DATO MATA RELATO

Lo que Milei y Adorni no ven

 

Milei suele decir que la retirada de la ley Ómnibus le permitió identificar quién es quién en la política argentina. Desde mi opinión, y con cierto alivio, la caída de la ley demostró que a pesar del tremendo disciplinamiento de la troika del poder económico, mediático y judicial, no todos los sectores de la política están dispuestos a ser parte de la venta de la Argentina. Hay un paralelismo con el Documento de CFK: su publicación echó luz sobre cuál es el problema económico actual, que denominó “crisis de deuda”, y mostró quiénes están dispuestos a abordarlo y quiénes a continuar negándolo.

El Documento de CFK tuvo la finalidad de aportar claridad al debate económico con fundamentos y datos, explicando qué modelos económicos funcionaron en la Argentina para crecer, distribuir e incluso tener tasas de inflación bajas o que no signifiquen distorsiones en la dinámica de ingresos e incertidumbre para la planificación económica empresarial y familiar. Existen datos contundentes e irrefutables que muestran que el fortalecimiento de la moneda estuvo asociado a patrones de acumulación que carecieron del condicionante de la deuda o que pudieron administrarlo para que no constituya un límite al proceso económico. En estos patrones se priorizó la expansión industrial, la cual —está demostrado en el mundo– brinda un encadenamiento productivo con más actores, genera empleo y mejora los niveles salariales de la economía. No siempre este impulso fue acompañado por procesos de cambio tecnológico y mejoras de productividad significativas, y por ello los mecanismos de promoción industrial han sido un foco de ataque predilecto de sectores de la ortodoxia económica.

La postulación de un país industrial y desendeudado podrá ser un norte obvio para un sector de la sociedad y de la política argentina, pero no está saldado para el conjunto. Sigue siendo una vieja disputa, sin resolución, porque conlleva una necesaria definición de país que los grandes grupos económicos no están dispuestos a acompañar: un país donde las mejoras en la distribución del ingreso coloquen (o, modestamente, pretendan colocar) en debate la tasa de ganancia. También la misma historia económica demostró que distintos sectores empresariales pertenecientes a la cúpula, han podido obtener altos niveles de rentabilidad, sin necesidad de recorrer el camino de la industrialización nacional, sino generando nichos de acumulación –en gran medida al amparo de la habilitación del Estado– y procesos de dolarización de las ganancias generadas a través de la fuga de capitales. Que Paolo Rocca, empresario del rubro industrial por excelencia (industria siderúrgica, industria petrolera, ingeniería y construcción), haya tenido desempeños positivos de sus empresas y haya mejorado su patrimonio bajo gobiernos desindustrializadores, lo dice todo.

Quizás ellos mismos no lo saben (algunos se sumaron a “las ideas de la libertad” en la pandemia del 2020) pero los autodenominados libertarios están escribiendo un capítulo más de esta disputa de ideas, de políticas y de intereses.

El vocero presidencial Manuel Adorni, el 19 de febrero, en su conferencia matutina, le dijo a CFK: “Aprovechamos para sugerirle que cambie a alguno de sus asesores económicos, que ayer a alguno de ellos lo escuchamos decir que el déficit está bien y que sirve para el crecimiento de los países, bueno, en esta lógica cada vez entendemos más por qué estamos como estamos”.

La referencia es a un video mío del año 2021, en Televisión Pública, afirmando que el mundo en pandemia había emitido dinero para sortear la crisis del COVID, por lo que la estigmatización de la emisión monetaria (que ahora el Presidente Milei lleva al ridículo con una propuesta de penalización de la emisión al Tesoro), no tenía sentido: como apalancamiento financiero, podía hacer crecer a los países. También me referí al déficit fiscal, que desde una óptica keynesiana, es una herramienta expansiva frente a la debilidad de la inversión privada. Ambas herramientas,  se encuentran en la Argentina limitadas, condicionadas o más precisamente, sujetas, a la cantidad de dólares de los que disponga el país para crecer.

Este recorte enloqueció no sólo a los libertarios, pero eso es algo menor y secundario. No quisiera pensar qué dirían si miraran el programa entero y escucharan a mi interlocutor, Alejandro Bercovich, pedir que la Argentina defaulteara su deuda. Tal vez nada, porque el objetivo no era el debate honesto.

A continuación retomo algunos de los ejes que considero relevantes para aportar a este debate económico con argumentos.

  • Tasas de crecimiento acumulativas según patrones de acumulación

Entre 1945 y 1955 las tasas anuales acumulativas de expansión del PBI (promedio geométrico) fueron de 3,3%, entre 1956 y 1975 de 3,62% y entre 2003 y 2015 de 4,6%. En los tres periodos se cumplió la premisa de bajo o nulo endeudamiento externo (o correcta administración del mismo), con foco en la industrialización.

No siempre la Argentina creció con el peronismo en el poder, pero sí con la continuidad de sus políticas. En el periodo 1956-1975, con la autodenominada Revolución Libertadora, Frondizi, Illia, Onganía, Levingston, Lanusse, Cámpora, Perón, en promedio se registraron tasas anuales acumulativas de 3,62%. Más allá de procesos que cabe incorporar como la participación más significativa de la Inversión Extrajera Directa y la creciente extranjerización económica como fenómeno, se mantuvo el patrón de acumulación con industria como motor y sin deuda. Por cierto, el conflicto en la Argentina no faltó: golpes de Estado, proscripciones, protesta en las calles.

En contraste, en la etapa 1976-2002 y 2016-2019, la deuda como condicionante (agravando la restricción externa clásica) impidió que Argentina creciera, atravesada por la inestabilidad de la crisis de deuda, que evidentemente impactó más negativamente sobre los indicadores económicos que la inestabilidad política de los otros periodos citados.

Los datos que publicó CFK, como señaló Horacio Verbitsky el domingo pasado, provienen de la Fundación Norte y Sur, que coordina Orlando Ferreres, Viceministro de Economía del gobierno de Menem.

 

 

Siguiendo con el análisis de las tasas de crecimiento  post 2003, encontramos al peronismo tomando decisiones de recomposición de las reservas del Banco Central –aprovechando el nuevo contexto internacional que favorecía la balanza comercial— mientras pagaba deuda y hacía crecer la economía con recuperación industrial. Con Macri en 2016 se gesta, sin embargo, una tercera crisis de deuda con la contracción, en términos netos, de 100.000 millones de dólares que se adicionaron al stock existente (todos nominados en moneda extranjera). Las corridas cambiarias de 2018 y 2019 duplicaron las tasas de inflación y llevaron a caídas fuertes del PBI.

Adorni ya había identificado ese proceso, curiosamente. Buen análisis el que hacía en 2019 y 2020:

 

 

También Milei realizó interesantes lecturas sobre la fuga de capitales en el macrismo, habilitada por su actual Ministro de Economía Luis Caputo. Lo acusó de “fumarse (sic) 15 mil millones de dólares de reservas" en medio de la corrida cambiaria que se desató en 2018 y que llevó a que el dólar subiera de $18,4 a $ 28,4 en el primer semestre, un 54,3%, muy por encima de la inflación de ese período (16 % en la primera mitad del año). Ojalá Milei le hubiera dado un mejor marco teórico a ese episodio que no sea la inadecuada escuela austríaca que poco entiende de restricción externa y fuga de capitales en la Argentina.

  • La tercera crisis de deuda como condicionante económico al crecimiento

La deuda como condicionante fue el principal problema del gobierno del Frente de Todos, capturando el 50% del superávit comercial 2020-2022 y limitando el margen de acción con la auditoria constante del FMI. La sequia del 2023 fue un golpazo a la balanza comercial de bienes, que resultó imposible de sortear, y agravó el condicionamiento financiero preexistente. La nueva duplicación de la tasa de inflación fue el resultado.

Aunque Milei no pueda abordarlo desde su marco teórico vetusto, este condicionante sigue hasta hoy. Atravesará todo su gobierno. Recomiendo al equipo de gobierno que se familiarice con el concepto de “crisis de deuda” ya que lo ayudaría a comprender el contexto macro en el que están parados.  Casos concretos:

  • Después de haber vociferado en contra del comunismo, le pidieron a China, por carta, que por favor renueve la política de intercambio de monedas a través del swap: necesitan dólares.
  • El Ministro Caputo y el ex Ministro Cavallo tienen un debate público para definir si hay devaluación o no, previo a la liquidación de cosecha. Necesitan dólares. Eso lo contamos hace 15 días en El Cohete.
  • El pasado miércoles, el periodista Leandro Renou publicó que Caputo exigió a su equipo que le traigan dólares: “En la primera reunión de equipos, le pidió a sus secretarios que se ocupen exclusivamente de buscar divisas. La presión devaluatoria y una supuesta apertura del cepo traba la liquidación de exportaciones y pone en riesgo la dolarización y el programa.”

 

  • Comentarios sobre el déficit fiscal

Volviendo al debate del déficit, además de los datos que expone CFK y que dan cuenta de la no-correlación entre déficit e inflación en una muestra amplia de países, muestro a continuación el déficit financiero de Brasil, siempre negativo entre 1996 y 2022 pero con la resolución, en el mismo periodo, de su problema inflacionario.

En promedio, Brasil registró más déficit que la Argentina (4,8% versus 2,7%), ya que hemos tenido un Presidente, Néstor Kirchner, que tuvo superávit entre 2003 y 2007, marcando una excepcionalidad en nuestra historia económica.

Propender al ordenamiento de las cuentas públicas ha sido, y continúa siendo, un objetivo de política económica, perfectamente compatible con la utilización del déficit como forma expansiva en contextos de debilidad de la demanda agregada, siempre atendiendo a que ello no agrave (según sea la forma de financiamiento del mismo) la presión cambiaria a la que estamos sujetos en una economía altamente endeudada.

Si se habla de déficit, no deberíamos obviar la distinción en su composición interna: déficit primario versus déficit financiero. Resulta paradójico que el actual Ministro de Economía, Luis Caputo, no haya podido reducir el déficit financiero en la gestión del ex Presidente Macri.

Se puede ver en el grafico que sigue que, en cualquiera de las dos metodologías, el ex Ministro canjeó ajuste primario por ampliación de los pagos de intereses de deuda. Por ende, no mejoró las cuentas públicas. Nuevamente, el problema fue la crisis de deuda, en este caso generada por él mismo (pero que persiste hasta hoy).

 

 

El ajuste fiscal del mes de enero 2024 expone un recorte significativo de amplias partidas del gasto que registran caídas reales en términos interanuales, y a su vez implica que gane peso en términos relativos el pago de intereses de deuda, el cual crece en términos reales. Nuevamente nos enfrentamos al doble impacto del endeudamiento existente, ya no sólo sobre los dólares disponibles para el desarrollo, sino sobre los pesos disponibles para el gasto público. Aquí podemos ver los datos del mes de enero que publicamos desde CEPA:

 

 

Suena complejo, y posiblemente lo sea, pero urge que el conjunto de la sociedad argentina pueda incorporar los ejes centrales de estas premisas económicas. A pesar de algunas lecturas veloces y prejuiciadas, este análisis no pretende realizar un ejercicio reivindicativo histórico con objetivos partidarios: el esfuerzo es mayor, e incluso más desinteresado. El objetivo es avanzar en una exposición de ideas con fundamentos que permitan construir un programa económico claro hacia adelante. Dato mata relato.

 

 

 

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