D´Alessio: esperando conexión

Caso D´Alessio. Causa Traficante. Episodio II

 

La primera audiencia con declaraciones indagatorias está marcada por los problemas técnicos. Pautada a las 9:30, no empieza hasta las 10:10. Es que el doctor Charró —representante de Traficante— no puede hacer funcionar el audio. Los secretarios dan vuelta, lo llaman por teléfono, hablan con algún asistente, se los ve ir y venir con frases sueltas. Al final puede conectarse por medio del teléfono, así que su imagen se duplica: celular y computadora, dos ángulos de Charró.

El juez Gorini da la palabra al fiscal Luciani, quien rechaza los planteos preliminares de la defensa de D’Alessio por ser extemporáneos, dado que las partes han tenido su oportunidad de hacerlos antes de la audiencia. Con eso bastaría, dice, pero “dado el esfuerzo argumentativo del doctor Finn”, se extiende. Con respecto a la competencia, la que lo determina es el territorio y no la materia. Ningún acto se ha producido en Dolores, y la competencia la fijó Casación Penal. Nadie en su momento recurrió ese dictamen. Y con respecto a la doble persecución (ne bis in ídem), el juzgado de Dolores “aceptó tácitamente su falta de competencia en este hecho”, porque debió haber insistido y planteado la controversia a su superior jerárquico. Por otro lado, este proceso está mucho más avanzado que el otro, por lo que deben tener en cuenta la situación procesal de D’Alessio: debe ser resuelta con urgencia porque sigue con prisión preventiva. Retrotraer etapas implicaría retrasar este proceso, y el ministerio público no puede aceptarlo. Así que el planteo es rechazado en su totalidad.

Después de un breve cuarto intermedio, el tribunal resuelve rechazar la unificación de las causas. Por lo tanto, el juicio sigue.

Entonces, ahora sí, se llama a declaración indagatoria.

Álvarez y Barreiro, cada uno a su vez, deciden no declarar y hacerlo más adelante. El juez Gorini cede la palabra a D’Alessio, pero el audio no funciona. Pregunta si puede desmutearse. D’Alessio lo intenta inútilmente, se levanta y sale. El silencio es largo. Vuelve a aparecer y se sienta. Con gestos da a entender que golpea una puerta para que lo asistan, pero no hay nadie. Está solo, escucha pero no puede hablar. El juez lo calma diciendo que siguen con Bidone y terminan con él.

 

Boceto: Federico Geller

 

 

Bidone sí declara. Por más de dos horas. Es, en resumen, una larga exposición de su trabajo como fiscal, de las causas que llevaba, y de los elogios que recibió. Se describió como un profesional íntegro y, por qué no, obsesivo. Dice haber conocido a D’Alessio y Álvarez de la mano de Barreiro, a causa del triple crimen de General Rodríguez. Porque, aunque ya no estaba trabajando en esa causa, él seguía brindando datos y colaborando con el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nro1, a cargo de la Jueza Servini de Cubría. Estaba convencido que la información que D’Alessio le brindaba podía conectar a Traficante con el contrabando de efedrina. Luego pasa a un largo listado de nombres, teléfonos y circunstancias: desde Forza, Ferrón y Bina (las víctimas de General Rodríguez), pasando por los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci (los victimarios), seguidos por Ibar Pérez Corradi y su extradición, para concluir que la información que él entrega a D’Alessio (los listados y cruces de llamados de Traficante, las empresas y sociedades) era para que colaborase en el análisis en base a sus conocimientos sobre el narcotráfico. Porque, como todos saben, D’Alessio se mostraba como un buen analista. De hecho apareció en numerosos programas de televisión exponiendo sobre el tema. Dice no pretender una defensa de D’Alessio, que deberá hacerse responsable de su actividad. Sino aclarar que lo compartió para esos fines.

 

Boceto: Federico Geller

 

De todo el trámite de la instrucción no hay un solo dato que lo vincule con Traficante. Ignoraba que D’Alessio y Traficante se conocían e intercambiaban mensajes. No sabía de la existencia de la causa que tramitaba en lo penal económico. En su cierre dice:

“Puedo haber sido desprolijo, desordenado, pero no cometer un delito. Toda mi vida me dediqué a trabajar, fui reconocido por mi trabajo. Lo llevaba de manera comprometida. Quizás, demasiado comprometida con la averiguación de la verdad. ¿Debía no seguir continuando formalmente frente al planteo de incompetencia? Si; probablemente otro fiscal lo hubiera hecho. Y posiblemente si hubiera hecho eso no me encontraría involucrado hoy en esto. Me ganó mi deseo de investigar, mi deseo de colaborar, en lo que fue la causa de mi vida, la más importante que me tocó investigar”.

No responde preguntas.

El juez Gorini le da la palabra a D’Alessio, que parece habla desde un tupper. Le pide si se puede acercar al micrófono, y D’Alessio responde: “Ya estoy gritando y al lado del micrófono, me parece que es un tema del software, o algo”. Se levanta y grita a alguien fuera de cámara: “¡No me escuchan! Hay que levantar la ganancia del micrófono”. Gorini dice que no lo escuchan correctamente y no son las condiciones adecuadas para tomarle declaración. D’Alessio se agarra la cabeza. Siempre verborrágico, hoy no puede hacerse oír.

Queda diferida su declaración indagatoria para la próxima sesión.

 

 

 

 

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