionaria en que ha sido desarrollada… ya sea con viejos o nuevos métodos… (La conducción de la guerra) demuestra que los rusos nunca olvidaron que una guerra, además de ser una pelea física, es también una conquista mental y un argumento moral” [5]. Esta nota no ha sido recogida por los medios occidentales que centran la atención en dos temas: los sabotajes realizados con drones en centros militares de la península de Crimea y las denuncias sobre ataques rusos a la planta nuclear en Zaporizhia, la más grande de Europa y bajo control ruso desde el inicio de la invasión. Rusia ha negado su interés en bombardear a sus propios soldados y ha denunciado el intento de Ucrania de crear un incidente nuclear en la zona para atribuírselo a Rusia. Estados Unidos ha llevado la denuncia de Ucrania a las Naciones Unidas buscando la desmilitarización de la zona. Rechazando la desmilitarización, Rusia intenta organizar una inspección in situ de la Comisión Nacional de Energía Atómica, algo que solo podrá realizarse, según Rusia, si Ucrania cesa de atacar a la planta nuclear.

 

 

Guerra, deuda y crisis financiera

Un prestigioso Instituto de Investigaciones Militares británico analizó comparativamente el desempeño logístico y militar de las tropas rusas y ucranianas a lo largo de varios meses de combate y llegó a la conclusión de que tanto los Estados Unidos como la OTAN carecen de una base industrial capaz de abastecer con munición y armamento a una guerra convencional entre pares durante un lapso más o menos prolongado [6]. La poderosa base industrial militar de Rusia y su cercanía a la zona del conflicto habrían sido fundamentales en la desarticulación de las operaciones del ejército de Ucrania.

Así, poco a poco, y a costa de una carnicería humana, la guerra en Ucrania desnuda los pies de barro de una estructura de poder global que ha propiciado el desarrollo de un poderoso y sofisticado complejo industrial militar orientado hacia la guerra nuclear y la conquista del espacio, al tiempo que ha desindustrializado a la economía norteamericana integrándola profundamente a cadenas de valor global en las que tanto Rusia como China tienen un rol crucial. Paradójicamente el gobierno norteamericano ha designado a ambos países como los principales enemigos del país. Estas circunstancias tienden a naturalizar a la guerra nuclear y este peligro se intensifica si se tiene en cuenta que la economía global tambalea al borde de una crisis económica y financiera de magnitud inédita y que a lo largo del tiempo y de las diversas etapas del capitalismo, las guerras han cumplido un rol crucial en el reseteo de las crisis y la subsiguiente expansión de la acumulación de capital.

El nivel y la evolución de los gastos de defensa y su rol en el déficit y el endeudamiento norteamericano apuntan a la relación entre la guerra y la actual crisis financiera global. Los gastos de defensa de Estados Unidos superan hoy al gasto combinado de defensa de China, India, Rusia, Inglaterra, Arabia Saudita, Alemania, Francia, Japón y Corea del Sur. Representan más del 10% del gasto total del gobierno Federal y cerca de la mitad de su gasto discrecional [7]. Esto no es nuevo: a lo largo del tiempo, las guerras han impactado sobre el déficit y el endeudamiento norteamericano y culminaron hace 51 años en la eliminación del oro como respaldo del dólar y su sustitución por el “petro-dólar”. Esto brindó a los Estados Unidos el privilegio excepcional de imponer sus reglas del juego sobre el resto del mundo al tiempo que potenciaba el crecimiento del déficit y de la deuda del gobierno Federal: hacia 1981 esta llegaba a su primer billón (trillion) de dólares, cuatro años después alcanzaba 4 billones y hoy crece exponencialmente y supera los 30 billones (trillions) de dólares. En estas circunstancias, el Gobierno Federal no puede saldar los billones que gasta con los impuestos que recauda. El Tesoro emite deuda para cubrir estas diferencias y la Reserva Federal imprime los dólares necesarios para comprarla. Este mecanismo enfrenta hoy un problema serio: los intereses de la deuda también crecen exponencialmente y no pueden ser saldados con lo que el gobierno recauda con los impuestos. Esto deriva en mayor endeudamiento público, que, junto con el privado, crece exponencialmente, y explica una brecha cada vez mayor entre el endeudamiento y la economía real.

Así, el aumento de las tasas de interés para combatir la inflación provoca creciente preocupación en el mundo de las finanzas y el temor a una recesión, a una depresión y según un directivo del JP Morgan: a “algo peor” [8]. Este es el banco privado norteamericano con la mayor tenencia de derivados —activos financieros que derivan su valor de otros activos—, en su cartera. En el primer trimestre de este año los derivados del JP Morgan aumentaron 24% pasando de 45,84 billones (trillions) en diciembre de 2021 a 60,26 billones (trillions) en marzo de este año [9]. Para las autoridades monetarias norteamericanas: la interpenetración a nivel global de los activos financieros de bancos y entidades financieras a través de la tenencia de derivados —sobre las cuales se carece de toda información— constituye uno de los principales riesgos sistémicos, el mismo que derivó en la crisis financiera de 2008.

 

 

Inflación, monopolios y modelo productivo

Otros factores también contribuyen a desencadenar una crisis sistémica global. Entre estos, la desarticulación de las cadenas de valor global ha tenido una importancia crucial. Este fenómeno detonado por la guerra comercial decretada contra China por el gobierno de Trump impactó sobre los precios de los fletes y bienes de distinta índole. Poco después la pandemia, y luego la guerra en Ucrania profundizaron una inflación internacional que, liderada por los precios de los commodities, pronto se generalizó a todos los rubros. En este proceso, el abuso de la posición dominante de los monopolios jugó un rol crucial. Una investigación del Departamento de Comercio muestra que mientras la inflación creció 8,5% en el último año, las ganancias de las corporaciones crecieron 35%, y están en su nivel más alto desde 1850 [10]. Otro análisis de las ganancias netas de las 100 corporaciones más grandes encontró que la ganancia media fue del 49% ( en un caso de 11.000%) Esto ocurrió en distintos rubros de la economía y se asocia al grado de concentración del capital [11].

Por otra parte, la tendencia a sustituir mano de obra por alta tecnología incorporada a bienes de capital en el proceso productivo de los países centrales y en las cadenas de valor global impactó sobre los mercados de trabajo y sobre la participación de los asalariados en el total de los ingresos generados. A su vez, esto tuvo consecuencias en todos los todos los aspectos de la vida social y en la evolución del mercado de consumo, repercutiendo sobre las propias ganancias empresariales [12]. Desde los ’80, y después de un largo periodo de estabilidad, la participación de los asalariados en el total de los ingresos de los países centrales empezó a caer llegando a su nivel más bajo, antes de la crisis financiera de 2008. Desde ese entonces no se ha recuperado y hoy está cerca de un 4% por debajo del nivel que tenía en 1979 [13]. Los cambios tecnológicos y la sustitución de mano de obra por capital han dado lugar en estos países a un crecimiento de la productividad que supera considerablemente al lento crecimiento de los salarios. Esto implica una transferencia hacia el capital de las ganancias obtenidas por el crecimiento de la productividad. En tanto el capital concentra a los estratos más ricos de la población, esto explica una creciente desigualdad social [14]. La integración de las economías emergentes y de los países en desarrollo a eslabones altamente intensivos en capital de las cadenas de valor global ha provocado estragos en los mercados de trabajo estos países, reproduciendo bolsones de desempleo estructural y caída generalizada de los ingresos.

Estas tendencias que se derivan del progreso tecnológico y de la integración global obligan a repensar el modelo productivo de los países periféricos si aspiran a un desarrollo nacional con inclusión social.

 

 

Argentina: el hambre acecha y la angurria embiste

Esta semana el escenario político condensó las turbulencias que aquejan al país.

Las reiteradas y ampliadas promesas del gobierno al pequeño núcleo que concentra las cosechas y las divisas tardan en lograr los resultados que se buscan. Este puñado de exportadores y grandes productores/pools de siembra (mal llamados chacareros) tienen la sartén por el mango y exigen una devaluación inmediata. Sus “expectativas” presionan sobre el tipo de cambio y continúan obligando al BCRA a intervenir en el mercado para frenar la corrida. La pérdida de reservas aleja cada vez más al BCRA del monto exigido por el Acuerdo con el FMI y esto a su vez retroalimenta “la incertidumbre del mercado”, léase la apuesta a la devaluación.

Este círculo perverso fue el telón de fondo de un escenario que reunió a los más grandes empresarios del país en el Consejo de las Américas. Allí la rutilante presentación del Ministro de Economía sirvió para que el embajador norteamericano irrumpiera con fuerza en la escena y aconsejara, tanto al Ministro como la dirigencia política, que “concreten una coalición política hoy mismo, sin esperar a las elecciones de 2023” [15]. Los tiempos vuelan, y ese es el camino que debemos seguir para atraer a las inversiones norteamericanas que permitirán explotar los fantásticos recursos naturales que el país tiene y que el mundo reclama.

La inquietud del embajador y las expectativas de los mercados expresan las dudas sobre la capacidad del gobierno de gestionar el Acuerdo con el FMI. Ocurre que por las ventanas de este escenario se cuela la imagen fantasmagórica de una niña de 11 años muerta el fin de semana luego de años de abandono y desidia por parte del gobierno de la ciudad más rica del país y la incapacidad del gobierno nacional de cumplir con su promesa inicial de que los últimos iban a ser los primeros. En su lugar, la vulnerabilidad social crece a diario ante una inflación descontrolada. A dos semanas de gestión, los precios continúan en alza y el Ministro de Economía sigue ignorando que el hambre no espera: arrasa y mata.

La poderosa voz de la protesta social inundó las calles del país esta semana y contribuyó a erizar la piel de “los mercados” y del embajador. La protesta convocada por la CGT, la CTA y los movimientos sociales fue multitudinaria pero también dejó al desnudo la fragmentación y dispersión en un escenario enhebrado de calles y carente de un centro que identificase al poder propio y al ajeno. Es sin embargo, el inicio de un camino que, articulando a diversos sectores, contribuirá a cambiar los tantos si el gobierno actúa con fuerza a favor de los intereses de los que lo votaron.

 

 

 

[1] wsj.com 12 8 2022

[2] https://wikileaks.org/plusd/cables/P860114-1573_MC_b.html

[3] en.kremlin.ru 17 8 2022

[4] vpk.name 17 8 2022

[5] mca-marines.org/gazette agust 2022 vol 106 no.8

[6] https://www.rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/return-industrial-warf

[7] es decir, el que se realiza con fondos apropiados específicamente para ello por el Congreso

[8] zerohedge.com 16 8 2022

[9] wallstreetonparade.com 24 6 2022

[10] fred.stlouis.org 17 8 2022

[11] theguardian.com 27 4 2022

[12] Hemos desarrollado el análisis de este fenómeno, que genera la dependencia tecnológica, en varios artículos, notas y libros publicados. Entre ellos MPR: La economía política Argentina. Poder y clases sociales (1930- 2006) FCE, 2007.

[13] Entre otros: Drivers of declining share of income, blog. Imf.org 12 4 2017

[14] idem

[15] Pag12.com 19 8 2022

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