Crisis para todos y salud para pocos

Los problemas del capitalismo actual deben resolverse, o sucumbiremos a la próxima epidemia

 

 

El capitalismo enfrenta tres crisis que conforman una única hecatombe de vocación terminal: desastres sanitarios, económicos y climáticos; todo junto y entrelazado. Recordemos que cuando empezó la pandemia ardían los incendios en el Amazonas y en Australia; los previos avances científicos financiados por los Estados favorecieron los intereses de los grandes laboratorios. Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, AstraZeneca y otras farmacéuticas están amarrocando dinero en detrimento del principio de igualdad y justicia sanitaria. La vacuna parece el comienzo de un largo camino hacia el final de la pandemia, pero una “vacuna de la gente” distribuida en forma equitativa y gratuita, todavía “está verde” y no forma parte del patrimonio ideológico de las grandes mayorías pese a su imprescindible necesidad.

 

 

Un giro hacia el interés público

 

Pandemias, terremotos, incendios, plagas y otras tragedias del 2020.

 

Las acciones de las empresas farmacéuticas se valorizan exponencialmente. Sin embargo, los científicos del área de la salud reclaman un modelo de ciencia abierta con contabilidades, protocolos y resultados transparentes. Apenas un mísero sobrante cae cada día para los países subdesarrollados de Asia, África y América Latina. Se ponen de relieve las principales obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos, particularmente en lo que respecta al derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental y de los beneficios de los avances científicos y sus aplicaciones.

La patética escasez de vacunas, bienes públicos de salud por excelencia, nos plantea la necesidad de buscarle la vuelta por otro lado. La colaboración entre el Estado y los privados está bajo el signo de la ganancia y deberemos bregar por gobiernos que den un giro hacia el interés público. Los serios problemas en el modelo de capitalismo actual deben resolverse integralmente y de conjunto, caso contrario la próxima epidemia corre riesgo de desaparecer el sistema, los países y las personas que conformamos la humanidad.

 

 

De los laberintos se sale por arriba

La solución no es el flujo de capitales hacia las burbujas de bitcoins u otras ofertas del sector financiero, que incumplen la función reguladora que se espera de los líderes capitalistas. El coronavirus está exponiendo los más groseros defectos en las estructuras económicas: precariedad del trabajo atravesada por el surgimiento de plataformas y décadas de deterioro del poder de negociación de los trabajadores. Existe una mayoría para la cual el teletrabajo no resulta opción, y el apoyo estatal a los trabajadores en blanco con la anulación de impuestos regresivos no se percibe en los sectores monotributistas o excluidos, hoy abandonados a su suerte y alejados de la vida que todos merecemos. Se hace carne que sin netbooks ni wifi no hay educación.

La utopía de un mundo con todos sus habitantes vacunados es el horizonte. El estado de emergencia actual debería ser el trampolín para esbozar una economía más inclusiva y sustentable. No se trata de anular el apoyo estatal, sino de dirigirlo en el sentido correcto. Históricamente, las corporaciones financieras obtienen ganancias al terminar la crisis, pero nunca dejan base alguna para la recuperación. Los privados se cuelgan del bolsillo público con reclamos que tienen más de parasitismo que de sinergia.

La vacuna para el coronavirus muestra la forma en que las corporaciones se llevan enormes ganancias con la venta de un producto derivado de ciencia financiada por el Estado. No es todo negativo, la inteligencia artificial, la salud pública, las energías renovables, van viento en popa: es posible una salida de la crisis y que los beneficios de las inversiones hechas con dineros públicos vuelvan a la gente. Cierto es que hoy se esperan soluciones rápidas, pero siempre hay que pensarlas de modo tal que sirvan al interés público en el largo plazo. Y eso solo es posible con el interés de los trabajadores y la población en estado de pobreza como guía.

 

 

Salud: lo que debe preocupar son los trabajadores

La ministra Carla Vizzotti advirtió a principios de la semana que “la situación epidemiológica es preocupante”. Afecta más a la población que camina por la diagonal de la pobreza; sin embargo, quienes más se lamentan pertenecen al lobby de las empresas de salud prepagas. La llave de la situación sanitaria no está en el oxígeno, las camas de terapia o los respiradores sino en quienes manejen la parafernalia disponible para atender enfermos. La precarización laboral y la descalificación de los trabajadores con el desconocimiento de títulos de grado y formación profesional son las precondiciones para el pluriempleo en el gremio, condición sanitaria básica para el contagio horizontal del Covid-19 en los lugares de trabajo.

 

 

Asamblea del Hospital Italiano: el plan de lucha de Sanidad exige salarios dignos.

 

 

Convocado por FATSA (600.000 afiliados, con base principal en ATSA Capital), sindicato del jefe cegetista Héctor Daer, empezó un plan de lucha reclamado por las bases del gremio ante el estancamiento salarial, en muchos casos por debajo de la línea de pobreza, que empuja al pluriempleo. El sector privado de salud trata a sus trabajadores como esclavos descartables. El pago de las extras es aleatorio y su reparto discrecional, al igual que el otorgamiento de francos. El atraso salarial a recomponer ya llega al 15%.

Claudio Belocopitt (Swiss Medical, América TV, mención de honor en los Panamá Papers) es el vocero central del lobby empresarial, agrupado en torno a la Unión Argentina de Entidades de Salud y se pasea por varios medios de comunicación filomacristas o de su directa propiedad. Se queja por la derogación de los aumentos en las tarifas prepagas ya aprobadas. Decenas de subcontrataciones salvajes hacen de los trabajadores de todas las ramas de la salud —médicos, kinesiólogos, obstetras, técnicos y operadores de radiología, medicina nuclear, enfermeros y empleados de oficina y de limpieza (estos últimos tercerizados con el convenio de maestranza, etc.)—, modernos esclavos que trabajan a destajo para las empresas dominantes del negocio (OSDE, Swiss Medical, Galeno, Medicus, prepagas de colectividades como el Italiano, el Británico, el Alemán). Faltan denuncias claras de los sindicatos de base o de la federación sobre el destino de las ganancias de los mercenarios de la salud.

Tras la conciliación obligatoria dictada por el ministro Claudio Moroni por la confrontación con las agrupaciones empresariales, las partes mantuvieron sus posiciones de fuerza (las asambleas fueron masivas y los paros con gran acatamiento) y se viene una continuidad de las medidas, aunque desde ATSA no descartan el auxilio estatal o la autorización del aumento de la cuota de las prepagas como forma de financiar el ajuste salarial, habida cuenta de que a los números de las empresas los trabajadores continúan sin acceder pese a su derecho legal. Las mutuales como el Británico, el Alemán, el Francés o el Español también caen en manos de las gerenciadoras que ya han copado el terreno de las obras sociales quebradas o de origen gremial, y que en algunos casos son testaferros de notorios dirigentes gremiales que practican el sindicalismo empresario.

 

 

El movimiento obrero contra la tiranía

La movilización del 30 de marzo de 1982 fue el punto más alto de la resistencia del movimiento obrero contra la dictadura militar. Fue la culminación de centenares de luchas parciales, contra los despidos, los cierres de empresas, los congelamientos salariales, y la represión constante contra el propio sindicalismo. Fue en el preludio de la guerra de Malvinas y del derrumbe de la dictadura genocida.

 

Luche y se van. La CGT Brasil movilizó a los trabajadores de todo el país.

 

El sector del sindicalismo combativo que reflejaba las peleas previas se congregaba en la Comisión de los 25 y Saúl Ubaldini emergía como líder de la lucha. Los restantes agrupamientos sindicales competían entre sí para lograr los favores de los tiranos. Ramón Baldassini y Jorge Triaca eran sus máximos exponentes y años después, durante al Juicio a las Juntas, declararon “no tener conocimiento de que existieran desaparecidos”. En ese basural de la historia, “Los 25” emergían como un grito de dignidad.

El modelo económico impuesto por Martínez de Hoz estaba agotado y el país era un extenso cementerio de industrias donde las que sobrevivían estaban concentradas en pocas manos. La consigna de Paz, Pan y Trabajo congregó a miles de trabajadores en Buenos Aires y hubo manifestaciones en varias provincias. La represión fue brutal y el obrero de la construcción de Mendoza, Benedicto Ortiz, asesinado por la policía, se sumó a la larga lista de mártires obreros del Terrorismo de Estado. La resistencia histórica de los trabajadores a las sucesivas dictaduras explica las contradicciones del propio movimiento obrero. Colaboracionistas y resistentes los hubo en todos los períodos, pero el arraigo de la conciencia colectiva y la predisposición para la lucha siempre caracterizó a las bases obreras.

Saúl Ubaldini no nació de un repollo, sino que se forjó al calor de la resistencia obrera en las peores condiciones históricas de que se tenga memoria. Desmiente la lógica de que el gobierno de la CGT depende de los grandes aparatos sindicales: Ubaldini era dirigente de los malteros, uno de los sindicatos menos significativos del universo gremial. Buenas señales para debatir la unidad en el presente. Aquella CGT permaneció durante el periodo más largo de unidad sindical en la historia del movimiento obrero.

Recordar jornadas como la del 30 de marzo no es un ejercicio nostálgico ni una efeméride casera. Sirve para comprender la dinámica del movimiento que se desarrolla superando contradicciones y avanza acumulando experiencias. La historia ocultada por el negacionismo de los asesinos y sus cómplices también cubrió con un manto de silencio la lucha de los trabajadores que contribuyó de manera decisiva a la recuperación de la democracia y a la consolidación del Nunca Más.

 

 

Volvé, Rodolfo, volvé

En el Día de les Trabajadores de Prensa fue reivindicado el 77º aniversario del Estatuto del Periodista, ley que defiende la libertad de expresión junto a los derechos laborales y profesionales. Integrantes de medios populares y autogestivos, junto con representantes de los trabajadores de prensa, exigieron frente al Congreso distribución equitativa y federal de la pauta pública oficial.

 

¿Para qué le dan plata para que ataquen a los trabajadores? Ellos se la llevan toda.

 

Estuvieron representados en calidad y cantidad los comunicadores que sostuvieron en redes y medios comunitarios un mínimo de seriedad ante tanto chanta antivacuna que alentaba el genocidio aperturista cuando no había posibilidad de cuidar pacientes en el sistema de salud argentino. El espacio que articuló la actividad reúne a la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), la Federación Gráfica Bonaerense, el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas (Canillitas) y otras entidades.

Es famosa la frase de un periodista gorila sobre los “metrodele-vagos” para referirse a los trabajadores del Subte, y da risa la bilis que generan los Moyano en los derechistas de LN+. El multimedios donde MM invirtió un dinero insistió en atacar los convenios colectivos de trabajo y el rol de los sindicatos. La Comisión interna del diario salió a cruzarlo: “Como trabajadoras y trabajadores de este medio nos preocupan esta serie de notas que atacan las conquistas laborales”. Los representantes gremiales alertaron que “Un alto porcentaje de trabajadores (del Grupo La Nación) cobran salarios iguales o inferiores a la canasta básica”. El 25 se cumplió otro aniversario del secuestro de Rodolfo Walsh. Honramos su memoria.

 

 

Y ya lo ve, es la gloriosa CGT

Las reuniones que se vienen sucediendo entre gremios afines para generar acuerdos, federaciones, confederaciones y otros artificios de organización común dan cuenta de la escasez de representatividad de la CGT actual. Fue creada una entidad de tercer grado que se denomina “Unidad Portuaria Aceitera”, con los objetivos puestos en el “Cuidado y defensa de los intereses de la clase trabajadora” y de la “Soberanía Nacional”. Los gremios del transporte tienen la CATT y cada cual atiende su juego.

Los gremios industriales van por una nueva alianza en defensa de sus intereses: en la sede de Smata reflotaron la Confederación de Gremios industriales, con los metalúrgicos, gráficos, la construcción, los textiles y otros. En 2018 una nutrida manifestación de este agrupamiento ante el entonces Ministerio de la Producción y Trabajo de Dante Sica terminó con el revoleo del atril del palco y dio muestras de los pendientes que dejaba el gobierno de Mauricio Macri con los obreros industriales.

 

La protesta se llevó puesto al triunvirato cegetista: “Poné La fecha, lpqtp…”.

 

La amenaza numérica y el poder de movilización que suponen los gremios y cooperativistas de la Economía Popular patean el tablero de la zona cómoda de burócratas apoltronados en sus sillones y lleva a que cualquier referencia al sindicalismo sea usada por voceros del capital para denostar al mundo del trabajo y a sus representantes.

Una sucesión de preguntas recorre la batalla emprendida entre las corrientes sindicales. El congreso de la CTA votó la unidad de todas las centrales en presencia y con anuencia del Presidente Alberto Fernández. Y sin embargo no hay respuesta. Desde el negacionista cómplice de la dictadura Luis Barrionuevo hasta el cenáculo de los gordos donde se habla de negocios más que de intereses de los trabajadores, reducción de la jornada laboral o crecimiento del salario real, el pedido orgánico sigue sin respuesta. La cantidad de delegados congresales de CTERA desequilibra el actual correlato de fuerzas entre las corrientes y seguramente impide la entrada en agenda del pedido formal avalado por un Congreso de Delegados. Es sabido del peso de la vieja central en cualquier gobierno para acompañar rumbos populares y nacionales o para regular presiones cuando las crisis azotan.

El vértigo de la pandemia y de los reclamos sociales pronto lo harán patente. La economía arranca lentamente y abre la esperanza. La pandemia se vuelve virulenta y amenaza, estamos rodeados de países estallados. El momento histórico le exige al Presidente tomar decisiones para conducir el barco en medio de la tromba.

 

 

 

 

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