CUESTA ABAJO

La derrota de Estados Unidos en Afganistán y sus consecuencias para América Latina

 

La humillante derrota de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN en Afganistán es el golpe más visible a los cimientos que sostienen su poder hegemónico. No solo ha terminado armando con lo más sofisticado de la industria bélica a sus enemigos, los talibanes, sino que no mejoró las condiciones de vida de la población, salvo la de algunos sectores de los centros urbanos. Durante la prolongada ocupación, la pobreza pasó de 36% a 70%. En 2001 se encontraba en el puesto 161 en el Índice de Desarrollo Humano, mientras que en 2019 ocupa el puesto 169. Este índice se calcula teniendo en cuenta, la esperanza de vida al nacer, la alfabetización y el PIB per capita y lo sitúa al nivel de Haití y los países más pobres de África. La producción y consumo de amapola y sus derivados, heroína y morfina, se han incrementado en 37%, a vista y paciencia de la CIA.

En esta tragedia económica, social y humana los grandes ganadores fueron el complejo militar industrial y las empresas militares privadas. La granada le ha estallado a Biden, pero fue Donald Trump quien, en febrero de 2019, firmó el Acuerdo de Doha con los talibanes –y no con el gobierno oficial– cuyo presidente Ashraf Ghani huyó del país tan pronto se inició la retirada. El resto de la historia es conocida: los talibanes tomaron el control del país en once días.

El fracaso de la invasión en Afganistán no es el único factor que golpea a Estados Unidos. Los problemas internos son una traba creciente en su proyección internacional. Los 600 mil muertos por la pandemia por el irresponsable manejo de Trump y la magnitud del movimiento antivacunas, determina que solo 53% de la población de ese país esté vacunada. Mientras Uruguay y Chile, o los de la Unión Europea ya han vacunado al 70% de su población –que hoy ya no es suficiente para adquirir la ansiada inmunidad de rebaño– la variante delta está causando estragos en varios Estados de ese país. A ello se añade el extremismo político, la supremacía blanca y el terrorismo interno —motivado por ideologías de extrema derecha, a menudo racistas—y la venta masiva de armas como golosinas en un kiosko.

Este escenario de debilitamiento del poderío estadounidense tiene repercusiones en nuestra región que se expresan en el fracaso de su capacidad para “poner orden”, en un escenario en el que China tiene una creciente presencia económica.

 

 

Derrota en Venezuela

Guardando las distancias, la estrategia estadounidense para restablecer la convivencia democrática en Venezuela, también ha fracasado. La asfixia económica y la imposición de un presidente paralelo, con una diplomacia propia y asiento en el BID, así como los intentos de intermediación a través de la OEA, el Grupo de Lima e inclusive el Grupo de Contacto Internacional (que aglutina a algunos países europeos y latinoamericanos) solo han causado mayor sufrimiento a la población.

La ineficacia de estos interlocutores ha sido sustituida por una negociación entre venezolanos, con la mediación de Noruega en territorio mexicano, iniciada el 13 de agosto, después de largas conversaciones que contaron con la venia conjunta de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá.  El 31 de agosto la Plataforma Unitaria de Venezuela —que aglutina a la mayoría de la oposición—anunció a la comunidad internacional su participación en el proceso de elecciones regionales y municipales del próximo 21 de noviembre, lo que representa un paso importante en la solución de la crisis. Las conversaciones continúan en México este fin de semana. Los “asilados políticos” empiezan el regreso a su patria para candidatear a los cargos.

En este nuevo round de conversaciones Maduro exigirá que se eliminen las sanciones económicas impuestas a Venezuela. El 24 de agosto, Venezuela entregó ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional un informe que supuestamente contiene evidencias sobre “el daño que causan las medidas coercitivas unilaterales estadounidenses mediante sanciones contra el pueblo venezolano”. Según las autoridades, “existen motivos razonables para creer que se han cometidos crímenes de asesinato, de persecución, de exterminio y otros actos inhumanos contra la población”.

 

 

La OEA y la postergación de la Cumbre de las Américas

La Cumbre de las Américas, el encuentro trianual de todos los presidentes del continente (con excepción de Cuba) ha sido postergada, por primera vez, desde su creación en 1994. A Estados Unidos le correspondía ser anfitrión en 2021 pero en un comunicado publicado por la Casa Blanca el 12 de agosto se informó escuetamente que se postergará, sin fecha prevista, para el próximo año. Probablemente, se buscaba evitar que su realización coincidiera con el mal momento que atraviesa la OEA. La Cumbre de las Américas es parte del organigrama de esa organización.

En opinión de algunos gobiernos latinoamericanos, la OEA desempeñó un papel activo en la injerencia en los asuntos internos de Bolivia, y tiene responsabilidad en el golpe de Estado contra Evo Morales, hecho que se contrapone con la discreta crítica a la represión de las protestas populares en Colombia, Chile y Ecuador.

El 25 de agosto, durante una sesión convocada por el embajador peruano Harold Forsyth, presidente del Consejo Permanente de la OEA, el canciller boliviano Rogelio Mayta acusó a Luis Almagro de injerencia en asuntos internos por ratificar, días antes, que hubo irregularidades en las elecciones presidenciales bolivianas de 2019 al desestimar un estudio de la Universidad de Salamanca solicitado por la Fiscalía boliviana, que apuntaba contra Morales, en el que se habían descartado maniobras electorales. Según el canciller Mayta, Almagro y la oposición boliviana complotan de forma conjunta contra el gobierno.

Dos días después, el canciller Marcelo Ebrard calificó a la OEA de «intervencionista e injerencista» y confirmó que México propondrá en la próxima reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que el organismo sea reemplazado: «La OEA quedó demodé porque el mundo cambió, alguien le tiene que mandar un oficio o algo a Almagro, pero la OEA no puede seguir siendo un instrumento de intervención». Un mes antes, el 24 de julio, en una cumbre de cancilleres de la CELAC el presidente de México había advertido que “no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, [basado en] los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias”.

Sus palabras no se las llevó el viento. Cuatro días después, el 28 de julio, la OEA no pudo conseguir el número de votos suficientes en el Consejo Permanente para condenar a Cuba por supuestas violaciones de derechos humanos a raíz de las manifestaciones que tuvieron lugar en julio en varias ciudades de ese país.

Para el canciller mexicano es fundamental entrar a una nueva etapa y decirle “adiós a la OEA en su sentido intervencionista, injerencista, hegemonista, y que venga otra organización que construyamos políticamente en acuerdo con Estados Unidos para el siglo XXI, ya no el siglo XIV o el siglo XX para la Guerra Fría». Ebrard considera importante lograr que Estados Unidos esté de acuerdo en hacer desaparecer al organismo, algo que –dijo– era posible debido al «excelente diálogo» de AMLO tanto con Biden como con Kamala Harris.

En realidad, Estados Unidos no tiene una agenda propositiva para la región. Su preocupación continúa siendo la presencia China, tal como fue planteado en la Iniciativa de Seguridad Estratégica para el hemisferio occidental durante el gobierno de Trump en agosto de 2019. Esta mirada no ha variado con el gobierno de Biden. En abril de este año el exdirector del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad (NCSC), William Evanina, señaló en una audiencia abierta del Senado, que “China representa la amenaza más compleja, perniciosa, agresiva y estratégica que jamás haya enfrentado nuestra nación”.

 

 

La CELAC va

En este escenario, la Cumbre presidencial de la CELAC, que tendrá lugar el 18 de septiembre abre posibilidades para retomar una agenda regional que, en términos de lo que considera Marcelo Ebrard, forje «otra arquitectura política, otro diseño político en las Américas».

En el marco de las actividades preparatorias para dicha Cumbre, el lunes se realizó el “Primer Foro CELAC–China sobre Reducción de la Pobreza y Fomento del Desarrollo”. La CELAC destacó las expresiones del subdirector General de Asuntos Latinoamericanos y del Caribe del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Chen Luning, quien mencionó que su país está dispuesto a compartir políticas públicas con América Latina y el Caribe para la erradicación de la pobreza.

En general, los funcionarios, académicos y especialistas señalaron que el intercambio de experiencias y visiones permite «la mejora de capacidades en la región», especialmente, «en el contexto de hacer frente a la pandemia, e impulsar la cooperación regional en temas sectoriales como la recuperación económica postpandemia y la estrategia sanitaria contra la covid-19».

En el escenario de conflictos en la OEA, algunos funcionarios señalaron que la CELAC es el espacio de diálogo político, concertación y cooperación por excelencia para hacer frente a los desafíos que aquejan a la comunidad en su conjunto, y que permite a la región presentarse ante el mundo con una sola voz.

De nada ha servido la visita  a la Argentina y Brasil a principios de agosto del asesor en materia de seguridad del presidente Joe Biden, Jake Sullivan, quien habría sugerido, implícitamente, salvaguardar la OEA y advertir sobre la creciente presencia de China y Rusia en la región, además de todos los temas de rigor: cambio climático, infraestructura digital, democracia, pandemia, otros. La visita de Sullivan tuvo lugar un mes después de las del director de la CIA y del jefe del Comando Sur a Brasil y Colombia.

Mientras tanto, China y Rusia han acordado que no intervendrían en los asuntos internos de Afganistán, que no piensan enviar fuerzas militares, que observarán atentamente las amenazas de terrorismo y el tráfico de sustancias ilícitas y que actuarán en lo posible en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghai, asociación multilateral que busca garantizar la seguridad en la región de Eurasia. Al primero se le abre la posibilidad de trazar el corredor económico entre China y Pakistán, pasando por Afganistán y, en América Latina, a pesar de los esfuerzos de Washington, su presencia es indetenible. De allí la importancia de recuperar y fortalecer los espacios regionales donde se coordinen lineamientos mínimos comunes de negociación con las viejas y con las nuevas potencias. ¿Aprovecharán los gobiernos de la región esta coyuntura y los nuevos desafíos que presenta un orden multipolar para impulsar la CELAC?

 

 

 

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