Cuéntennos

La experiencia del Censo en primera persona

 

¿Pueden creer que hay gente que levantó viviendas en las veredas? A tal punto se naturalizó, que el vecindario lo considera otro barrio porteño y hasta le pusieron nombre: La Veredita. Fue una de las sorpresas para quienes censamos la humilde Comuna 8 (Villas Riachuelo, Soldati y Lugano).

 

Las viviendas en las veredas entre dos clubes; uno de ellos, de la Fuerza Aérea.

 

El caso había sido expuesto por la TV villera.

 

 

 

 

 

Estas constataciones a simple vista son la primera impresión de esta jornada censal, la primera del siglo de jornada completa, ya que la del 2010 se vio obturada por la absorta desazón en que sumió a medio país la muerte de un ex Presidente.

También este año, el registro emocional pesó. Concitó niveles de ansiedad, esperanza o decepción. La ansiedad más notoria era por ser censados temprano. Como quienes votan a la 8 de la mañana, muchos quieren cumplir temprano con el deber, pero pocos colaboran para presidir mesas.

En esta ocasión, aunque nos nucleamos temprano, no teníamos por qué estar en las casas a las 8 de la mañana, si bien empezamos el operativo mucho antes. Primero nos reunimos en una escuela, donde una coordinadora distribuyó cajas con los formularios y bolsas con implementos. Desde ahí se llevaba todo a otro lugar, donde se reunía un equipo de voluntarios. Me tocó en una cooperativa de cartoneros de simpático nombre: TrasCartón. Les dejamos las cajas duras, nuevitas, enormes, de donde vaciamos los cuadernillos celestes de encuestas.

Esas 12 carillas tenían una hoja para cada habitante, aunque limitada a cinco. Si había familias numerosas, debía sumarse otro cuadernillo. Por eso, al momento de distribuir, se les daban de más. Eso explica que no siempre alcanzaran.

Tales formularios tenían impreso arriba: “Copie del plano antes de salir a censar”. Se refería a llenar los casilleros de la ubicación geográfica; no había modo de adivinar los números y era fundamental anotarlos bien. Menos mal que nos dieron lápices y gomas, porque las sobreescrituras con biromes lo hubieran tornado ilegible o confuso.

 

 

 

Para aprender a llenarlos hubo capacitaciones: por escrito, a través de videos o en alguna reunión. Sin embargo, no se distribuyeron los materiales de antemano para garantizar seguridad y transparencia.

 

 

 

La voluntad

¿De dónde se obtiene gente que colabore en operativos de esta índole?

Las escuelas siempre fueron el primer lugar de reclutamiento, pero esta vez fue difícil que muchas docentes se inscribieran, ni aun pagándoles seis mil pesos (las coordinadoras cobraban el doble). Muchas prefirieron perder ese ingreso en pos de descansar o disfrutar de los hijos. Eso también constituye información estadística.

Un somero relevamiento entre las docentes que participaron, arrojó estos enunciados:

  • Estamos saturadas de trabajo.
  • Un día de censo no alcanza.
  • Las planillas pre-impresas no sirven.
  • En los barrios marginales, con pasillos, no hay referencias; sus puertas no están numeradas.
  • Quienes conocen esos barrios son las organizaciones, pero manejan los datos para ellos.
  • A veces, los vecinos no quieren darles información a otros del mismo barrio.
  • Si quieren que encuesten las maestras del barrio, deberían darles feriado al día siguiente.

Las docentes reúnen condiciones óptimas: están tan acostumbradas a la burocracia de llenar formularios como al buen y paciente trato.

En cambio, el voluntariado se presta a que se convoque u ofrezcan personas con necesidades económicas (el día es visto como una changa grande), pero con limitadas capacidades de abstracción. Deben hacer relevamientos de modo ordenado para no saltearse viviendas, lo que plantea una dificultad para quien tenga problemas de orientación (se han dado casos), incluso cuando la capacitación hacía hincapié en “el hombro derecho”, como una muletilla para barrer bien la zona: “Apoyás el hombro derecho contra la pared en una esquina y desde ahí avanzás”. Se ve bien en una manzana, pero hubo quien no pudo implementarlo en barrios cerrados, complejos de departamentos o zonas rurales.

Otra dificultad se dio a la hora de diferenciar vivienda y hogar. Vivienda era la construcción; hogar, el núcleo de gastos en alimentación. Parecía lo mismo, pero se dieron casos de dos o más hogares dentro de un mismo departamento. Incluso, encuestados que al responder sobre el carácter de “propietarios”, relataban que tenían el boleto de compraventa del comedor y que las habitaciones habían sido vendidas a otras personas, que debieron ser encuestadas como otros hogares.

Las preguntas sobre sexualidad o antecedentes originarios o afro se prestaron a chanzas, enfados o displicencia. Fue rápido para todas las personas descartar lo afro si no tenían piel de ébano, pero dudaban respecto a los antepasados de la colonia. Por ende, la respuesta negativa varía entre quienes quisieron decir: “No reconozco antecedentes indígenas” y quienes significaban: “No lo sé”. El matiz podía ser perceptible, pero no para todas las encuestadoras, que hubiesen podido repreguntar.

 

 

El contexto

A las 18 horas ya empezaba a oscurecer y regresaba el frío de la mañana, que justo el día previo había dado muestras de lo castigador que podía ser. “La última vez fue en primavera”, recordaban algunas. No sólo el frío incidió a lo largo de la jornada para mujeres que no tenían dónde orinar y no querían molestar en las casas, a la mayoría de las cuales no entramos.

Allí, la principal preocupación era la inseguridad. A tal punto, que nuestra zona recibió la instrucción de no bajar la aplicación censal a nuestros celulares porque no íbamos a llevar los teléfonos, de manera de no exponernos a robos. Fuimos la única Comuna que no estuvo digitalizada de ese modo.

La precaución no fue vana ni exclusiva de la zona. Desde el Conurbano sur, el de mayor concentración de pobreza, llegaban reportes de robos a censistas, por uno de los cuales terminó tras las rejas nada menos que un policía.

 

 

Policía retenido en Bernal acusado de robar a censistas. Nótese que aún hay gente que duerme en el piso.

 

 

 

Cuando termina no acaba

Recibimos instrucciones de regresar pronto para no exponernos a robos.

Al igual que en los actos eleccionarios, a las 18 no se termina. Los que lo habían logrado ayudaron a quienes no. En el apuro, se tomaron los datos en cualquier papel para después pasarlo a los cuadernillos. Eso permitió incluir a más gente, pero recargó y demoró el trabajo nocturno.

En la primera parada de reencuentro, se priorizó ordenar los formularios y completar los datos catastrales antes de que se mezclaran. Había que corregir todo lo que se había anotado mal en el apuro, como la contabilidad de más de un “hogar”. Otros completaron los casilleros que se habían englobado con una línea o en un círculo: si tenían todos los servicios o si no había ninguna discapacidad. Esa marca de apuro aceleró el trámite, pero debió ser emprolijada antes de entregarlas.

En el camino a la escuela, evaluamos: las personas con mayor esmero, tardaron mucho. Demoraban antes de llamar a la puerta porque habíamos recibido la instrucción de llenar los casilleros con la dirección, previo a la encuesta. Eso insumía muchos minutos.

Ya en la escuela central, la confección de nuevas planillas generaba dudas. Si las coordinadoras no estaban del todo seguras, elevaban la consulta, lo que demoraba todo.

Aparte de los cuadernillos celestes, había formularios grises. Uno de ellos era de tamaño doble oficio, con muchos casilleros para renumerar cada vivienda, más la cantidad de varones y mujeres en cada una. Supusimos que todos estarían pendientes de ello como en los “boca de urna”. Ahora ya sabemos que somos más de 47 millones, aunque la precisión es un contrasentido si no se censó a todos.

 

 

A contar de nuevo

Rápido de sinceros reflejos, el Estado habilitó más tiempo para recibir datos de los no censados. Los municipios están bajando la información. Tigre fue de los primeros, habida cuenta de sus parajes de islas de difícil acceso: Novedades - Tigre Municipio.

Aquellas personas no relevadas podrán enviar un correo a [email protected]. En el “Asunto” deberán escribir: “No fui censado/a” e informar sus datos. También a través del 0800-345-2022. Está habilitado de nuevo el sitio censo.gob.ar y hay operativos de “recupero” en zonas alejadas.

Las intendencias colaboraron mucho con el censo.

 

 

Mayra Mendoza, desde la primera hora.

 

 

 

Un ejemplo

Si es por destacar voluntarios, se lleva los laureles el gobernador Oscar Herrera Ahuad, que salió casa por casa en Misiones. Aunque santiagueño, vive en la provincia limítrofe desde que tenía 10 años. Este pediatra llegó a ser ministro de Salud durante la segunda gestión de Maurice Closs, luego de lo cual pasó a ser vicegobernador de Hugo Passalacqua desde 2015, hasta que asumió la titularidad de la provincia en 2019. Su ejemplo bien podría ser imitado, no sólo por los jefes de los Poderes Ejecutivos, del mismo modo que se anotan para las candidaturas testimoniales.

 

 

Gobernador Oscar Herrera Ahuad, censo para todos.

 

 

Seguro que allá no se topó con un problema que se verifica en el Conurbano, desde donde llegaron imágenes de otros lugares de construcción inesperados, como las terrazas, donde se montan casillas prefabricadas a partir de lo prohibitivo del precio de la tierra.

 

 

 

En Florencio Varela.

 

 

 

En Berazategui.

 

 

 

 

Otra postal del Conurbano sur.

 

 

El relax

Luego de la jornada que se extendió hasta la madrugada del jueves, vino el relajamiento que permitió reír de las campañas que intentaron minar el consentimiento ciudadano. Algunos casos se basaron en la paranoia; otros, en la mofa. Ejemplo del primer caso puede ser este cartel:

 

 

Gobiernos embargados.

 

 

Siempre hay una minoría despistada, pero cada hallazgo es una novedad risueña, como lo sabe el dibujante Gabriel Lucero, autor de la tira Genterota, con 6 millones de seguidores que gustan reír de quienes tropiezan con su ignorancia detrás de la distancia que se confunde con anonimato a partir del uso de WhatsApp.

 

 

 

 

En tren de mofa, algunos memes apuntaron a los políticos, como el de la búsqueda de una vivienda de Amado Boudou en un médano:

 

 

 

La respuesta provino de la siempre precisa directora de Asuntos Jurídicos del Senado, la abogada Graciana Peñafort: “Boudou fue absuelto en esa causa y el responsable de la adulteración fue el gestor, que por cierto había usado ese falso domicilio en tres casos”. Fin de la historieta.

 

 

 

Un último registro

Un déficit de estos operativos es que quien espera todo el día en vano no se siente parte. Esa desconsideración emocional juega en contra de un armado con todos.

Las anécdotas lo ilustran. Para deglutir la vianda que me había preparado, me senté en una mesa del espacio verde del complejo de departamentos que censaba. Las vecinas me miraban desde lejos, pero en cuanto empecé a caminar, se acercaron a reclamarme que por su edificio no pasaron. Supuse que les parecía una herejía que almorzase sentado al sol mientras ellas se comían las uñas por la ansiedad. Otra llegó a argüir que debía irse a un velatorio. Lo creí una excusa, hasta que oí a un censista relatar que, en medio de la encuesta, sonó el teléfono y quien atendió empezó a los gritos a compartir la información sobre el fallecimiento de uno de sus seres queridos. En tal contexto, debió continuar las preguntas.

No hallamos a nadie que no quisiera ser censado. Por el contrario, esas personas humildes que nos esperaban con tortas fritas u ofrecían alguna infusión nos dejaron un registro conmovedor. Si nos cruzaban en la vereda, nos preguntaban si ya íbamos para el lado de sus casas o cuándo llegaríamos. En el fondo, sentí que lo que estaban diciéndonos era “cuéntennos”, que es otro modo de decir “cuenten con nosotros”, “inclúyannos”, “queremos sentir que, aunque con poquito, formamos parte de algo grande”.

 

 

 

 

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