Cuarentena, sexo y tecnología

Hasta el Ministerio de Salud salió a decir que no te aguantes, que lo canalices por Internet

 

Muchas veces se dijo que la tecnología es una extensión del brazo del hombre. Si no fuera porque nos encontramos con el mismo problema que las constituyentes de la Revolución Francesa que señalaron que donde se dice hombre no nombran más que a varones propietarios, podríamos aceptar el dictamen como cierto. La tecnología es también extensión de la mano de las mujeres, de las lesbianas, de trans y no binaries y ya nadie nos enviará a la guillotina por decirlo. También se ha dicho que esas extensiones de lo humano provocan fascinación como en un loop de Narciso. A tal punto que en cuarentena el sexo ha tomado para muches la forma de un show tecnificado on demand —y a mano—. Para muestra basta una fotito impúdica enviada por celular cuando el aislamiento aprieta el pantalón. Mientras el confinamiento se solidifica la vida sigue y los vínculos, en muchos casos, se intensifican. Lo que en la vida libre podía tener sus complicaciones psi, en el mundo de las telecomunicaciones para algunes se resuelve sin traumas. Si bien hay quienes ya ni recuerdan lo que era tener apetito sexual (sublimado punto por punto en los quehaceres ofrecidos por las cocineras de Instagram), hay situaciones que ameritan el sexo virtual. ¿Será que como lo único que hay es el sexo virtual, las situaciones se posibilitan justamente por eso? La discusión es la de siempre: el huevo o la gallina (connoten lo que quieran). ¿Como no hay posibilidad del encuentro cuerpo a cuerpo usamos la tecnología o como estamos obligadxs a usar tecnología promovemos el encuentro?

Las mujeres americanas son “demasiado sabias como para arrugarse la frente con la política”, dijo una vez Thomas Jefferson, quien redactó la Declaración de la Independencia de Estados Unidos y subrayó que “todos los hombres son iguales”. Como son muy decentes, reservorio moral de la especie, que las mujeres directamente ni mencionadas sean en las actas de fundación del Estado. El mismo uso estratégico de la moral ocurre con la pornografía: demasiado puras como para arrugarse la frente con el sexo. Pero la tecnología logró democratizar un poco quiénes producen y consumen contenido sexual. Una par de amigas separadas hace años se reencuentran en medio de la cuarentena y sueñan el sueño de los corazones. ¿Volvemos? Sí. Volvamos. Un vecino espía la computadora de una de ellas: Qué simple, así cualquiera. Si volver es chatear, vuelve cualquiera. Las disposiciones de salubridad impiden que las novias se vean en cuerpo presente, entonces tienen el sexo de reencuentro por Internet, en el mismo Zoom que usan para tener clases virtuales y reuniones de trabajo. Si hasta el Ministerio de Salud salió a decir que no te aguantes, que lo canalices por Internet y empieces ese noviazgo postergado en la vida analógica.

El 7 de mayo fue el día internacional de la masturbación. “El problema de la masturbación es que perdemos un clientito”, dice una trabajadora sexual que el confinamiento arrojó debajo de los índices tolerables. De un día para el otro, el sexo volvió de lleno a la cueva privada y a vincularse a un acto reprobable y peligroso. Salvo el que se hace en casa, solx o acompañadx. El discurso del higienismo volvió como volvieron los padres a jugar con sus hijes y se instaló tanto que hasta las parejas sexuales más encendidas reconocen que solo les falta la túnica para ser ascetas por completo. ¿Se perdió la libido por el encierro o es que ya el sexo, como todo, pasa a dar algo de asquete virósico?

Lo cierto es que la tecnología, sin querer queriendo, sirve ahora a fines higienistas, y bien que lo hace, mientras eso sirva para aplanar, exclusivamente, la curva. Además, con un sentido de la oportunidad siempre notable, el chorro de bytes eróticos es disciplinado por arriesgado. Durante la cuarentena subieron las denuncias de un delito conocido como sextorsión. Se trata de usar material fotográfico o audiovisual erótico de una persona para extorsionarla y conseguir dinero u otro bien. Varias organizaciones promovieron guías para hacer sexo virtual seguro. Las recomendaciones incluyen no mostrar el rostro. Pedirle a Narciso que no muestre el rostro es como obligarlo a buscar su reflejo en un charco de barro espeso. Un cuerpo maquínico ciber delincuente y un sexo sin cara. Esto también es cuarentena.

Dos que estaban en la cresta de la ola del metejón cuando empezó la cuaresma de San Francisco se fueron en penitencia a mandarse selfies en todos los escorzos posibles. Pero a mitad de la liturgia a uno se le fueron las ganas, nadie puede culparlo, ya estaba penitente, ¿cómo castigás aun más a alguien que está cumpliendo condena? La cuestión es que en su teléfono, extensión de su mano, quedó un tendal de postales en las que su ex amante no envejece, ni habla, ni pide, ni nada. Un loop porno personalizado en la memoria del celular. “¿No va a ser tan forro de mandarle alguna foto mía a alguien, no?”. Es la voz del miedo que todo lo ensombrece y todo lo protege, en este caso la propiedad privada de la imagen personal.

“Los clientes muchas veces vienen con deseos que no pueden cumplir, nos buscan a las travas para decirnos que somos sus nenitas”, cuenta una travesti que hace tareas solidarias mientras espera que se reactive su fuente laboral. “Si nosotras no estuviéramos, habría muchas más violaciones y abusos”, arriesga y sabe que está haciendo una sociología personal. Si hay o no vínculo entre la prostitución y el abuso sexual es algo que merecería una investigación social, pero en principio podemos decir que mientras todo el mundo está obligado a estar encerrado, y las putas no dan servicio porque es poco higiénico, los abusos sexuales en las casas crecen, como la violencia doméstica. 

¿Y si el baby boom que prometen los medios y los que hablan a boca de jarro no fuera de embarazos deseados? Así como la imposibilidad del encuentro cara a cara posibilita el sexo virtual, la reclusión al ámbito familiar obliga a satisfacer el deseo dentro de las cuatro paredes del hogar. Según un informe de UNFPA, el organismo de las Naciones Unidas especializado en la salud sexual y reproductiva “es posible que 47 millones de mujeres de 114 países de ingresos bajos y medianos no puedan acceder a anticonceptivos modernos, y se prevé que se producirán 7 millones de embarazos no planificados si el confinamiento se prolonga 6 meses”.

Esto también es cuarentena: los cuerpos embarazados del baby boom que no quieren o pueden gestar están encerrados con el bulto que crece. Confinada, sin anticonceptivos, encerradxs con alguien que a veces busca consentimiento, a veces no: ya dejó de ser gracioso el tema del sexo en cuarentena y los detalles podrían justificar una Interrupción Legal del Embarazo (ILE) por causal salud, si se entiende salud en un sentido integral, como lo hace la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Junto a la ventanita donde llegan fotos y videos, alguien convoca a una marcha contra el comunismo, ¿sabrán que la Rusia comunista fue el primer país que aprobó el aborto legal y gratuito? El 21 de marzo el Ministerio de Salud bonaerense difundió un protocolo de aborto durante la pandemia donde por ejemplo dicen que “la consulta por ILE debe considerarse una prioridad por lo cual no puede posponerse, ni derivarse a otro centro del mismo nivel”. Estábamos hablando de tecnología y sin querer llegamos a hablar de derechos sexuales y reproductivos, ¿qué pensarán Jefferson y el diputado neuquino Francisco Sánchez (del PRO) que siente que la Ley Micaela es “adoctrinamiento totalitario”? Que el comunismo está entre nosotres, sin dudas, y en la provincia de Buenos Aires, especialmente.

“Quedate en casa. Ayudamos a abortar por celular”, dice un spot en Internet. Firma el video Socorristas en Red, un grupo de feministas que acompañan abortos de forma cuidada. En esta cuarentena recibieron más llamados que nunca. Con misoprostol y un lugar seguro, la tecnología puede ser la extensión de la mano de todes. Esto también es cuarentena, sexo y tecnología.

 

 

 

 

 

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