Cuadernos y libros

El Forum Shopping de la Injusticia

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene”- 
Quién mató a Rosendo. Rodolfo Walsh.

 

Otra vez resucita el impacto de denuncias con bolsos, choferes, valijeros y millones de dólares. La trama cuasi cinematográfica se repite en un marco en el que la sociedad mira sorprendida, pero de lejos, su mal endémico: la corrupción. El sistema judicial vuelve a quedar expuesto ante cuadernos y dos libros.

 

Forum Shopping

Está en las librerías un nuevo texto del prestigioso abogado Pablo Slonimsqui en el que pone en blanco sobre negro las prácticas a través de las cuales se manipula la ley. Se llama Forum shopping reloaded.

Define el forum shopping como “la posibilidad de escoger a dedo el tribunal”. Sobran los ejemplos perfectamente documentados. Describe los movimientos formalmente legales, pero sustantivamente discutibles mediante los cuales se eligen jueces y fiscales.

Abarca a abogados, empresarios, políticos y al propio sistema institucional. Rescato, principalmente, el mecanismo a través del que se reformuló la original denuncia de Alberto Nisman para eludir al juez Daniel Rafecas que la había desestimado.

Slonimsqui es crítico de muchos jueces y fiscales, pero también dice que las autoridades se sirven de esta anomalía. Por ejemplo, se anima a decir que “el actual gobierno, que si está del lado de la ley y el orden no lo hace de un modo convencional, cada vez tiene menos confianza en las venganzas sutiles y se inclina abiertamente por la brutalidad”.

Destaca el caso del ex juez Eduardo Freiler, “cuyo patrimonio curiosamente es el único que llamó la atención del Consejo de la Magistratura”. A propósito del Consejo, describe de un modo muy claro qué “plus” de un “padrino” necesita un concursante para acceder a un cargo.

Narra intervenciones en la justicia en nombre del Poder Ejecutivo de Daniel Angelici y con relación a este tipo de intervenciones señala que “el seguimiento periódico de las novedades judiciales permite advertir, nítidamente, que algunos sectores de los servicios de inteligencia contaminan la actividad de la justicia”.

También narra las causas armadas a través de ingeniosos medios y particularmente trata los casos de Elisa Carrió y la forma en que se inició el caso Ciccone.

Pablo Slonimsqui se anima, incluso, al espinoso tema de las responsabilidades y las reparte de manera colectiva porque, en definitiva, el uso arbitrario de la ley ha creado una suerte de sistema que es remunerativo para mucha gente.

Dice: “la falta de iniciativa de los abogados a la hora de denunciar episodios de corrupción judiciales se explica también porque… a nadie le conviene quejarse de algo de lo que ocasionalmente puede beneficiarse”.

Por eso, las acciones de algunos y los silencios de muchos lo llevan a afirmar que “la justicia puede esperar”.

 

Injusticia

Otro libro que cuestiona desde sus entrañas a la Justicia es Injusticia, el segundo libro del fiscal Federico Delgado. Este texto también admite varios registros de lectura.

Uno de ellos es una crónica que explica cómo se hacen y cómo se deshacen las causas judiciales, más allá de lo que diga la ley en el caso concreto.

Su fuente es la experiencia del autor, que ingresó como meritorio a los tribunales. Y en este sentido se refiere a expedientes emblemáticos tales como los “Sobornos en el Senado”, el “Megacanje de De la Rúa y Cavallo”, la “Tragedia de Once”, el de “Gustavo Arribas”, los “Panamá Papers” y “Odebrecht”. Delgado describe la parte invisible que no llega a los ciudadanos que no forman parte de los tribunales.

Otro de los modos de lectura del libro es más compleja y se vincula con las lógicas del sistema judicial que hacen posible la impunidad.

Para llegar a ese lugar, el autor describe los hábitos de los empleados judiciales, sus objetivos, describe también a la familia judicial, los premios y los castigos que existen en el ecosistema de la justicia para gratificar a los que respetan a ese sistema y las “penas” de aquellos que lo trascienden.

Cuenta su propia experiencia personal, la de víctima por no ser parte del sistema y hacer su trabajo, ya que brinda ejemplos concretos de castigos injustos derivados de cumplir con su trabajo.

Además el autor justifica sus afirmaciones con casos y, a partir de ellos, distingue el rol de los abogados, de los testigos, de las fuerzas de seguridad, de los jueces, de los fiscales y cómo juegan los sistemas de selección de magistrados y de remoción para perpetuar una justicia que divorció la ley de la justicia.

Finalmente, Delgado articula todo esto y lo presenta de acuerdo a la teoría de los juegos para concluir que así como están planteadas las cosas, la justicia es un juego imposible.

 

Los cuadernos de las coimas

Ambos libros, desde premisas diferentes, por andariveles distintos y razones disímiles, convergen en dos puntos básicos. Reflejan con nitidez el fracaso del aparato judicial y bucean en sus causas. A la par, ponen en blanco sobre negro a los ganadores y perdedores de ese sistema de justicia tan alejado de la sociedad.

Los hechos derivados de los cuadernos en poder del juez Claudio Bonadío contienen muchos de los rasgos que atraviesan a aquellos textos. La trama es conocida y no la voy a repetir. Me interesan otros vectores.

En principio, parece que la justicia tiene la chance de descubrir una trama de corrupción con rasgos cinematográficos cuya matriz, de confirmarse, habla de los imputados. Pero también de la relación de la sociedad con la corrupción.

Porque la magnitud, los actores, sus biografías y sus roles podrían explicar gran parte de los pesares de la sociedad argentina.

Esta sociedad está atrapada en medio de una suerte de cleptocracia que se apropia de modo impune de la riqueza colectiva y que, irónicamente, cuenta con la complicidad de gran parte de la sociedad que convalida esas prácticas con la indiferencia.

Hay funcionarios del Poder Ejecutivo, del Poder Judicial, operadores, empresarios, manipulaciones legales, dinero, amiguismo, etc. Los ruidos del Lava Jato y de las series El mecanismo y El lobbista retumban en los pasillos de Comodoro Py.

Pero el modo en que la Justicia conoció los hechos es tan pero tan singular que requiere que la propia Justicia, a través de los procedimientos legales pertinentes, despeje toda duda al respecto.

Porque la Justicia para ser justa debe llegar a dictar sentencias sin ningún tipo de sospechas en el camino.

Repasemos los sucesos que generan dudas. Los documentos no fueron enviados a la Justicia, el lugar “natural” según la Constitución, sino al colega de La Nación Diego Cabot quien hizo un gran trabajo y además, como corresponde, los llevó ante un juez.

De hecho habla muy bien de Cabot, que priorizó la investigación judicial a la primicia.

Pero esto habla, como mínimo, de la poca legitimidad del sistema judicial que consigue información a través de la mediación de un periodista y no directamente de un ciudadano porque no confía en la institución.

Tras cartón, el juez Bonadio podría haber hecho lo usual. Es decir, remitir a sorteo esa información o anexarla a la causa de Gas Licuado, pero optó aparentemente por hacer una sigilosa investigación que se extendió por varios meses.

Tan sigilosa que generó las quejas de los defensores de los imputados que intervienen en esa causa porque no se enteraron de algo que debían conocer.

Obviamente que no pongo en tela de juicio nada. Al contrario. Simplemente digo que la magnitud de los hechos exige más luz pública que nunca.

A propósito. La investigación está rodeada de un hermetismo absoluto. Es lógico y legal que para preservar pruebas el magistrado no revele que es lo que está haciendo. Sin embargo, teniendo en cuenta la magnitud de los acontecimientos, el sistema judicial debería buscar un equilibrio entre la necesidad de no frustrar su trabajo y el derecho de la sociedad a informarse de acontecimientos que pegan en el corazón de la sociedad civil.

De lo contrario, el off the record del off the record sólo aumenta la confusión, las especulaciones y aleja a la justicia de la sociedad en un momento en que esa mancomunión es necesaria. Para que la sociedad se “apropie” de la corrupción debe “saber de qué se trata”.

En efecto, si los hechos son lo que parecen, una investigación de esas características requiere de funcionarios probos, de una burocracia judicial preparada y de una sociedad dispuesta a procesar su drama ontológico: la corrupción. En este sentido, los libros que reseñé son una buena lente para comprender la parte más profunda de los “cuadernos”.

 

 

Publicado en  A24COM
5 Comentarios
  1. ana lia dice

    la alevosa truchada hubiera sido intragable hasta para deficientes mentales si ese periodista (a sueldo no sólo de la nación) los hubiera publicado en un medio del que todos conocemos la “trayectoria”

  2. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Coincido con los que me anteceden. El elogio a Cabot no corresponde, encubrió y entorpeció el accionar de la justicia, él, Bacigalupo y el Diario La Nación. Deberían estar imputados por ambos delitos: encubrimiento y obstrucción de la justicia. Es gravísimo lo que hicieron, priorizó el trabajo periodístico por sobre el judicial, único que da certeza en una República. La cosa es simple, si hubiera actuado bien, los cuadernos en original estarían en la Justicia. No están, entonces obstruyó el proceso judicial. Es un pésimo ciudadano y debe ser castigado por privar a la República de la debida justicia institucional. Aquí también se ve corporativismo al salir a defenderlo. Así no vamos a crecer jamás. Los malos son malos. Punto. Además ya se encuentra en una simple y primera observación de los escaneos (fotos o fotocopias, lo que sea), que faltan hojas, que hay tipos de escrituras diferentes y nada está certificado por autoridad competente. Por lo que es evidente que aquí falta información y eso es por culpa de Cabot y La Nación. O a lo mejor no quisieron poner información u hojas que comprometen a ese diario o a personajes a los que apañan o encubren.
    Bien delincuente Cabot y La Nación. ¿Habrá justicia o se harán los pelotudos una vez más?
    Si realmente queremos ser una República debemos ser serios y eso implica tratar a los delincuentes como tales. Cabot y La Nación son delincuentes.

  3. Claudio A. Rapoport dice

    Respecto a “la falta de iniciativa de los abogados a la hora de denunciar episodios de corrupción judiciales se explica también porque… a nadie le conviene quejarse de algo de lo que ocasionalmente puede beneficiarse”, se me ocurre que, como está orientado hoy el poder judicial, los abogados de los funcionarios del gobierno de Cristina, no podrían beneficiarse de nada, porque todas las medidas son tomadas en contra de sus clientes. Los funcionarios actuales y los empresarios cercanos al poder, son medidos con otra vara…..

  4. Mario Jorge dice

    Mis dudas sobre la honestidad y la ética del periodista de La Nación….muchas casualidades…vecino del que guardaba los cuadernos…saca copia y devuelve los originales sin certificar las copias con un escribano (algo que un periodista de ese nivel sabe que lo tiene que hacer porque se trata de LA prueba…
    Todo indica que estamos en un caso NISMAN II….hay que esperar cosas peores que vendrán es esta causa trucha

  5. alfredo dice

    En lo único que no estoy de acuerdo es en elogiar a Cabot como de buena acción en llevar las copias de los cuadernos a la justicia, sin haberlos publicado, eso hay que incluirlo en que cabot no es fiscal ni funcionario judicial, es periodista y se debe a sus lectores, en este caso. Tampoco dejó certificado ninguno de los cuadernos en escribanía alguna con su respectiva acta notarial si estaba dispuesto a devolverlo al amigo del Sargento Centeno, esto último le hubiera dado verosimilitud a lo que ahora nadie cree que haya existido, aunque se diga que se quemaron,

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