Cristina leida por Guillermo Wierzba

El ex director de Cefid-AR interpreta el libro de Cristina Fernández de Kirchner

 

El contenido de las seiscientas páginas resuelve con creces las aspiraciones relacionadas con la existencia de orientaciones generales de política que tenían los participantes de la vida del kirchnerismo. Cristina Fernández destaca como políticas fundamentales de los doce años de gobierno la de derechos humanos y  la de ciencia y tecnología. O sea, al aporte más sustantivo de afirmación de la vida democrática y a un objetivo primordial de construcción de autonomía y despliegue del desarrollo diversificado de la economía nacional.

Periodizando, Cristina señala como los logros centrales de la presidencia de Néstor Kirchner el avance en la mencionada política de derechos humanos, la cancelación de la deuda con el FMI y la reestructuración de la deuda externa privada. Esta valoración es realizada el 9 de mayo de 2019 a meses de un hecho electoral de trascendencia definitoria en el destino argentino. Plantear la cancelación de la deuda con el FMI como logro fundamental, significa concebir que para la conquista de la autonomía nacional resulta vital sustraerse de las políticas con la que ese organismo condiciona sus créditos. O sea, realiza un anuncio tácito en relación al desafío que enfrentará el posiblemente nominado “Frente Patriótico de Unidad Nacional” en caso de acceder al poder este año.

Refuerza la lectura anterior el hecho de que la presidente Cristina Fernández cuando enuncia los momentos clave de sus gobiernos cita la reestatización del régimen jubilatorio, que implicó el retorno a un esquema de reparto, y la renacionalización de YPF con la adquisición por parte del Estado de la mayoría de su paquete accionario. Es público que el FMI no sólo pretende condicionar las políticas de corto plazo, sino también presiona y exige la realización de cambios estructurales, siendo nodales en su modelo neoliberal la reforma previsional privatizadora, la flexibilización laboral y una reforma fiscal regresiva. Cristina  al destacar la reconstrucción del sistema jubilatorio público, establece un programa inverso al que el fondo impulsa, y subraya que la Asignación Universal por Hijo  -política social clave también generada por su gobierno- pudo llevarse a cabo porque hubo reforma previsional.

También en el texto, y señalado en su discurso, hizo referencia a la reducción de la cantidad de planes sociales durante su gobierno y a su crecimiento durante el actual período neoliberal de recesión permanente. Cristina, tal cual como lo señaló Kicillof en su reciente conferencia en el Winston Center, está persuadida de que la recuperación de la Argentina requiere de un mercado interno fuerte y que en el actual período el Consumo es el único elemento dinámico que permitirá revertir la caída de la actividad, el empleo y el salario. No habrá lluvia de inversiones ni boom exportador. Y eso requiere de un rol dinámico del gasto público y no de su ajuste permanente.

Una cuestión novedosa abordada en Sinceramente es la cita de José Gelbard como paradigma del empresariado nacional y su último representante genuino. Correctamente, en nuestra lectura, Gelbard -tal como afirma la autora- era un empresario cuya perspectiva era la protección de los intereses nacionales. CFK lo diferencia de Paolo Rocca, de quien sostiene que su preocupación son sus propios intereses, aun cuando junto a Luis Pagani los distingue de los depredadores que participan del ejercicio de la actual gestión de gobierno. También respecto de Rocca lo presenta como el único empresario que no le teme a Clarín. Esta mención constituye una verdadera denuncia del rol cumplido por ese grupo comunicacional como influyente y condicionante de comportamientos del bloque de poder empresario. Esto desmiente comentarios periodísticos que ubican a Alberto Fernández con el rol de reconstituir la relación con el poder mediático. Por el contrario Cristina destaca la validez del proceso colectivo de construcción de la ley de medios, y con sentido autocrítico sostiene que debió haber acompañado esa reforma con una Ley antimonopólica.

Pero también, refiere a la importancia de una reforma del Poder Judicial, sin la cual, sostiene, resulta imposible la aplicación de una Ley que democratice la información, con dos hitos que define claramente, la modificación de la legislación del recurso de amparo que fue utilizado para trabar las leyes más progresivas y la elección democrática del Consejo de la Magistratura, con el fin de descorporativizar ese poder del Estado.

La mención a Gelbard en el libro y en su discurso en la Feria del libro, constituye un cambio en Cristina Fernández. Porque Gelbard no sólo no es Rocca, tampoco es Mendiguren, a quien durante mucho tiempo miró con simpatía, siendo un empresario de pensamiento desarrollista. Tampoco era Diamand, popularizado en los doce años del kirchnerismo, de indudable vocación industrialista, pero reiterativamente prevenido frente al “desborde” sindical y predicador del “camino del medio” y distanciado de los regímenes liberales como de los nacional-populares. Este es un tema clave en su texto El péndulo argentino. Fino y formado defensor del desarrollo industrial, de formación económica heterodoxa era, igual que Mendiguren, integrante del Movimiento Industrial Nacional (MIN) creado por Frigerio y perteneciente a la UIA.

Gelbard expresaba otra cosa, la intención de conformar un empresariado nacional, ligado con el proyecto “nacional-popular”, por eso el diagrama peronista del pacto social implicó su construcción con la suba de la participación de los salarios en la distribución del ingreso y la conservación y ampliación del papel de las organizaciones sindicales. Cuestión no desvinculada de la defensa de Cristina Kirchner de la “125” a la que considera el hito que definió al kirchnerismo, entendiendo a las retenciones como una herramienta de distribución del ingreso y de reasignación de la renta diferencial, más que puramente fiscal.

Tal vez cuando Cristina se pregunta, también en reflexión autocrítica, respecto a si no debía haber evitado pelearse con Moyano, más que en la pequeña rencilla, debe estar reflexionando con relación a la barrera que los dirigentes sindicales antineoliberales cumplen en un proyecto en el que la resistencia a la flexibilización laboral es un pilar del bienestar social.

La presidenta Kirchner también se refiere entusiastamente a la UNASUR, y su papel jugado evitando la división de Bolivia y el golpe contra Evo, el logro del acuerdo colombiano-venezolano, la defensa de la continuidad de Correa en Ecuador frente a una intentona por destituirlo y en el impulso del incremento del intercambio comercial regional. Al mismo tiempo que destaca que en sus conversaciones con Bergoglio fue clave la discusión de la obsesión estadounidense y su presidente Trump por imponer su hegemonía en la región.

En función de estas definiciones Cristina plantea un Contrato Social, diferente de lo que sería un pacto social. Lejos de una mirada corporativa que podría vincularse con el segundo, el Contrato tiene fuentes indubitables en la historia de las ideas. Hay una reminiscencia rousseauniana en esa formulación que reivindica el compromiso y la participación ciudadana. Lejos del tipo de “democracia” vacía y ficticia ( imperdible la cita de Huxley en la pag 575 de “Sinceramente”) que la contraofensiva neoliberal viene implantando en América Latina con lawfares y amenazas militares del panamericanismo de Trump, derribando y conspirando contra proyectos populares como el kirchnerista, el del PT, el del chavismo o el de Correa. Este ya ha creado el PROSUR como alianza político-militar y debilitado a la  UNASUR y al MERCOSUR, que la presidenta Cristina valora muchísimo en su texto. Esa democracia participativa, en nuestra lectura, marca la vocación de Cristina Fernández de un cambio dogmático en la Constitución pues ese contrato requiere de otro pensamiento que el que rige bajo el dispositivo que el pueblo delibera y gobierna sólo a través de sus representantes.  Cristina va por una profunda transformación de la Argentina, confrontando con la ola regresiva en el subcontinente. En la semana de mayo no está mal recuperar palabras y asignarle a “Sinceramente” un espíritu revolucionario. El de la segunda independencia, que sostuviera en sus discursos en ámbitos multilaterales.

 

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