CRONICA DE UNA DEBACLE ANUNCIADA

La bomba Trump estalló en la cara de los Estados Unidos, y particularmente, en la de los republicanos

“Creo que el Republicanismo se está revelando como un desorden de la personalidad, más que una ideología”- Naomi Klein

El miércoles 6 de Enero la bomba Trump le estalló en la cara a los ciudadanos estadounidenses en general, y a los republicanos en particular, marcando una fecha histórica y sangrienta para el país luego de un año que no ha dado tregua. El espectro de la sedición política más temida -el acoso violento al Capitolio de los Estados Unidos- llegó para cobrarle a los conservadores estos cuatro años de esconder la cabeza bajo la tierra, la dignidad bajo la alfombra, y los valores democráticos en lo más oscuro del sótano. Jugaron con fuego, y de pronto las llamas les llegaron hasta los dobladillos de sus impecables trajes mientras se escondían bajo los muebles del Congreso. La imagen de los funcionarios tirando sus identificaciones en el piso para no ser reconocidos, las fotos de sus familiares rotas en el piso, las noticias del vicepresidente Mike Pence evacuado por miedo a represalias, los miles de furibundos intrusos trepando temerariamente los muros, el despliegue de fuerzas represivas que por un largo rato no lograron impedir la invasión, forman la escenografía del último capítulo de una tragedia estadounidense. Los que venimos siguiéndola acto por acto, no esperábamos menos. Estamos shockeados, pero para nada sorprendidos.

 

Los eventos se desencadenaron tan rápida y espectacularmente que es fácil olvidarse que hace muy pocos días Trump presionó al secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, para que “encuentre” 11,780 votos antes de la ceremonia oficial de recuento del Colegio Electoral en el Capitolio. Ante la negativa del funcionario, vino la amenaza: “Lo que usted está haciendo es una ofensa criminal. No puede dejar que eso suceda. Es un gran riesgo para usted y para su abogado”. La condena social generalizada ante esta táctica mafiosa no surtió ningún efecto sobre Trump, quien desde entonces se dedicó a presionar a su vicepresidente para que éste se negara a aceptar los resultados frente al Congreso. Dada la resistencia de Pence, terminó acusándolo de “traidor” (“Con todo lo que hice por él”, se quejaría el vicepresidente, días más tarde, mientras escapaba de la turba, perdiendo por primera vez su compostura de perfecto monaguillo).

Enfrentado a la realidad, Trump decidió entonces jugar con lo único que le quedaba: la vida de sus fanáticos. La presidencia que comenzó con un discurso de inauguración en el que se prometía “parar la carnicería” que supuestamente los demócratas estaban infligiendo sobre los conservadores, concluye con una bastante más real. Son cinco los muertos en el Capitolio, dos de forma violenta, y tres por causas que probablemente se podrían haber manejado si el caos hubiera permitido la entrada de ambulancias.

Una manifestante le explicó a un periodista del Washington Post su sentimiento mientras intentaba tomar el monumental edificio: “¡Es fantástico!» Exclamó. “Así es como este país fue construido, es la manera en la que los padres de la patria asaltaron al Imperio Británico”. El detalle que esta joven olvida es que esos patriotas fundadores crearon la democracia más continua del mundo, con más de dos siglos de existencia. La Constitución de 1787, que tanta influencia tuvo en las nacientes democracias de muchos países, comienza “We the people” (“Nosotros el pueblo”) por un buen motivo. Se trata de acatar la voluntad de la mayoría, y crear un sistema que impida la toma de poder por parte de quienes no han sido elegidos. Un sistema imperfecto, que sin duda puede ser justamente criticado por muchos flancos –especialmente por no garantizar derechos básicos– pero que aún no ha sido superado por otro.

Ese sistema es el que Trump intentó detonar con sus palabras engañosas: “Gané por aluvión”, “Las elecciones más fraudulentas y vergonzantes de la historia” y “no permitan que les roben las elecciones” fueron sus frases-mantra en los meses post-electorales, hasta que su retórica se volvió mucho más específica y violenta. En un llamado a manifestarse en el Capitolio el día de la recepción formal de los votos, el Presidente tuiteó: “Estén allí, sean salvajes”. La cámara de eco de las redes lo tomó al pie de la letra: uno de los grupos de Facebook llamados “Paren el robo” sumó 100 miembros por segundo hasta llegar hasta los 320.000, cuando la plataforma decidió cerrarlo. Luego Trump organizó un evento el mismo día de la protesta, a pocas cuadras del recinto. Desde ese podio fue muy claro: “Nunca van a reconquistar al país siendo débiles. Tienen que demostrar fuerza y tienen que ser fuertes. Tenemos que demandar que el congreso haga lo correcto”. “Nunca vamos a reconocer el resultado –agregó–. Iremos al Capitolio a darle a los republicanos la audacia que necesitan para recuperar el país.” Menuda audacia, tirar la Constitución por la ventana. “Caminaremos juntos por la Avenida Pensilvania”, concluyó el presidente, que sin embargo enfiló hacia un festejo privado donde puede verse, en un video filtrado, a su familia festejando y bailando mientras miran la toma en una pantalla.

En ese mismo escenario su abogado Rudy Giuliani, había llamado a un “juicio por combate”, y Donald Trump Jr. se había desgañitado amenazando a los legisladores: “Podés ser un héroe o un cero, vos elegís, pero te vamos a estar mirando. Estos tipos, mejor que luchen por Trump, porque si no ¿sabes qué? en un par de meses nos van a tener en su jardín. Vamos por vos, y nos vamos a divertir haciéndolo.” Lindo pibe, Don Junior. La manzana nunca cae demasiado lejos del árbol, dice el dicho popular.

La incitación a la violencia de los últimos días fue evidente, pero no podemos olvidar que lleva años desarrollándose. Las milicias de ultraderecha han sido cortejadas por el presidente en numerosas oportunidades. La situación actual de fanatismo crispado es casi un trabajo de orfebre, y es posible que culmine con nacimiento de un terrorismo doméstico formado por miembros de grupos civiles que ya están armados hasta los dientes. Trump es un psicópata con especialidad en el manejo de masas, y es posible que algunos de sus fanáticos más radicalizados también sufran ciertos trastornos psíquicos. No sería raro: las enfermedades mentales afectan a más de 51 millones de personas en el país (1 de cada 5), y pueden provocar vulnerabilidad en algunos individuos. Trump llegó en un momento en el que una gran parte de la sociedad se sentía desilusionada y resentida, y supo sacar ventaja de sus frustraciones induciendo sentimientos de odio y niveles de excitación y lealtad muy extremos. Lo que nadie imaginaba es que formaría un culto cuasi-religioso de semejante magnitud.

Lejos están los días en los que el mayor dolor de cabeza del Partido Republicano eran los desafortunados tuits del presidente. En su gran mayoría, los miembros del GOP (Viejo Gran Partido) decidieron ya hace tiempo someterse a la conducta banal y destructiva de un narcisista patológico en pos de lograr imponer su agenda conservadora. Si Trump hubiera ganado, podemos estar seguros de que esa conducta seguiría su curso habitual. Pero Trump no sólo perdió, sino que se convirtió en el peor perdedor en la historia del país. Sus repetidos y delirantes esfuerzos por dar vuelta el resultado de los comicios (los cuales perdió por más de 7 millones de votos) generaron una grieta tectónica en el partido.

Luego de que prácticamente el total de los juicios iniciados por Trump y sus asociados fueran perdidos o desestimados por los jueces (en gran parte elegidos por el presidente), algunos republicanos decidieron aceptar la realidad, confiar en la palabra de los gobernadores y veedores involucrados (también, en su mayoría, miembros del GOP), y respetar la decisión adversa a Trump por parte una Corte Suprema conservadora hasta la médula. Del otro lado quedaron los que apoyaron la demencia presidencial, y no fueron pocos: 147 legisladores objetaron los resultados electorales el mismo 6 de enero, luego del asalto al Capitolio, creyendo que alguna miga del cadáver político de Trump podrá eventualmente caerles encima en forma de voto. El presente encuentra a los republicanos (ahora llamados con sorna bananeros) en una orgía de acusaciones, con la ocasional mea culpa que, por supuesto, llega demasiado tarde.

Hoy se lamentan por los pasillos aceptando, puertas adentro, que deberían haber ejercido un mayor control sobre Trump. “El error fue que creímos que una vez nominado iba a mejorar, que una vez que tuviera un gabinete iba a ser más presidencial”, dijo un senador. “Pensamos que finalmente iba a aceptar la derrota”, se justificó otro. El tema es que pocos de ellos criticaron el delirio post-electoral del presidente, ya que creían que lo necesitaban para ganar el ballotage de los dos escaños senatoriales de Georgia del martes 5 de enero. Luego de perder en esta instancia la mayoría en el Senado, a dos meses de las elecciones y minutos antes del intento de toma al Capitolio, Mitch McConnell, el jefe de la mayoría republicana en esa cámara y quizás el aliado más efectivo de Trump, criticó por primera vez la lucha alucinada del presidente por dar vuelta el resultado de la elección presidencial. Hoy, ante el caos, el no tener el control de ninguna de las cámaras parece un mal menor y un momento lejano. El crujido del partido es atronador, como el sonido de miles y miles de fichas cayendo, finalmente, sobre sus cabezas. Todo lo construido políticamente de manera vergonzante hoy se desarma como un castillo de naipes. Tendrán su Corte Suprema antiaborto, y miles de jueces conservadores desparramados por todo el territorio, pero se quedan momentáneamente sin partido, mirando en la pantalla un futuro donde la ruedita da vueltas y vueltas pero la imagen no carga.

Cabe notar que se trata de un momento violento en un país que sabe mucho de violencia. Esta nación de inventores produjo muchas de las tecnologías más importantes del siglo, incluyendo las computadoras e Internet, pero también creó la silla eléctrica, la bomba atómica y las armas semiautomáticas más letales del planeta. Casi todos los países democráticos y desarrollados tienen una historia turbia en su pasado, pero Estados Unidos ha sufrido en relativamente poco tiempo una guerra civil, una feroz historia de racismo que continúa supurando y el asesinato de 4 presidentes en funciones (mas el intento fallido de otros dos). Esto, sin mencionar su sanguinaria política exterior. Quizás lo que habría que preguntarse es cómo diablos lo que pasó el miércoles no sucedió antes.

Puede decirse que ganó la democracia, pero la realidad es que está por verse si los responsables, desde Trump hasta sus facilitadores en el congreso y la turba violenta, pagarán de una manera u otra los daños ocasionados. Lo que sí podemos preguntarnos es que hubiese pasado si los atacantes hubieran sido negros o musulmanes, e imaginar los castigos ejemplares que en ese caso se hubieran aplicado. Se trata de exigir justicia, aunque podemos imaginarnos la complicación política que un Trump en la cárcel puede significar, y la nafta que esto arrojaría al encendido fanatismo de sus seguidores.

La derrota es monumental, pero, por el momento, el Presidente sigue teniendo sus dedos peligrosamente cerca de los códigos nucleares -el famoso Botón Rojo- y encima ya no los tiene ocupados en tuitear desde que la plataforma suspendió de manera permanente su cuenta oficial. La jefa de la mayoría demócrata, Nancy Pelosi, se reunió con autoridades militares en un intento de controlar el tema nuclear, y amenazó con la destitución si el presidente no renuncia inmediatamente. Varios legisladores a ambos lados han sugerido asimismo la dimisión de Trump. Entre tanta incertidumbre, se da por cierto que el presidente prepara una catarata de perdones presidenciales incluyendo a su familia y, posiblemente, a él mismo. Serán unos días muy, muy largos en los Estados Unidos, a los que hay que sumarle las más de 4.000 muertes diarias  por COVID-19, muchas más que en los peores momentos de abril. Serán días en los uno no sabrá si estar contento porque el daño parece haber sido atajado a tiempo o triste porque el país es hoy un dechado de pandemonios.

Joe Biden recibe un país en una grave situación sanitaria, económica y política, y es un personaje muy moderado. No es de esperarse que, aún con el senado a favor, promueva grandes cambios, y ya sabemos a qué atenernos con la política exterior de un gobierno estadounidense, cualquiera sea su signo político. Pero el alivio es grande, ya que la alternativa era invivible y enormemente peligrosa. Para empezar, luego de escuchar las cuatro pueriles y grandilocuentes palabras de Trump repetidas hasta la náusea durante cuatro años, hoy Biden cita a poetas, y es seguro que no va a estar instigando a sus seguidores a tomar el Capitolio ni seduciendo a grupos de la derecha extremista. Los dejo con una poesía del irlandés Seamus Heaney que el futuro presidente recitó luego de su triunfo electoral, porque en estos tiempos es bueno no olvidarse que a veces, como dice el texto, la esperanza y la historia riman. Si, ya sé, no sucede muy seguido, mas bien todo lo contrario. Pero lo importante es que sucede.

La historia dice, no tengas esperanzas

De este lado de la tumba

Pero, entonces, una vez en la vida

La marea tan esperada de la justicia

Puede levantarse,

Y ahí, la esperanza y la historia, riman. 

(Poema extraído de La cura en Troya)

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15 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimada Isabel:
    Excelente análisis.
    Una humilde digresión, si me permite:
    Dado que el artículo disparó en mí una serie de reflexiones y no tengo la capacidad de síntesis del maestro Eduardo Galeano, respetuosamente, permítase desdoblar mi comentario compartiéndolo con el columnista que le sucede en orden de aparición.
    Adecuada cita de Naomi Klein. Es un escándalo vergonzoso institucionalmente lo ocurrido en el Imperio. Pero, al decir de Simone de Beauvoir y corroborado a lo largo de la historia, lo más escandaloso que tiene el escándalo, es que uno se acostumbra. Por ello no nos sorprende, estábamos acostumbrados a este tipo de cosas por doquier.
    La diferencia, en todo caso, es que en esta oportunidad ocurrió en la casa imperial (y lo llamativo, como usted dice, es como no ocurrió antes), la de los magos ilusionistas y prestidigitadores que, a través de sus embajadas promovían este tipo de acontecimientos fuera de sus fronteras, a lo largo y ancho del orbe.
    Hay quienes dirían que el acontecimiento podría tratarse del sueño de Nabucodonosor, que el profeta Daniel le adivinara e interpretara. Una profecía bíblica. Todo puede ser.
    Sí resulta asombroso el ostracismo de aquella frase inspiradora “Nosotros el pueblo” por su reemplazo fáctico “Nosotros las Élites”, aunque no lo informe la prensa ni lo acrediten las distintas constituciones.
    Más asombroso todavía, resulta que las élites visibles que disfrutan de los beneficios del “sistema” que ayudaron a crear (por fuera de los propósitos constitucionales), salvo alguna que otra excepción, ni siquiera forman parte del grupo muy selecto de titiriteros.
    Ni que hablar, si creemos que el imperio (el visible, el obvio), el que pone y saca presidentes en cualquier país ¿soberano? de la tierra, al descuidar el propio, llegó Trump. No me parece. Y, aún, si ello hipotéticamente fuere posible, cómo se les escapó tal cosa al selecto grupo de titiriteros. Me resultaría insólito. Trump, es igual al resto de los títeres que se manipulan de la mano del verdadero poder y, era el chivo expiatorio perfecto para los acontecimientos que sobrevendrían.
    En todo caso, me quedo con aquello que dijera Franklin D. Roosevelt: «En política, nada ocurre por casualidad. Cada vez que un acontecimiento surge, se puede estar seguro que fue previsto para llevarse a cabo de esa manera.»
    En el sitio pijamasurf.com (3/6/20), en un artículo titulado “Estados Unidos y su proyecto liberal: ¿Un experimento social fallido?”, el doctor Cornel West refiere: «…Estamos viendo a Estados Unidos como un experimento social fallido… su economía capitalista no pudo generar y proveer una existencia decente para las personas; su sistema criminal y de justicia no pudo proveer derechos y justicia y, el sistema económico no puede proveer el verdadero nutrimento que dé propósito y que alimente el alma de las personas…
    Cuando pones todo esto junto tienes esta tormenta perfecta de las múltiples falencias del imperio americano en todos sus niveles…
    …Como él lo ve, se trata de una completa degeneración de los famosos valores estadounidenses -de libertad, derecho a la felicidad, justicia, etc.- que llevan ya décadas como meros objetos de aparador…
    …La economía capitalista, basada en la fantasía de que el crecimiento macroeconómico y la innovación tecnológica proveen prosperidad ha devorado el alma del pueblo…”.
    El sitio iarnoticias (11/4/11) titula “El gobierno secreto que dirige los Estados Unidos” y transcribe una entrevista que realizara La Red Voltaire a Peter Dale Scott, de la que transcribo algunos párrafos de las respuestas de Scott:
    “…En el libro La Route vers le Nouveau Désordre Mondial, yo adapto un poco esa expresión para referirme a la más amplia conexión que existe, en Estados Unidos, entre el Estado público constitucionalmente establecido, por un lado, y las fuerzas profundas que se mueven en segundo plano de ese Estado: las fuerzas de la riqueza, del poder y de la violencia que están fuera del gobierno. Esa conexión podríamos llamarla la «puerta trasera» del Estado público, [puerta] que sirve de acceso a fuerzas oscuras situadas fuera del marco legal.
    La analogía con Turquía no es perfecta ya que lo que actualmente hemos podido observar en Estados Unidos no es tanto una estructura paralela si no más bien una amplia zona o ambiente de contactos entre el Estado público y fuerzas oscuras invisibles. Pero esa conexión es considerable, y se necesita una apelación como «Estado profundo» para describirla…
    …El BCCI fue un enorme banco de lavado de fondos provenientes de la droga. Corrompía, con sus presupuestos y sus recursos, a políticos de primer plano en el mundo entero… presidentes, primeros ministros… Y una parte de ese dinero sucio -de eso no se habla mucho, pero es la realidad- llegaba a políticos en Estados Unidos, a políticos de los dos partidos, y esa es una de las principales razones que explican por qué nunca logramos que el Congreso abriera una investigación contra el BCCI. Hubo de hecho un informe del Senado, que fue publicado, firmado por un republicano, Hank Brown, y por un demócrata, John Kerry. Y Brown felicitó a Kerry por haber tenido el coraje de escribir aquel informe cuando tantas personas de su partido estaban vinculadas al BCCI.
    Este banco fue un factor primordial en la creación de conexiones con gente como Gulbuddin Hekmatyar, probablemente el principal traficante de heroína del mundo entero en los años 1980. Se convirtió [Hekmatyar] en el principal beneficiario de la generosidad de la CIA, que se completó con una suma similar de dinero proveniente de Arabia Saudita. ¡Hay algo terriblemente nefasto en este tipo de situación!…
    …Los medios de difusión presentaban a Carter como un candidato populista, como un granjero sureño cultivador de maní. Pero la realidad profunda era que Carter había sido preparado para la presidencia por Wall Street, particularmente por la Comisión Trilateral, financiada a su vez por David Rockefeller y dirigida por Zbigniew Brzezinski.
    Brzezinski, un polaco furiosamente antisoviético, se convirtió entonces en el consejero de Seguridad Nacional de Carter. Y desde el principio de aquel mandato [Brzezinski] interfirió continuamente al secretario de Estado Cyrus Vance para mantener una política exterior más vigorosamente antisoviética. En ese aspecto, Brzezinski actuó en contra de los objetivos planteados de la Comisión Trilateral, de la que el presidente Carter había sido miembro…
    …Desde el comienzo de la presidencia de Reagan, en 1981, se creó un grupo secreto, fuera del gobierno regular, para trabajar sobre la llamada Continuidad del Gobierno («Continuity of Government» o COG) o, dicho de otra manera, en planes de la COG destinados a organizar la gestión del Estado en caso de urgencia nacional. Ese programa era inicialmente una extensión de planes preexistentes destinados a responder a un ataque nuclear que decapitara la dirección de Estados Unidos. Pero, antes del fin del mandato de Reagan, su orden ejecutiva número 12686 de 1988 modificó los términos [de dichos planes] para que cubrieran cualquier tipo de urgencia.
    La COG es otra de las cosas que se asocian a Reagan, pero aquellos planes en realidad comenzaron en la época de Carter, aunque es posible que este último nunca haya estado al corriente de ello. En efecto, Carter creó la FEMA [la Agencia Federal de Manejo de Situaciones de Urgencia, siglas en inglés.], que históricamente siempre fue la estructura de planificación de la COG…
    …Bajo la presión de algunos de sus electores que se habían movilizado a favor de la apertura de una verdadera investigación sobre el 11 de septiembre, el congresista Peter DeFazio, miembro de la Comisión sobre la Seguridad Interior, presentó dos pedidos para consultar esos anexos.
    Su primer pedido fue rechazado. DeFazio presentó entonces un segundo pedido, mediante una carta firmada por el presidente de su Comisión. El pedido fue rechazado de nuevo. Una vez más, como ya dije en mi respuesta a la segunda pregunta de esta entrevista, esto parece indicar que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos y que los decretos secretos están ahora por encima de la legislación pública…
    …La «guerra contra el terrorismo» se ha convertido por lo tanto en un ensayo para la actual doctrina estratégica de Estados Unidos tendiente a implantar un «dominio total» [«Full-spectrum dominance»], como fue definida en el importante informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020, llamando entonces a garantizar «la capacidad de las fuerzas estadounidenses, operando solas o con el apoyo de los aliados, para derrotar a cualquier enemigo y controlar cualquier situación mediante la gama de operaciones militares [disponibles]».
    Desde la Segunda Guerra Mundial cada una de esas escaladas ha sido conducida por un lobby de la Defensa financiado originalmente por el complejo militar-industrial y actualmente por media docena de fundaciones de derecha que disponen de fondos ilimitados. Con el tiempo, su personal ha ido emigrando de grupo en grupo -el American Security Council, el Comité sobre el Peligro Presente, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano y, actualmente, el Center for Security Policy (CSP)-. Pero sus objetivos han ido ampliándose con el paso de los años yendo así de maximizar la presencia estadounidense hasta restringir las libertades individuales para impedir la reaparición de cualquier tipo de movimiento antiguerra en Estados Unidos. Yo abordo la expansión de esta facción del sector de la defensa en mi más reciente libro, American War Machine.
    Esa agenda incluye cada vez más el maccarthysmo, por no decir el fascismo. Cierto número de grupos están alimentando una histeria islamófoba que recuerda la histeria anticomunista de los años 1950, llamando a una guerra aparentemente sin fin contra el Islam. Por ejemplo, el CSP [Centro para la Política de Seguridad, siglas en inglés. Ndt.] publicó recientemente un documento titulado Shariah, The Threat to America, en el que proclama que la sharia es «la amenaza totalitaria de nuestra época», con advertencias alarmistas sobre una «yihad infiltrada» y una «yihad demográfica»….
    …En Washington, importantes funcionarios de la defensa -como Michael Vickers- todavía se refieren a la Operación Ciclón como «la acción clandestina más exitosa» en la historia de la CIA.
    No parecen preocupados por el hecho que ese programa de la CIA haya contribuido a generar y a desencadenar algo como al-Qaeda -la nueva justificación postsoviética para los aumentos sin precedentes de los presupuestos de defensa- ni tampoco por haber conferido a Afganistán su actual papel de principal fuente mundial de heroína y hachís…
    …Se dice que deberíamos ver cada crisis como una oportunidad. La crisis de Estados Unidos, que es también la del mundo, pudiera ser ciertamente la ocasión de introducir reformas de gran envergadura en los procesos del capitalismo de mercado que engendraron diferencias tan grandes entre los muy ricos y los muy pobres. Desgraciadamente, debido a esos procesos, las políticas tradicionales y los métodos de movilización se han hecho más ineficaces aún de lo que ya eran anteriormente.
    En mi libro «La Route vers le Nouveau Désordre Mondial», yo defiendo el hecho que importantes cambios sociales son posibles cuando la opresión da lugar a la formación de una opinión pública unida -o de lo que yo llamo «la voluntad prevaleciente de los pueblos»- en oposición a esa opresión. Hago referencia a ejemplos como el movimiento por los derechos cívicos en el sur de Estados Unidos, o el movimiento polaco Solidarnosc.
    Desarrollos tecnológicos como Internet han facilitado más que nunca la unión de las personas, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Pero la tecnología ha perfeccionado también los instrumentos autoritarios de vigilancia y represión, haciendo la movilización activista más difícil que antes. Por consiguiente, el futuro es muy incierto. Pudiera decirse que el sistema global actual está más inestable que nunca y que es posible que algún tipo de prueba de fuerza logre cambiarlo…”.
    Continúa en el artículo de Ricardo Aronskind.

  2. Patricia dice

    Mientras leo la nota no puedo evitar comparar con los descerebrados y enfurecidos anticuarentenas en sus marchas ni las constantes tergiversaciones de «los contra» a cuanta disposición haga el gobierno, hasta llegar al colmo de avalar un desinfectante en pos de ser «la oposición».

  3. FAM dice

    Fuente: «Biden y el poder por la fuerza», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 12 de enero de 2021, http://www.voltairenet.org/article211926.html

  4. Alejandro dice

    Excelente. Gracias por la nota.

  5. Mariana dice

    Me sorprenden algunos comentarios !
    yo veo simplemente una descripción de lo que esta sucediendo en Estados Unidos y es más agradezco tan clara explicación!

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